Viernes, 22 de junio de 2007
Los druidas, y otros como ellos, sostienen que las almas son perennes, al igual que el mundo, pero un d?a, sin embargo, s?lo el fuego y el agua reinar?n sobre el universo. (Estrab?n, Geograf?a, S. I a.c.)

Cuando Julio C?sar emprende, en nombre de Roma, lo que el mismo llam? Guerra de las Galias (58-51 a.c.) sistematiza a la vez, un m?todo aplicado por todos los grandes poderes de su ?poca: la explotaci?n absoluta de los recursos naturales a favor de su objetivo. Sin embargo, ?l ordenar? un crimen ecol?gico sin precedentes: al comprobar la resistencia moral de los guerreros galos, manda a cortar de ra?z los fabulosos y extensos bosques de cedro, ?rbol sagrado de la religi?n Druida, con lo que pretend?a -?y logr?!- vencer la ?ltima coraza metaf?sica de un pueblo con hondas implicaciones con su h?bitat.
Otras referencias ineludibles ser?an, el corte extensivo de los l?banos con los cuales Salom?n edificar?a su templo en Jerusal?n y el descombrado tr?gico del Peloponeso con el que Atenas ensamblar?a su poder naval y que diera paso a su ?poca de esplendor, confirmando de este modo, lo que la pitonisa aconsejara con respecto a la invasi?n persa: ?C?mo los detendr?is? ?con una gran muralla de madera!.
Cuando en Siracusa (S. V a.c.), descubren el Fuego Griego, l?quido inflamable que no se apagaba ni en el agua, nunca imaginar?an que estaban vertiendo al mar los primeros derrames indiscriminados de petr?leo en la historia, arma que multiplicar?an los bizantinos en el B?sforo y que Saddan Husseim utilizar?a tambi?n como barrera en la primera Guerra del Golfo P?rsico.

Y as? ad nauseam- los grandes l?deres de las grandes civilizaciones nunca detuvieron su empe?o por heredarnos un posible Apocalipsis clim?tico, mismo que comienza a avizorarse y a revelarse por nuestros d?as y que est? obligando a pa?ses como Estados Unidos el principal opositor al Protocolo de Kyoto sobre el clima, y que es, en la actualidad, el principal emisor de contaminantes en el planeta- a modificar sus apreciaciones sobre la verdadera injerencia del hombre en la destrucci?n de la naturaleza.
Es sintom?tico, en beneficio de ese poder destructor, que la historia contin?e su rumbo inexorable, fiel a sus amos poderosos, y que al final, lo mismo que suceder?a con los galos ante el horroroso espect?culo brindado por C?sar, nos queden tan s?lo las cenizas de un mundo que alguna vez consideramos parte nuestra, pero sobretodo, parte sacra del tiempo y de los sue?os.


FABRICIO ESTRADA

Tags: honduras, cambio climatico, sobre la historia, fabricio esrtrada

Publicado por ChemaRubioV @ 18:36  | ARTICULO
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