Viernes, 22 de junio de 2007
LITERATURA DE ?LITE VERSUS LITERATURA POPULAR
(El caso de Garc?a M?rquez y Cien a?os de Soledad)

Adriano Corrales Arias*

Muchos a?os despu?s, frente al pelot?n de investigadores y periodistas, el escritor Gabriel Garc?a M?rquez hab?a de recordar aquella noche remota en que Franz Kafka lo llev? a conocer el hielo. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carec?an de nombre, por eso Alvaro Mutis, a sabiendas de ello, le present? de golpe al otro personaje que habr?a de ayudarle a reescribir la historia: Juan Rulfo. Y as?, con Pedro P?ramo desplegado y a cuestas, despej? el panorama hasta lograr referirnos la incre?ble y triste historia de Macondo, produciendo ese fen?meno conocido como Cien a?os de Soledad.

Sin embargo, y seg?n ciertas leyendas urbanas, pareciera que algunos escritores, como Jorge Luis Borges y sus adl?teres, consideran la novela de Gabo como una simple recopilaci?n del folclore colombiano, espec?ficamente caribe?o, por extensi?n latinoamericano. Dicho de otra manera, para algunos estudiosos, escritores e intelectuales, la novela no alcanza la calidad ni el rigor de una verdadera obra literaria, incluso muchos pronostican que dentro de 50 a?os nadie recordar? al autor y s? al mismo Borges y a Rulfo, para colocar dos ejemplos de una larga lista.

La pol?mica abarca m?s y se extiende desde los a?os cincuenta del siglo pasado. Ciertamente el Realismo m?gico, o lo Real maravilloso, est? agotado. Su ciclo, que produjo obras rotundas como Hombres de ma?z o El se?or presidente de Miguel ?ngel Asturias; Ecue-Yambe-O, Los pasos perdidos, El reino de este mundo y El siglo de las luces de Alejo Carpentier; Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri; o casi toda la obra garc?amarquiana, se ha cerrado dando paso a un abanico de posibilidades narrativas que se abre hasta lo que algunos denominan luxaciones posmodernistas, muy cercanas al collage, el happening, el v?deo, el zapping, el pastiche y el panfleto.

Pero ?qu? es el Realismo M?gico, o lo Real Maravilloso? Alejo Carpentier, desde el Surrealismo, y en contraposici?n con el mismo, defini? al segundo como la creaci?n de un mito americanista y barroco; Garc?a M?rquez, desde su colombolatinoamericanidad, delimit? al primero como un ?realismo desmesurado? donde el mito es destruido por la historia. M?s all?, o m?s ac?, de ambas definiciones, la academia hispanoamericana, especialmente la espa?ola, intent? definirlos desde ambas perspectivas, pero siempre con la inc?moda postura de quien sabe que lleg? tarde al convite.

La confusi?n te?rica-metodol?gica, o propiamente est?tica, procede de la asimilaci?n del Realismo M?gico, o lo Real Maravilloso, con la Nueva Novela Latinoamericana (el boom de los sesenta/setenta), y del sospechoso concepto sobre lo desmesurado y fant?stico de la realidad (identidad) americana frente a lo europeo. As?, se quiso embutir en un solo saco a novelistas que comparten franjas tem?ticas y hasta de estilo en algunos momentos, pero que son diametralmente opuestos en el abordaje est?tico, caso de Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Jos? Donoso, Jorge Amado, Ernesto S?bato y Julio Cort?zar, para mencionar a los relevantes del boom. Como se sabe, la nueva novela latinoamericana transit?, y transita, por diversas autopistas ideo est?ticas y no solamente por el Realismo M?gico o lo Real Maravilloso, como a?n suponen algunos lectores y cr?ticos europeos. Pi?nsese en precursores como Rafael Ar?valo Mart?nez en Guatemala, Roberto Arlt, Filisberto Hern?ndez o el mismo Borges en el R?o de la Plata, para no mencionar a Cabrera Infante, Lezama Lima y Severo Sarduy en Cuba, entre muchos otros.

Esa confusi?n es lo que, probablemente, gest? la flema borgiana, aunada a la vieja pugna entre cultura de ?lite (lo conocido recurrentemente como culto) y las culturas populares. La opci?n borgiana por la metaf?sica, la circularidad del tiempo y el mito del eterno retorno, as? como la c?lebre pol?mica de su grupo de Florida contra el de Boedo, lo previnieron ante una literatura que se enriquec?a de las culturas populares y de sus mitos, aunque en algunos de sus cuentos y poemas las aprovechara. Agregu?mosle a ello la no disimulada percepci?n, en algunos c?rculos, de que Gabo no es un intelectual, sino un escritor-reportero, por tanto un personaje de medio pelo, a pesar de su apabullante ?xito editorial y de su Premio N?bel. O, a lo mejor, el mismo ?xito le granje? esa predisposici?n de intelectuales y escritores tipo Borges. Es decir, la siempre antigua y renovada pol?mica entre lo culto y lo popular (o entre un arte aut?ntico, puro, y un arte contaminado o h?brido) se ti?e tambi?n de esos preconceptos y suposiciones. Y aqu? es donde sobreviene la verdadera discusi?n.

En mi primer a?o de universidad, en Humanidades, practiqu? un an?lisis de El oto?o del Patriarca, la novela m?s pretenciosa y experimental de Garc?a M?rquez, cuya polifon?a me caus? no pocos dolores de cabeza. A?n no hab?a le?do Cien a?os de soledad por lo que me arriesgu? a hacerlo. Mi primera sacudida, adem?s de una extra?a fascinaci?n, consisti? en que, de alguna manera, algunas de esas historias ya me las sab?a, al menos alguien me las hab?a contado pero de diferente manera y con diversos personajes. A medida que avanzaba en la lectura, repasaba los cuentos de aparecidos y de sustos que mi madre nos contaba en mi lejana infancia sancarle?a, y record? entonces a los campesinos que se reun?an por la tarde en la pulper?a-cantina de mi padre a contar historias de esa estirpe, como la mata de yuca que sembr? uno de ellos (En Marsella de Venecia de San Carlos) y creci? tanto que, tratando de seguir una de sus ra?ces, cav? un t?nel que fue a desembocar en pleno centro de Ciudad Quesada. Don Erlindo Arias era uno de esos copleros y contadores de yucas (exageraciones) conocidas en Guanacaste como tallas, especialista en un realismo popular tan desmesurado como el que exhib?a Garc?a M?rquez.

Asimilando un poco m?s la novel?stica garciamarquiana, caigo en la cuenta de que, al menos Cien a?os de Soledad, no es m?s que la estilizaci?n de aqu?llas yucas y cuentos de aparecidos escuchados con embeleso y terror en mi infancia, hilvanadas por la maestr?a de un gran narrador. El mismo Gabo lo ha reconocido al confesar que la novela no es m?s que la recreaci?n de las historias que le contaban sus abuelos all? en Aracataca, su pueblo natal. La f?bula se asienta sobre la rica y plural tradici?n oral de nuestras culturas populares, en su caso la de la costa caribe colombiana, regi?n donde convergen variadas formaciones culturales y ling??sticas. Y esa es su verdadera riqueza.

Contrario a la narrativa fant?stica, metaf?sica, de pantalla chica o experimental, la cual debe acudir b?sicamente a la capacidad intelectual y a la pericia imaginativa del autor, o a una mitolog?a reconocible por el lector, el realismo garciamarquiano bebe en las fuentes inagotables de las culturas populares, imbric?ndolas con la Historia que a veces irrumpe violentamente desde el exterior destrozando el mito, caso del establecimiento de la compa??a bananera en Macondo. All? estriba la magia de una novela como Cien a?os de soledad: esas cosas extra?as que se nos narran no son exactamente la fantas?a: el autor les impide ser fant?sticas al tratarlas como si fueran cosas comunes y corrientes. Pareciera que estamos frente a frente con el narrador pues la novela tiene un alto grado de espontaneidad y su estilo es directo y conciso, justo como en la tradici?n oral. Todo ello con un certero humor y sin mayor pretensi?n que enganchar al lector para que se involucre en las acciones del mundo narrado.

Garc?a M?rquez parte de la realidad sociocultural de su entorno para construir una met?fora latinoamericana que, a fuerza de verosimilitud escritural y de un origen que se hunde en las ra?ces de la cultura humana, adquiere significado universal. Cien a?os de soledad est? en la preconciencia del pueblo latinoamericano y de la raza humana, porque se nutre de la oralidad popular y se apropia de matrices que trascienden fronteras y significados, debido a una enjundia narrativa reconocible en cualquier sitio. As?, son muchas la personas (como en el caso de La Biblia - que seg?n Garc?a M?rquez es la mejor novela que se ha escrito-, Las mil y una noches, La Iliada, El Quijote o el Ulises de James Joyce, para mencionar algunas cumbres de la literatura universal), que pueden hablar largamente sobre la novela sin nunca haberla le?do. El argumento o f?bula, m?s all? de su riqueza narrativa, la trascienden convirti?ndola en historia colectiva, en s?mbolo abierto al imaginario popular de todo un continente y de la humanidad.

Aqu?llos que vaticinan corta vida a esta novela emblem?tica de la literatura hispanoamericana del siglo XX. no han reparado en su poder m?gico trascendente: procede y acarrea materiales populares altamente sensitivos que se intercalan y entrecruzan con las formaciones socioculturales y ling??sticas m?s significativas del planeta. Por supuesto, siempre habr? lugar para la edici?n l?dica y fant?stica de un Cort?zar, la precisi?n imaginativa de un Rulfo, la fuerza on?rica de un Onetti, la ?pica maravillosa de un Carpentier, la dicci?n profunda y magistral de un Roa Bastos, la profundidad intelectual y metaf?sica de un Borges o el barroco estilizado de un Lezama Lima, para no ir m?s lejos. Pero no hay duda de que Garc?a M?rquez perdurar? como narrador m?s all? de sus propios libros, porque ya se ha instalado en el coraz?n del imaginario latinoamericano y de la narrativa universal.

La pol?mica, ficticia o aut?ntica, continuar? por otros medios, con otros matices e interlocutores. Nuestra narrativa ir? enriqueci?ndose con nuevos aportes y nombres porque el mundo de la literatura es plural, ancho y ajeno. Pero la cosmovisi?n latinoamericana ya no podr? desterrar ese libro m?tico escrito por un cachaco nacido en Aracataca.



*Escritor costarricense.

Tags: costa rica, gabriel garcia marquez, ensayo, ADRIANO CORRALES, cien años de soledad, colombia, america

Publicado por Chemarubiov @ 18:46  | ARTICULO
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