Viernes, 22 de junio de 2007
RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE, O DEL ?ANIMAL LLUVIOSO?



?Grito para que me oigan en ?pocas / dobladas como bodoques/ y puestas como cu?as en los resquicios del tiempo (&...Gui?o Animal lluvioso me declaro/ seguro del sol /que un d?a nacer? de mis p?lidas gotas". As? se presentaba, con su poes?a, David Maradiaga. Y as? lo recordaremos siempre: poeta de una vida intensa, ?animal lluvioso? de una muerte tr?gica, nunca esclarecida.

Esa dicotom?a ha dado paso al mito, desdibujando en mucho su poes?a perdida u oculta, casi in?dita, siempre dispersa, por lo tanto poco le?da. Pero detr?s del militante, del ecologista, de ese animal perennemente lluvioso, se disimula una poes?a fresca y actual que hace del poeta rebelde un lenguaje entre tierno y oscuro, una mezcla de l?rica, grito, rabia y niebla cotidiana, pero siempre conectada al hombre y a la naturaleza.

David Maradiaga hab?a nacido en Managua, Nicaragua, en noviembre de 1968. Ten?a 26 a?os en julio de 1995, cuando ?desapareci? despu?s de una buena fiesta en uno de los tantos bares de la Calle de la Amargura en San Jos?, Costa Rica. Hab?a le?do, bebido, fumado, inhalado y escrito mucho; publicado poco. Por esa raz?n muchos aparecen como sus compa?eros de viaje y se presentan como editores incomprendidos, consejeros olvidados, amigos marginados, maestros an?nimos del bardo. Pero son pocos los que verdaderamente lo conocieron en su nocturnidad, ?nfimos quienes hoy lo leen.

David fue el vidente iconoclasta de una generaci?n de j?venes aspirantes a escritores que mientras desacralizaban a Jorge Debravo, exhumaban a Eunice Odio, deseaban a Ana Istar? y condenaban a Laureano Alb?n; a golpe de versos y humaredas, tomaban por asalto los bares y cantinas de la ciudad. "Las generaciones pasadas y reconocidas, han dejado ?nicamente una poes?a costumbrista, pudibunda y a veces snob, que poco o nada ayuda al desarrollo de una posible nueva poes?a", contestaba Maradiaga, a los 18 a?os, en un cuestionario de la revista literaria Andr?meda. En esos d?as del ?Lobo P?rpura?, lugar de encuentro de los ?andr?medos? y de una legi?n de escritores, artistas y trasnochadores de la esperanza, ya era un participante fundamental de la intensa actividad que llevaron a cabo grupos y talleres de poes?a desde principios de los a?os 80 hasta mediados de los 90: en el Taller de Poes?a Libre de la Universidad Nacional; en Poes?a Activa con el Taller Eunice Odio; en las revistas La Torre de Babel y Kasandra; en el colectivo literario Octubre- Alfil 4, y en infinidad de cofrad?as (como Hechos y Palabras), lecturas, encuentros de poetas y bares donde se beb?a, se recitaba y se escrib?an poemas casi como por venganza.

A los 16 a?os llev? a la revista Andr?meda, uno de los proyectos editoriales m?s definitorios de la ?poca, sus primeros poemas. "Lo presentaron como el Rimbaud centroamericano. Recuerdo que a los que est?bamos presentes nos pareci? de mal gusto aquel pre?mbulo", recuerda Alfonso Pe?a, director de la publicaci?n. Al poco tiempo, Maradiaga se convirti? en decidido colaborador de la revista. "Me interes? la veta no complaciente de su creaci?n. Las conexiones que su poes?a ten?a con los poetas beatniks y sus ramificaciones con la literatura negra, surreal, maldita. Era frecuente verlo acompa?ado de Los Cantos de Maldoror, Una temporada en el infierno, Las flores del mal, El Aullido, Sade, Bukowski, Artaud, Verlaine, Lovecraft...;era un enardecido del lenguaje, fuerte, macizo pero a la vez lleno de belleza. Para nada le interesaba la poes?a 'perfumada' y seudo revolucionaria que se hac?a en ese momento por Centroam?rica", dice Pe?a sobre el poeta adolescente embrujado por quienes se debat?an entre el arte, la vida y la muerte. En su poes?a aparecen la magia de Ren? Char y la profundidad de Ezra Pound; la tierra bald?a de Eliot y las huellas de Jacques Pr?vert, Saint John Perse y Le?n Felipe; la ciudad como protagonista alejada de los bosques y sus habitantes pero con los malditos del rock: Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin. "Esta militancia del poeta con la preservaci?n de lo vital no es cosa de hoy, ni de anteayer, es una gesti?n de siglos en la que [participaron] esp?ritus de la talla de Virgilio, Lucrecio, Whitman, Goethe, Emerson, Thoreau, el jefe Seattle, toda la pl?yade de artistas ingleses del romanticismo (...Gui?o Hay un lugar para el artista, un lugar que no debe jam?s estar vac?o, en la construcci?n de un futuro donde el hombre halle a plenitud su dignidad", escrib?a Maradiaga en la introducci?n a la antolog?a po?tica, Dejen al sol brillar, una operaci?n literario / ecol?gica, que compilara en 1992.

En 1991, su libro M?sica de Animal Lluvioso gan? el III Certamen Internacional de Literatura Joven Juan Ram?n Molina, pero nunca fue publicado. Ese poemario, junto a Pasos en la madrugada, Canci?n del extranjero y algunos poemas adolescentes que amigos y familiares lograron ubicar, se convirtieron en M?sica de animal lluvioso y otros poemas, publicado despu?s de su muerte, en 1999, en una edici?n no comercial del Departamento de Publicaciones del Ministerio de Cultura, supervisada por el poeta Alfonso Chase y el editor y tambi?n poeta Guillermo Fern?ndez.

El 13 de julio de 1995 lo vimos partir por ?ltima vez. Viajar?a a su pa?s natal al d?a siguiente, pero, sin avisarnos, se adentr? en la selva y su lluvia perpetua. AECO, la organizaci?n ecologista donde desplegaba sus formidables dotes organizativas, inici? una campa?a de denuncia a nivel nacional e internacional, y el 4 de agosto el Organismo de Investigaci?n Judicial confirm? que hab?a sido encontrado un d?a despu?s de su desaparici?n en el Parque Los Mangos, con un "paro cardiorrespiratorio debido a altos niveles de alcohol", e ingresado a la morgue judicial esa ma?ana. Repetidas veces, durante ese lapso, en la morgue negaron tener all? su cuerpo. Diez a?os despu?s, las razones de su tr?gica muerte no se han despejado, pero contin?a lloviendo bosque adentro.



Adriano Corrales Arias


Escritor costarricense.
Publicado por ChemaRubioV @ 19:24  | ENSAYO
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios