esta ciudad a la hora nona desciende
al ámbito confidencial
del corazón y los puños
desciende por el cauce sigiloso
con el hedor nauseabundo
del hilo de los que orinan
en la esquina penal
que siempre los mira desvanecerse
parece inofensiva
altiva menesterosa
los demócratas del vicio
puyando de esquina a esquina
por bajo la alfombra de humo
el caos vehicular
todo carro al azar ofende
y toda ofensa es de callar
sobrevolando siniestro
el violador asesino
ansioso del perfumado calor
en la entrepierna del lobby
con circunspección vestibular
la taza de café rota
la blusa
la falda y las medias rotas
con truculenta manía
en vértigo ejecutivo
amor despavorido
gaveta sin poder cerrar
asaltantes hijos del espectáculo hommie
alisando las escaleras
con persecuciones mandriles
aliento de chusma a calcetines
cayendo tras de la espalda
con todo el pubis erecto
el violador del insomnio
ciudad de las lisonjas putas
de la línea del tren en celuloide
cultura metropolitana
el cáncer de piel de la mamá janana
voracidad suburbana
del papilomas ñero
prendido en los barrancos
mapa del conflicto descentralizado
para la prevención situacional
ergástulas disfrazadas
larvas en pleno afán
riéndose de los asaltos
en orgía tántrica competitiva
el alcalde con sus guaruras
y las oficinistas gatitas
gafete en la mano
en cola para el bufet
-limpiando la porqueriza-
que no es hora de ponernos modestos
cuando de nosotros señalen
el estallido emocional
la farsa de los sacrificios
(proyectos de remozamiento
el PAN espiritual)
la cárcel y el orificio
donde huiréis pecaminosos
tras de la pizza, hacia la ecclesia televisiva
ansiosos como ratas ingenuas
por los suelos infames
del hacinamiento virginal
papiloma protestante
nodriza de caporales
campero transnacional
como quien no quiere la cosa
al sótano de la noche sórdida
desde la lumbre pública
hasta las piedras viscosas
sobre el cáncer sistémico
sobre la iniquidad social
JUDITH ROLAND
Tags: POESIA, BARRICADAS INCENDIARIAS, JUDITH ROLAND, EMAIL, URBE FACINADE
HERIDA
En ti cabe un océano que tardo días en cruzar
y un ecuador de delirios
Manadas de bisontes
en súbita estampida
y represadas aguas
rompiendo las compuertas.
Espejos que deforman
e inventan con asombro
espectros de vampiros
y fétidos perfumes.
Tiburones y buitres
ensanchan este hueco,
pedernal afilado
expandiendo los mares.
Lágrimas de ballena
en gotas como lagos,
inhabitadas grutas
de completa oscuridad.
Infinitos sollozos
se piensan solitarios,
sostienen estas piernas
sujetas al cemento.
Visitante es el aire
que sentado a tu mesa
habla y duerme contigo
desde tiempos ocultos.
Y el espacio dejado
es medido en el eco,
dando forma a la herida
que endereza este tronco.
(Begoña Montes- 13/05/05)
Tags: POESIA, Circulo de Bellas Artes, madrid, aula de encuentros, brasil, revista contrapartida
I
El hombre que vi con la fuga rota bajo metralla
en medio de una calle donde colgaban
raidas las guirmaldas de un antiguo pan.
El hombre repetido como eco en la injusticia
bajo explotación a mansalva,
bajo metal de dictadura,
cercado por la hipocresía
inválido de balaceras de imposible.
El hombre que vi raspado de exilios,
destruido por máquinas destruidas,
mordido por la prensa ramera.
El hombre en medio de los hombres
ahogado en abismos de tiempo,
lleno de plomo imperial,
vendido por todos los traidores.
El hombre alzado todavía
voz en puño
lucha en boca
capaz de ternura de rosa en pecho
invencible en la síntesis del sueño.
Y el amor, ay amor, en el centro de las horas
como un niño que reclama mis brazos.
II
Una foto de Chaplin donde ríen mis hijos
y el silencio
con el que a veces me miras.
III
La ternura
esa sustancia
imperturbable
de mis amigos.
IV
Cualquier hora frente al mar
donde la vasta red del silencio
le roba relámpagos a las palabras
y el rumor de quillas y cubiertas
traza singladuras,
surcos de luz donde nacen los pájaros.
V
Y el airefuegotierraaguamor que tú eres
besorefugio, licor de crepúsculo y gota
encendida de música en las manos.
VI
Y la música en las manos
es decir
la música
Poemas de Gabriel Impaglione.
para ver entrevista con el autor pinchar aqui:
www.lacoctelera.com/revista-libre
Tags: poesia argentina, italia, buenos aires, isla -negra, gabriel impaglione
Nacen las voces en una especie de trance,
y es así como se entiende
el por qué los cerros tienen la textura del pan,
porque además te lo vas repitiendo:
“el cerro está en rodajas como el pan,
y luego, cualquier fragmento de luz
reclama su nombre y origen,
por eso es que gritás chispas y decís:
“qué buena es la luz que no existía”
“qué buenas las carreteras de mi país”
“qué buenas las familias que tapan agujeros en ellas...
y es entonces que te sentís tan humano,
pensás en lo afortunada que es la esposa bien recibida en casa,
pensás en los gatos tramando una conjura
y en las lotificaciones que se abren temprano en la noche
para los miles de obreros que por fin quieren soñar...
Es entonces que te volvés insoportable,
desnudás a medio mundo con tu poesía de rayos x,
vas murmurando galimatías en el colectivo
y pensás: “qué buena era la luz cuando no existía”
qué buenas las familias con su unidad en la miseria,
las esposas que no tienen ningún libro con quien competir,
¡Pero ay, qué buena es la humanidad
con sus ojos de caracol atisbando la lejanía!
Autor:Fabricio Estrada (Honduras)
Para leer más poemas hacer clic en:
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Tags: Poesia, fabricio estrada, honduras, pais poesible, centroamerica
RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE, O DEL “ANIMAL LLUVIOSO”
“Grito para que me oigan en épocas / dobladas como bodoques/ y puestas como cuñas en los resquicios del tiempo (&...
Animal lluvioso me declaro/ seguro del sol /que un día nacerá de mis pálidas gotas". Así se presentaba, con su poesía, David Maradiaga. Y así lo recordaremos siempre: poeta de una vida intensa, “animal lluvioso” de una muerte trágica, nunca esclarecida.
Esa dicotomía ha dado paso al mito, desdibujando en mucho su poesía perdida u oculta, casi inédita, siempre dispersa, por lo tanto poco leída. Pero detrás del militante, del ecologista, de ese animal perennemente lluvioso, se disimula una poesía fresca y actual que hace del poeta rebelde un lenguaje entre tierno y oscuro, una mezcla de lírica, grito, rabia y niebla cotidiana, pero siempre conectada al hombre y a la naturaleza.
David Maradiaga había nacido en Managua, Nicaragua, en noviembre de 1968. Tenía 26 años en julio de 1995, cuando “desapareció” después de una buena fiesta en uno de los tantos bares de la Calle de la Amargura en San José, Costa Rica. Había leído, bebido, fumado, inhalado y escrito mucho; publicado poco. Por esa razón muchos aparecen como sus compañeros de viaje y se presentan como editores incomprendidos, consejeros olvidados, amigos marginados, maestros anónimos del bardo. Pero son pocos los que verdaderamente lo conocieron en su nocturnidad, ínfimos quienes hoy lo leen.
David fue el vidente iconoclasta de una generación de jóvenes aspirantes a escritores que mientras desacralizaban a Jorge Debravo, exhumaban a Eunice Odio, deseaban a Ana Istarú y condenaban a Laureano Albán; a golpe de versos y humaredas, tomaban por asalto los bares y cantinas de la ciudad. "Las generaciones pasadas y reconocidas, han dejado únicamente una poesía costumbrista, pudibunda y a veces snob, que poco o nada ayuda al desarrollo de una posible nueva poesía", contestaba Maradiaga, a los 18 años, en un cuestionario de la revista literaria Andrómeda. En esos días del “Lobo Púrpura”, lugar de encuentro de los “andrómedos” y de una legión de escritores, artistas y trasnochadores de la esperanza, ya era un participante fundamental de la intensa actividad que llevaron a cabo grupos y talleres de poesía desde principios de los años 80 hasta mediados de los 90: en el Taller de Poesía Libre de la Universidad Nacional; en Poesía Activa con el Taller Eunice Odio; en las revistas La Torre de Babel y Kasandra; en el colectivo literario Octubre- Alfil 4, y en infinidad de cofradías (como Hechos y Palabras), lecturas, encuentros de poetas y bares donde se bebía, se recitaba y se escribían poemas casi como por venganza.
A los 16 años llevó a la revista Andrómeda, uno de los proyectos editoriales más definitorios de la época, sus primeros poemas. "Lo presentaron como el Rimbaud centroamericano. Recuerdo que a los que estábamos presentes nos pareció de mal gusto aquel preámbulo", recuerda Alfonso Peña, director de la publicación. Al poco tiempo, Maradiaga se convirtió en decidido colaborador de la revista. "Me interesó la veta no complaciente de su creación. Las conexiones que su poesía tenía con los poetas beatniks y sus ramificaciones con la literatura negra, surreal, maldita. Era frecuente verlo acompañado de Los Cantos de Maldoror, Una temporada en el infierno, Las flores del mal, El Aullido, Sade, Bukowski, Artaud, Verlaine, Lovecraft...;era un enardecido del lenguaje, fuerte, macizo pero a la vez lleno de belleza. Para nada le interesaba la poesía 'perfumada' y seudo revolucionaria que se hacía en ese momento por Centroamérica", dice Peña sobre el poeta adolescente embrujado por quienes se debatían entre el arte, la vida y la muerte. En su poesía aparecen la magia de René Char y la profundidad de Ezra Pound; la tierra baldía de Eliot y las huellas de Jacques Prévert, Saint John Perse y León Felipe; la ciudad como protagonista alejada de los bosques y sus habitantes pero con los malditos del rock: Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin. "Esta militancia del poeta con la preservación de lo vital no es cosa de hoy, ni de anteayer, es una gestión de siglos en la que [participaron] espíritus de la talla de Virgilio, Lucrecio, Whitman, Goethe, Emerson, Thoreau, el jefe Seattle, toda la pléyade de artistas ingleses del romanticismo (...
Hay un lugar para el artista, un lugar que no debe jamás estar vacío, en la construcción de un futuro donde el hombre halle a plenitud su dignidad", escribía Maradiaga en la introducción a la antología poética, Dejen al sol brillar, una operación literario / ecológica, que compilara en 1992.
En 1991, su libro Música de Animal Lluvioso ganó el III Certamen Internacional de Literatura Joven Juan Ramón Molina, pero nunca fue publicado. Ese poemario, junto a Pasos en la madrugada, Canción del extranjero y algunos poemas adolescentes que amigos y familiares lograron ubicar, se convirtieron en Música de animal lluvioso y otros poemas, publicado después de su muerte, en 1999, en una edición no comercial del Departamento de Publicaciones del Ministerio de Cultura, supervisada por el poeta Alfonso Chase y el editor y también poeta Guillermo Fernández.
El 13 de julio de 1995 lo vimos partir por última vez. Viajaría a su país natal al día siguiente, pero, sin avisarnos, se adentró en la selva y su lluvia perpetua. AECO, la organización ecologista donde desplegaba sus formidables dotes organizativas, inició una campaña de denuncia a nivel nacional e internacional, y el 4 de agosto el Organismo de Investigación Judicial confirmó que había sido encontrado un día después de su desaparición en el Parque Los Mangos, con un "paro cardiorrespiratorio debido a altos niveles de alcohol", e ingresado a la morgue judicial esa mañana. Repetidas veces, durante ese lapso, en la morgue negaron tener allí su cuerpo. Diez años después, las razones de su trágica muerte no se han despejado, pero continúa lloviendo bosque adentro.
Adriano Corrales Arias
Escritor costarricense.
LITERATURA DE ÉLITE VERSUS LITERATURA POPULAR
(El caso de García Márquez y Cien años de Soledad)
Adriano Corrales Arias*
Muchos años después, frente al pelotón de investigadores y periodistas, el escritor Gabriel García Márquez había de recordar aquella noche remota en que Franz Kafka lo llevó a conocer el hielo. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, por eso Alvaro Mutis, a sabiendas de ello, le presentó de golpe al otro personaje que habría de ayudarle a reescribir la historia: Juan Rulfo. Y así, con Pedro Páramo desplegado y a cuestas, despejó el panorama hasta lograr referirnos la increíble y triste historia de Macondo, produciendo ese fenómeno conocido como Cien años de Soledad.
Sin embargo, y según ciertas leyendas urbanas, pareciera que algunos escritores, como Jorge Luis Borges y sus adláteres, consideran la novela de Gabo como una simple recopilación del folclore colombiano, específicamente caribeño, por extensión latinoamericano. Dicho de otra manera, para algunos estudiosos, escritores e intelectuales, la novela no alcanza la calidad ni el rigor de una verdadera obra literaria, incluso muchos pronostican que dentro de 50 años nadie recordará al autor y sí al mismo Borges y a Rulfo, para colocar dos ejemplos de una larga lista.
La polémica abarca más y se extiende desde los años cincuenta del siglo pasado. Ciertamente el Realismo mágico, o lo Real maravilloso, está agotado. Su ciclo, que produjo obras rotundas como Hombres de maíz o El señor presidente de Miguel Ángel Asturias; Ecue-Yambe-O, Los pasos perdidos, El reino de este mundo y El siglo de las luces de Alejo Carpentier; Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri; o casi toda la obra garcíamarquiana, se ha cerrado dando paso a un abanico de posibilidades narrativas que se abre hasta lo que algunos denominan luxaciones posmodernistas, muy cercanas al collage, el happening, el vídeo, el zapping, el pastiche y el panfleto.
Pero ¿qué es el Realismo Mágico, o lo Real Maravilloso? Alejo Carpentier, desde el Surrealismo, y en contraposición con el mismo, definió al segundo como la creación de un mito americanista y barroco; García Márquez, desde su colombolatinoamericanidad, delimitó al primero como un “realismo desmesurado” donde el mito es destruido por la historia. Más allá, o más acá, de ambas definiciones, la academia hispanoamericana, especialmente la española, intentó definirlos desde ambas perspectivas, pero siempre con la incómoda postura de quien sabe que llegó tarde al convite.
La confusión teórica-metodológica, o propiamente estética, procede de la asimilación del Realismo Mágico, o lo Real Maravilloso, con la Nueva Novela Latinoamericana (el boom de los sesenta/setenta), y del sospechoso concepto sobre lo desmesurado y fantástico de la realidad (identidad) americana frente a lo europeo. Así, se quiso embutir en un solo saco a novelistas que comparten franjas temáticas y hasta de estilo en algunos momentos, pero que son diametralmente opuestos en el abordaje estético, caso de Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, José Donoso, Jorge Amado, Ernesto Sábato y Julio Cortázar, para mencionar a los relevantes del boom. Como se sabe, la nueva novela latinoamericana transitó, y transita, por diversas autopistas ideo estéticas y no solamente por el Realismo Mágico o lo Real Maravilloso, como aún suponen algunos lectores y críticos europeos. Piénsese en precursores como Rafael Arévalo Martínez en Guatemala, Roberto Arlt, Filisberto Hernández o el mismo Borges en el Río de la Plata, para no mencionar a Cabrera Infante, Lezama Lima y Severo Sarduy en Cuba, entre muchos otros.
Esa confusión es lo que, probablemente, gestó la flema borgiana, aunada a la vieja pugna entre cultura de élite (lo conocido recurrentemente como culto) y las culturas populares. La opción borgiana por la metafísica, la circularidad del tiempo y el mito del eterno retorno, así como la célebre polémica de su grupo de Florida contra el de Boedo, lo previnieron ante una literatura que se enriquecía de las culturas populares y de sus mitos, aunque en algunos de sus cuentos y poemas las aprovechara. Agreguémosle a ello la no disimulada percepción, en algunos círculos, de que Gabo no es un intelectual, sino un escritor-reportero, por tanto un personaje de medio pelo, a pesar de su apabullante éxito editorial y de su Premio Nóbel. O, a lo mejor, el mismo éxito le granjeó esa predisposición de intelectuales y escritores tipo Borges. Es decir, la siempre antigua y renovada polémica entre lo culto y lo popular (o entre un arte auténtico, puro, y un arte contaminado o híbrido) se tiñe también de esos preconceptos y suposiciones. Y aquí es donde sobreviene la verdadera discusión.
En mi primer año de universidad, en Humanidades, practiqué un análisis de El otoño del Patriarca, la novela más pretenciosa y experimental de García Márquez, cuya polifonía me causó no pocos dolores de cabeza. Aún no había leído Cien años de soledad por lo que me arriesgué a hacerlo. Mi primera sacudida, además de una extraña fascinación, consistió en que, de alguna manera, algunas de esas historias ya me las sabía, al menos alguien me las había contado pero de diferente manera y con diversos personajes. A medida que avanzaba en la lectura, repasaba los cuentos de aparecidos y de sustos que mi madre nos contaba en mi lejana infancia sancarleña, y recordé entonces a los campesinos que se reunían por la tarde en la pulpería-cantina de mi padre a contar historias de esa estirpe, como la mata de yuca que sembró uno de ellos (En Marsella de Venecia de San Carlos) y creció tanto que, tratando de seguir una de sus raíces, cavó un túnel que fue a desembocar en pleno centro de Ciudad Quesada. Don Erlindo Arias era uno de esos copleros y contadores de yucas (exageraciones) conocidas en Guanacaste como tallas, especialista en un realismo popular tan desmesurado como el que exhibía García Márquez.
Asimilando un poco más la novelística garciamarquiana, caigo en la cuenta de que, al menos Cien años de Soledad, no es más que la estilización de aquéllas yucas y cuentos de aparecidos escuchados con embeleso y terror en mi infancia, hilvanadas por la maestría de un gran narrador. El mismo Gabo lo ha reconocido al confesar que la novela no es más que la recreación de las historias que le contaban sus abuelos allá en Aracataca, su pueblo natal. La fábula se asienta sobre la rica y plural tradición oral de nuestras culturas populares, en su caso la de la costa caribe colombiana, región donde convergen variadas formaciones culturales y lingüísticas. Y esa es su verdadera riqueza.
Contrario a la narrativa fantástica, metafísica, de pantalla chica o experimental, la cual debe acudir básicamente a la capacidad intelectual y a la pericia imaginativa del autor, o a una mitología reconocible por el lector, el realismo garciamarquiano bebe en las fuentes inagotables de las culturas populares, imbricándolas con la Historia que a veces irrumpe violentamente desde el exterior destrozando el mito, caso del establecimiento de la compañía bananera en Macondo. Allí estriba la magia de una novela como Cien años de soledad: esas cosas extrañas que se nos narran no son exactamente la fantasía: el autor les impide ser fantásticas al tratarlas como si fueran cosas comunes y corrientes. Pareciera que estamos frente a frente con el narrador pues la novela tiene un alto grado de espontaneidad y su estilo es directo y conciso, justo como en la tradición oral. Todo ello con un certero humor y sin mayor pretensión que enganchar al lector para que se involucre en las acciones del mundo narrado.
García Márquez parte de la realidad sociocultural de su entorno para construir una metáfora latinoamericana que, a fuerza de verosimilitud escritural y de un origen que se hunde en las raíces de la cultura humana, adquiere significado universal. Cien años de soledad está en la preconciencia del pueblo latinoamericano y de la raza humana, porque se nutre de la oralidad popular y se apropia de matrices que trascienden fronteras y significados, debido a una enjundia narrativa reconocible en cualquier sitio. Así, son muchas la personas (como en el caso de La Biblia - que según García Márquez es la mejor novela que se ha escrito-, Las mil y una noches, La Iliada, El Quijote o el Ulises de James Joyce, para mencionar algunas cumbres de la literatura universal), que pueden hablar largamente sobre la novela sin nunca haberla leído. El argumento o fábula, más allá de su riqueza narrativa, la trascienden convirtiéndola en historia colectiva, en símbolo abierto al imaginario popular de todo un continente y de la humanidad.
Aquéllos que vaticinan corta vida a esta novela emblemática de la literatura hispanoamericana del siglo XX. no han reparado en su poder mágico trascendente: procede y acarrea materiales populares altamente sensitivos que se intercalan y entrecruzan con las formaciones socioculturales y lingüísticas más significativas del planeta. Por supuesto, siempre habrá lugar para la edición lúdica y fantástica de un Cortázar, la precisión imaginativa de un Rulfo, la fuerza onírica de un Onetti, la épica maravillosa de un Carpentier, la dicción profunda y magistral de un Roa Bastos, la profundidad intelectual y metafísica de un Borges o el barroco estilizado de un Lezama Lima, para no ir más lejos. Pero no hay duda de que García Márquez perdurará como narrador más allá de sus propios libros, porque ya se ha instalado en el corazón del imaginario latinoamericano y de la narrativa universal.
La polémica, ficticia o auténtica, continuará por otros medios, con otros matices e interlocutores. Nuestra narrativa irá enriqueciéndose con nuevos aportes y nombres porque el mundo de la literatura es plural, ancho y ajeno. Pero la cosmovisión latinoamericana ya no podrá desterrar ese libro mítico escrito por un cachaco nacido en Aracataca.
*Escritor costarricense.
Tags: costa rica, gabriel garcia marquez, ensayo, ADRIANO CORRALES, cien años de soledad, colombia, america
Los druidas, y otros como ellos, sostienen que las almas son perennes, al igual que el mundo, pero un día, sin embargo, sólo el fuego y el agua reinarán sobre el universo. (Estrabón, Geografía, S. I a.c.)
Cuando Julio César emprende, en nombre de Roma, lo que el mismo llamó Guerra de las Galias (58-51 a.c.) sistematiza a la vez, un método aplicado por todos los grandes poderes de su época: la explotación absoluta de los recursos naturales a favor de su objetivo. Sin embargo, él ordenará un crimen ecológico sin precedentes: al comprobar la resistencia moral de los guerreros galos, manda a cortar de raíz los fabulosos y extensos bosques de cedro, árbol sagrado de la religión Druida, con lo que pretendía -¡y logró!- vencer la última coraza metafísica de un pueblo con hondas implicaciones con su hábitat.
Otras referencias ineludibles serían, el corte extensivo de los líbanos con los cuales Salomón edificaría su templo en Jerusalén y el descombrado trágico del Peloponeso con el que Atenas ensamblaría su poder naval y que diera paso a su época de esplendor, confirmando de este modo, lo que la pitonisa aconsejara con respecto a la invasión persa: ¿Cómo los detendréis? ¡con una gran muralla de madera!.
Cuando en Siracusa (S. V a.c.), descubren el Fuego Griego, líquido inflamable que no se apagaba ni en el agua, nunca imaginarían que estaban vertiendo al mar los primeros derrames indiscriminados de petróleo en la historia, arma que multiplicarían los bizantinos en el Bósforo y que Saddan Husseim utilizaría también como barrera en la primera Guerra del Golfo Pérsico.
Y así ad nauseam- los grandes líderes de las grandes civilizaciones nunca detuvieron su empeño por heredarnos un posible Apocalipsis climático, mismo que comienza a avizorarse y a revelarse por nuestros días y que está obligando a países como Estados Unidos el principal opositor al Protocolo de Kyoto sobre el clima, y que es, en la actualidad, el principal emisor de contaminantes en el planeta- a modificar sus apreciaciones sobre la verdadera injerencia del hombre en la destrucción de la naturaleza.
Es sintomático, en beneficio de ese poder destructor, que la historia continúe su rumbo inexorable, fiel a sus amos poderosos, y que al final, lo mismo que sucedería con los galos ante el horroroso espectáculo brindado por César, nos queden tan sólo las cenizas de un mundo que alguna vez consideramos parte nuestra, pero sobretodo, parte sacra del tiempo y de los sueños.
FABRICIO ESTRADA
Tags: honduras, cambio climatico, sobre la historia, fabricio esrtrada
Auroras cansadas, se anclaron
Mientras pasaban las caravanas de sal
Convertidas en olas
Borrando las huellas por donde corrimos
Oliendo a profundidades marinas.
Los ojos, en donde corolas destellos
Fueron opio azul en la inmesidad,
Encontraron su amuleto en la voz
Del agua fundiendose con la arena.
Y destrozaron infiernos de hielo
Que golpeaban firmamentos de rosas
Impregnadas por grandes agujas de sangre.
Nos quedamos con el horizonte
Porque ah donde se hacen los sue
Y dejamos que solo la oscuridad fuera testigo
Del eterno romance entre el mar y la tierra.
ALEXANDRA ESTUPINIAN
Tags: el salvador, poesia, centroamerica, españa.madrid
Encontré tus pedazos en el suelo
al regresar.
Recogí los restos de la porcelana
y dejé el hueco.
23/03/05
* * * * * *
El camino que busca
los acuerdos sin tiempo,
sólo tiene una orilla.
06/07/05
* * * * * *
Ella
no saluda.
Rodeada de invisibles
con cada toque de proximidad
tiembla.
Él, perdido frente a ella,
no habla, no escucha, no ve.
09/09/05
* * * * * *
Hielo
Desde la fuente
los carámbanos pintan
adivinanzas.
24/06/05)
* * * * * *
El color debe su brillo a la fuerza del contraste
más que a sus cualidades intrínsecas
Claude Monet
Asombro
Un vencejo en la vereda,
una camelia en el lago,
una amatista en el roble,
una niebla en el desierto,
una fuente de cristal.
Una escucha generosa.
-¿Te sorprendes?
Pétalos en el aljibe,
abetos en el nevero,
palmeras en la bahía.
Y un bonsái en tu ventana.
19/05/05)
ENTRE AGUAS es el segundo libro publicado por BEGOÑA MONTES en la editorial Vitruvio.Año 2006.
Todas las voces todas
Edmundo Retana*
Me encantan los festivales de poesía. Es el medio por excelencia para que muchos de nosotros conozcamos a creadores que, de no ser por esos encuentros, serían simplemente inaccesibles. Sin embargo, algunos de los que se han organizado reflejan la fragmentación que sufre la poesía y los poetas en este país.
El panorama no puede ser más evidente: aquí y allá los poetas se dividen y subdividen alrededor de otros poetas, proyectos literarios, sellos editoriales, estilos, o simplemente se adhieren a determinado bando que tiene como principio de identidad el no ser del bando contrario. En principio el fenómeno podría ser considerado como algo natural, propio de la naturaleza plural del quehacer literario. El problema surge cuando estas diferencias se tornan en enemistades a muerte, descalificaciones, serruchadas de piso o simplemente son el justificativo para la exclusión de unos en beneficio del protagonismo de otros.
Por otra parte, se dice frecuentemente que vivimos un buen momento, tanto por la diversidad, como por la calidad de nuestra poesía. ¿No serían los festivales una excelente oportunidad para mostrar esa riqueza, en lugar de ocultarla o mostrarla solo fragmentariamente?
De poco vale que llevemos a los poetas visitantes a los rincones más lejanos de Costa Rica si, al mismo tiempo, no les damos a conocer la diversidad de nuestras voces. Se, que en algunos momentos, fugaces y espléndidos, se ha logrado romper un poco esta seguidilla de grupúsculos y enemistades particulares para entrar en el intercambio abierto y sin aprensiones, que es connatural a la poesía. Pero todavía no es suficiente. Hace falta un esfuerzo común, un impulso desprejuiciado y generoso que incorpore, en estas y otras actividades, la multiplicidad de nuestra producción poética en su rica variedad de tonos y propuestas.
A veces pienso que esa continua división y subdivisión de nuestros poetas en campos a veces antagónicos, que se desconocen y combaten entre sí, proviene del aldeanismo y el aislamiento que ha caracterizado ciertas actitudes nacionales. Pareciera que solo reconocemos como prójimos a nuestros vecinos más cercanos y descalificamos todo lo que esté fuera de nuestra estrecha visión intermontana.
Pero la poesía, ya lo sabemos, solo fructifica, como el arte en general, en la densidad más amplia del espíritu humano; allí donde todos los que tienen voz y fruto quepan, pensando y sintiendo distinto. Pluralidad de signos, profundidad de voces, caudal de significados y expresiones, que, como lo diría Debravo, no son de nadie, nadie, nadie...
Sí, me gustan mucho los festivales de poesía, y entiendo y valoro el esfuerzo que hay detrás de ellos, pero me gustarían más si mostraran, ante nuestros distinguidos visitantes, todas las voces todas de nuestra geografía poética y humana.
* Poeta costarricense. (Edmundo Retana)
Tags: POESIA, costa rica, articulo, festivales, Edmundo Retana, palabras .
EL PAÍS DE LOS MENDIGOS
Los nuevos decretos, del gobierno controla masas, en los medios de comunicación comenzaron a cambiar: “debemos terminar de vender el país” - se dijeron- “Es todo lo que queda”. Depredado, ultrajado, violado. La gran diosa con su pobre alma de petróleo, tiene basura hasta en las axilas. Así la suciedad fue prohibida, y los mendigos, drogadictos, y huelepegas, fueron forajidos proscriptos, y huyeron como antaño a las montañas azules, al pie de las vías del tren, Fueron expulsados del país de las morsas, pero como ni Guatemala, ni Honduras, mucho menos Nicaragua, los quería, comenzaron a ser rastreados como ilegales, y morían en la frontera, a manos de buenos ciudadanos, que se divertían cazando y matando seres humanos, como moscas.
/*
Salimos de los bosques desnudos, al otoño que afilaba sus garras. La noche se extendía como Icaro en los sueños, y por el sendero crujían ramitas y hojas rojas, como brazas en la penumbra. El sonido del lobo flotaba en el río, los cuchillos y las lanzas de oxidiana, nos esperaban en la boca de la cueva, y más abajo en su garganta de piedra, el murciélago sorbía floricunda, trasmutando la miel en azufre. y como un impala se acerca temeroso a beber del lago, con el reflejo de la luna envenenada, nos entregamos a las orgías de los sapos, y de las hadas malvadas que habitan los cementerios, y cuando al fin divisamos al chaman, vuelto un macho cabrio negro, como ofrenda viviente a Plutón, se esculpieron en mi mente, toros alados, y leones con cabezas de hombres, y así aconteció que recibimos del cielo, incienso y muerdago, en la caverna del viento, donde los escorpiones y las orquídeas, alimentan al diablo, con sueños. Caí de bruces y desperté al lado del abismo, a un costado de la vial actea.
/*
Descendimos hacia el río, mientras la luna emergía roja, con todos sus tentáculos, ya en le lecho recorrimos sus filosas salientes, donde los signos de constelaciones y estrellas pétreas, fulguraban en nuestra conciencia cósmica, mientras los bosques de ciprés en las colinas susurraban hechizos, y el mirto de nuestras coronas refulgía con una embriaguez demoníaca, y así llegamos hasta el océano, al apareamiento de las anguilas, como inmensas cabezas de medusas, y comenzamos a cazarlas, pero solo a las reinas y los príncipes rojos, los tómanos y les rajamos el cráneo, donde extrajimos unas piedrecillas rojas, como rubíes. El anciano chaman los coloco en un cáscara dura, y las arrojo al fuego, hubo un destello y pareció la nave extraterrestre.
*/
JESUS GABRIEL ALVARADO
RELATO .
ARTICULO
POESIA
ARTICULO
ENSAYO
POESIA - CBA
MONOGRAFICO (Breve)
BIOGRAFIA
ENTREVISTAS
DE VISITA AL CEMENTERIO
AGENDA CULTURAL
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