Me levante con el amanecer en los ojos, con el sangriento consuelo de una noche sin sueños. No quería comer, beber ni respirar, encendí mi cigarrillo de marihuana, la música de gorilaz y el frío. el otro lado del riachuelo, aun era dominio de la niebla, y me pareció escuchar mujeres desnudas en el bosque, y quise escribir a una esmeralda, que el Ibis y el Nilo, no reconocerían, al jaguar y la montaña, mientras por mi ventana veía los árboles, infectados de musgo, tachonados de rocío, entonces, lo que en un principio me pareció una hoja, seca atrapada en la telaraña, ¡se volvió un hada¡, una minúscula mujer desnuda y con alas verdes, me acerque y la vi, al parecer estaba desmayada, di una gran jalada y el espeso humo, -como niebla sagrada del Tibet- lo esparcí en su rostro, tocio un poco, e inhaló hasta la ultima partícula de la humareda, y me miro sonriente con sus diminutos ojos rojos, como rubíes.
- libérame me –dijo-.
- claro que no -le respondí-
- libérame -me dijo- y te diré un secreto del bosque
- por supuesto que no.
- libérame y te daré la planta mágica del bosque.
- claro que no le dije.
- libérame y de dará la mejor droga.
- claro que si le dije, lo iba a ser de todas formas.
Quite la telaraña delicadamente de sus alas y roce sus diminutos muslos.
- ¿que quieres?
- el secreto del bosque –respondí-.
Asintió con su cabecita, y recogió una ramita que había cerca , en realidad era su varita mágica, la toma con suavidad y comenzó o introducirla en su diminuta vagina, -mi cigarrillo estaba a punto de terminarse y yo disfrutaba la máximo-
- no importa lo que veas no interfieras -me dijo- justo antes de tener un orgasmo.
Una araña roja apareció como atraída, por su placer, y justo cuando esta se acercaba amenazante, saca su varita y de un movimiento la atravesó matándola.
- sabes me dijo mientras lamía su sangre, la punta de mi vara es en realidad, fragmentó de meteoro lunar, las arañas rojas son nuestras enemigas, y su telaraña es la única que puede atraparnos, tu has sido bueno conmigo.
Me miro por última vez y clavó su tridente en mi dedo, esto me produje un profundo dolor, y desapareció.
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