Sé que pediste que no atacáramos a nadie antes de más
noticias, pero no se trata de atacar a nadie ni de
esperar uno o dos años por las respuestas... por ello
comento tu carta a la secretaría de cultura y
respetando tus deseos lo hago dirigiendome a ti... por
cierto, su mail tampoco fue una respuesta, además, no
se trata de la ley sino de los planes y acciones de la
dependencia...
por lo menos eso entiendo de tus preguntas...
Sé, por supuesto, que tu mail no esta dirigido a mí.
Pero, creyendo que pienso igual que muchas de las
personas comunes que habemos en el país, expreso que
había olvidado que en Honduras existe un secretario en
la secretaría de cultura, artes y deportes (no sé al
fin cuál es el nombre, pero, creo que se asigna un
ministro para ese lugar). Por cualquier mal entendido,
las mayúsculas también se ganan.
Tu carta al ministro me hizo pensar lo siguiente: he
leído muchos comentarios a través de esta lista, unos
menos serenos que otros, mas todos con la profunda
preocupación de que se emprendan acciones en torno a
las políticas públicas relacionadas a cultura y arte.
Lo respetable de todas la opiniones es que, distinto a
lo que normalmente pasa cuando el trabajador del arte
habla de arte, los artistas no subrayaron su
magnificencia o profundidad intelectual, ni
despreciaron la secular ignorancia del HONDUREÑO, dejó
de verse la ignorancia como algo contra lo que hay que
luchar y se vio como un efecto, por lo tanto, se
propusieron acciones para luchar contra las causas.
Recuerdo que hubo mucho interés por apoyar la
formulación de una ley a través de trabajos colectivos
convocados por dos escritores y alguien más (si mal no
recuerdo, más tarde que temprano se socializó otra
propuesta que provenía del sector gobierno; como en
todo, esto representa la paralela y por lo tanto
división), luego vino el lío de que muchos no estaban
de acuerdo con los otros y se mezclaron los
desacuerdos tanto como las propuestas antes
mencionadas, hubo partes que gustaban, otras que no y…
¡Genial!, el estado o sus representantes se vinculan y
te hacen pensar que te apoyan para consensuar algo y
en medio del desorden conceptual (entendiendo el
concepto como el principio del entendimiento) la tal
ley no progresa, luego, ir donde el presidente con
algo relacionado a la promoción del arte” que culminó
en un evento que ahora se dice jamás estuvo coordinado
con la secretaría de cultura. ¡Genial!, fuimos dos
veces y dos veces regresamos con las manos vacías,
luego, el escribir o el decir que el presidente es
inculto, ignorante, que lo que quiere es un extra
espectáculo al estilo no sé qué, que los funcionarios
de la secretaría están enojados porque nada de lo
mencionado por la presidencial esta siendo coordinado
con ellos y la Directora de las Artes, indignada,
pensando en los compañeros que la apoyan de buena fe y
la gente que arrastra, como le dice el señor fasquelle,
a quien ella tiene en alta estima,desmiente todo lo
anterior. Y con tu mail, como con el de ella, algunos
recordamos que había un ministro y no sé si hubo
intención para que notáramos su ausencia en los procesos
fallidos. Si fue así, qué astuto, sino,qué bueno.
Ahora bien, jamás, Hermes, jamás, el estado de
Honduras o sus funcionarios pretendieron formular,
promover, consensuar, aceptar o apoyar una ley de
cultura, por lo menos, no una efectiva. No les
interesa, no asegura dinero para la gran empresa que
rige sus políticas, sino inversión en los ciudadanos.
Esto es tan evidente que, en lugar de vincular a un
funcionario con autoridad como el ministro o su
segundo, de quienes se esperan líneas, en lugar de eso
se asociaron al proceso y utilizaron funcionarios con
bastantes amigos o amigos de los funcionarios, estoy
seguro que bien intencionados, pero con poca capacidad
de decisión. Cierto que el ministro puede asignar
empleados para hacer su trabajo, pero los artistas que
no son sus empleados no merecían menos que saber de
boca de él, el nivel de compromiso de la secretaría
con lo que se estaba emprendiendo en beneficio del
arte y la cultura en el país, recuérdese aquí que se
mezclaron leyes y funcionarios en esto, si no se
contaba con voluntad política, el proceso debía
continuar sin intromisión del estado por lo menos en
su primera etapa, para luego definir líneas de acción
e incidir directamente en el congreso, que es donde
van iniciativas más concretas, no a la presidencial o
a la secretaría.
Por cierto, disculpa si te lo digo, pero fue ingenuo
pensar que hablando con un presidente podría
promoverse algo sostenible en materia de arte y
cultura, o con un trasfondo que no fuera propagandista
(por esa misma razón te atendieron y no estuvo en
medio de esta gestión el ministro de cultura: la
cultura jamás fue el objetivo de ellos).
En materia política, lo que el estado hizo es lo que
algunos llaman inmovilización (a los campesinos, por
ejemplo, los inmovilizan con lo que se conoce como
paternalismo o proyectos asistenciales, les llevan
gallinas y milpas en sacos para que tengan qué comer y
no piensen en la organización en torno a sus derechos
o -lo que sería mejor- para que no piensen en métodos
y posibilidades para contrarrestar la injusta
distribución de la riqueza; la cooperación conoce muy
bien este tipo de influencia, la estamos practicando y
la mejoramos en todo el país después del Mitch y es la
principal característica de la ERP -lo que algunos
confunden con un plan de desarrollo, siendo sólo una
estrategia para mitigar efectos-, esto es un
inteligente mecanismo de opresión con el que todos
colaboramos, sin sangre, pero también sin justicia, lo
que ciertos grupos consideran y promueven como paz.
Parecido a lo que hacen cuando nos dan dinero para
hacer arte dentro de un marco creativo delimitado
por ellos, cuyos parámetros son propuestas para
contrarrestar efectos, pero no las causas, nunca las
causas, jamás las causas porque eso modificaría tu
obra en forma y fondo y diríamos que tu obra nos
libera de esa influencia perversa; dentro del marco
promovido por ellos, jamás comprenderemos el todo y te
harán concentrarte en cuestiones tan especificas que
tardaríamos cien años en ver cambios; cosas tan
especificas, por ejemplo, como un concurso de arte
por cierto, quién esta encargado del concurso de
literatura de este espectáculo ¿La presidencial?, qué
bien, literatura oficial). Todo esto, compañeros, es
una estrategia del dominante para generar movimientos
circulares entre las mayorías, movimientos que hacen
pensar que hay un proceso (el proceso, en su acepción
más simple, es la acción de ir hacia adelante), pero
lo que el estado promueve no son acciones hacia
adelante, sólo promueve el sentar a los que pueden
decidir con los que no pueden hacerlo y lograr
acuerdos que promuevan la paz, según sus marcos y
conceptos, con lo que te regresan a casa con la
seguridad de que haces algo que no irá contra sus
intereses (creo que a esto le llaman diálogo, o
concertación). Cuando estos procesos no avanzan,
siendo concensuados, dejan en los participantes la
sensación de fracaso e inmoviliza cualquier acción
posterior, legítima y mejor coordinada. Esto
desilusiona, compañero Reyes, y nos quita el impulso,
y nos hace desear no volver a vincularnos con procesos
similares, aunque nadie evalúa que los factores de
fracaso no estaban bajo nuestro control. Piénsalo, en
qué momento el que domina te dio la posibilidad, la
autoridad, los recursos y el tiempo que mereces para
concluir con éxito un proceso tan delicado e
importante como una política pública o una acción de
estado para promover el arte. Ni siquiera su valioso
tiempo proporcionó el secretario de cultura, ya que en
ese momento lo que sí se supo de él es que promovía la
idea de omitir a Las Ruinas de Copan del patrimonio de
la humanidad para la construcción de un aeropuerto.
Es tan evidente esta inmovilización que, después de
muchos meses, es la primera vez que alguien menciona
que en la secretaría de cultura hay un ministro y es
la primera vez que reacciona de forma directa sobre
esto. En estos meses se ha despotricado contra la
incapacidad del presidente con relación a la cultura y
las artes, pero, el presidente, por supuesto, tampoco
dijo que nos avocáramos al ministro, porque no se
trataba de arte o cultura, ni de ser culto o
ignorante, sino de desviarnos hacia la bodega donde
guardan las milpas en sacos para que nosotros mismos
se las lleváramos a la gente.
Para los que sí lo recordaron, imagino que alguna
razón tuvieron para no mencionar que alguien faltaba
en este proceso la información solicitada en el marco de la ley de acceso a la información que citaste, no sólo concierne
a tu persona y creo que nos interesa a todos, a los
que saben y a los que no sabemos leer ¿O eres de los
que piensan que el arte y la cultura, la literatura y
lo que se escribe sólo concierne y afecta a los
intelectuales y a los que saben leer? Sigue
escribiendo, Hermes, que esto es fundamental para el
ignorante y el analfabeta; y no te preocupes, que no
se trata de ser amigo de todos, ni de que te quieran o
te odien, esto no se trata de ser bueno o malo, ni
inteligente o tonto, ni de habladurías de cafetín,
esto es más grande, se trata de transformarnos en
individuos de convicciones, de esos que no se
inmovilizan por premios o reconocimientos de manos de
un político, coherentes del discurso a la obra. Si el
ministro no responde y te tiene sentado mucho tiempo
a su mesa de diálogos... hace poco se movilizó a
cientos de personas en zancos, a ver si podemos lejos
del café ¿con mojigangas y artesanos del interior del
país?, a qué hora y a dónde hubiésemos iniciado por
esas tres preguntas antes de hablar de leyes o
concursos de arte.
PD: el problema no es la pobreza la pobreza es el
efecto el problema no es que exista o no exista una
ley, con las que tenemos ya podríamos hacer bastante
cultura en este país si se aplicasen.
con el respeto de siempre
MANUEL VILLA
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