Lunes, 03 de septiembre de 2007
Oda al Marqu?s de Sa?nz Paterson

Adriano Corrales Arias

Guillermo Sa?nz Paterson es un poeta pr?digo y prol?fico. Tiene m?s de cinco libros de poes?a a su haber y se apresta a publicar uno m?s. Igual mantiene cuatro novelas in?ditas. Sin embargo, el canon de la poes?a costarricense y su oficiante desparpajo lo mantiene invisibilizado. Afortunadamente, hay qui?nes lo siguen recordando y otros, como este servidor, que lo estamos redescubriendo.
Y de repente est? bueno que sea as?: un poeta demon?aco y ang?lico, casi maldito, ca?do al margen de la literatura nacional, es, de muchas maneras, un verdadero poeta. Porque no se ha entregado a la egolatr?a de la vitrina y el bolsillo, sino que se ha encerrado en el castillo de naipes de sus visiones y de su po?tica, a esperar que el tiempo sea propicio. Y parece que ahora lo es...
Leer en los tiempos que corren la Oda al Marqu?s de Sade es un ejercicio necesario para quienes creen que la poes?a debe ser inmaculada y con el rubor de un suave maquillaje, para ser le?da en salas de estereofon?a con aire acondicionado. Pero, especialmente para los j?venes que se inician en la ardua tarea del verbo, muchos de ellos desconocedores de los avatares de la l?rica costarricense. Grito desgarrado que recupera para s? la condena del Marqu?s, esta oda de canto surrealista y melod?a rom?ntica, es un ejemplo esclarecedor de la poes?a de Sa?nz Paterson.
Dividido en tres partes (Amanecer, Mediod?a, Atardecer) este poema se desgarra entre las voces del c?lebre escritor, dramaturgo y filosofo (Donatien Alphonse Francois, Francia, 1740-1814). El yo l?rico se posesiona del personaje y se desdobla desde s? mismo para invocarse e invocarlo: Hoy te levantaste con tu predilecto ojo de p?rpura... En este minuto desvestido, ?Sade!, te quise. En el abismo del espumarajo, en la epilepsia del ruido, nos vamos compenetrando con este personaje tantas veces censurado y satanizado.
As? la oda se reconfigura en un canto oscuro de la mano de una NI?A BLANCA que balbucea las fronteras entre placer y crimen, entre caricia y tortura, entre pasi?n y espanto, entre la hoja que ca?a y los podridos oto?os del humo. Desgarrado quehacer el del poeta al transmitirnos el dolor y la rabia del otro poeta. Por eso el poema se descuelga del sambenito de la poes?a trascendentalista de la ?poca que se autoafirm? como poes?a oficial en nuestra ?nsula barataria. Y media entre una transvanguardia que brinda con la noche y se desgarra en la madrugada con una alucinante posmodernidad.
Al final, al atardecer, encontramos la flor sin calaveras, hueso rosado de la aurora, en el redoble de cientos de atabales con el bramido de muchas trompetas como asmas de la naturaleza hacia la noche sin paralelo. As? el poeta se remonta encubierto en su propio personaje, heter?nimo que cruza los siglos, hasta llegar A LA VIOLADA OSCURIDAD DEL HORROR. Por ello el cronotopo de la creaci?n: Hospicio de Charenton. 27 de abril de 1803.

Los invito a leer esta Oda olvidada como una p?gina de la iniquidad nacional, pero felizmente recuperada para distinci?n de la poes?a.

ODA AL MARQUES DE SADE

Selecci?n de Poemas (1974)

AMANECER

Hoy te levantaste con tu predilecto ojo p?rpura.
Era blanca la s?bana de la amargura
y el horizonte de la pureza
te??a tu mirada de rictus oxidados.
Era el barrote, era la prisi?n, era el asilo
de las algas pegajosas como silencios de aves muertas.
En este minuto desvestido, ?Sade!, te quise.
Tus extra?as manos eran tent?culos
de islas olvidadas,
p?jaros negros pasaban sin delirio,
todo era cansancio de espigas
sin respuesta, las ostras abr?an su carcomido
n?mero de oficina, y las medusas de las rocas
eran sirenas con a?il p?rpura en los labios.

?Cuanto olvido!

?Cu?nta bajeza escuchaste de los potros enrojecidos!
En tu cerebro aullaba un lobo herido,
y su pene de cicuta
golpeaba las madr?poras de los lagos podridos.
?Cu?nto pantano hab?a en ti!
?cu?nto nen?far de oloroso incienso
gastaba las mentes de los gritos!
Mas era la ma?ana de licor,
y delirio menstrual, tu sexo
se sobrepon?a a los tumbos del alma.
Vencido como las serpientes al acecho,
tu diente clav? el ox?geno de las cataratas.
?Cuatro monjas azules te sujetaron!
?Sade!, ?Sade, cu?nto te quise!
En el abismo del espumarajo,
en la epilepsia del ruido,
no hubo nadie que te escuchara.
Fuiste as? el vampiro de los coches nocturnos,
la piedra rodada en los prost?bulos rojos,
la sutil emanaci?n de los pezones iluminados;
no hubo nadie que te escuchara.
Fue aquella noche cuando dijiste a los delirios
que el mundo estaba acabado,
que una copa de tinte negro
val?a m?s que el cofre de una hostia;
no hubo nadie que te escuchara.
En la ma?ana de la noche tu cabello revuelto
vago por las callejuelas de los c?lices,
en la ma?ana, las estrellas de tus dientes
comieron de la fruta prohibida...
?Sade!, ?Sade!, cu?nto te quise.
T?, el odiado, supiste del escalofr?o virginal,
t?, el de siempre, supiste desatar la envidia lechosa
de los primeros caminantes.
?No!, no, no hay respuesta para tu silencio
de tortura, no hay torre que contenga tu buitre
de alhajas perdidas... todo lo diste...

En las piedras, en los musgos,
en los acantilados,
en la felatina de las rendijas,
tu mirada fue v?ctima del picotazo.
Ya sin ojos, destruido como los huesos
de las gaviotas, infeccionaste la soledad
de tu celda.
?Sade!, Sade, cu?nto te quise.
All?, el de siempre, all? el de las hojas sin velo,
all? el transfigurado por el gusano de los remos sin rumbo.

Es la hora del ojo negro,
es la hora donde la sangre y el reloj,
anuncian la terrible campanada de la tortura.
La sonrisa impasible se enmudece,
los miembros se trenzan en la noche sin espinas.
?Aurora es la indicada!, ?aurora es la vestal!
Los grillos suenan, la puerta de hierro fundido se abre.

?Sade!, eres el demacrado de las primeras horas.

MEDIODIA

?Oh, mediod?a!
Las cadenas han arrastrado
animales de fuego sereno,
sus miradas de terciopelo
han vertido crueles emanaciones.
El opio del d?a es un tormento;
la acidez de las nubes sin rumbo,
?rojas!, son un plomo vasto de manos arrancadas,
?la tierra se estremece.
el son fecunda las partes,
la rama de los vidrios cae en el dolor de las venas!
?Oh, mediodia!
La fuente de los charcos,
el lirio azul de los bosques profundos
es a?n una vastedad sin herir.
?Sade!, el de las primeras horas, ?Sade!
Con el rumbo de las ortigas en la boca,
con la espina del murmullo en la saliva,
?-? da el primer paso sin tormento!?

Es la ara?a de oro
en su pelambre de roc?o infecundo,
es ?Sade! Que rompe la piel de los corderos estivales.

Era verano la hoja que ca?a,
eran los podridos oto?os de humo.
Exist?a el silencio del bochorno,
exist?a la cansada lentitud
de la leche en las bocas.
Los ni?os se ataban a sus madres;
sus risas de carb?n
pervert?an el cementerio de los primeros juegos.
Era la primavera de las cunas,
la iluminada ponencia del horrible destello.
Lejos de la luna,
en el eco de las humedades,
en el sexo podrido de la rosa de los bosques,
llegastes, ?Sade!...
El mediod?a quebrado en las colinas,
el mediod?a en las aguas frescas de la mejilla,
fueron tu tentaci?n.
Acabado como los astros sin embri?n,
Microcosmos del saber,... todo lo embriagaste.
Las ?guilas de las u?as
volaban en la sangre de tus ojos,
y en tu mirada, el distante mar,
era una mueca de horizontes vac?os.
Las rosadas calles de la locura,
el incienso de los pinos quemados,
la brisa del polen,
fueron la solitaria esquina de los papeles sin letra.
En la lengua de semen,
en el espacio de los cuartos sin respiraci?n,
tu nombre fue dado al ?Mediod?a!
Con el cerebro atado a los ratos de la memoria,
diste recuerdo febril a los lienzos de Uccello.
Eran los mediod?as del grito deshilachado,
era el cadalso de la rata fr?a,
era la boca gentil y el paso apresurado.
?Sade!, Sade, tu camino fue contado
por la perversi?n de los cuatro ?ngeles-Demonio,
?Sade, Sade, tu h?meda escalera
por la Virgen arrancada de los pelos.
En el fondo del ruido,
en la hora escamosa de la serpiente,
tu nudo vol? al alto sol.
La pierna desnuda
fue Amor en tu bosque de helechos muertos.
Como las aves de las campanas
sin constelaci?n,
acudiste al ojo paral?tico.
?Tu llanto fue de virtudes insospechadas,
tu rebeld?a una fuente de amargos hipos!
Miraste el sol sin pupilas,
lo miraste en la profunda noche de tu dolor.

De la hora del mortal reloj,
fue viva tu llama
entre la pronunciada figura
de la NI?A BLANCA.

ATARDECER

?Oh macabra senectud!
?Oh violada ponencia de las estrellas!
La amargura tiembla en el vino,
la sal en la arruga serena de los firmamentos;
nadie acude a la oscura mancha de la embriaguez.
El cirio tembloroso,
la tarde atada a su castigo,
son la herida de mis errabundos ojos,
Nadie acude a esta llaga de ?mbar,
a esta soledad de olas sin espuma.
?Hay un grito de insecto en tus ojos,
roc?o de soneto l?quido!
El atardecer,
cansado como los muelles sin ?xido,
cansado como el bast?n de los balcones,
expira,...expira,... el p?talo del perd?n.
?Sade!, ?Sade,
quisiste de tu virtud la perla dorada de los ensue?os,
quisiste de la vida el barco podrido de las perdidas algas.
?No hay perd?n en los pechos de cardo!,
?No hay risa en la violeta de los ojos!
Los cabellos son uvas de oro,
uvas que el Tiempo detiene en la l?grima del juego.
?Era la orilla de la luz,
era el atardecer adolescente
del gesto morado sin descanso?-.
Mi mano se posaba en la sal marinera de las gaviotas;
?rocas de fuego!, como ceniza de lirios,
ahuyentaban la sombra de los vuelos...
?Sade!, Sade, fue tu primer recuerdo
la violada pasi?n de las ra?ces sin llama,
fue la tierra olorosa a mieles remotas
el Fausto de tu condena.
?-La hoja marchita de los dientes sin consuelo,
el sendero agotado por la rumorosa vid,
fueron tu llanto?-.
?Sade!, Sade,
primer condena de las cumbres sin abismos,
escarabajo del nervio marinero.
?Oro de la tarde que huye!
?Oro de la copa sin saciarse!

La flor sin calaveras,
hueso rosado de la aurora,
fueron el n?ctar de tu solitaria celda.
El atardecer de la gloriosa golondrina,
la campanada en el triste musgo,
saciaron tu sed de verdugo laborioso.
?Nada me pertenece
sino la conjugaci?n
del vicio de la virtud!
?Oh dualidad!
?Oh dolores preciosos!
?Oh asmas de la naturaleza!
Son dos misterios parecidos:
?segundos de la hu?da!,
?ciervo de la lanza fugaz!
?noche sin paralelo!
En su negrura invocada,
loco buscador de la luz,
me remonto,
distante,

A LA VIOLADA OSCURIDAD DEL HORROR.

Hospicio de Charenton.
27 de abril de 1803.

Tags: adriano corrales, marques de sade, costa rica, francia, Saénz Paterson

Publicado por ChemaRubioV @ 16:47  | POESIA
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