Martes, 11 de septiembre de 2007
Biograf?a de:
Miguel Hernandez


En Orihuela, un peque?o pueblo del Levante espa?ol, rodeada del oasis exuberante de la huerta del Segura, naci? Miguel Hern?ndez el 30 de octubre de 1910. Hijo de un contratante de ganado, su ni?ez y adolescencia transcurren por la aireada y luminosa sierra oriolana tras un peque?o hato de cabras. En medio de la naturaleza contempla maravillado sus misterios: la luna y las estrellas, la lluvia, las propiedades de diversas hierbas, los ritos de la fecundaci?n de los animales. Por las tardes orde?a las cabras y se dedica a repartir la leche por el vecindario. S?lo el breve par?ntesis de unos a?os interrumpe esta vidad para asistir a la Escuela del Ave Mar?a, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde estudia gram?tica, aritm?tica, geograf?a y religi?n, descollando por su extraordinario talento. En 1925, a los quince a?os de edad, tiene que abandonar el colegio para volver a conducir cabras por las cercan?as de Orihuela. Pero sabe embellecer esta vida mon?tona con la lectura de numerosos libros de Gabriel y Gal?n, Mir?, Zorrilla, Rub?n Dario, que caen en sus manos y depositan en su esp?ritu ?vido el germen de la poes?a. A veces se pone escribir sencillos versos a la sombra de un ?rbol realizando sus primeros experimentos po?ticos. Al atardecer merodea por el vecindario conociendo a Ram?n y Gabriel Sij? y a los hermanos Fenoll, cuya panader?a se convierte en tertulia del peque?o grupo de aficionados a las letras. Ram?n Sij?, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, le orienta en sus lectura, le gu?a hacia los cl?sicos y la poes?a religiosa, le corrige y le alienta a proseguir su actividad creadora. El mundo de sus lecturas se ampl?a. El joven pastor va llevando a cabo un maravilloso esfuerzo de autoeducaci?n con libros que consigue en la biblioteca del C?rculo de Bellas Artes. Don Luis Almarcha, can?nigo entonces de la catedral, le orienta en sus lecturas y le presta tambi?n libros. Poco a poco ir? leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calder?n, G?ngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ram?n y Antonio Machado. En el horno de Ef?n Fenoll, que est? muy cerca de su casa, pasa largas horas en agradable tertulia discutiendo de poes?a, recitando versos y recibiendo preciosas sugerencias del culto Ram?n Sij? que acude all? a visitar a su novia Josefina Fenoll. Desde 1930 Miguel Hern?ndez comienza a publicar poemas en el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El D?a de Alicante. Su nombre comienza a sonar en revistas y diarios levantinos.

Primer viaje a Madrid y Perito en lunas

Pose?do por la fiebre de la fama, en diciembre de 1931 se lanza a la conquista de Madrid con un pu?ado de poemas y unas recomendaciones que al fin de nada le sirven. Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el "cabrero-poeta", las semanas pasan y, a pesar de la abnegada ayuda de un pu?ado de amigos oriolanos, tiene que volverse fracasado a Orihuela. Pero al menos ha podido tomarle el pulso a los gustos literarios de la capital que le inspiran su libro neogongorino Perito en lunas (1933), extraordinario ejercicio de lucha tenaz con la palabra y la sintaxis, muestra de una invencible voluntad de estilo. Tras este esfuerzo el poeta ya est? forjado y ha logrado hacer de la lengua un instrumento maleable. En Orihuela contin?a sus intensas lecturas y sigue escribiendo poes?a. Tambi?n sus amigos le preparan alguna actuaci?n en p?blico. En el Casino de Orihuela recita y explica su "Eleg?a media del toro". Otra vez, en abril de 1933, es en Alicante donde interpreta la misma eleg?a despu?s de una docta charla de Ram?n Sij? sobre Perito en lunas. La prensa local se hace eco del acontecimiento literario alimentando en el joven poeta el ansia y sed de celebridad.


Segundo viaje a Madrid

Un d?a, al salir de su trabajo, en una notar?a de Orihuela, conoce a Josefina Manresa y se enamora de ella. Sus vivencias van hallando formulaci?n l?rica en una serie de sonetos que desembocar?n en El rayo que no cesa (1936). Las lecturas de Calder?n le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrir? las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934. All? se mantiene con un empleo que le ofrece Jos? Mar?a de Coss?o para recoger datos y redactar historias de toreros. En Madrid su correspondencia amorosa no se interrumpe y la frecuente soledad inevitable en la gran ciudad le hace sentir nostalgia por la paz e intimidad de su Orihuela. Las cartas abundan en quejas sobre la pensi?n, rencillas de escritores, intrigas, el ruido y el tr?fico. As? es que en cuanto le es posible vuelve a su pueblo para charlar con los amigos, comer fruta a satisfacci?n y ba?arse en el r?o. Aunque lentamente, va cre?ndose en Madrid su c?rculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, Mar?a Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. Entre ellos trata de vender algunos n?meros de la revista El Gallo Crisis, reci?n fundada por Ram?n Sij?, pero tienen que constatar que ?sta no gusta a muchos de sus nuevos amigos. Neruda se lo confiesa abiertamente: "Querido Miguel, siento decirte que no me gusta El Gallo Crisis. Le hallo demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso". Ram?n Sij? teme perder a su gran amigo para sus ideales neocat?licos, pero pronto tienen que constatar que el ambiente de Madrid puede m?s que los ecos de la lejana Orihuela. Pablo Neruda insiste en sus ingeniosos sarcasmos anticlericales: "Celebro que no te hayas peleado con El Gallo Crisis pero esto te sobrevendr? a la larga. T? eres demasiado sano para soportar ese tufo sot?nico-sat?nico". Si Ram?n Sij? y los amigos de Orihuela le llevaron a su orientaci?n clasicista, a la poes?a religiosa y al teatro sacro, Neruda y Aleixandre lo iniciaron en el surrealismo y le sugirieron, de palabra o con el ejemplo, las formas po?ticas revolucionarias y la poes?a comprometida, influyendo, sobre todo Neruda y Alberti, en la ideolog?a social y pol?tica del joven poeta provinciano. Superada esta crisi, Miguel Hern?ndez es ya un poeta hecho y comienza a crear lo m?s logrado y genial de su obra.


La Guerra Civil

El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 le obliga a tomar una decisi?n. Miguel Hern?ndez, sin dar lugar a dudas, la toma con entereza y entusiasmo por la Rep?blica. No solamente entrega toda su persona, sino que tambi?n su creaci?n l?rica se trueca en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada. Como voluntario se incorpora al 5? Regimiento, despu?s de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos. Se le env?a a hacer fortificaciones en Cubas, cerca de Madrid. Emilio Prados logra que se le traslade a la 1? Compa??a del Cuartel General de Caballer?a como Comisario de Cultura del Batall?n de El Campesino. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcal?. En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos d?as tiene que marchar al frente de Ja?n. Es una vida agitad?sima de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensi?n de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que le obliga por prescripci?n m?dica a retirarse a Cox para reponerse. Varias obritas de Teatro en la guerra y dos libros de poemas que han quedado como testimonio vigoroso de este momento b?lico: Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).


El poeta en la c?rcel

En la primavera de 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel Hern?ndez intenta cruzar la frontera portuguesa y es devuelto a las autoridades espa?olas. As? comienza su larga peregrinaci?n por c?rceles: Sevilla, Madrid. Dif?cil imaginarnos la vida en las prisiones en los meses posteriores a la guerra. Inesperadamente, a mediados de septiembre de 1939, es puesto en libertad. Fat?dicamente, arrastrado por el amor a los suyos, se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisi?n. El poeta -como dice lleno de amargura- sigue "haciendo turismo" por las c?rceles de Madrid, Oca?a, Alicante, hasta que en su indefenso organismo se declara una "tuberculosis pulmonar aguda" que se extiende a ambos pulmones, alcanzando proporciones tan alarmantes que hasta el intento de trasladarlo al Sanatorio Penitenciario de Porta Coeli resulta imposible. Entre dolores acerbos, hemorragias agudas, golpes de tos, Miguel Hern?ndez se va consumiendo inexorablemente. El 28 de marzo de 1942 expira a los treinta y un a?os de edad.


*




ELEG?A A LA MUERTE DE RAMON SIJ?


(En Orihuela, su pueblo y el m?o
se me ha muerto como del rayo Ram?n Sij?,
con quien tanto quer?a)


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compa?ero del alma tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolas
y ?rganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
dar? tu coraz?n por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empuj?n brutal te ha derribado.


No hay extensi?n mas grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento m?s tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi coraz?n a mis asuntos.


Temprano levant? la muerte el vuelo,
temprano madrug? la madrugada,
temprano est?s rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedientas de cat?strofes y hambrienta.


Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.


Y volver?s a mi huerto y a mi higuera
por los altos andamios de las flores
pajarear? tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volver?s al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.


Alegrar?s la sombra de mis cejas
y tu sangre se ir? a cada lado
disputando tu novia y las abejas.


Tu coraz?n ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.


A las aladas almas de las rosas
de almendro de natas te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compa?ero del alma, compa?ero.










EL NI?O YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
m?s humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre esti?rcol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus a?os no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bru?ido,
con una ambici?n de muerte
despedaza un pan re?ido.

Cada nuevo d?a es
m?s ra?z, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como ra?z se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este ni?o hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qu? es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

?Qui?n salvar? este chiquillo
menor que un grano de avena?
?De d?nde saldr? el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del coraz?n
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido ni?os yunteros.


*


NANAS DE LA CEBOLLA

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus d?as
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi ni?o estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de az?car
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
R?ete ni?o
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
c?rcel me arranca.
Boca que vuela,
coraz?n que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
m?s victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Despert? de ser ni?o:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
r?ete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes r?es
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
ser?n ma?ana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela ni?o en la doble
luna del pecho:
?l, triste de cebolla,
t? satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Tags: miguel hernandez, poesia, guerra civil, moscu, nanas, tuberculosis

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