S?bado, 06 de octubre de 2007
ANNABEL LEE

Hace de esto ya muchos, muchos a?os,
cuando en un reino junto al mar viv?,
viv?a all? una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su ?nico sue?o verse siempre
por m? adorada y adorarme a m?.

Ni?os ?ramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos all?
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ?ngeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a m?.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ?triste de m?!,
desde una nube sopl? un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de m?;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla all?.

?Oh s?! -no tan felices los arc?ngeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a m?.
Y no m?s que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, s?benlo as?-,
sopl? viento nocturno, de una nube,
rob?ndome por siempre a Annabel Lee.

Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
m?s grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni pr?ceres ?ngeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en s?,
separar?n jam?s mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.

Pues la luna ascendente, dulcemente,
tr?eme sue?os de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonr?en de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

Versi?n de Carlos Obligado








EL CUERVO

Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre m?s de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba so?oliento la cabeza, de repente
a mi puerta o? llamar;
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
mano t?mida a tocar:
"?Es - me dije - una visita que llamando est? a mi puerta:
eso es todo y nada m?s!".

?Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo d?a deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
ya sin nombre... ?nunca m?s!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fant?sticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar,
"?Es, sin duda, un visitante-repet?a con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar:
un tard?o visitante a las puertas de mi estancia...,
eso es todo, y nada m?s!".

Poco a poco, fuerza y br?os fue mi esp?ritu cobrando:
"Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
mas, el caso es que dorm?a, y con tanta gentileza
me vinist?is a llamar,
y con tal delicadeza y tan t?mida constancia
os pusist?is a tocar,
que no o?", dije, y las puertas abr? al punto de mi estancia:
?sombras s?lo y... nada m?s!

Mudo, tr?mulo, en la sombra por mirar haciendo empe?os,
qued? all?-cual antes nadie los so??-forjando sue?os;
m?s profundo era el silencio, y la calma no acusaba
ruido alguno..., resonar
s?lo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
yo me puse a murmurar,
y que el eco repet?a como un soplo: ?Leonora...!
Esto apenas, ?nada m?s!

A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto o? llamar de nuevo, esta vez con m?s violencia:
"De seguro-dije-es algo que se posa en mi persiana,
pues, veamos de encontrar
la raz?n abierta y llana de este caso raro y serio,
y el enigma averiguar:
?Coraz?n, calma un instante, y aclaremos el misterio...:
es el viento, y nada m?s!".

La ventana abr?, y con r?tmico aleteo y garbo extra?o,
Entr? un cuervo majestuoso de la sacra edad de anta?o.
Sin pararse ni un instante ni se?ales dar de susto,
con aspecto se?orial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Pallas representa
fue y pos?se, y ?nada m?s!
Troc? entonces el negro p?jaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
y le dije: "Aunque la cresta calva llevas, de seguro
no eres cuervo nocturnal,
?viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla...!
Dime, ?cu?l tu nombre, cu?l,
En el reino plutoniano de la noche y de la niebla...?
Dijo el cuervo: "?Nunca m?s!".

Asombrado qued? oyendo as? hablar al avechucho,
si bien su ?rida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,
con tal nombre: "Nunca m?s".

Mas el cuervo fijo, inm?vil, en la grave efigie aqu?lla,
s?lo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada, ni una pluma sacud?a, ni un acento
se le o?a pronunciar...
Dije entonces al momento: "Ya otros antes se han marchado,
y la aurora al despuntar,
?l tambi?n se ir? volando cual mis sue?os han volado".
Dijo el cuervo: "?Nunca m?s!".

Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
"no hay ya duda alguna -dije-, lo que dice es aprendido;
aprendido de alg?n amo desdichoso a quien la suerte
persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
sus canciones terminar
y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
de: ?Jam?s, y nunca m?s!".

Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
mi sill?n rod? hasta el frente de ave y busto y de cornisa;
luego, hundi?ndome en la seda, fantas?a y fantas?a
dime entonces a juntar,
por saber que pretend?a aquel p?jaro ominoso
de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo l?gubre y odioso
al graznar: "?Nunca jam?s!".

Qued? aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y m?s-sobre cojines reclinado-con anhelo
me empe?aba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprim?a viva huella
luminosa mi fanal,
terciopelo cuya p?rpura ?ay! Jam?s volver? ?lla
a oprimir, ?ah, nunca m?s!

Pareci?me el aire, entonces, por inc?gnito incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario,
perfumado. "?Miserable ser-me dije-Dios te ha o?do,
y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
te ha venido hoy a brindar:
bebe, bebe ese nepente, y as? todo olvida ahora!".
Dijo el cuervo: "Nunca m?s".

?Oh, Profeta -dije- o duende!, mas profeta al fin, ya seas
ave o diablo, ya te env?a la tormenta, ya te veas
por los ?bregos barrido a esta playa, desolado
pero intr?pido, a este hogar
por los males devastado, dime, dime, te lo imploro.
?Llegar? jamas a hallar
alg?n b?lsamo o consuelo para el mal que triste lloro?.
Dijo el cuervo: "?Nunca m?s!".

"?Oh, Profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, combo velo
de zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida,
presa infausta del pesar,
si jam?s en otra vida la doncella arrobadora
a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arc?ngeles Leonora...".
Dijo el cuervo: "?Nunca m?s!".

"?Esa voz, oh cuervo, sea la se?al de la partida
-grit? alz?ndome-, retorna, vuelve a tu h?rrida guarida,
la plut?nica ribera de la noche y de la bruma...!
?De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ?El busto deja!
?Deja en paz mi soledad!
?Quita el pico de mi pecho! ?De mi umbral tu forma aleja...!".
Dijo el cuervo: "?Nunca m?s!".

?Y aun el cuervo inm?vil!, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura....
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
las visiones ve del mal;
y la luz sobre ?l cayendo, sobre el suelo flota..., nunca
se alzar?..., nunca jam?s!

Versi?n de Juan Antonio P?rez Bonalde ( Tomado de Texto Sentido)

Tags: edgar allan poe, baltimore, alcoholico, poemas, eureka

Publicado por ChemaRubioV @ 22:21  | POESIA
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