Martes, 09 de octubre de 2007
Cuando la vida es un martirio, el suicidio es un deber: Jos? Mar?a Vargas Vila.

Tambi?n podr?a leerse como la pena debida, pero qui?n para saber si es debida o indebida, sobre estos temas de pena de muerte resulta dif?cil opinar pues material para estar en contra o a favor sobra de ambos bandos, por ello mejor, ya que en estos d?as la pena de muerte est? tan manoseada en nuestros medios y nuestro medio, prefiero referirme a la pena de vida.

La pobre pena de vida, ante la pena de muerte, queda marginada y casi olvidada, quiz? porque se le ve tan a diario que hemos llegado a familiarizarnos con ella. Y eso s?, cuando tan familiar se es pues hasta el sufrimiento se convierte en rutina. Familiar porque a diario se ve en la vida real y virtual ni?os en extrema pobreza, gente sufriendo por las guerras y lo que ya todo sabemos consciente o inconscientemente: acostumbrados al sufrimiento ajeno.


Pero en el contexto que he de referirme aqu? es a la otra pena de vida, esa que se le aplic?, seg?n el cristianismo, al primer asesino de la historia humana y fue directamente condenado a la pena de vida ni m?s ni menos por el mism?simo Dios, quien en ning?n momento pens? siquiera en darle la pena de muerte. Basta con dirigirse al G?nesis 4: 3-16:


?Y dijo Ca?n a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteci? que estando ellos en el campo, Ca?n se levant? contra su hermano Abel, y lo mat?.

Y Jehov? dijo a Ca?n: ?D?nde est? Abel tu hermano? Y ?l respondi?: No s?. ?Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y El (Jehov?) le dijo: ?Qu? has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a m? desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas t? de la tierra, que abri? su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volver? a dar su fuerza; errante y extranjero ser?s en la tierra. Y dijo Ca?n a Jehov?: Grande es mi castigo para ser soportado. He aqu? me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconder?, y ser? errante y extranjero en la tierra; y suceder? que cualquiera que me encuentre me matar?. Y le respondi? Jehov?: ciertamente cualquiera que matare a Ca?n, siete veces ser? castigado. Entonces Jehov? puso se?al en Ca?n, para que no lo matase cualquiera que lo hallara.

Existe cantidad de ejemplos de la pena de vida, aqu? daremos uno para hacer esto m?s comprensible. Uno que padece de pena de vida es el anciano

Santos Salom?n Avila Ortiz, hombre humilde y trabajador que seg?n lo relatado por ?l y otros testigos, fue llevado por las circunstancias a dar muerte al propietario de la empresa de transportes El Rey, Jos? Mar?a Sierra Alvarenga.

Al parecer no era la primera vez que el anciano ejecutor recib?a maltratos del ejecutado. Dicho de otra manera, ya tiempos le ven?an cayendo gotas al vaso, hasta que ?ste rebals? cuando el propietario se excedi? y lleg? al extremo de darle un puntapi?. All? fue cuando a don Santos lo atrap? la pena de vida, tras darle muerte al abusador.

La pena de vida de don Santos consiste en su arrepentimiento, ya pidi? disculpas a los familiares, est? en c?rcel domiciliaria y se nota que a ra?z de la tragedia su vida ha perdido sentido. A otros, sin duda, que los encierra la pena de vida es a los familiares del fallecido, aunque ellos pueden ser conscientes del car?cter explosivo del que se fue, no por ello ?l deja de ser su familiar ni ellos de sentir el dolor de su partida.

Lo del proceder del empresario no es extra?o, en nuestro medio existen due?os de empresas, gente con buenos puestos en la empresa privada e incluso dentro del gobierno (o por el simple hecho de tener un parentesco con el presidente o con alguien en el poder), quienes por ello creen que los dem?s son seres inferiores y puede humill?rseles, pisote?rseles, y que carecen de cualquier sentimiento de dignidad. Este caso es muestra tangible de que el m?s pobre y humilde de los seres humanos, tambi?n es humano. De all? que aunque en apariencia no se le vea, puede en su interior llevar la fiera dormida.

En las entrevistas de familiares que han sufrido la p?rdida de un ser amado a manos de un asaltante u otro tipo de criminal, en infinidad de veces puede verse que ellos no piden para el asesino la pena de muerte sino la pena de vida. Ellos piensan que la pena de muerte es una salida muy f?cil y que eso no paga como deber?a de ser el sufrimiento que ellos est?n padeciendo. Ha habido casos, incluso, que estos familiares han buscado los medios legales para evitar que se le d? la pena de muerte y prefieren cadena perpetua para el agresor.

Quiz? por todo ello es que la pena de muerte no se d? tan al instante sino que, al parecer, nadie tiene prisa por realizarla, de lo que s? est?n seguros es que en determinado momento la llevar?n a cabo. Y tal vez por ello el condenado es varias veces llevado a la antec?mara, despu?s regresado a su celda habitual por alg?n fallo t?cnico. Se le permite brindar entrevistas, seguramente que el condenado al exteriorizar lo que piensa y abate siente cerca la posibilidad de vida. Luego llega el d?a, pero aparece un recurso de amparo que le da una luz cuando ya todo parec?a apagado, pero esa luz no es si no como espejismos en el desierto.

A los condenados se les protege de suicidarse, quiz? si lograran hacerlo se tomar?a como evasi?n de la justicia terrenal, una burla contra el sistema. Y en muchas entrevistas a condenados, ellos lo que m?s anhelan es que todo termine cuanto antes, ellos son los que tienen prisa porque se culmine la pena de muerte pues no est?n sino sufriendo la pena de vida.

En su novela El Extranjero, el novelista franc?s, en realidad argelino, Albert Camus, Premio Nobel 1962, narra el juicio que recibe un condenado no por matar a un ?rabe sino por no haber llorado en el entierro de su madre. El riesgo de la pena de muerte es tambi?n lo que puede motivarla en nuestras sociedades de doble moral y ser enjuiciado por una cosa y ejecutado por otra.

Aqu? tambi?n puede palparse la necesidad que tiene el condenado de salir de esa pena de vida, que es peor que otros condenados en cuanto a que ?l est? completamente solo, su ?nico familiar, su madre, ya ha muerto, cit?: Tan cerca de la muerte, mam? deb?a de sentirse all? liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie ten?a derecho de llorar por ella. Y yo tambi?n me sent?a pronto a revivir todo. Como si esta tremenda c?lera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abr?a por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a m?, tan fraternal, en fin, comprend?a que hab?a sido feliz y que lo era todav?a. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el d?a de mi ejecuci?n haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.

?Y usted por cu?l votar?a: por la pena de muerte o por la pena de vida?

Nueva York, NY, 8 de octubre, 2007.

Tags: NUEVA YORK, HONDURAS, ROBERTO QUESADA, pena de muerte, diplomacia

Publicado por ChemaRubioV @ 19:39
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