Martes, 09 de octubre de 2007
Manuel Rivas: "mi primer libro fue la memoria de mi madre"
por Armando G. Tejeda




Manuel Rivas es la literatura hecha historia y reflexi?n. Es sangre vertida en el arte de la palabra colectiva; aquella que se ha escuchado por siglos y siglos en su terru?o, su Galicia natal, que ?l, con su mirada literaria, ha elevado hasta el crep?sculo del canto eleg?aco.

Cuando este escritor te observa pareciera que el bravo mar de la ribera atl?ntica gallega se te clavara para siempre en la memoria. Pareciera, tambi?n, que el hondo y an?nimo dolor de un pueblo asumiera de forma espont?nea la palabra exacta de su historia. La mirada de Manuel Rivas m?s que afirmar, interroga. Y as? lo manifiesta en su literatura, borboretas excitadas que m?s que afirmar, interrogan.

Sus novelas, cuentos, poemas...; en definitiva, sus palabras sueltas tambi?n hablan de emigrantes, de fusilados, de perseguidos, de viejos viajeros: p?jaros que cantan al amanecer, que se postran, silenciosos, ante las rocas donde el mar rompe a la tierra. De ah? surge su canto literario, que por partir de ese terru?o -m?tico y sabio- se convierte en alegato universal. En literatura. En borboretas que vuelan, nacen, mueren y vuelven a brotar en la memoria, en la historia de un pueblo.

En Galicia, Rivas (A Coru?a, 1957) es como la voz emancipadora de los tragos amargos de su historia, del sarcasmo "cervantino" de un pueblo abocado desde hace siglos a encontrar su "esencia" o "destino" a trav?s del mar: ya sea a trav?s de la emigraci?n o de los oficios de pescador, mariscador o percebeiro.

Su obra es extensa, pero cabe destacar algunos de sus libros: Un mill?n de vacas (1990); Los comedores de patatas (1992); Toxos y flores (1992); En salvaje compa??a (1994); ?Qu? me quieres, amor? (1996); Bala Perdida (1996); El pueblo de la noche (1997); El l?piz del carpintero (1998); Ella, maldita alma (1999); La mano del emigrante (2001); y Las llamadas perdidas (2003).

En entrevista con Babab.com, Rivas comparti? sus soliloquios sobre el mar, "un solo jazz", y las palabras que brotan de esa mirada azul y rebelde como la ribera atl?ntica gallega: "la distancia de un pu?o"; "unha onda do mar"; "las primeras cerezas del verano"; "contra la indiferencia" y "bienvenidos los d?as del futuro".


BABAB: De la ?poca de la Guerra Civil y la posguerra, ?qu? libros cree que han reflejado con mayor nitidez aquel trance?

MANUEL RIVAS: Tengo todav?a bastante por leer, pero quiz? el hecho de que no s?lo yo sino tambi?n otros autores de nuestra generaci?n est?n escribiendo sobre eso posiblemente se deba a que hay una sensaci?n de cierto vac?o. No quiero decir con esto que no se hayan hecho obras muy buenas sobre la Guerra Civil, pero tambi?n hay una necesidad de que quedan muchas cosas por decir y desde distintas perspectivas. Frente al t?pico existente -que dice que ya se ha escrito mucho sobre eso-; yo creo que no se ha escrito demasiado sobre la Guerra Civil espa?ola y sobre todo creo que no se ha hecho suficiente literatura. A nadie se le ocurrir?a decir en Estados Unidos, por ejemplo, que ya se ha escrito mucho sobre la guerra de secesi?n, la cuesti?n sure?a y sus consecuencias; al contrario, se siguen escribiendo obras porque en definitiva estamos hablando de un escenario l?mite, que en literatura siempre es interesante.
Hay un ejemplo que creo que ilustra perfectamente este prejuicio: ni la generaci?n de mis mayores ni yo ni mis menores han podido ver nunca en una televisi?n en Espa?a im?genes de c?rceles del franquismo, de campos de concentraci?n o de campos de trabajo de la dictadura, que los hab?a y muchos. Hay, si acaso, alguna pel?cula que retrat? el Valle de los Ca?dos, pero no existe una iconograf?a real. Un joven espa?ol ha visto muchas veces un campo de concentraci?n nazi, ha visto pel?culas extraordinarias sobre el exterminio jud?o; pero nunca ha visto una pel?cula en la que aparezca eso mismo pero situado en Espa?a, porque aqu? hubo tambi?n, como habla el historiador Paul Preston, un holocausto. Lo que pasa es que el prototipo no era contra una etnia, pero s? hab?a una especie de genotipo en el que el jud?o, en este caso, era el rojo o republicano. Y adem?s oficialmente terminada la guerra sigui? el exilio y la represi?n durante muchos a?os.
Pero tambi?n hay que decir que el inter?s no es s?lo hist?rico ni local. Es lo que dec?a antes: la Guerra Civil y la dictadura es un escenario terrible llevado a los extremos, que es una especie de met?fora que nos permite hablar de todas las guerras, de los mecanismos de producci?n de odio, de suspensi?n de las conciencias. Y ?stos son problemas contempor?neos y habituales, por eso el inter?s por la guerra no es con la intenci?n de hacer una especie de ajuste de cuentas con la historia sino que tiene que ver con nuestra realidad m?s actual.

B: Una realidad que tambi?n se manifiesta de forma distinta en los pueblos, como en este, en Galicia.

M.R.: S? y lo intent? contar en El l?piz del carpintero y tambi?n en La lengua de las mariposas. En Galicia la forma que tuvo esto que llamamos de forma inexacta guerra civil; a veces es dif?cil encontrar la definici?n exacta, pero aqu? en Galicia s? que encuentras una palabra precisa para definir aquello: fue una cacer?a humana, puesto que aqu? no hubo ni un solo muerto por parte de los golpistas y s? hubo miles de muertos y exiliados y centenares de miles de gentes que sufrieron prisi?n y encarcelaci?n. Por eso se hace especialmente tensa esa especie de llamada hist?rica, que se plantea casi como una obligaci?n moral y una exigencia, ya que fue una aut?ntica cacer?a humana que dur? muchos a?os.
La Guerra Civil en Galicia fue una historia de adversidad terrible como pueblo, entre otras cosas, porque se hab?a aprobado el 28 de junio de 1936 el estatuto de autonom?a por una mayor?a aplastante y que se convirti? en un d?a de fiesta, pues este pueblo a pesar de que pasa por ser un pueblo triste es muy festivo, rabelesiano y muy carnal, que conserva todav?a ese esp?ritu medieval de fiesta pagana. Fue en esas circunstancias que en el verano de 1936, en medio de la fiesta y la alegr?a, se produjo ese terrible giro, ese se?smo que destroz? la vida de la gente. Es un escenario que tambi?n es un espacio m?tico, es de esos momentos en que es como si quedara todo suspendido, congelado; es como si vi?ramos ah? un lienzo decisivo sobre la condici?n humana.

B: Adem?s de que los historiadores, ya con la frialdad de la distancia de los a?os, sostienen que la represi?n franquista fue incluso m?s intensa que la de los fascismos alem?n e italiano.

M.R.: Aparte de la actitud, que en escala fue algo terrible e inmisericorde, hay que verlo t ambi?n desde la longitud hist?rica, puesto que afect? a much?simas generaciones, gente de mi generaci?n, que vivi? el final del franquismo, tiene la sensaci?n de que hay muchas cosas que le fueron robadas y ya no digamos a nuestros padres, que eran ni?os en la guerra. Hay una sensaci?n de p?rdida de tiempo para muchas generaciones, de robo de sus vidas, con disparates como que la mujer no pod?a hacer pr?cticamente nada sin permiso del marido -como sacar un pasaporte o un carnet de conducir-. Pero tambi?n cab?a la intimidaci?n, el miedo para todo, no poder hablar, robarte las palabras; que te amargaban la vida. Era una amargura total que adem?s aqu? signific? emigraci?n porque hubo mucha pobreza, as? que la emigraci?n era otra forma de exilio, ya que el que marcha muchas veces no es consciente de que es expulsado, de alguna forma, de su tierra y eso es algo que no se cuenta.

B: Y eso merm? de alguna forma la resistencia social a la dictadura...

M.R.: El hecho de que no hubiera m?s contestaci?n y enfrentamiento a la dictadura se debe, en parte, a que ese r?gimen dej? una aut?ntica estela interminable de muertos y de exiliados, que en conjunto eran millones de personas. Pero tambi?n se debi? al hecho de que las generaciones j?venes fueron tambi?n expulsadas del pa?s mediante la emigraci?n. La gente, cuando ya ten?a edad para conseguir los papeles, primero march? a Am?rica hasta el a?o de 1960, pero cuando empieza a haber problemas y crisis econ?micas en Argentina, en Venezuela, etc?tera; despu?s la emigraci?n se orienta hacia Europa, a donde marchan millones de j?venes, en pleno boom econ?mico europeo, el del Plan Marshall y de lo que llaman el Estado del bienestar, al que contribuyen como fuerza de trabajo millones de espa?oles y fundamentalmente gallegos. Por ejemplo, las porteras de Par?s son todas gallegas, los limpiadores de los hospitales de Londres son todos gallegos, muchos mineros de la zona de Colonia tambi?n son gallegos, los alba?iles y los constructores que fabricaban los t?neles y hoteles en la alta monta?a suiza son gallegos, as? como los marineros, mercantes y pescadores de muchas partes del mundo que emigraron de esta tierra en aquellos a?os.

B: Poemas, recuerdos y memoria est?n ah?, palpitan en esa tragedia hist?rica con desaz?n, ?lo siente as??

M.R.: Todo eso fue un proceso de descubrimiento que no lo personalizas sino que ves y te ayuda a esa indagaci?n, a entender muchas cosas que pasan en el mundo, a preguntarte sobre el sufrimiento en otras partes del mundo, en otros pueblos, en otras ?pocas y, al mismo tiempo, cuestionarte la idea de historia. Esa idea de historia que se presenta como una especie de progreso, una historia que asciende a mejor pero que te das cuenta de que podr?amos hablar de la historia m?s bien como una sucesi?n de disparates y barbaridades. Hab?a un escritor gallego, un hombre muy conservador de familiar arist?crata pero muy dem?crata, que era una aut?ntica fuente de saber, pero que se comprometi? con la Rep?blica y ?l siempre dec?a que hay que estar siempre en contra y tener cuidado de la maquinaria pesada. Esa era una reflexi?n ecol?gica para salvar la tierra pero que tambi?n sirve para todo. ?Hay que tener mucho cuidado con la maquinaria pesada porque la verdad siempre, como dec?a Renard, es de peque?o tama?o. Y tambi?n es muy fr?gil.

B: Y Espa?a conoci? sin duda ese dolor de la maquinaria pesada...

M.R.: Dice un poema de Jaime Gil de Biedma que de las historias m?s tristes est? la historia de Espa?a, ya que es un pueblo que ha tenido gente muy valiosa en su ilustraci?n y una cultura popular tan rica, pero tambi?n es cierto que hay un lado muy autoritario que se impone en el catolicismo de la Contrarreforma. Pero tambi?n hay una pulsi?n en este pa?s que es libertaria y que se nota en los movimientos democr?ticos que llevan a cabo la independencia en Am?rica Latina, por ejemplo, y que todav?a est? muy presente. En Espa?a siempre ha habido esa dimensi?n del claroscuro que aparece en Goya, esa que vuela y que tiene la memoria que nunca se perdi?; al mismo tiempo que existe esa Espa?a r?gida, de tinieblas, oscura y fan?tica.

B: Y que tambi?n se r?e desde la s?tira del poder. S?lo hay que recordar esas grandes obras sat?ricas en plena Edad Media que desde la cultura popular se mofaban de los poderosos, de los reyes y se?ores feudales o de los popes de la cultura.

M.R.: S?, est? muy bien la palabra risa, pues a pesar del af?n siniestro de la Contrarreforma y la Inquisici?n la experiencia de la risa tambi?n marca esa ?poca. Es una risa que incluso llega desde la muerte y que no desfallece ante esa prueba impenetrable que es la muerte. Hablaba Voltaire que de pertenecer a alg?n partido, pertenecer?a al partido de la risa, por lo que si hay una cita de Groucho Marx que dice que "nunca pertenecer?a a un club que me admitiera como socio", yo har?a una excepci?n con el Club de la Risa. El humor es una defensa y una clave tambi?n para entender el car?cter gallego, que es ir?nico, inteligente y dobla el sentido del lenguaje.

B: Ah? est? otra vez Resal?a de Castro o el mismo Castelao.

M.R.: As? es, pues en el siglo XX hay una figura clave que es el gran l?der galegista, republicano, que es Daniel Rodr?guez Castelao, conocido como Castelao. Ese hombre es un humorista y su gran popularidad, entre otras cosas, ya que es un buen narrador, un historiador que escribi? la biblia gallega que se llama Siempre en Galicia, pero su popularidad le viene dada por su faceta como humorista que plasm? como caricaturista de peri?dicos y en su libro que se llama Nos, la mayor obra de denuncia social escrita en Galicia y siempre desde el humor. Es curioso porque tenemos eso: la l?rica, la poes?a y el humor.

B: Usted, aunque vivi? menos de 20 a?os de ese r?gimen, ?cree que eso marc? de alguna manera su vocaci?n de escritor?

M.R.: Yo ten?a 17 a?os cuando muri? Franco, pero seguramente me gustar?a pensar que hubiera sido escritor en otras circunstancias. No lo sabemos, eso es hacer ciencia-ficci?n, pero lo que s? creo es que esas circunstancias hist?ricas activaron, aceleraron y liberaron el electr?n que pod?a haber ah? de vocaci?n literaria, que a veces puede permanecer dormido para siempre. En mi caso se activ? porque hab?a una necesidad de trabajar con palabras heridas. Era algo que formaba parte del ambiente y de una lucha v?vida.
Pero una cosa que s? tengo muy presente como parte de la atm?sfera y de la memoria de la gente, de mi familia, de personas muy corrientes: trabajadores, campesinos o emigrantes; es que hab?a una memoria amputada que no se pod?a contar y lo que recuerdo, despu?s de tantos a?os de la guerra, es una atm?sfera de miedo. De hecho uno de los primeros poemas que hice, que se llama El pan negro, era un poema contra el miedo y que estaba dedicado a mis abuelos, puesto que mi abuelo por parte de mi madre, que era un campesino republicano y cristiano, se salv? de milagro cuando ya se lo llevaban a fusilar a pesar de que era muy creyente y ten?a diez hijos. Pero se salv? de pura casualidad, porque un guardia del bando fascista le conoc?a y les dijo a los militares: "c?mo vais a matar a ?ste, que tiene diez hijos"... y eso le salv? la vida. Porque entonces te mataban sin juicio ni nada.
Existe un eufemismo terrible, que es una historia como para escribir un diccionario, que aqu? se llamaba pasear; en la guerra dec?an vamos a darle el paseo, que significaba vamos a matar a esta gente y que en Coru?a, por ejemplo, en el registro civil la mayor?a de los miles de fusilados que hubo en toda esta costa la mayor?a aparecen registrados que como causa de muerte fue por hemorragia interna. En esa ?poca tambi?n escrib? un poema que lleva ese nombre.

B: ?El hecho de estar ante la hoja de papel, su pluma y su propia inspiraci?n y dolor era tambi?n un ejercicio de libertad en aquellos a?os?

M.R.: Claro, pues siempre encontr? en la literatura un territorio, una geograf?a reexistente. Hay dos palabras muy parecidas, resistir o resistente, pero hay otra que es com?n y que tiene un valor a?adido, que es reexistir, que quiere decir que incluso en las situaciones l?mites, en las dictaduras, en la extrema necesidad de la pobreza; posiblemente encuentras mejor la dignidad humana porque es como si se construyeran nuevos espacios. Igual que hacen en chabolas, fabelas o ranchitos, la escritura es tambi?n una arquitectura provisoria: cultura povera, arte povera, que te protege del fr?o, de la lluvia, de la humedad...

B: ?Su viaje literario lo inicia a trav?s de la poes?a?

M.R.: Lo primero que tengo conciencia de escribir son poemas, pero se podr?a decir que de una forma un poco c?mica porque mi padrino, un familiar que se llama Xose Couseiro, que era un hombre que trabajaba de viajante de especies -azafr?n, canela y todo eso- que llevaba por toda Galicia y que fue el que me dijo una gran verdad literaria -posiblemente la primera-: que es que "un kilo de azafr?n vale m?s que un kilo de oro". Eso, sin ser consciente entonces, fue una lecci?n literaria: no hay que quedarse con las medidas convencionales. Pero adem?s ?l ten?a una m?quina de escribir muy peque?ita que era para hacer las cuentas y que un d?a me dejo escribir mientras ?bamos viajando, pero yo, en lugar de escribir cuentas y n?meros, me puse a escribir poes?a porque me parec?a que en una m?quina tan peque?ita era m?s dif?cil acabar el folio y pens? que era mejor para el verso.
Pero realmente creo que empec? a escribir poes?a porque me gustaba mucho. A pesar de que yo no conoc?a mucha literatura -en mi casa no hab?a libros-; mi madre s? conoc?a de memoria poemas de Rosal?a de Castro. As? que mi primer libro fue la memoria de mi madre y mis primeros cuentos tambi?n tienen que ver con los relatos de mi madre, que me gustaban mucho porque hablaban de la mujer, de la rebeli?n y de los problemas de la vida en un tono que era como la canci?n del pueblo. Esas poes?as rom?nticas de Resal?a de Castro el pueblo las hab?a adoptado como propias, de hecho hasta la fecha se cantan muchos de esos poemas sin que la gente sepa que son de Rosal?a de Castro.
Todo eso me hizo sentir una idea de Galicia, pensar que si este pueblo se encarnara en una persona ser?a en una mujer; y en vez de padre fundador o h?roe militar lo que tenemos es una madre que se identifica con la tierra, con esa idea m?tica de la tierra madre que se encarn? en nuestra hero?na que lo que dejo fueron ?nicamente poemas. Pero s?, mis primeros libros de poes?a eran sobre todo aquello, en los que yo intent? imitar en aquella m?quina peque?ita de mi padrino ese canto popular del pueblo.

B: Pero luego vienen sus primeros cuentos y su narrativa, que tambi?n asumen esa voz popular de los poemas de Rosal?a de Castro y las historias del pueblo gallego...

M.R.: S?, porque en mis primeros libros quedan de manifiesto influencias literarias en cuanto a la narrativa y el relato, ya que tambi?n son escritos en el aire. Cuando otros escritores se preguntan sobre el origen de su condici?n de escritor, la mayor?a de mis compa?eros hablan de lecturas o de autores que escrib?an literatura de aventuras. En cambio yo asocio m?s el aprendizaje literario con escuchar relatos.
En mi infancia recuerdo que iba mucho a la casa de este abuelo que te cont? que estuvo a punto de ser fusilado en la guerra y las visitas a esa casa, a pesar de estar a s?lo 15 kil?metros de A Coru?a, era como ir a otra dimensi?n. Ah? se reun?an por la noche, siempre al lado del fuego, la familia y los vecinos, y a los ni?os nos mandaban a la cama. Pero recuerdo que hab?a una escalera que ten?a los tabiques de madera, que era como un embudo que conduc?a a los dormitorios y lo que yo hac?a cuando me mandaban a la cama era quedarme sentado en un escal?n oculto por las cabras que estaban en la planta baja, junto al fuego. Y lo que contaban los mayores no eran historias de leyendas, brujas, hadas o de los enanitos del bosque -como mucha gente piensa-, sino que contaban historias de cr?menes, lujuria, de amores, de aventuras y de viajes, porque casi todo el mundo hab?a emigrado o se hab?a ido en un barco o trabajado como marinero. Estaban todos los g?neros literarios modernos contadas en esa conversaci?n al calor del fuego. Era un momento en el que ve?as, al menos lo pienso ahora, el artificio literario en su esplendor y c?mo todo el mundo aceptaba que aquello era como el fuego: algo que sal?a de la madera para crear una nueva realidad. Y eso yo lo escuchaba como un clandestino, por eso creo que siempre asocio la idea de escribir como un acto de clandestinidad.

B: Se puede decir entonces que la ra?z de su obra literaria, esos primeros poemas cuentos y novelas, son de tradici?n ?pica y l?rica, como cuando los juglares, en la Edad Media, contaban las haza?as y las tragedias de los pueblos...

M.R.: Yo creo que los primeros poemas ten?an una beta muy sentimental, muy rom?ntica y por eso son tan malos, pues yo entonces pensaba que la poes?a era f?cil y al mismo tiempo compart?a esa idea de que la poes?a era algo como muy juvenil, que encarnaba como mito Rimbaud o los poetas rom?nticos, que si vas pa?s por pa?s siempre aparece esta figura: en Espa?a, Becquer, Espronceda; o en Rusia, Pushkin y en fin, cada pa?s tiene su poeta rom?ntico. Eso cre? una idea de la poes?a como g?nero de irrupci?n primaveral en la vida, pero hoy me doy cuenta que el tipo de poes?a que me gusta va m?s con la idea de madurez, de hacer un balance de la vida y por eso me gusta much?simo la poes?a que podr?amos llamar de la vejez, pienso en Fernando Pessoa, Miguel Torga, Thomas Harding...

B: ?Siempre ha escrito en gallego, una lengua tan cercana al portugu?s y tan proclive a la r?tmica, a la cadencia pausada?

M.R.: S?, yo empec? a escribir en gallego, adem?s la relaci?n que yo ten?a con la lengua cuando era ni?o y joven era ver el gallego como una lengua prohibida, de pecado verbal y supongo que eso me provoc? una atracci?n. Por otro lado ten?a una vivencia normal con el gallego porque se hablaba en la casa, en las familias, en el trabajo o en las fiestas; ve?as a la gente, a los pescadores, a los alba?iles o a los campesinos que asum?an que su lengua era el gallego. Pero en la escuela no pod?as hablar el gallego y adem?s intentaban hasta quitarte el acento, que no se notara que eras de aqu?; pero in?tilmente, pues era una tarea imposible porque es como arrancarle a la gente la piel. Esta gente ten?a un prejuicio que ve?a al gallego como una lengua de ignorantes y por lo tanto se le ve?a con mucho desprecio por ser la lengua del pueblo. Y eso lo que provoc? en la gente de mi generaci?n fue fortalecer un v?nculo amoroso con esas palabras gallegas, con la lengua galega.

B: A pesar de iniciarse como poeta sus cuentos son los m?s le?dos y admirados, pero tengo la sensaci?n de que la obra que m?s admira de s? mismo son los poemas...

M.R.: Bueno, yo creo que empiezo muy pronto a trabajar lo que podr?amos llamar el contrabando de g?neros, pues es una especie de fuerza que no puedo evitar y que me obliga a que cuando me ponga a escribir un poema o un cuento hay una fuerza que me lleva a contar algo. Es como un esp?ritu contradictorio que me dice: "haz un poema pero cuenta algo, una historia".
Por otra parte, cuando haces un relato o una novela como En salvaje compa??a, que yo creo que se puede leer como un largo poema o un poema largo, para m? la poes?a no tiene que ver con ajustarse a un formato, a una rima ni a escribir con una m?quina peque?a, como hac?a cuando era ni?o, sino que tiene que ver con una inclinaci?n o tensi?n que te empuja hacia la autenticidad. Eso es al menos lo que yo entiendo por poes?a y que tambi?n tiene que ver con la emoci?n, en la que hay una excitaci?n en las palabras y que entonces e das cuenta que a eso le puedes llamar poes?a. Es como si estuvieras vibrando o temblando o ri?ndote o que, en definitiva, est? pasando algo. Cuando las palabras empiezan a moverse, a danzar, que se sacuden el reuma o el estado de congelaci?n, entonces podemos hablar de poes?a.

B: Que al parecer tambi?n trasciende el tiempo y el espacio, pues a pesar de ser tan joven usted se ha erigido como la voz de un pueblo milenario, del que guarda su memoria ...

M.R.: Lo que pasa es que la ligaz?n de la literatura con la vida es mucho m?s fuerte de lo que pensamos y la literatura tiene esa tensi?n o encrucijada: por una parte quieres escapar de la vida pero en esa fuga te encuentras con un proceso muy curioso que lo que hace es atarte m?s a la vida. ?Quieres escapar pero al mismo tiempo te quedas prendado a la vida con una relaci?n muy ligera, como puede ser una telara?a y te q uedas suspendido por todas partes!
Tambi?n hay otra imagen que se hace cuestionarte c?mo expresar cuando hablas de poes?a y de lenguaje, pues hay una cierta tendencia a pensar en la poes?a en t?rminos de ret?rica y de entender el trabajo de escribir en t?rminos de llenado. Es decir, donde hay un vac?o, una p?gina en blanco, hay que llenarlo, cuando en la escritura tambi?n hay un proceso de vaciamiento. Esa idea me ha hecho reflexionar que la mejor forma de expresar ese vaciamiento de la literatura, en t?rminos pict?ricos, es la mano vac?a: s?lo hay que recordar las cuevas del pasado m?s remoto, donde hay pinturas rupestres en las que aparecen manos impregnadas en arcilla o tintes o polvos que llevan a la pared y aparece la figura de las manos. Pero de pronto se produce un avance important?simo en la evoluci?n est?tica de la humanidad, que es cuando a alguien, que debi? de ser una persona genial y picassiano, se le ocurre que en lugar de manchar la mano de arcilla o de tintes lo que hay que hacer es poner la mano sobre la pared y s?lo pintar el borde de la mano. Es un poco como el cuadro de Magritte en el que pinta una pipa y pone debajo: Esto no es una pipa. Pues yo creo que la literatura es un poco eso, es decir esto no es una pipa.

B: En su bella novela En salvaje compa??a o en muchos otros de sus cuentos o poemas se respira un hondo conocimiento del p?lpito m?s cotidiano de la naturaleza, ?c?mo ha llegado a esta evocaci?n, yo dir?a b?blica, en la que naturaleza pareciera cobrar vida en sus palabras?

M.R.: Bueno, yo creo que tiene que ver con una tradici?n gallega en la que siempre se han explicado las cosas a trav?s de los animales, que siempre han sido met?foras para los seres humanos y tambi?n un conducto para todas las culturas, desde las cl?sicas hasta las culturas populares, que al mismo tiempo son otra forma de clasicismo. Pero tambi?n hay un inter?s moderno que viene dado por un renovado inter?s de lo que llamamos ahora ecolog?a, que muchas veces las nuevas generaciones reciben a trav?s de las nuevas tecnolog?as y que les permite conocer m?s aspectos de la naturaleza que un hombre del campo jam?s podr?a imaginar conocer por s? solo. Adem?s de eso, los animales son una conexi?n extraordinaria con la realidad porque puedes estar metido en una dimensi?n, como dir?a Marcuse, de alienaci?n total o de indiferencia frente a la existencia, pero la aparici?n de un peque?o animal, como una hormiga, te puede conectar de nuevo con la realidad. Son conducto y conexi?n y por eso me interesan mucho.

B: Pero le exige, supongo, una investigaci?n rigurosa de las palabras, pues cuando habla de los cerezos o de las aves pareciera que esos seres cobraran vida a trav?s de sus palabras...

M.R.: Lo que hay es una fascinaci?n por la precisi?n de la palabra y el lenguaje. Eso tiene un poco de juego y de desaf?o en el que apuestas la cabeza y plagias cada vez m?s al lenguaje. No s? lo que voy a escribir en el futuro pero creo que s? voy a escribir mejor. Dice una oda mayor irlandesa que la primera y la segunda palabra te llevan a la tercera; a m? eso me parece maravilloso, pues es como el proceso de las bolas de billar en las que tu activas una bola que va hacia otra pensando que va a provocar una composici?n determinada dentro del tapete, pero resulta que te sorprende el final, pues t? lo ?nico que controlas son los movimientos y despu?s lo que pasa siempre es impredecible. En la escritura hay mucho de eso: hay un arranque que controlas pero inmediatamente se abre el abanico; no para descomponerte ni hacerte m?s abstracto, sino para buscar aquello que es m?s preciso. Y ese es un proceso en el que apuestas la cabeza y as? lo vivo yo, como un juego arriesgado.

B: Cuando le dicen que su literatura es como un "realismo m?gico" propio de Galicia ?qu? piensa?

M.R.: Pienso que desde luego hay obras que se sit?an dentro del realismo m?gico, que es una literatura extraordinaria, pero para m? lo que resulta clave es la figura de Juan Rulfo, que es como un big-bang que precede a la generaci?n de Garc?a M?rquez, Alejo Carpentier, Fuentes, Vargas Llosa, etc?tera.
Quiero decir que me rebelo un poco contra esa etiqueta del realismo m?gico, que creo que tambi?n para literatura latinoamericana acaba por ser negativa pues hay en esas palabras una cierta visi?n imperialista. O sea: por una parte est? el realismo, pero qu? es realismo, pues no s? qu? tiene ue ver el realismo de Balzac con el de Zol? o con el que viene despu?s en el siglo XX. Son realidades distintas y desde luego no creo que se pueda hacer una especie de visi?n esquizofr?nica de la literatura; ?qu? pasa, que Kafka no es realista? ?Es imaginable una obra m?s realista que La metamorfosis? Yo creo que es m?s realismo o muestran m?s realidad lo que hace Rulfo, Garc?a M?rquez o Carpentier que lo que convencionalmente se entiende por realismo o lo que escribe cualquier escritor que no muestra cualquier elemento impredecible. Entonces hay que cuestionar eso porque es una forma de que nos disequen y de que nos coloquen en la apolog?a o la etnograf?a m?s que en la literatura; que digan mira que pueblos tan curiosos y tan ex?ticos.

B: ?Los cuentos de Rulfo le han influido bastante por lo que veo?

M.R.: Ojal?. Yo siempre cito a cinco autores, pero tambi?n advierto que ellos no tienen la culpa de lo que yo escribo. Pero es verdad que encuentro en ellos unos v?nculos en los que por lo menos uno hace su propio canon frente a esa idea del canon occidental, de Bloom y otros, ante el que tambi?n me rebelo porque creo que es una mentalidad similar a la de la bolsa de valores y del ?ndice Dow Jones. A m? me parece que cada uno tiene su canon porque la cuesti?n est? en que cada tiempo tiene su forma de expresi?n. Yo, desde luego, siempre pienso en Juan Rulfo o en Juan Carlos Onetti o en Miguel Torga o en John Berger o en Italo Calvino o en Alvaro Cunqueiro. Tambi?n hay una devoci?n a la literatura antifascista, que es extraordinaria, pero creo que es m?s importante, a la hora de escribir, el sentimiento de verg?enza m?s que otra cosa.

B: Hablando de verg?enza, el hundimiento del buque Prestige parece ser que tiene mucho que ver con ese sentimiento colectivo, que tambi?n podr?a ser indignaci?n...

M.R.: Creo que lo que hubo, primero que nada, fue un instinto de supervivencia que se convirti? en una demostraci?n de inteligencia porque, precisamente, ese barco que se hundi? iba cargado de hidrocarburo o chapapote de muy mala calidad, pero tambi?n iba muy cargado de significados. Eso se convirti? en una met?fora de much?simas cosas y la primera de ellas se convirti? en una especie de gran lecci?n para todo el mundo: era la demostraci?n de c?mo una simple operaci?n especulativa y mercantil, que se resuelve seguramente en tres llamadas telef?nicas, puede poner en peligro un paraje excepcional y la forma de vida de mucha gente. Y simplemente porque es un negocio de un capitalismo impaciente. Eso se produce en un mundo en el que lo ?nico importante es el individualismo, en el que hay un menosprecio de lo que llamamos el relato o una suerte colectiva.
El hundimiento Prestige va cargado de significado porque la contaminaci?n la notamos tambi?n en el interior del cuerpo, en el lenguaje. De repente, la gran reacci?n que hubo de la gente fue como si hubiera un proceso conspirativo que, para llegar ah?, fue necesario un impacto emocional que nos hizo conscientes de que necesit?bamos tener un velatorio que nos hiciera ver que la cuesti?n no es luchar por ocupar el mejor lugar en el Titanic sino que no queremos estar en el Titanic. Por eso creo que tambi?n es una met?fora que tiene inter?s universal, planetario y que qued? reflejado en uno de los actos m?s importantes que provoc? la cat?strofe aqu?, en el d?a de los Santos Inocentes, en el que hicimos el funeral del mar en toda la playa de A Coru?a, que se llen? de cruces de distintos tama?os y miles de personas desfilaron en procesi?n cantando y enterrando sus cruces en la arena contaminada. Era una procesi?n de humor y de iron?a, por eso a m? me gusta mucho la expresi?n de que eso fue la revoluci?n de los inocentes.

B: ?Y esa revoluci?n a d?nde va?

M.R.: Yo creo que queda ah? el paso de todos hacia un cambio vital, a una conciencia de que tenemos que compartir, buscar un relato aunque cada uno viva sus d?as. Nadie va a defender sino al propio pueblo, a su propia casa, que es ese mar que parece que no es de nadie. Son muchas las conclusiones que hemos ido sacando, pero yo fundamentalmente destacar?a esa idea de tener la necesidad de compartir un relato com?n y de saber que la gente es mucho mejor de lo que nos lo quieren hacer saber, que hay muchas m?s personas en el mundo que quiere cambiar las cosas y que est? en contra de la indiferencia. Pero tambi?n en del cinismo, pues si hay alguna ideolog?a en estos momentos para el poder pol?tico es precisamente la del cinismo. Pero no es el cinismo de Di?genes, sino de otro tipo, ese que repite sin cesar que es mejor que est?s en casa, que hag?is un muro muy alto y que en definitiva desconfi?is de todo, especialmente de los j?venes y de los parados (desempleados). O, como dir?amos en un lapsus, que te vayas cagando en tu propia fosa.
En vez de nadar en la abundancia en la que nos hac?an creer, nadamos en la ambulante, pero hay mucha m?s gente que quiere cambiar lo que nos dicen y que no comparte ese cinismo de que todo da igual menos mi cuenta corriente. ?Pues no, no todo da igual y adem?s tu cuenta corriente no vale para nada si viene un barco y te enmierda tu casa!

B: Esa respuesta social contra el cinismo del parece cada vez m?s colectiva y l?cida, t ambi?n se ve ahora con esta guerra y la respuesta del pueblo espa?ol, que tiene todav?a abierta la herida de la guerra civil...

M.R.: Hay una sensaci?n de gran perplejidad en la gente, que piensa qu? se nos ha perdido ah? (en Irak) y sobre todo de esta forma. Eso tambi?n le ha hecho a mucha gente darse cuenta de que ese discurso c?nico del poder pol?tico, del no pasa nada, es una ceremonia, un ritual o una puesta en escena que a lo mejor en el d?a a d?a no les afecta mucho y lo dejan pasar. Pero cuando se producen estas situaciones l?mites -como el Prestige o la guerra contra Irak- es cuando la gente se inquieta y piensa que le est?n llevando hacia una ruta que no quiere ir, que el pueblo no quiere ir para ah?. Esa variante de la idea que hab?a de la democracia, aquella del gobierno del pueblo y para el pueblo, pareciera que est? cambiando por otra variante, la del nepotismo ilustrado, que dice todo para el pueblo pero sin el pueblo.
Y ahora te encuentras de que en Espa?a hay un gobierno "popular" contra el pueblo, esa creo que es la gran cuesti?n hoy en d?a en la parte del mundo en que vivimos. Tenemos que presionar a los pa?ses que tienen una democracia formal para resolver el grave problema en el que estamos metidos: que es la usurpaci?n de la democracia, la sustracci?n, el robo... Eso se produce por medio del lenguaje y de la comunicaci?n, por eso para m? es de una enorme importancia trabajar con las palabras, por lo que rubricar?a la idea de Albert Camus, que dijo: "yo me dar?a por satisfecho si consigo salvar o significar una palabra".

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Publicado por ChemaRubioV @ 19:55  | ENTREVISTAS
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