Jueves, 11 de octubre de 2007
Poeta, novelista y dramaturgo espa?ol, considerado como el m?s grande escritor espa?ol de todos los tiempos, y uno de los mejores escritores universales. Su obra m?s conocida, la Historia de El Quijote de la Mancha, ha trascendido todas las fronteras y todas las culturas.
El retrato m?s fidedigno que se conoce de Miguel de Cervantes se debe a su propia pluma, con la que traz? su "rostro y talle" en el pr?logo a las Novelas ejemplares:
"?ste que veis aqu?, de rostro aguile?o, de cabello casta?o, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte a?os que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca peque?a, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ?sos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni peque?o, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; ?ste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitaci?n del de C?sar Caporal Perusino, y otras obras que andan por ah? descarriadas y, quiz?, sin el nombre de su due?o. Ll?mase com?nmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos a?os, y cinco y medio cautivo, donde aprendi? a tener paciencia en las adversidades. Perdi? en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, ?l la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la m?s memorable y alta ocasi?n que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".
Miguel de Cervantes fue bautizado el 9 de octubre de 1547, en la iglesia parroquial de Santa Mar?a la Mayor, de Alcal? de Henares, donde naci? posiblemente el d?a 29 de septiembre, d?a de San Miguel. Era el cuarto hijo de los seis que tuvo el matrimonio Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. El padre era cirujano-barbero, profesi?n de escasos ingresos y baja consideraci?n social. Las estrecheces econ?micas, en las que sin duda se cri? nuestro autor, forzaron a su padre a emprender un vagabundeo por Valladolid, C?rdoba y Sevilla en busca de mejor suerte, nunca conseguida, sin que sepamos a ciencia cierta si su prole lo acompa?? en sus viajes o no. Si lo hizo, Cervantes podr?a haber aprendido sus primeras letras en un colegio de la Compa??a de Jes?s de esas localidades, e incluso haberse aficionado al teatro -una vocaci?n que no abandonar?a jam?s- bajo la tutela del padre Acevedo. Desde 1566 el cirujano-barbero se estableci? definitivamente con su familia en Madrid, iniciando por esos a?os el joven autor su carrera literaria: primero, en 1567, con un soneto dedicado a la reina ("Seren?sima reina, en quien se halla"), con motivo del nacimiento de la infanta Catalina, la segunda hija de Felipe II. Despu?s, en 1569, con cuatro poemas de corte garcilacista dedicados a la muerte de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que le pidi? Juan L?pez de Hoyos, rector del Estudio de la Villa -trat?ndolo de "caro y amado disc?pulo"-, para incluirlos en la Historia y relaci?n de las exequias reales. Es posible que Cervantes se iniciara en la literatura bajo la supervisi?n y en la amistad del humanista y gram?tico L?pez de Hoyos. Lo que s? es seguro es que Cervantes entr? al mundo literario de la mano de la poes?a.
Esos tempranos inicios po?ticos se vieron truncados casi en sus comienzos, pues a finales de 1569, encontramos al joven escritor instalado en Roma como camarero del cardenal Giulio Acquaviva, al que servir?a durante un tiempo para iniciar pronto su carrera militar. All? tuvo Cervantes ocasi?n de familiarizarse con la literatura italiana del momento, tan influyente en su propia obra.
Abandon? el ambiente pontificio en 1570, para entrar en el servicio militar, entonces absolutamente voluntario, en el que desde luego no le sonreir?a nunca la fortuna. Se alist? primero en N?poles a las ?rdenes de ?lvaro de Sande, para sentar plaza despu?s, con toda seguridad, en la compa??a de Diego de Urbina, del tercio de don Miguel de Moncada, bajo cuyas ?rdenes se embarcar?a en la galera Marquesa, junto con su hermano Rodrigo, para combatir, el 7 de octubre de 1571, en la batalla naval de Lepanto. Aunque en aquellos d?as sufr?a de fiebres, luch? con valor, pues recibi? dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que se la dejar?a inutilizada para siempre. A cambio, quedar?a inmortalizado como El manco de Lepanto y conservar?a hasta su muerte el orgullo de haber participado en la m?s alta ocasi?n que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.
Ya recuperado de sus heridas en Mesina, en 1572 se incorpor? a la compa??a de don Manuel Ponce de Le?n, del tercio de don Lope de Figueroa, dispuesto a seguir como soldado, pese a tener una mano lisiada. Particip? en diversas campa?as militares en los a?os siguientes, pasando gran parte de su tiempo en los aburridos cuarteles de invierno de Mesina, Sicilia, Palermo y N?poles. Cansado de tal modo de vida, unos tres a?os despu?s Cervantes decide regresar a Espa?a, no sin obtener antes cartas de recomendaci?n del propio don Juan de Austria, reconoci?ndole sus m?ritos militares, con intenci?n de utilizarlas en la Corte para obtener alg?n cargo oficial. As?, en 1575 embarca en N?poles, junto con su hermano Rodrigo, en una flotilla de cuatro galeras que parten rumbo a Barcelona, con tan mala suerte que una tempestad las dispersa y precisamente El Sol, en la que viajaban Cervantes y su hermano, es apresada, ya frente a las costas catalanas, por unos corsarios berberiscos al mando del renegado alban?s Arnaut Mam?. Los cautivos son conducidos a Argel y Miguel de Cervantes cae en manos de Dal? Mam?, apodado El Cojo, quien, a la vista de las cartas de recomendaci?n del prisionero, firmadas por el gran capit?n mediterr?neo Juan de Austria, fija su rescate en 500 escudos de oro, cantidad pr?cticamente inalcanzable para la familia de su padre el cirujano.
As? se inicia el periodo m?s terrible de su vida: cinco largos a?os de cautiverio en las mazmorras o ba?os argelinos, que dejar?an una huella indeleble en la mente del escritor -normalmente traducida en una continua exaltaci?n de la libertad-:
La libertad, Sancho, es uno de los m?s preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, as? como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (Quijote, II, 58).
a la vez que alimentar?an numerosas p?ginas de sus obras, desde La Galatea al Persiles, pasando por El capit?n cautivo del primer Quijote, y sin olvidar El trato de Argel ni Los ba?os de Argel. Intent? escaparse en varias ocasiones, sin ?xito, y al final fue liberado gracias al rescate pagado por el fraile trinitario fray Juan Gil, con las monedas obtenidas de sus recorridos pedig?e?os por la geograf?a espa?ola. El 27 de octubre llega a las costas espa?olas y desembarca en Denia (Valencia): su cautiverio ha durado cinco a?os y un mes.
Pretendi? largo tiempo alg?n puesto oficial, especialmente en Am?rica, a donde quer?a viajar. En 1581 fue a Or?n, en misi?n desconocida, y luego a Lisboa, a dar cuentas al gobierno de Felipe II. Sigue empe?ado en un puesto en Am?rica, y as? en 1582, dirige una solicitud a Antonio de Eraso, que le es denegada. Nunca le fueron recompensados sus m?ritos militares.
Dedicado de lleno a las letras, en el mundo literario del Madrid de finales del siglo XVI, mantiene relaciones amistosas con las m?s altas plumas de la ?poca: La?nez, Figueroa, Padilla, etc.) y se dedica a redactar La Galatea -donde figuran como personajes buena parte de estos autores-, que ver?a la luz en Alcal? de Henares, en 1585. Sigue tambi?n muy de cerca la evoluci?n del teatro, acelerada por el nacimiento de los corrales de comedias, y se empapa de las obras de Argensola, Cueva, Viru?s, etc., llevando a cabo una actividad dram?tica muy fecunda no ajena al ?xito:
"compuse en este tiempo hasta veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barah?ndas" dice en el Pr?logo a Ocho comedias.
De ellas se conservan hoy El trato de Argel, La Numancia y, si admitimos su paternidad, la reci?n atribuida Conquista de Jerusal?n. Tambi?n conocemos un contrato firmado en 1585 con Gaspar de Porres, referente a dos piezas perdidas: El trato de Constantinopla y La Confusa.
Se cas? en Esquivias con Catalina de Salazar, en 1585, y poco despu?s sigui? con sus viajes y movimientos por el ancho mundo, que le llevaron a tener esposa de modo s?lo nominal, pues hasta principios del siglo XVII no volver? a verse con ella.
En 1587 le vemos instalado en Sevilla, donde, al fin, obtiene, por mediaci?n de Diego de Valdivia, el cargo de comisario real de abastos para la Armada Invencible. M?s tarde ser?a encargado de recaudar las tasas atrasadas en Granada, habi?ndole denegado una vez m?s el oficio en Indias que hab?a vuelto a solicitar en 1590. Tan miserables empleos lo arrastrar?an a soportar, hasta finales de siglo, un continuo vagabundeo mercantilista por el sur (?cija, La Rambla, Castro del R?o, Cabra, ?beda, Estepa, etc.), sin lograr m?s que disgustos, excomuniones, denuncias y alg?n encarcelamiento (Castro del R?o, en 1592, y Sevilla, en 1597), al parecer siempre injustos y nunca demasiado largos. Como contrapartida, el viajero entrar? en contacto directo con las gentes de a pie, y aun con los bajos fondos, adquiriendo una experiencia humana magistralmente recreada en sus obras.
Como dramaturgo, se compromete en 1592 con Rodrigo Osorio a entregarle seis comedias, que no cobrar?a si no resultaban de las mejores, entre las cuales se cuentan varias de las incluidas en el tomo de 1615; como novelista, redacta varias novelas cortas (El cautivo, Rinconete y Cortadillo, El celoso extreme?o, etc.) y, mucho m?s importante, esboza nada menos que la primera parte del Quijote y, quiz?, el comienzo del Persiles. Al comienzo del siglo XVII, Cervantes se despide de Sevilla y s?lo sabemos de ?l que anda dedicado de lleno a la escritura del Quijote. En 1603 se instal? en Valladolid, ciudad declarada nuevamente capital de Espa?a por Felipe III.
A principios de 1605, de forma un tanto precipitada, ve la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en la imprenta madrile?a de Juan de la Cuesta, a costa de Francisco de Robles, con un ?xito inmediato y varias ediciones piratas, por lo que Juan de la Cuesta inicia la segunda edici?n al poco tiempo. Este ?xito se ver?a empa?ado por un nuevo encarcelamiento, ordenado sediciosamente por el alcalde Villarroel, motivado por el asesinato de Gaspar de Ezpeleta a las puertas de la casa de los Cervantes, en cuyo proceso la familia fue acusada de llevar vida licenciosa ("Las Cervantas").
Viaja de nuevo, y queda a vivir, en Madrid, en 1606. Ya en la recta final de su vida, a?n vive dos nuevas mudanzas: primero a la calle Huertas y luego a la de Francos, la asistencia a las academias de moda, como la del conde de Salda?a, en Atocha, y el ingreso en la Orden Tercera de San Francisco.
Ya prestigioso novelista y escritor, Miguel de Cervantes va redactando gran parte de su producci?n literaria, aprovechando t?tulos y proyectos viejos. Tras ocho a?os de silencio editorial desde la publicaci?n de la novela que lo inmortalizar?a, publica una verdadera avalancha literaria: Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615) y Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615 tambi?n). La lista se cerrar?a, p?stumamente, con la aparici?n, gestionada por su mujer Catalina, de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional (1617).
Enfermo gravemente de "hidropes?a" (accidente vascular con posible par?lisis) en 1616 se vio morir: el 18 de abril recibe los ?ltimos sacramentos; el 19 redacta, "puesto ya el pie en el estribo", su ?ltimo escrito: la sobrecogedora dedicatoria del Persiles; el 22, poco m?s de una semana despu?s que Shakespeare, el autor del Quijote fallece y es enterrado al d?a siguiente, con el sayal franciscano, en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega. Sus restos mortales se perdieron, y hoy permanece en la memoria de todos los que aman la buena literatura y el idioma castellano en su m?s puro acento.
La Obra de Cervantes
Miguel de Cervantes cultiv? los tres grandes g?neros literarios (poes?a, teatro y novela) con el mismo empe?o, aunque con resultados bien distintos. La historia literaria ha respetado siempre la evaluaci?n adelantada por sus contempor?neos: fue menospreciado como poeta, cuestionado como dramaturgo y admirado como novelista.
Poes?a.
La producci?n po?tica cervantina ocupa un espacio considerable en el conjunto de su obra, se halla diseminada a lo largo y ancho de sus escritos y recorre su biograf?a desde sus inicios literarios hasta el Persiles. Responde a una vocaci?n proaache, cultivada ininterrumpidamente, aunque no siempre con la inspiraci?n necesaria. Su obra po?tica est? integrada por numerosas composiciones sueltas, normalmente de circunstancias (conmemorativas, f?nebres, laudatorias o sat?rico-burlescas), y por un largo poema con perfiles auto biogr?ficos: el Viaje del Parnaso. Este es el ?nico poema narrativo extenso de Cervantes. Hecho a imagen y semejanza del Viaggio di Parnaso (c. 1578), de Cesare Caporali di Perugia, como declara el propio autor, se inscribe en la tradici?n sat?rico-aleg?rica menipea, de ascendiente cl?sico, medieval y erasmista. Narra autobiogr?ficamente, en ocho cap?tulos, un viaje fant?stico al monte Parnaso, a bordo de una galera capitaneada por Mercurio, emprendido por muchos poetas buenos con el fin de defenderlo contra los poetastros. Reunidos all? con Apolo, salen victoriosos de la batalla y el protagonista regresa m?gicamente a su morada. La aventura se completa con la "Adjunta al Parnaso", donde Pancracio de Roncesvalles entrega a Miguel dos cartas de Apolo con las que se cierra la adenda.
Teatro.
Comedias y tragedias.
Tambi?n el teatro fue cultivado por Miguel de Cervantes con asiduidad y empe?o vocacional. Desde sus inicios literarios, tras volver del cautiverio, hasta sus ?ltimos a?os, se dedica a escribir teatro: la cronolog?a de sus piezas abarca desde comienzos de los 80 hasta 1615, dejando escasos per?odos inactivos.
Por orden de antig?edad, abren la serie las dos piezas sueltas representadas en la primera ?poca. La m?s antigua, el Trato de Argel, es una tragicomedia de cautivos ambientada en un trasfondo hist?rico y costumbrista, de cu?o autobiogr?fico, que se ve animado por la doble intriga amorosa de Aurelio-Silvia e Yzuf-Zahara. Mucho m?s relevante es la Tragedia de Numancia, acaso la mejor del g?nero por aquellos a?os, donde las fuentes hist?ricas (Apianno, Morales, Valera) sobre el cerco se adoban con motivos literarios (Farsalia, Laberinto de Fortuna, Araucana) y se enriquecen ya con vivencias individuales ficticias (madre e hijos, pareja de enamorados, dos amigos), ya con proyecciones aleg?ricas como el Duero o Espa?a.
Entremeses.
Son excelentes y Cervantes los aborda en absoluta libertad, tanto formal como ideol?gica, desplegando por entero su genialidad creativa para ofrecernos aut?nticas joyitas esc?nicas, cuya calidad art?stica nadie les ha regateado. Logra ocho "juguetes c?micos", protagonizados por los tipos rid?culos de siempre (bobos, rufianes, vizca?nos, estudiantes, soldados, vejetes, etc.) y basados en las situaciones convencionales, pero enriquecidos y dignificados con lo m?s fino de su genio creativo (iron?a, vida-literatura, apariencia-realidad...), de modo que salen potenciados hasta alcanzar cotas magistrales de trascendencia ilimitada. Entre burlas y veras, con la permisividad inherente al cuadro bufo, el manco de Lepanto no deja de poner en solfa los m?s s?lidos aachementos de la mentalidad ?urea.
Hay que destacar de ellos El juez de los divorcios, El rufi?n viudo, La guarda cuidadosa, La cueva de Salamanca, El viejo celoso, El vizca?no fingido, La elecci?n de los alcaldes de Daganzo, y el Retablo de las maravillas, que se alza como la pieza maestra indiscutible de la serie por su inter?s tanto est?tico como ideol?gico: el mayor de los puntales de la sociedad barroca, la pureza de sangre, o si se prefiere, la condici?n de cristiano viejo, se echa por tierra, y aun se reduce a la nada, cuando de ella depende la contemplaci?n de un fant?stico retablo, fabricado por el sabio Tontonelo, donde no hay m?s espect?culo que el representado por los espectadores, v?ctimas est?pidas de sus prejuicios casticistas, aunque no por ello dejan de anular los l?mites entre realidad y ficci?n.
Narrativa.
Cervantes est? considerado por todos como el creador de la novela moderna. En este campo logr? cuajar sus t?tulos m?s grandiosos: tras la concesi?n a la moda pastoril de La Galatea (1585), El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), las Novelas ejemplares (1613), la Segunda parte del ingenioso caballero (1615) y, p?stumamente, la Historia de los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617). Fue capaz de renovar todos los g?neros narrativos de su tiempo (caballeresca, pastoril, bizantina, picaresca, cortesana, etc.), y esto lo hizo con su indudable genio creativo, pues la novela se entend?a por entonces a la italiana, como relato breve, y no estaba contemplada te?ricamente en las ret?ricas. La f?rmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, y no pasa de unas cuantas claves que han sido inteligentemente sistematizadas por Riley: verismo po?tico de los hechos, admiraci?n de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro ling??stico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja m?gica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficci?n, la moral y la libertad...
Las Novelas ejemplares.
Los "doce cuentos" incluidos en el tomo de las Novelas ejemplares de 1613 recogen una tarea narrativa que arranca muy de atr?s; al menos algunos de ellos, Rinconete y Cortadillo y El celoso extreme?o, estaban ya escritos hacia 1600. Pero el Cervantes que los agrupa, retoca y completa, cuatro a?os antes de su muerte, es ya el autor del Quijote. Seguro de su talla como prosista de creaci?n, despliega en ellos un muestreo novelesco de lo m?s variopinto que nos ofrece -no sin alardes- con aires de primicia desde su pr?logo: "yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas estranjeras, y ?stas son m?as propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendr?, y las pari? mi pluma". La obra comprende doce t?tulos (La Gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La espa?ola inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso estreme?o, La ilustre fregona, Los dos doncellas, La se?ora Cornelia, El casamiento enga?oso y La de los perros Cipi?n y Berganza), pero el ?ltimo de ellos est? engastado en el anterior de forma indisoluble: el Coloquio se inserta como lectura llevada a cabo por uno de los personajes del Casamiento, de modo que ?ste se cierra una vez terminado aqu?l. Los t?tulos incluidos est?n pensados como muestreo gen?rico dentro de la tradici?n italiana del relato breve. En sus p?ginas se recrea y se pasa revista a la pr?ctica totalidad de las modalidades propias de esa corriente: bizantina, picaresca, gn?mica, cortesana, lucianesca, etc. Aparentemente, son relatos independientes, escritos al margen de la colecci?n, que suelen clasificarse por sus planteamientos idealistas o realistas, por sus temas (amor, matrimonio, picaresca) o por su lenguaje m?s o menos culto. Las novelitas parecen estar presididas por un marco impl?cito que establece m?ltiples interrelaciones (simetr?as, variaciones o contrastes) entre ellas, ya sean gen?ricas, tem?ticas, ambientales, ling??sticas, etc. Todas ellas se ver?n recapituladas en el Coloquio de los perros, al que llegan ecos de La Gitanilla, del Rinconete, de la Ilustre, etc., para hacernos volver a considerar la "mesa de trucos" que supone la colecci?n y su compleja organizaci?n laber?ntica.
El Persiles.
Aunque publicados p?stumamente (1617), Los trabajos de Persiles y Sigismunda bien pudieran ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la ?ltima d?cada del XVI. La novela se cierra en el lecho de muerte, lo que viene a significar que est? acabada por quien se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo; sin duda, Cervantes pretend?a desquitarse de la fama de novelista "c?mico" que le hab?a deparado el car?cter risible del Quijote y se adentra en el "g?nero bizantino" dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Es este un "romance" n?tidamente cristiano, tridentino, basado en la figura central del peregrino que se purifica moralmente en su continuo deambular viajero; precisamente el modelo m?s pr?ximo a la "novela ideal". El resultado es la azarosa peregrinaci?n llevada a cabo por Persiles y Sigismunda: dos pr?ncipes n?rdicos enamorados que, haci?ndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el Septentri?n hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje est? entretejido de multitud de "trabajos" (raptos, cautiverios, traiciones, accidentes, reencuentros, etc.), enriquecidos y complicados hasta el delirio por las historias de los personajes secundarios que van apareciendo en el trayecto (Policarpo, Sinforosa, Arnaldo, Clodio, Rosamunda, Antonio, Ricla, Mauricio, Soldino, etc.) y por las jugosas descripciones de los escenarios -particularmente de los n?rdicos- geogr?ficos.
No obstante, la novela est? perfectamente unificada tanto estructural como sem?nticamente. Por una parte, el viaje responde a un itinerario bien preciso que arranca de la Isla B?rbara y termina en Roma, pasando por Irlanda, Portugal y Espa?a; se nos ofrece distribuido en cuatro libros, claramente agrupables en dos grandes bloques, con la llegada a Lisboa como eje central: primero, las andanzas por los pa?ses n?rdicos (I y II); despu?s, las correr?as por el centro (III y IV). Por otra, el recorrido que conduce a los personajes desde la Isla B?rbara hasta Roma no es s?lo geogr?fico, sino que est? concebido simb?licamente como peregrinaci?n purificadora, en lo humano y en lo amoroso, que pasa por distintos eslabones en la cadena del ser: desde el barbarismo salvaje de los n?rdicos, hasta el pont?fice romano; desde la lujuria brutal, hasta el matrimonio cristiano. En definitiva, todo se integra literariamente en un "camino de perfecci?n" que no puede terminar sino en Dios: "Nuestras almas [...] siempre est?n en continuo movimiento y no pueden parar sino en Dios, como en su centro". Ello explica la alta estima en que Cervantes tuvo al Persiles.

Por otra parte El Quijote es la m?s grande obra de Miguel de Cervantes y de la literatura hisp?nica de todos los tiempos.




Cervantes naci? en Alcal? de Henares en el a?o 1547
y muri? en Madrid en 1616).


F. Sevilla Arroyo / Enciclopedia Universal / Micronet / 1999

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