Jueves, 18 de octubre de 2007
Recurro a ese gran Maestro (lleno de salvedades):
el diccionario.Basalto: roca volc?nica muy dura,
por lo com?n negra o verdosa, de grano fino, a
veces de estructura prism?tica.

Voy m?s a fondo, recurro a la etimolog?a de basalto:
procede de una palabra egipcia ("bakhan"), que deviene
en griego "basanos" y que de ah? pasa al lat?n ("basaltes") por un error de transcripci?n; se trata de una mala lectura que mezcla "basanites" con "lapis" (piedra) creando la expresi?n "piedra de toque".
Por un error de transcripci?n se acu?a la palabra basalto, piedra de toque, a ese probable error que consiste en querer volver inteligible el enigm?tico universo.

La etimolog?a me lleva de la mano hacia formas primarias, el magma, lo egipcio; me lleva (error de transcripci?n) a una piedra de toque que sirve de s?samo para intentar abrir puertas de dura roca volc?nica y, quiz?, dejar entrever (por visi?n, por contemplaci?n) una estructura prism?tica verdadera, compleja, tendente (al menos en cuanto proyecci?n de deseo) a la sencillez de lo primario. Estructura a la que se llega hilando fino, siguiendo los entresijos del grano fino (interior) de la dura roca volc?nica que es el basalto; escabull?ndose de su erupci?n se podr? llegar a la estructura seminal del conocimiento ("?rbol binario del conocimiento") que, precisamente, agita, aquieta, abisma el lento, largo poema Basalto, de Roc?o Cer?n: toda una reverberaci?n. Y, perm?taseme, todo un esplendor congelado que, congelado, al abismarse, cabrillea; no deja, cristalizado, de cabrillear.

Basalto es, por ende, roca dura, grano fino, estructura prism?tica, piedra de toque, error de transcripci?n que lleva, por vertiginosa verticalidad, mediante la dureza de sus versos lapidarios, a una puerta entornada que deja entrever el esplendor congelado de un poema que es astral, subsolar, subsuelo: un subsuelo con sus capas de cieno, su fundamento ?ltimo (inasible) de dureza enigm?tica. ?C?mo leerlo? Sugiero una lenta lectura abierta al espesor. Una lectura que mantenga los ojos entornados y que acepte una prism?tica multiplicidad hecha de entresijos, de recodos, saltos apenas perceptibles y que conjugue, audaz, incesantemente, elementos de superficie con elementos de abismal verticalidad (vertiginosidad). Se conjuga el cuerpo en su exterioridad con su organizaci?n m?s profunda (reda?os) y escatol?gica, desembocando en un "abrazo org?nico", donde las "placas de magma que las figuraciones contienen" no dejan de ser s?lidas, mas tampoco dejan de fluir; de hecho, parecen fluir como un error de transcripci?n, ya que sus pulsiones son "desiertos floridos".


Para leer Basalto sugiero atenerse a la dureza de la piedra que, fija, a la vez puede partirse "entre oscuridad y luz" dejando ver "el mundo habitable". Para lo cual precisamos de ciertos goznes, ciertos puntos de apoyo sin los cuales ser?a imposible el abismamiento, la contemplaci?n de lo interior. Hay bloques petrificados, de tal dureza que descorazonan: mas el poeta no se arredra y ante esa piedra de aspecto impenetrable opta por el riesgo de inmiscuirse en sus intersticios volc?nicos; es decir, opta por quemarse, quiz?s a expensas del cuerpo, mas sin sacrificarlo, consciente de que sus signos, sus se?ales a flor de piel, son correspondencias que sirven de gu?a (mojones espirituales) en el camino del desierto o por los l?cteos fluidos caminos astrales. As?, ante el desierto que es el "?nico lugar abierto a las posibilidades" contamos con el basalto, esa dureza que es piedra de toque y que, al serlo, dejan al poeta acudir (recurrir) a los goznes que abren la piedra, acu?an la palabra, permiten la visi?n: o al menos, una cierta visibilidad (profunda, alucinante) que la negra letra transpira, recoge, en audaz relampagueo petrificado. Las palabras van produciendo pivotes, fulcros que abren lenta, espesamente, la roca volc?nica dura; y justo al abrirse, el grano fino de esa piedra se desmenuza un poco, fragilizado, ante la at?nita mirada del poeta; el grano fino se petrifica, en viva petrificaci?n armoniosa, discordante, como letra, escritura, basalto gr?fico que expone un universo impl?cito en la estructura prism?tica, enigm?tica, parcialmente penetrada de la Roca.

"Toda cacer?a es un enigma", nos dice la palabra de Roc?o Cer?n (quiz?s evocando a San Juan cuando dice: "vol? tan alto tan alto, / que le di a la caza alcance"). San Juan, que es la fe, da alcance a su "presa" (Dios, el poema, el conocimiento por intuici?n, por visi?n y arrobo unitivo). Roc?o Cer?n, poeta moderna, da alcance a una "presa" que no deja de ser enigma: un enigma que se mantiene en pie durante todo el trayecto del poema y que va dejando un rastro indeleble, forjado justo mediante la descripci?n del proceso de construcci?n de Basalto (sobre piedra, a manera del amanuense que en tabletas de arcilla burila su escritura cuneiforme). Un proceso donde "el tramado y el hilo son vuelo" y donde toda esa "masa rutilante" que configura el poema posee una velocidad astral (concebible m?s por intuici?n visionaria que por formulaci?n matem?tica) en la que (verdadera sabidur?a del explorador) "reside la tregua".

Basalto es un poema, es asimismo la convocatoria de un poema que decide hacerse libro, y es una liberaci?n de fuerzas pugnando, armonizando, en planos diversos de estructuraci?n. Verso a verso, p?gina a p?gina, somos acarreados como piedra dura, como grano fino, como error de transcripci?n, como prisma estructur?ndose, mediante goznes, charnelas duras, dolorosas, en verdad espiralada que contiene ejes cruzados, cuerpos de tinta negra o carne viva, esquirlas de piedra inamovible y fuego de constelaciones en perpetuo devenir: verticalidad, vertiginosidad ("espiral principio de simetr?a vapor fecundo en la brevedad del pie y la s?laba").

L?ase este fecundo universo de Roc?o Cer?n colocando un fr?gil pie en la s?laba que se busca como palabra, en la viva concatenaci?n de las cosas que estructuran la vida y que, desde la dificultad, estructuran Basalto. L?ase, sin ojeriza, desde una entrega, con amor, este libro de poemas que contiene un m?dulo atroz, tranquilo, de la experiencia m?s ignota: la del viaje, sin espejo, por el fondo cerrado, claustrof?bico, de la m?s dura piedra


JOSE KOZER




VESANIA 1


despe?adero

en el sieso los miedos se acumulan
el llanto es una larva que corroe las lastras de la casa
agua que da vida a muertas ra?ces
el s?tano interior es el refugio de escrituras de infancia y porvenir
hay que mirar el declive los fondos
all?
la fugacidad
el filo

traspi?

antes del vac?o
unas manos sobre la piel
es la fuerza del contacto el roce que incita al precipicio
el fraseo apenas audible del amor palabra que se anuda al
cuello y ya no suelta
el ?ltimo acuciante empuj?n para dejar que los pies
sean aire

inmersi?n

calcinado el hueso se desploma en el abrevadero de los tiempos
en sus pliegues el rostro oculto del que no tiene nombre
la orfandad colma el silencio
la herrumbre implora lo que est? por descubrirse
en la magm?tica gova ?l espera la se?al
el lento encaminar del reposo hacia la claridad
ciego en su ?ltimo vestigio de ira naufraga desnudo
se humedece los labios con el testimonio de su historia
asciende hacia la s?laba ?nica de su sangre

abisamiento

corrientes salobres enturbian el delirio
desbordamiento de leche y silo
s?lo atreverse a ser a deglutirse y vomitar los restos
abrir?n la hendidura de pulsiones
el belestro de la idea intacta
la graf?a blanca que devuelve el esplendor la certeza
en tierra de hu?rfanos una palabra es manantial
?l sabe del vac?o de drenarse
de bajar al tend?n a rastras y tomar la nuez de las respuestas
?l conoce el rumbo a la frontera
donde la piedra y la voz son morada del v?rtice

deambulatorio

gira gira se trastoca
la espiral
sus l?neas de fuerza que cristalizan la luz
declinan
la errancia es el aire com?n de los pensamientos
ronda en la espina dorsal el el?ctrico indicio del alma
las arterias son guarida de la fiebre
ni el cansancio de la entrega ni la pupila insomne acallan el v?rtigo
turbias son las paredes del nervio ocultan la sabidur?a de la piedra
fragmentos de esqueleto que oscilan entre el deseo y el rencor helado
sudor atracci?n de la tierra por la tierra agon?a breve y gradual
recogimiento

quietud

sumergido entre la leche y el holl?n de su espectro
cansado de ser emblema y milagro
con las estancias del cuerpo abrasadas por el agrio olor
de gestaci?n
bebe los siglos devora su miedo
en la amalgama de la idea y los sentidos se decide la intensidad
silencio o ira
en la sola grieta del friso la abertura a la ausencia al olvido
?culo a la inocencia

fondo
apenas inclinada la luz toca el f?mur
el m?nimo calor de lo profano vetea de rojas vocales la columna
los destellos gilvos devuelven su fragor al aire
la fugacidad de la carne es humareda que sube a la ciudad
cielo y limo se unen con el rastro de la sal
fecundidad de saliva que arremete contra el r?o de la muerte
oscila la luz en la piedra secreta
hombre que es a la vez ausencia y agua tembloroso contorno del v?rtigo
hilo apenas visible que en su rodar consume la curvatura del vac?o.

*Roc?o Cer?n (ciudad de M?xico, 1972) public? en 1997 Estas manos. En 1998 recibi? una beca del Fonca, en el programa de J?venes Creadores, en el ?rea de poes?a. Obtuvo el Premio Nacional de Poes?a Gilberto Owen 2000.

1 Fragmento tomado
del libro Basalto, M?xico,
Ediciones Sin Nombre /
Conaculta, 2002.

Tags: CRITICA, jose kozer, rocio ceron, mexico, basalto, Gilberto Owen

Publicado por ChemaRubioV @ 18:51  | POESIA
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios