Viernes, 19 de octubre de 2007
A MI MADRE

(reivindicaci?n de una hermosura)

Escucha en las noches c?mo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de t? al suelo
como una magia
t? que s?lo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jard?n y contempla c?mo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, esc?chame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bast?n con
empu?adura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un ni?o, ven
he construido una diadema
(sal al jard?n y ver?s c?mo la noche nos envuelve)

"Poemas del manicomio de Mondrag?n" 1987


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ARS MAGNA

Qu? es la magia, preguntas
en una habitaci?n a oscuras.
Qu? es la nada, preguntas,
saliendo de la habitaci?n.
Y qu? es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitaci?n.

"Poes?a" 1970 - 1985

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DESEO DE SER PIELROJA

La llanura infinita y el cielo su reflejo.
Deseo de ser piel roja.
A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido
el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.
Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto: no hay tambores
que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.
Deseo de ser piel roja.
El caballo de hierro cruza ahora sin miedo
desiertos abrasados de silencio. Deseo
de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores
para hacerlo volver desde el reino de las sombras.
Deseo de ser piel roja.
Cruz? un ?ltimo jinete la infinita
llanura, dej? tras de s? vana
polvareda, que luego se deshizo en el viento.
Deseo de ser piel roja.
En la Reservaci?n no anida
serpiente cascabel, sino abandono.
DESEO DE SER PIEL ROJA.
(Sitting Bull ha muerto, los tambores
lo gritan sin esperar respuesta. )

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EL CIRCO

Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no s? sus nombres. Y en mi alma vac?a escucho siempre
c?mo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que est? tan vac?a.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no s? si como un ni?o llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, ma?ana. Seres
sin cabeza cantar?n sobre mi tumba
una canci?n incomprensible.
Y se repartir?n los huesos de mi alma.
Mi alma.
Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a m?.

"Poes?a" 1970 - 1985

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GLOSA A UN EPITAFIO

(carta al padre)

?And fish to catch regeneration?
Samuel Butler, Pescador de muertos.

Solos t? y yo, e irremediablemente
unidos por la muerte: torturados a?n por
fantasmas que dejamos con torpeza
ara?arnos el cuerpo y luchar por los despojos
del sudario, pero ambos muertos, y seguros
de nuestra muerte; dejando al espectro proseguir en vano
con el turbio negocio de los datos: mudo,
el cuerpo, ese impostor en el retrato, y los dos siguiendo
ese otro juego del alma que ya a nada responde,
que lucha con su sombra en el espejo-solos,
ca?dos frente a ?l y viendo
detr?s del cristal la vida como lluvia, tras del cristal
asombrados
por los dem?s, por aquellos-Vous etes combien? que nos
sobreviven
y dicen conocernos, y nos llaman
por nuestro nombre grotesco, ?ah el s?rdido, el
viscoso templo de lo humano!
Y sin embargo
solos los dos, y unidos por el fr?o
que apenas roza brillante envoltura
solos los dos en esta pausa
eterna del tiempo que nada sabe ni quiere, pero dura
como la piedra, solos los dos, y am?ndonos
sobre el lecho de la pausa, como se aman
los muertos
?am?, dijiste, autorizado por la muerte
porque sab?as de ti como de una tercera persona
bebi? dijiste, porque Dios estaba (Pound dixit)
en tu vaso de whiski
amo bebi?, dijiste, pero ahora espera
?espera? y en efecto la resurrecci?n
desde un cristal inv?lido te avisa
que con armas nuestra muerte florece
para ti que s?lo
sab?as de la muerte. Aqu?
?debajo o por encima?
de esta piedra
t? que doraste la sobrenatural dureza y el
dolor sobrenatural de los edificios desnudos
?en qu? perspectiva
-dime- acoger la muerte?
la mesa de disecci?n que danzaste
enloquecido en la plaza desierta
tropezando hiri?ndote las manos en el trapecio del silencio
en pie contra las hojas muertas que
se adher?an a tu cuerpo, y contra la hiedra que tapaba
obsesivamente tu boca hinchada de borracho,
danzas, danzaste
sin espacio, ca?do, pero
no quiero errar en la mitolog?a
de ese nombre del padre que a todos nos falta,
porque somos tan s?lo hermanos de una invasi?n de lo imposible
y tus pasos repiten el eco de los m?os en un largo
corredor donde
retrocedo infatigable, sin
jam?s moverme
?ah los hermanos, los hermanos invisibles
que florecen,
en el Terror! ?Ah los hermanos, los hermanos que se defienden
in?tilmente de la luz del mundo con las manos,
que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la
sombra
de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en
el ruin mundo de los vivos! ?Ah los hermanos,
Y el ave,
el ave que vuela sobre el mundo en llamas, diciendo s?lo
a los mortales que se agitan debajo, diciendo
s?lo: ABISMO, ABISMO!
Abismo, s?, tibia guarida
de nuestro amor de hermanos, padre.
?Pero tan solos!
?Tan solos! Fantasmas que hace visible la hiedra
-como hiedramerl?n como ni?adecabezacortada como
mujermurci?lago la ni?a que ya es ?rbol-
crecen hojas
en la foto, y un florecer te arranca
de los labios can?bales de nuestra madre Muerte, madre
de nuestro rezo
florecen los muertos florecen
unidos acaso por el sudor helado
muerto de muchas cabezas hambrientas de los vivos
te esperamos ave, ave nacida
de la cabeza que explot? al crep?sculo
ave dibujada en la piedra y llena
de lo posible de la dulzura, de su sabor
ajeno que es m?s que la vida, de su crueldad
que es m?s que la vida
?ira
de la piedra, ira que a la realidad insulta,
que apalea
a la caba?a torpe de la mentira con verbos
que no son, resplandecen, ira
suprema de lo mudo!
te esperamos
en la delgada orilla de lo que cae, en el prado
nocturno que atraviesan lentos
los elefantes
percib?s el fr?o
la conspiraci?n de las algas,
gelatina, escamas, mano
que sobresale de la tumba
manos que surgen de la tierra como tallqs
surcos arados por la muerte,
cabezas de ahorcados que echan flor:
decapitados que dialogan
a la luz decreciente de las velas,
?oh qui?n nos traer? la rima
la m?sica, el sonido que rompa la campana
de la asfixia, y el cristal borroso
de lo posible, la m?sica del beso!
De ese beso, final, padre,
en que desaparezcan
de un soplo nuestras sombras, para
asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos
a salvo de los hombres para siempre,
solos yo y t? mi amada

"Teor?a" 1973

* * * * * * * * *

MALDITOS, HETERODOXOS Y ALUCINADOS
Leopoldo Mar?a Panero, el ?ltimo poeta transgresor (XV)

POR JAVIER MEMBA





Parece ser que fue Pere Gimferrer, en aquel tiempo delf?n de la nueva poes?a espa?ola, quien recomend? encarecidamente a Manuel Casarena la publicaci?n de "Por el camino de Swan". Pero Leopoldo Mar?a Panero, el joven autor que se descubriera en aquellos versos dados a la estampa en M?laga en 1968, poco o nada ten?a que ver con su padrino. Incluidos ambos con posterioridad en la hoy legendaria antolog?a de Jos? Mar?a Castellet "Nueve nov?simos poetas espa?oles" (Barral, 1970), lo que para Gimferrer era sorpresa, fascinaci?n ante la belleza, para Panero era desesperaci?n ante la irremediable p?rdida de la infancia.

En los m?s de 30 a?os transcurridos desde entonces, mientras el resto de sus compa?eros de generaci?n han pasado ha engrosar el parnaso de la excelencia de nuestras letras, Panero se ha convertido en el ?nico poeta maldito que ha conocido nuestra literatura en ese tiempo. Mientras los otros ganaban premios, ocupaban cargos y debat?an en las tertulias de los distintos medios de comunicaci?n, Panero languidec?a en c?rceles, manicomios y s?rdidas pensiones. "Mal puedo vender la ruina de mi conciencia o mi desastre al mejor postor. Me conformo con escribirla porque s?lo eso no muere, s?lo eso nos salva de la muerte", apuntaba en la contraportada de "Antolog?a" (Ediciones Libertarias, 1985).

Una saga de poetas

Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), sobrino de Juan Panero (1908-1937) y hermano de Juan Luis Panero (1942), todos ellos poetas de sugerente voz, Leopoldo Mar?a Panero naci? en Madrid en 1948. Al igual que tantos descendientes de los prohombres del r?gimen franquista ?su padre, pese a haber estado a punto de ser fusilado a comienzos de la guerra por los nacionales como consecuencia de su amistad con destacados poetas comunistas, termin? por alistarse en las tropas de Franco para acabar, ya en los a?os 50, siendo director del Instituto de Cultura Hisp?nica?, el joven Panero se siente fascinado por la izquierda radical. Vive pues con la pasi?n que corresponde la aventura de la clandestinidad. Su militancia antifranquista constituir? el primero de sus grandes desastres y le valdr? su primera estancia en prisi?n.

Drogas y manicomio

De aquellos a?os j?venes datan tambi?n sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la hero?na, a la que dedicar?a una impresionante colecci?n de poemas en 1992, ninguna le es ajena. Seg?n comenta ?l mismo en la pel?cula "El desencanto", dirigida por Jaime Ch?varri en 1976, fue uno de los primeros consumidores de ?cido lis?rgico que hubo en Madrid. No obstante, se enga?an quienes piensan que sus viajes a los para?sos artificiales los que le llevaron al manicomio por primera vez. Es el resquebrajamiento de un para?so tan verdadero como la infancia y, sobre todo ?como con tanto acierto apunta Rosa Mar?a Pereda en "Joven Poes?a Espa?ola" (C?tedra, 1979)? la exacerbaci?n de la lectura, lo que ?si es que verdaderamente la ha perdido? hace a Panero perder la raz?n. Las voces que oye nuestro poeta nada tienen que ver con esas otras que agobian a los desequilibrados entre los que vive desde hace m?s de 15 a?os. En los o?dos de Panero susurran Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, James M. Barrie, H. P. Lovecraft...

?Forzar la vida?

Es por ello que sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliograf?a no s?lo como poeta, sino tambi?n como traductor, ensayista e incluso narrador. Mientras va de la antigua prisi?n madrile?a de Carabanchel al manicomio de Cienpozuelos y de ?ste al de Mondrag?n, convencido siempre de que "la vida hay que forzarla", lo que invariablemente acaba traduci?ndose en un irremediable intento de autodestrucci?n, sus distintas entregas aparecen con regularidad. A partir de la segunda de ellas, "As? se fund? Carnaby Street" (Ocnos, 1970), donde se incluye su c?lebre poema "Deseo de ser piel roja", la melancol?a de los mitos de su infancia corre pareja a un experimentalismo apasionado. As? aparecen "Teor?a" (Lumen, 1973), "Narciso o el acorde ?ltimo de las flautas" (Visor, 1979), "Last River Together" (Ayuso, 1980), "Dioscuros" (Ayuso, 1982), ?El ?ltimo hombre" (Ediciones Libertarias, 1984)... Su obra narrativa incluye "En lugar del hijo" (Tusquets, 1976) y "Dos relatos y una perversi?n" (Ediciones Libertarias, 1984). Entre sus versiones de distintos autores anglosajones destacan las de Lewis Carroll: "La matem?tica demente", "La caza del Snark", etc?tera.

De una u otra manera, todas sus p?ginas, hasta sus traducciones, son autobiogr?ficas. La autocontemplaci?n, junto a esa ya aludida autodestrucci?n, es otra de las claves de su obra. M?s de 30 a?os despu?s de la publicaci?n de sus primeros versos, Leopoldo Mar?a Panero no s?lo es el ?nico poeta maldito de nuestro panorama literario, sino tambi?n el transgresor por antonomasia de nuestras letras. No en vano, la biograf?a que su singular experiencia inspir? recientemente lleva por t?tulo "El contorno del abismo".

Tags: manicomio, mondragon, javier memba, leopoldo, maria, panero

Publicado por ChemaRubioV @ 21:32  | POESIA
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