martes, 30 de octubre de 2007
¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.

................. Confucio....................


Intento escribir pero es muy pronto, lo vivido y aprendido no se ha digerido, al menos no tanto como para escribir, de hecho, continúo viviéndolo. Es medianoche y desde el piso 62, de hotel que mejor nombre no podía tener El Esplendor (Splendor), frente a un ventanal que da una vista impresionante de la ciudad puerto, la segunda más importante de Taiwan, Kaoshing, vivo el esplendor de las luces artificiales de Taiwan, las otras, las luces del corazón, las he estado viviendo a diario por la hospitalidad de los taiwaneses, especialmente de Silvia, Vito, Luisa, Gervasio, y otros encargados de recibirnos. Desde aquí, luego de dar esta noche un recorrido por El río del Amor (así se llama), me pregunto: ¿por qué en el mundo existe tanto desamor, siendo esta palabra más larga y nociva que la palabra amor? Pienso esto porque aquí me he enterado de que desde unos cuantos kilómetros de distancia, mil misiles señalan a esta isla, la señalan como dedos acusadores, por el hecho muy humano, humano avanzado, de querer ser y ser. Desde mis ojos occidentales, más bien latinoamericanos porque la palabra ‘occidente’ ha sido secuestrada por los países ricos, no puedo diferenciar física ni lingüísticamente un taiwanés de un chino. Y cuando lo intento, cuando medito sobre esto, lo único que se me ocurre es la diferencia geográfica: unos viven en tierra firme y los otros en una isla. ¿Sería capaz Caín de tropezar con la misma quijada de burro y rematar al hermano? Sí, sí sería, el ser humano, desafortunadamente, así es. Y aunque conocemos de sobra la puntería de David con la que horizontalizó a Golliat, lo mejor sería que en esta reescritura de la historia predominara la convivencia pacífica y soberana de David y Golliat (dicho en riguroso orden alfabético). Mi preocupación va más allá, porque si esta gente de historia y cultura milenaria y con gran desarrollo económico y tecnológico debe de vivir diariamente la tensión de que los separe, divida, y los pueda llevar a extremos de odio que desembocan en el fratricidio diferencias que ante los ojos divinos pueden no ser sino pequeñas, ¿qué puede pasar con países más jóvenes y por tanto con menos sabiduría como los nuestros? Y entonces uno piensa que estas diferencias son como las de marido y mujer, en las que meterse es salir dañado y enemigo de la pareja ya reconciliada. Pero no, el mundo no debe ver esto así, indiferente, y debería de tomar partido, por supuesto, siempre y cuando sea en beneficio de la paz, de la convivencia humanista, del derecho a elegir el modo en que se quiera vivir. Ahora que estoy en Taiwan, que conozco de cerca su realidad, su milagro, el conocido Milagro de Taiwan, creo que hizo muy bien el presidente hondureño Manuel Zelaya Rosales, dignamente tomó partido en algo en que los seres humanos de este planeta no podemos hacernos los ciegos y es para reflexionar, el presidente hondureño respaldó sin metáforas el derecho urgente y soberano de Taiwan a ser miembro pleno ante las Naciones Unidas. Entonces recuerdo a países con menos habitantes que Taiwan, con economías caóticas, con poblada corrupción, con diferencias abismales entre los pocos que tienen y la mayoría que no, que si bien es cierto quizá están emprendiendo luchas contra esos males, no obstante tienen su asiento, de voz y voto, en las Naciones Unidas, entonces, ¿por qué no debería tenerlo un país como Taiwan que ha mostrado y demostrado (al mundo) su autosuficiencia como nación soberana, tanta que esa soberanía económica, cultural y solidaria da para apoyar a otros que en realidad lo necesitan en tantas partes del mundo? Pienso y digo, aunque algunos se alarmen, de que Taiwan es el ejemplo de una revolución comunista sin comunismo, si simplificamos la palabra comunista a comunidad, a vivir en el bien o bienestar común. En el sentido de que la utopía comunista, al menos la marxista-leninista, que es la que más conozco, era consolidarse como países o sistema en el que el nivel de vida de su pueblo tuviese dignidad, la corrupción aniquilada, y como dice la cita del grande Confucio que encabeza este artículo, el pueblo tuviese arroz, en este caso sinónimo de pan, y flores para justificar su razón de vivir. Un pueblo sin pensamiento, sin creatividad, sin arte, es un pueblo fantasma. Pero fantasma en la versión más mala de películas de terror de Hollywood. Y Taiwan sin banderas estrictamente partidistas, ideológicamente hablando, ha hecho de lo que para otros sólo fue utopía, una realidad latente, palpable, digna de imitación, claro, previo estudio. Si los latinos, siendo de apellidos similares, comidas, costumbres, éxitos y subdesarrollo, tenemos más de una veintena de países y no la pasamos tan mal, ¿por qué no puede Taiwan ser la otra patria de esos 23 millones de ellos, de chinos, que decidieron siendo chinos también hacer su otra patria Taiwan y ser amigos todos de todos y saludarnos a diario en las Naciones Unidas? Confieso, como el poeta Pablo Neruda, que es mi primera vez en Asia y que la he vivido muy bien, especialmente de encontrarme, sin saber que esto sucedería, con compatriotas que con sus intervenciones, manera de ser, humildad y simpatía, enarbolan, a nivel de rascacielos, la bandera catracha, y estoy refiriéndome al diputado del pueblo Emilio Cabrera y al regidor de la municipalidad sampedrana Enrique Sabillón. De verdad, yo tenía miedo de no terminar este artículo, uno nunca sabe, incluso, ahora que ya lo terminé, ¡temo de pronto ver un misil atravesando esta ventana y arruinándole a usted la oportunidad de leerme! Pero si se logra ese otro milagro de verlo en letra impresa sólo me restaría decirle a los colegas mexicanos que, al igual que yo, los tensionó esa noticia de los misiles demasiado cerca

ROBERTO QUESADA:Es autor, entre otras, de las novelas Big Banana (Seix Barral), Nunca entres por Miami (Mondadori) y Consejero de la Misión de Honduras ante las Naciones Unidas.

Tags: Seix Barral, ROBERT0 QUESADA, catracho, mondadori, Big Banana, centroamerica

Publicado por Chemarubiov @ 21:10
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