Martes, 20 de noviembre de 2007
Pink Floyd me ense?? ingles.

*Roberto Quesada

Cuando el pasado 11 de abril fallec?a el maestro y amigo, el escritor estadounidense Kurt Vonnegut, otro buen amigo, periodista y teatrista, Mauricio Dur, me escribi? pidi?ndome que dedicara una columna o ensayo m?s amplio sobre este novelista.

No lo hice porque sab?a que pronto aparecer?a , en edicici?n bilingue, el libro con el que aprend? ingles (en donde 55 personalidades hispanas en Estados Unidos cuentan su relaci?n con este idioma), publicado por National Geographic, y una de las cosas que cuento en este escrito es precisamente mi encuentro con el maestro Vonnegut.

Me cri? en Honduras y desarrolle mi vocaci?n literaria bajo el cobijo de mi querido padrastro, un poeta de izquierda, Jos? Ad Castelar, que no comulgaba con la pol?tica de Estados Unidos hacia Am?rica Latina, especialmente en los tiempos de la Guerra Fr?a. Y que respaldaba la teor?a del gran novelista portugu?s Jos? Mar Eca de Queiroz, quien afirmaba que: Todo idioma extranjero debe hablarse patri?ticamente mal.

Debido a ese manique?smo de izquierda, viv? bastante alejado de todo lo que oliera a los Estados Unidos, y mi formaci?n inicial fue m?s con los cl?sicos rusos y con el idioma ruso. De hecho, lo otro era lo bueno y todo lo malo proced?a de Estados Unidos. Por supuesto, el idioma no era la excepci?n. Ahora que veo hacia atr?s, estas terribles divisiones humanas que causan las ideolog?as, religiones, sed de dominaci?n del hombre contra el hombre, confirmo que la evoluci?n as? est? en ciernes. Claro, todo eso hizo que mi encuentro con el ingles y con la cultura estadounidense fuera mucho m?s
traum?tico.

Mi relaci?n con el ingles y los Estados Unidos nace con una muchacha. Ella, A?da Sabonge, una hondure?a viviendo desde su ni?ez en Nueva Orle?ns, hab?a retornado al pa?s, Honduras. Nos casamos. Ella impart?a clases de ingles en la Universidad Nacional Aut?noma de Honduras, y en ocasiones, sus colegas la visitaban. A mi me chocaba que siendo latinos y casi todos hondure?os , hablaban generalmente en ingles y, desde luego, me frustraba no entender y muchas veces me
ca?a la paranoia de que quiz? estaban hablando en mi contra. Y yo en vez de dedicarme a aprender ingles , como arma de resistencia sent?a un falso repudio por el idioma shakesperiano.

Tiempo despu?s visit? con la entonces mi esposa la ciudad de Nueva Orle?ns. All? con ella aprend? a ver ese rostro para mi desconocido de los Estados Unidos. Me relaci?n directamente con el jazz, ya no era como antes del viaje lo hab?a hecho, a trav?s de los libros de Julio Cortazar. Escuche nombres como Walker Percy, John Kennedy Toole
y otros traducidos al espa?ol. Desde luego, hab?a le?do a Faulkner, Whitman, Poe, Hemingway, pero consider?ndolos universales, no estadounidenses.

Aprovechando el editor Dan Sim?n, que ya yo estaba en los Estados Unidos, me invit? a la presentaci?n de una antolog?a del cuento centroamericano, que tuvo lugar en Cooper Uni?n, Nueva York. El editor tuvo que sufragar los costos para yo llevar a mi esposa, ya que ella me servir?a de interprete en ese viaje. La lectura ser?a biling?e.

All? detr?s del escenario, nos concentramos los escritores, la mayor?a latinos. vi. a un hombre de bigote espeso, alto, con camisa de azul y jeans, retirado del grupo, solitario. Me dio pena por ?l, y quise acompa?arlo para que no estuviese tan solo. Me le acerque y entend? que no hablaba ni una palabra de espa?ol, tanto como yo de ingles. Parece que mi intenci?n le cay? bien y a mi tambi?n me pareci? simp?tico, hubo buena qu?mica.

Era un 19 de febrero de 1989 y hacia un fr?o tremendo. Le
hice saber que clandestinamente yo portaba una botella de Jack Daniel en la cintura y buscamos dos vasos pl?sticos. Al calor del whiskey nos adentramos en tremenda conversaci?n de mudos.

As? estamos, ri?ndonos a saber de qu? quiz? uno del otro, o de nosotros mismos. De pronto apareci? A?da. Que se quedo sorprendida, y lo saluda con mucha deferencia. Y a mi me pregunta Vos sabes quien es ? A lo que contesto un pobre gringo a quien tienen marginado porque no habla espa?ol . Ella dio una risa lastimera que denunciaba mi ignorancia y me dijo:Es el gran escritor Kurt Vonnegut, es decir el Gabriel Garc?a M?rquez de los estadounidenses.

Ella comenz?. Para el caso, entend? que se llamaba Karl no Kurt, como Karl Marx. Yo le hab?a mostrado la versi?n en espa?ol de mi novela Los barcos y quise decirle que pronto ser?a traducida al ingles. El entendi? que yo le hab?a dicho cuando le mostr? la novela, que con ese libro yo era el bestseller centroamericano. Y los tres nos morimos de la risa, en verdad nadie hab?a dicho ni entendido nada.

Lleg? el turno de nuestra lectura. A Vonnegut le gust? el fragmento de mi novela y aprovech? para, a trav?s de A?da, pedirle su direcci?n para enviarle mi novela cuando estuviese traducida. Dos meses despu?s regres? ya con la intenci?n de quedarme a vivir en Nueva York, pues encontr? el empleo que no consegu?a en Nueva Orle?ns, dirigir un
peri?dico de la comunidad centroamericana en Nueva York. No ten?a una diferencia abismal entre el acento de Nueva Orle?ns y Nueva York: sent?a como que de pronto hab?a ingresado, al estilo de La Rosa p?rpura de El Cairo, de Woody Allen, a ser parte del escenario de una pel?cula. Miraba aquel numero telef?nico y direcci?n de Vonnegut de su pu?o y letra y ensayaba en voz alta en mi apartamento como iba a saludarlo: Hello Mr. Vonnegut...Im Roberto, Honduran writer...You
remember me...? Y finalmente tuve valor de llamarlo. Lo salud? y aun hoy no s? qu? cosas me dec?a pero yo a todo dije yes.

Corto tiempo despu?s de mi llegada a Nueva York, Dan Shapiro
Director del Departamento de Literatura de la Americas
Societye me present? una joven rubia y se encargo de servirnos de Cupido al traducirnos la conversaci?n inicial.

D?as despu?s ella me invito a su apartamento. La rubia no hablaba espa?ol ni yo ingles. Cenamos. Hicimos el amor. Nos sentamos en la sala y ella trataba de decirme algo. Roberto, talk to me. Trat? de entender lo que me decia y volvimos a hacer el amor. Despu?s volv? a decirme: Roberto, talk to me? Bueno, lo hice una vez m?s. Al cabo de un tiempo repiti? Roberto, talk to me? Entonces yo pens? que estaba frente a una ninfoman?a o loca y comenc? sentir bastante temor al recordar esas extra?as historias que se cuentan de las
grandes ciudades. En realidad yo no hablaba nada de ingles pero intent? descifrarlo.. Cuando compraba cigarrillos me daban un paquetito de cerillas que ten?an fotos de mujeres desnudas y se le?a Talk to me. Yo cre?a que talk, quer?a decir talco, que en espa?ol significa tambi?n polvo. Y to me, pues lo traduje correctamente como me Y polvo a su vez significa en el vulgo, tener relaciones sexuales. Al final mi traducci?n quedaba: Talk to me , equivale a D?me. No volv? a ver aquella rubia despu?s de aquella noche.

Yo hab?a visto la pel?cula The Wall, de Pink Floyd, y me enamor? de ella. Me dediqu? a verla una y otra vez para con ella practicar mi ingl?s. Un d?a compr? una copia y la llev? a Honduras para compartirla con unos amigos. Fue cuando ya ?bamos a verla que me enter? que no estaba subtitulada, y fue para m? una gran satisfacci?n estarla traduciendo para los espectadores. Me salv? que me la sab?a de memoria.

Luego conoc? a los poetas Nuyorrican, cuando visitaba frecuentemente el Nuyorican Poet Caf? en el Coger East Side de Nueva York. El poeta Miguel Algar, fundador del Caf? siempre estaba corrigi?ndome en voz tan alta que me avergonzaba, pero algo aprend? a fuerza de reprenderme. En cambio Pedro Pietri, poeta y teatrista, me hablaba suavemente en Spanglish con el prop?sito de que le entendiera y a la
vez fuera aprendiendo ingles. Y as? ha sido mi escuela: los amigos, los bares, la visita a centros culturales.

Fui llamado muy pronto para traducir una biograf?a de Gloria Estefan. Para entonces yo ya sabia que traducir no era cosa de bromas por mi amistad con dos maestros de la traducci?n ; Hardie St. Martin, quien tradujera mi novela Los barcos (The Ships) al ingles y de Gregory Rabassa, traductor de Cien a?os de soledad, de Garcia M?rquez y Rayuela, de Cortazar. Las conversaciones con ellos me convencieron de
que traducir es un arte.

En principio dije que me sent?a incapaz a mi agente, pero yo
necesitaba el dinero y me arriesgue que pasara lo que pasara. Pas? m?s de un mes encerrado e insomne, pero finalmente lo logr?.Por supuesto, existe una gran diferencia entre traducir una biograf?a escrita en ingles a traducir poes?a o prosa.

Comenc? a aprender ingles cuando llegu? a Nueva York simplemente por preguntar lo que no sab?a. Algunas necesidades ejercen presi?n sobre uno para poder comunicarse. Recuerdo que tuve una novia que hablaba
poco espa?ol y me obligaba a que yo hablara ingles. Ella me hizo ver la pel?cula West Side Story, quiz? por el acento latino y la historia que narraba, y la m?sica, me hizo verla una y otra vez me hace acercarme cada vez m?s al ingles.

No he recibido clases formales de ingles. Lo he hecho de forma autodidacta auxiliado de diccionarios ingles-espa?ol, de diccionarios de modismos en ingles y todo tipo de libros. Novelas que ya hablo leo en espa?ol y por tanto conoce bien, las relecturas en ingl?s , ha sido y es la vida en la ciudad de Nueva York.

National Geographic Society. Tom Miller 2007. El articulo Pink Floyd me ense?? ingles forma parte del libro como aprend? ingles.

[email protected]

* Roberto Quesada: Escritor y diplom?tico hondure?o, autor de varios
libros, entre los que destacan Big Banana (Seix Barral), Nunca entres
por Miami (Mondadori) Los barcos (Baktetd), La novela del milenio
pasado (Tropismos, Salamanca), y es Consejero de la Misi?n de
Honduras ante las Naciones Unidas.

Tags: aida sabonge, faulkner, poe, kurt vonnegut, traduccion, escritores

Publicado por ChemaRubioV @ 20:46  | RELATO .
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios