S?bado, 15 de diciembre de 2007
FRANCISCO ?LVAREZ VELASCO


------------------J??crivais des silences
-------------------Artur Rimbaud




La hiedra del silencio

Los ojos
El alma
se asoma con sus velos
de la muerte.

Y los mueve la brisa,
que es la vida al otro lado del espejo.

Me llamas al encuentro.


Amargo es el amor en las ausencias
Ahora que este desierto me crece por las manos,
d?nde tus ojos d?nde,
tu boca d?nde,
si trepan los silencios...

Y d?nde tu rinc?n
de sombra, amor,
para buscar el mar,
por donde el agua estar? sonando
y mueve las arenas y muere en las arenas.

All? mi mano llega,
amor, y el mundo se me escapa.
y queda s?lo salobre huella, tacto fr?o.



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III. Declaraci?n de Esperanza Hist?rica

A Luz y a Eva
?E p?dole aos meus fillos me disculpen esta longa esperanza?
Celso Emilio Ferreiro


1
De la piel desgastada de sus nombres
se han ido desprendiendo los objetos,
las cosas que envolv?an.
Quieto est? nuestro mundo
y yace inexplicable.
Hacia cauces ocultos cesaron de caer
las aguas de la noche y quedan detenidas.

Debierais decidir en qu? piedra sentaros
o al lado de qu? ?rbol,
y con gentes que pasen acordar nuevos nombres;
palabras que empec?is a componer
balbucidas en letras sucesivas
que fluyan por el mundo y lo pongan en orden
y echen de nuevo a caminar el tiempo.
(?Aquellas buenas horas que tuvimos
y fuimos desgranando
en arenas limp?simas de instantes luminosos!)

Nuevamente aprendidas,
que lleguen por los r?os de la sangre
hasta aqu?llos, los hijos m?s remotos.
Hasta aquellos que planten un ?rbol junto a otro ?rbol
y otro ?rbol,
y los apelen bosque.

Que se digan hermanos los que maman
en los dos tibios pechos de las madres.
Y se nombren amantes
los que los labios unen en este atardecer.
Y un nombre tenga la ?ltima
rosa roja de aquel noviembre nuestro.


2
Hoguera solidaria

? Pues de la esperanza no hay duda sino que tambi?n pone a la memoria en vac?o y tinieblas de lo de ac? y de lo de all?. S. Juan de la Cruz

Pero queda en alg?n lugar de la memoria
una ferviente voz
que nos sale al encuentro,
nos saca del camino hasta la hierba,
vino amigo nos sirve en su mantel de cuadros
y reparte su pan por nuestras manos.

Mezquino es nuestro mundo
si nos borran los mapas de la infancia,
si subimos sin luces por esta angosta senda
hacia un monte en tinieblas.
De donde se ve claro
que m?s valiera a todos dejar la caminata
y encender nuestra hoguera,
?juntar y unir el fuego en el madero?,
y, apretados en torno, compartir la palabra interminable
que heredamos,
y abrigar nuestro gozo
en la ra?z oculta de la humana esperanza.

?En qu? orilla, por fin,
poder tactar el pulso sombr?o en las ra?ces,
poder danzar la danza de alg?n antiguo corro?
?Al lado de qu? tronco,
el latido de honda primavera?

(Ros marinus de aliento apasionado,
succionar? el romero
el viej?simo jugo de la tierra -ma?ana, flor azul-).

?En qu? valle reunirnos,
al lado de que r?o
-que es la vida sin pausas hasta el mar-?

Contra la espesa, larga noche lenta
-tiempo de maldici?n-
ser? j?bilo vivo la hoguera solidaria
hasta que el musgo brote por la piedra.


3
As? caen las hojas
y queda inerme el ?rbol,
y borra la hojarasca los caminos.
As? los rostros mudos
al fondo del espejo.
As? la vida, el chopo que se pudre
y pedazo a pedazo el agua lo disuelve.

?Qui?n azuza este viento contra el bosque
y acecha en el camino
y a pedradas nos rompe los espejos?
Est?n las calles solas y nadie por los parques.
Y un rotundo tambor nos recluye en la casa,
la esperanza nos niega,
como cuando caemos desde un sue?o a otro sue?o,
y del ?ltimo sue?o
al pozo desolado de la nada.

Pero contra este invierno
se alza una luz que fluye en los tejados.
Tal vez vaya a crecer
y devenir en p?jaros del alba,
en voces jubilosas por las calles,
campanarios en fiesta,
o en franja diamantina de la espuma,
luminosas sonrisas.


4
Hoy remonto en mi sangre
hasta la servidumbre lejana de mi abuelo
y le ayudo en las piedras que tuvo que mover
y le aparto del palo
y luego le enderezo la espalda
hasta mi tiempo.

Y me pongo con ?l a caminar hacia otros d?as.


5
??Para qu? quiero la luz
si tropiezo en tinieblas??
M .Hern?ndez

Una luz victoriosa que no cesa
desborda el horizonte y se derrama
en limpias llamaradas por el mundo.
Como una lluvia fresca sobre un mont?n de adobes
avanza la ma?ana.

Y el hombre -?pobre, pobre!-
no acierta a levantarse de su noche.
?No podr? abrir la puerta, llegarse a su retrete,
recomponer el gesto
para el nuevo decurso de las cosas?

Y el hombre retrocede, tropieza en las esquinas,
no descubre su rostro en los espejos
y pregunta:
-?Qu? hacer con tanta sombra?


6
?y le doy un abrazo. emocionado?
C. Vallejo

?Qu? hacer ahora con toda esta nuestra esperanza
sino ver en qu? para
aquel que est? sentado
a la puerta del templo, y auscultarle
el dolor, ?ese suyo!, debajo de su pecho,
tan gran dolor que vino acumulando
desde cuando era ni?o
grano de arena a grano
en ambos lagrimales?

Y mirar qu? le pasa
a aquel otro sentado
en la ?ltima piedra, a la orilla del mundo,
llegado ya al final de su duro camino,
contando sus vac?os,
los que van entre angustias
y angustias, all? arriba en su cerebro,
su cerebro viej?simo.


7
Bajo un cielo de piedra,
opaco y alto y liso,
un cielo encadenado para siempre,
la vida que camina por el bosque,
que rauda va y que viene por los aires,
se afana en los caminos, cantarina
cae del ca?o de la fuente, o presurosa
camina en las aceras,
saluda en las ventanas,
o amontona las hojas en los parques,
al hombre proporciona hermosa certidumbre
contra el hosco silencio de los dioses.

Junto a un mar duro y cerrado y fr?o,
un mar que nos limita
y bulle sin espumas,
rotunda afirmaci?n es para el hombre
ante el paso acechante de la muerte
la vida jubilosa de los ni?os
que sus pasos estrenan en la playa.

Mar y cielo cerrados.
Y sin embargo el hombre
se?ala los caminos
y ayuda al que camina,
y esparce su semilla
en el tibio tempero de la tierra
y espera que germine.

Indiferente el mar. Indiferente el cielo.
Y sin embargo el ni?o
entre sus manos limpias al p?jaro ca?do
alienta y resucita.


8
Marca con piedra blanca esta ma?ana
si ves que a flor de ojos
la mirada m?s limpia de los ni?os
est? mirando el mundo.
Est?n mirando el mundo, hurgando en sus arenas
precisas, levantando las piedras
que nadie levantara,
acompasando el tiempo
en corros luminosos,
palabras repetidas que cantaste en tu infancia.

Con la piedra m?s blanca,
que est?n mirando el mundo.


9
Alguna vez la venda, la sombra de los ojos
cae, y es el aire un fr?o espacio en blanco
y las voces que parten de los labios
van y vienen, desorientadas vuelan.
Bajo los altos cielos van y vienen
y no encuentran o?dos a donde dirigirse.

Y el mar en este invierno
con sus chasquidos de alas, olas de aluminio
no ofrece la frescura
de aquella agua libre que iba por los sue?os.

Torno aqu? la cabeza. Capto a tientas el mundo
(tan fuertemente mirando),
a tientas el rumor
de la tierra,
su coraz?n oculto, seco y oculto y fr?o,
examino los pliegues al lado de la roca,
y tacto con ternura su tiempo detenido.


10
Si es piedra detenida,
qui?n har? que camine este tiempo y har?
que camine y que siga
esta pobre esperanza, qui?n que siga
y que siga mirando la mirada final,
qui?n que siga tendida la nube roja y ?ltima,
la mano del adi?s doloroso, y har?
que llegue hasta ese d?a en que se echen
a caminar las esquinas aquellas
de las citas
donde todos un d?a se citaron.

Cada ma?ana, fiel,
el mundo vuelve a estar donde yo lo dej?.
Abro la sombra, abro
la puerta, rompo por
el aire detenido de la calle.
Van luego sucediendo las cosas y las voces
atropelladamente
o en alas homog?neas de minutos.
Ese corro de hierba
con la brisa temprana
se agita en los escombros
y crecer? otro poco.
?Otro poco!
Y aquel caballo viejo,
lento y viejo y estoico,
no tardar? en llegarse
a pacer en la hierba.

Mas c?mo hacer seguir
todo este mundo fiel junto al camino diario.



POETA. Francisco ?lvarez.
Francisco ?lvarez Velasco acaba de sacar al mercado un nuevo poemario, 'Las aguas silenciosas', de la mano de la editorial Trea. Colaborador habitual de EL COMERCIO y creador del Portal de Poes?a, este leon?s de nacimiento y asturiano de adopci?n, con una larga trayectoria po?tica, presenta una serie de versos escritos a lo largo de los dos ?ltimos a?os. Dicen los expertos que persiste en esta nueva obra la conciencia de que el tiempo fluye inexorablemente. El poeta rebusca entre su recuerdos para hacer un inventario de los momentos luminosos. Las se?as de la propia identidad, la vida como representaci?n, el silencio del mundo, la existencia humana como pasi?n in?til, la vida oculta de los otros, la memoria familiar de los que se fueron frente a la luz serena de una vida que empieza, la ilusi?n de que el cuerpo amado es tabla de salvaci?n en el mar de la muerte, la soledad egoista junto a la ternura hacia el que sufre son los temas recurrentes en los versos de ?lvarez Velasco. 'En el nombre del ?rbol', 'Tierra, 'La hiedra del silencio' y 'Noche' son algunas de las obras anteriores de este autor cuyos poemas han sido traducidos a varios idiomas.


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Tags: CESAR VALLEJO, MIGUEL HERNANDEZ, comercio, ARTHUR RIMBAUD

Publicado por ChemaRubioV @ 21:07  | POESIA
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