martes, 18 de diciembre de 2007
LAS GUERRILAS Y LA NAVIDAD

¿Tregua navideña en Honduras?

Yo tenía fe cuando comencé, ahora estoy triste y cansado.Mi camino de tres años me parece que son treinta y qué más puede un hombre hacer.

Camilo Sesto, Getsemaní, Jesucristo Superstar.



No se necesita ser matemático ni encuestador para afirmar que la fe se ha ido perdiendo, extinguiéndose. Basta con ver a nuestro alrededor y si hubiese sólida fe habría mejor convivencia, menos criminalidad, menos soldados y policías, más alimentos para todos, menos desigualdad económica, porque la riqueza y pobreza cerebral no puede repartirse y más parece una condición humana personal, aunque, sin duda, puede alimentarse y mejorarse a través de la educación. Este mal de la fe extinguida no es solamente de los países sub o en vías de desarrollo como se les llegó a llamar, sino un fenómeno globalizado. Se nota más esa falta de fe entre los países pobres porque esa necesidad inmediata del bocado obliga a actuar instintivamente para mantenerse respirando. Y matar el hambre muchas veces requiere de matar a otros, recordando el título de un programa televisivo sobre los animales salvajes y la cadena alimenticia: Matar para vivir, algo que no se justifica en el ser humano, pero una realidad que se padece a diario. Los hambrientos de alimentos que nutren el cuerpo poco a poco van desnutriéndose también espiritualmente pues ni siquiera en los espejismos que produce el hambre encuentran los panes y peces multiplicados. Y la larga espera de por vida para ser testigos de ese milagro los lleva a cambiar esa fe y se la entregan a mortales. Estos mortales son quienes llevarán las riendas del país que habitan estos hambrientos, prometerán cielo y tierra mientras transitan por la alfombra verde, que no ecológica, que los lleve a la tarima del poder. Desde donde, en su gran mayoría, no olvidarán las promesas hechas a los de abajo y sí multiplicarán los panes, peces y vinos, pero para ellos y otros como ellos: El manjar queda en palacio de pequeños grupos de poder. Claro, si llega alguien que quiere distribuir los panes y peces con los de abajo, será víctima de los arponazos de voraces y acaparadores pescadores, como es el caso que le ha sucedido al gobierno de presidente Mel Zelaya, cada vez que implementa o intenta implementar medidas que amenacen con distribuir lo que algunos piensan que sólo pertenece a ellos, que son los dueños y señores de esa patria dormida llamada Honduras. Lo que no debe olvidarse es que por bella o fea que sea la durmiente, el sueño no es para siempre, y si despierta hambrienta y no encuentra sus panes y sus peces no tendrá la menor duda en devorar a los avaros y ambiciosos pescadores. En Honduras aparte de la gran crisis en que vive gran parte de la población: alimentos, salud, educación, hay que sumarle otra no menos nociva, la crisis que generan los políticos cegados por la avaricia. Día a día los hondureños/as tienen que soportar esa zozobra mediática, los pleitos entre políticos, los dimes y diretes, el desprestigio con el que tratan de liquidarse uno a otro, las mentiras de unos contra otros, el golpe bajo, la injuria, la zancadilla y todo ello desemboca en que nadie respete a nadie, ya que no existe siquiera la capacidad de respetarse a sí mismo. Pero, digo y repito, no debemos ser pesimistas, perder todas las esperanzas. Seguramente por allí existen o están saliendo del cascaron líderes que no pretendan apropiarse de lo que les ha confiado administrar un pueblo, que pretendan no ser ricos a costa de lo que sea, sino que aspiren la digna riqueza de convertirse en excelsos estadistas y que lleven a su pueblo por el camino que los conduzca a vivir una vida con dignidad, con las elementales necesidades al alcance de la mano. Cuando estaban en pleno auge las guerrillas de Nicaragua, El Salvador y de otros países latinoamericanos, se volvió hasta normal escuchar que las partes en conflicto acordaban treguas: hubo treguas navideñas; también por algo que parece increíble, pero así fue, por mal tiempo, lluvias excesivas y vientos huracanados, y cantidad de razones para congelar por algún tiempo el fuego de los fusiles. En Honduras los fusiles son las lenguas, que las hay de corto, mediano y largo alcance, cual misiles con ojivas nucleares. Este es un don, divino o maligno, de casi todos los hondureños/as pero, como en todo, existen sus rangos y especialistas, y dentro de los más connotados se lucen muchos políticos (y allegados), algunos periodistas, unos tantos literatos y por allí va la cadena que nos rodea y mantiene prisioneros de nosotros mismos. Y allí abajo una triste patria que duerme el sueño de los injustos. Si yo fuera Cardenal de Honduras, teniendo esa certeza de que todos y todas me escuchan sea que me crean o no y convencido de que la fe mueve montañas (quizá también mueva conciencias), como acto de fe o para revivir esa débil llama en que se ha convertido la fe, llamaría de urgencia a las partes implicadas en los desórdenes cotidianos catrachos. Les pediría con clamor divino y tratando de que comprendiesen y utilizaran la autocrítica de que, por favor, dieran una tregua navideña al hermoso y noble pueblo hondureño. No alarmarlo aunque sea en estas fiestas, compartir y convivir aunque solamente sea por el recuerdo y honra al primer multiplicador de panes y peces del que la humanidad cristiana tiene memoria. ¡Amén y amen! Nota a mis lectores/as: Para predicar con el ejemplo, me uno a la tregua navideña, así no tendrán que leerme sino hasta la primera semana de enero, porque muchas veces también incurro en desarrollar temas que preocupan a quienes nos leen, y ya esto es estropear las fiestas. Les deseo feliz Navidad y próspero Año Nuevo, y, sobre todo, que en Honduras aparezcan líderes que amen de verdad su patria.

Roberto Quesada


Nueva York, NY, 17 diciembre 2007. robertoquesada@hotmail.comwww.tiempo.hn

Tags: CAMILO SESTO, jesucristo, Superstar, guerillas, el salvador, guatemala

Publicado por Chemarubiov a las 20:13 | ARTICULO | 0 Comentarios | Enviar
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