Historia de la Sexualidad (Michael Foucault)
M. Foucault, Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber. Siglo XXI Editores.(1976).
(LA VOLUNTAD DE SABER)
Tema: FILOSOFIA
Autor: FOUCAULT, MICHEL
Editorial: SIGLO VEINTIUNO
[editar]Sinopsis
La idea del sexo reprimido no es sólo cuestión de teoría. La afirmación de que la sexualidad nunca fue sometida con tanto rigor como en la época de la bueguesía hipócrita, va acompañada del énfasis en un discurso destinado a decir la verdad sobre el sexo. De esta conjunción parte la serie de análisis históricos de los que este volumen es introducción.
Se trata de interrogarse acerca de una sociedad que desde hace un siglo se fustiga ruidosamente por su hipocresía, habla con prolijidad de su propio silencio, se encarniza en detallar lo que no dice, denuncia los poderes que ejerce y promete liberarse de las leyes que la han hecho funcionar. No sólo hay que presentar el panorama de esos discursos, sino el de la voluntad que los mueve y la intención estratégica que los sostiene.
[editar]Comentario de lectura
La sexualidad es sometida a estudio en este libro. Analiza aquellos procesos que han hecho que la sexualidad fuese negada, reprimida, enmudecida, castrada, y las razones que la llevaron a aparecer como algo de lo que hablar, suscitando un protagonismo crucial en el ser humano.
Mirando hacia atrás en el tiempo vemos como el sexo está impregnado de sentimiento de pecado y consecuentemente de culpa. Está claramente destinado a la prohibición, a la inexistencia y el simple hecho de hablar de ello era visto como una acción de talante transgresor, lo que sería un anticipo, según la historia, de la libertad que se alcanzaría en lo sexual.
Foucault sitúa el génesis de toda esta realidad histórica y antropológica en una combinación crucial estructurada entre el poder y el saber. Lanza su teoría desde tres interrogantes que confluyen en lo que denomina la hipótesis represiva ( agrupando en esta hipótesis todos aquellos elementos negativos- prohibiciones, censuras, rechazos- que han llevado al hombre a decir no a la expresión de la sexualidad). Su obra intenta dar respuesta a estas tres dudas:
¿La represión del sexo es en verdad una evidencia histórica?
La mecánica del poder, ¿pertenece en lo esencial al orden de la represión?
¿Hay una ruptura histórica entre la edad de la represión y el análisis crítico de la represión?
El libro intenta establecer, por tanto el cómo y el porqué situamos nuestro discurso de la sexualidad humana en torno a la ecuación poder-saber-placer. Aborda lo que se ha dicho en cuanto a la sexualidad, el impacto y consecuencias de lo que se ha hablado del tema, su relación e implicaciones con las estructuras de poder y cómo estas influenciaban los distintos discursos y los efectos placeres que se obtenían en ellos.
Hace un recorrido de los últimos tres siglos que comienza en la burguesia y llega hasta el proletariado.
En esta evolución hace varias referencias a la influencia de la pastoral cristiana. Es curioso los datos que ofrece del cristianismo medieval. En la Edad Media y también en el s.XVII se creía que era indispensable para que la confesión fuese completa que se citaran los detalles y pormenores de los pecados sexuales, como la posición de los amantes, actitudes gestos, caricias, A esto se le une la discreción y reserva de todo lo que tenia que ver con la pureza y los pecados que atentaban contra ella. La carne es la raíz de todos los pecados. El deseo es un mal que afecta a la totalidad de la persona. De este pensamiento se deriva el énfasis que se hace en nuestra teología de el examen de conciencia que debe hacerse diligentemente, examinando alma, mente, voluntad, sentidos, pensamientos, palabras y acciones.
El sexo pasó de ser una regla que acataban aquellos que se apartaban a la vida ascética y monástica, a ser una norma universal en la que todos estaban inmersos.
Surgieron el el s.XVII censuras en cuanto a ciertas expresiones y palabras del lenguaje que se consideraban moralmente incorrectas. También apareció literatura escandalosa. A toda esta censura y represión la llama puritarismpo victoriano.
En el siglo XVIII aparece una cierta incitación a hablar de sexo desde un interés político, económico y técnico. Aparece como problema económico y político la poblacióny en el centro de éste, el sexo. Se debe analizar la tasa de natalidad, la edad del matrimonio, los nacimientos legítimos e ilegítimos, la precocidad y la frecuencia de las relaciones sexuales, la forma de que sean fecundas o estériles, la incidencia de los métodos anticonceptivos, el efecto de las prohibiciones, etc.
Pasa algo similar cuando se trata el tema del sexo en los niños, desapareciendo la libertad que se disfrutaba en otro tiempo cuando en el s.XVII Erasmo aconseja públicamente a su discípulo sobre la elección de una buena prostituta en sus Diálogos. Se condena e inhibe mediante distintas estrategias y argumentos el onanismo que es tratado como una epidemia a extinguir .
También en el campo de la medicina y la psiquiatría comienza a interesarse por las enfermedades de insatisfacción sexual, el onanismo, los fraudes de la procreación, y todo el conjunto de perversiones sexuales, en las que también surgió una preocupación en la justicia penal abriendo jurisdicción sobre los crímenes contra natura, contagiando una concepción del sexo desde una conciencia de peligro que incitó a reabrir los discursos sobre el tema.
Se interroga la sexualidad de los locos, de los niños, de los criminales, de aquellos que no encuentra el placer amando al otro sexo, los que padecen sueños eróticos, las obsesiones y manias.
Define a la sociedad del s.XX como perversa no tanto como respuesta al extremismo del puritanismo o como contrapartida de la hipocresía, sino que la identifica como perversa directa y realmente.
A pesar que nuestra sociedad occidental no ha podido innovar en el campo de los placeres sexuales, ni descubrir vicios que no existiesen ya, pero sin embargo según Focault, ha definido nuevas reglas para el juego de los poderes y los placeres, allí se dibujó el rostro fijo de las perversiones.
Han sido decisivas en esto las innumerables ganancias económicas que han aportado la medicina, la psiquiatría, la prostitución y la pornografía, aumentando el interés en el control, de la obstinación del poder y la intensidad del placer. Los rasgos principales de la política y poder los agrupa en:
La relación negativa entre poder y sexo (rechazo, ocultamiento,barrera).
La instancia de la regla, lo que dicta al sexo su ley, lo que es lícito y lo que se prohibe.
El ciclo de lo prohibido, no existirás salvo en la sombra y el secreto, con la amenaza de castigo que haga que el sexo renuncie a sí mismo.
La lógica de la censura, afirmando que no está permitido, impidiendo que se diga y negando que exista.
La unidad de dispositivo, ejerciendo el poder desde todos los niveles.
Se unen así el poder legislador y el sujeto obediente. Este poder dirá que está en todas partes, no es una institución concreta sino una compleja estructura estratégica inmersa en la realidad social.
El dominio se realiza mediante estrategias que tiene su base en la "familia", la sexualización del niño, histerización de la mujer, especificación de los perversos y la regulación de la población, del proletariado.
Finaliza esta obra con una reflexión de cómo se ha llegado a ejercer una política de derecho sobre la muerte y poder sobre la vida. Considerando el sexo al mismo tiempo como una forma de acceso a la vida del cuerpo y de la especie.
Para terminar reconoce la labor de S. Freud como precursor del psicoanálisis y facilitador de un avance en el campo de sexualidad sin sexo que se vivia antes de él.
Personalmente me ha parecido que expone unas ideas y razonamientos que tienen una base histórica y cultural que creo se corresponde con la realidad. A mi entender, el autor muestra tras su propuesta de entendimiento de la evolución sexual un matiz de repulsa hacia las estructuras institucionalizadas que retienen el poder en sus manos y prejuicios dirigiendo lo que el hombre y la mujer son en su esencia, cuerpo, alma y mente como un todo, como lo que es: persona.
Dentro de este rechazo se deja ver una distancia enorme entre su discurso y el discurso cristiano clásico, por decirlo de alguna forma. Creo que gracias a Dios, en nuestros días somos algunos (tal vez un núcleo reducido de "cristianos libertinos") los que vemos la trayectoria marcada en la historia social del hombre y somos capaces de identificar la influencia del dualismo y la cara oscura de la moneda para intentar deshacernos de los prejuicios que hemos formado en nuestra mente a lo largo de la vida e intentar ver la vida, la persona, la comunidad, las relaciones interpersonales y la sexualidad en términos equilibrados y porqué no, divinos. Sería interesante que en nuestro discurso sobre sexo, pudiésemos abordar el tema sin tener que emitir un veredicto de condena o tolerancia, sino más bien dirigir, canalizar nuestra argumentación y esfuerzos a entrelazar la sexualidad en un sistema que sea útil para obtener un beneficio de todos, intentando que funcione para optimizar la calidad de vida personal y social. El sexo no debería juzgarse sino aprovecharse con sabiduría.
"El principio de la sabiduría es el temor de Jehová." (Proverbios 1:7 )
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