Carmen que no se llama Carmen
Carmen la de los pezones dulces
carmen la de los besos celestes y adictivos
carmen de cintura delgada
la que mira embriagada con los ojos acuosos
cuando mis dedos juegan a humedecer su entrepierna
carmen que no se llama carmen
que tiene un marido que no le satisface
que no le mira que no le toca que no le ama
que le tiene arrugada en un rincón
asustada
encogida y frágil macilenta y lánguida
mientras la vida corretea más allá
en la plaza en la playa en las cafeterías
en los bullicios de la vida cotidiana
en los jardines con brotes y con flores
y ella lo sabe
y por eso busca
y por eso me encuentra
por eso se atreve a romper con los tabúes
y a llenar de besos esta boca mía que no entiende del todo
y a llegar conmigo a derrotar los miedos y los lastres
conjurados los dos
con la impudicia
carmen que vuela a mis brazos como un pajarito
que abandona el nido y siente el aire en la cara
y se percibe plena por la noche en el balcón
carmen que me da las gracias con la lengua
carmen que dispara mis alarmas libidinosas
carmen que busca en su dentro los porqués
y no los halla
quizás porque allí no estén agazapados los motivos
quizás porque allí jamás hayan estado agazapados
los motivos
sino fuera
en el monocorde habitáculo que finge compartir
en el plomizo sopor que secuestra su risa
en las cuatro paredes que se le hunden
cuando está sola como un espectro
cuando está sola como un ser contingente
que pulula por ahí sin más función que hacer bulto e incrementar
la muestra estadística
al responder estúpidas encuestas por la calle
que no valoran que ella es carmen la deliciosa
carmen la hembra que quiere comprobarse
la que me cubre suave y delicada como la lluvia
la que me baña hasta los huesos con sus besos
la que despierta de un letargo extraño
la que ansía entrar en mi cama
la que ansía recibirme
la de vagina líquida y magnética
carmen carmen carmen carmen
carmen que no se llama carmen.
TOMAS DIAZ M.
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