viernes, 28 de diciembre de 2007
Me cito con Alberto Olmos un domingo del mes de febrero por el centro de Madrid. Alberto es agradable, educado, un poco tímido, pero también curioso y despierto. Me dispara preguntas entre cafés y cigarrillos. Resulta ser un gran conversador, además de un lector compulsivo, un hombre entregado a la escritura y la lectura, un escritor comprometido con la literatura. Por lo demás, la entrevista que ahora presentamos es solo una muestra de alguno de los muchos temas que tratamos en aquella larga conversación.

Alberto Olmos (Segovia, 1975), es periodista y escritor, autor de las novelas A bordo del naufragio, 1998, (Finalista del Premio Herralde), Así de loco te puedes volver, 1999 y la reciente Trenes hacia Tokio (Premio Arte Joven de Novela de la Comunidad de Madrid), una novela sobre Japón, pero también sobre la soledad, repleta de pequeñas historias dibujadas con una mirada irónica y poética, que nacieron en el blog www.lacoctelera.com/hikikomori.

La visión de Japón en la novela siempre a través de los ojos del David, el narrador- resulta un tanto fría. ¿Has querido alejarte del exotismo intencionadamente o se trata de un recurso narrativo?


Cuando empecé a escribir el libro ni siquiera ponía el nombre de las ciudades: me los inventaba. Tampoco afirmaba que alguien hablaba japonés, sino que hablaba el idioma A. Esto lo hice, respondiendo a tu pregunta, precisamente porque quería alejarme del exotismo, no despistarme, no dejarme deslumbrar por el elemento turístico e ir a lo puramente humano. Luego, al poner los nombres y las denominaciones originales, me alegra comprobar por tu lectura que el libro no se ha vuelto demasiado colorista.



¿Qué interés tiene Japón para un occidental? ¿Y para ti?


Por lo que siempre he visto, mucho. Ya sabes: comida, ropa, decoración (sobre todo, los kanjis) están siempre de moda. Creo que eso obedece a que lo folclórico japonés es mucho más elegante y sobrio que lo folclórico/tradicional de otros países.


Siempre has alternado la escritura periodística y de viajes con la literatura. ¿Encuentras alguna relación entre estos campos? ¿En tu caso se podría decir que la literatura se filtra en tus escritos periodísticos? ¿Y al revés?


La diferencia que yo puedo establecer es la de que hay escritos que hago por dinero y escritos que hago por pasión. En los remunerados, trato de que se filtre la mayor profesionalidad posible; y en los apasionados procuro filtrarme yo mismo en cuerpo y alma.


La novela intenta sugerir por medio de la mirada del narrador. ¿Es una manera de abordar la realidad? ¿Crees que la realidad esconde un sentido que no solemos ver?


Considero, para empezar, que soy de los pocos que aún creen en la realidad; esto es: que hay una realidad. También creo en la gente normal. Luego, como escritor, trato de buscar una faceta de la realidad que me parezca interesante o, muy a menudo, perturbadora. Después intento narrarla con la mayor impiedad y falta de pudor posible; y luego me sorprendo a mí mismo del mundo en el que vivo.



Creo que esta novela empezó siendo una escritura de relatos que fuiste colgando en tu blog, de manera que muchas personas ya habían leído la novela o gran parte de ella. ¿Hasta qué punto los blogs influyen o pueden influir en la manera de escribir actual?


Bueno, creo que eso aún está por ver. En mi caso influyó como aliciente. Había algunos lectores (muy pocos) y sus comentarios reclamando alguna historia más he de reconocer que me animaban bastante. En cuanto al estilo, también es posible que un blog promocione los textos cortos y todavía más enfocados hacia el lector que la escritura tradicional.


Volviendo a Japón. ¿Te interesa algún tipo de manifestación artística de este país: manga, cine, literatura, arte?


El cine, mucho. Haruki Murakami, algo. Y todo lo demás, de manera razonable. Pero antes de ir no estaba especialmente interesado en Japón.


Haber sido finalista del Premio Herralde con tan solo 23 años, ¿es un peso o una motivación?


Yo nunca pensé que había quedado finalista del Premio Herralde: siempre pensé que había publicado con Anagrama, dizque la mejor editorial de España. Aún hoy lo pienso. De hecho, en el caso de Trenes hacia Tokio no pienso que he ganado (oh) el premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, sino que he publicado con Lengua de Trapo, nuevamente la mejor editorial de España. Los premios son un poco de mal gusto.


¿Hasta qué punto es importante escribir aportando experiencias de uno mismo? ¿Hay que vivir para escribir?


Creo que son dos preguntas diferentes. Hay que escribir aportando cosas de tu vida, pero no por eso has de alistarte como periodista para ir a Irak y ver niños despanzurrados. Yo creo religiosamente en los escritores que dejan su sangre (aunque decirlo así suene algo fanático), en aquellos que escriben sobre lo que les duele; y, en el mismo sentido, descreo de los que se dedican a escribir novelas sobre lo que dice el periódico que nos preocupa a todos, que siempre son cosas que a nadie le interesan.


¿Qué es más importante para ti como escritor, leer, escribir o la experiencia personal? ¿Hay otras influencias en tu escritura, cine, música, arte, etc?


Mi experiencia personal, sin duda. Si mañana me hacen ministro de cultura, ten por seguro que escribiré una novela sobre un ministro de cultura, un ministerio de cultura o un presidente del gobierno. A tu segunda pregunta, honestamente, no sé qué contestar.


¿Piensas que la novela como género literario está agotado?


No, en absoluto. Es un género que nos sobrevivirá a todos.


Tus novelas están escritas con cierta fragmentación estructural. ¿Cuál es tu interés a la hora de abordar una novela en su estructura?


El hecho de que esta novela proceda de un blog es lo que hace que su estructura no sea ni siquiera lo que yo querría para una novela. La estructura, para mí, lo es todo, y trato siempre de crear una maquinaria novedosa, sorprendente, incluso arriesgada. En A bordo del naufragio se ve claramente. La idea es que, como novela, un texto no sólo le llega al lector palabra a palabra (como sucede en el cuento) sino que hay un elemento modular que también tiene su efecto. Esa escritura pensando en módulos (en partes de la novela, vamos) es la que constituye la idea axial de mi concepto de estructura. Todo esto tiene su plasmación real en mi próxima novela, que va sobre el talento.


¿Crees que la realidad más moderna -tecnologías, publicidad, moda, economía- es algo importante para las novelas? ¿Te interesa especialmente como novelista?


Creo que alguien, en todo tiempo, tiene que contar lo que está pasando a su alrededor. Yo, por ejemplo, sólo tengo interés en lo que pasa a mi alrededor. Me trae completamente sin cuidado la Edad Media, la Luna y Mongolia. Y si a mi alrededor veo un mundo donde las marcas comerciales delimitan de hecho el modo de pensar de la gente, donde la tecnología se ha popularizado hasta convertirse en fundamental, y donde Internet está creando nuevos tipos de relaciones humanas, lo normal, lo profesional y lo tentador (también) es contarlo.


¿Qué esperas de Trenes hacia Tokio?


Que guste mucho y me haga rico. Lo digo en serio.



¿Puedes adelantarnos algún proyecto?


Ya comenté más arriba la existencia de una novela, escrita en paralelo a Trenes hacia Tokio, que trata sobre el talento. Me gusta mucho el libro, entre otras cosas porque supera por fin las 300 páginas (parece que no podía yo hacer mas allá de 200), porque no trata estrictamente sobre mí, porque exploto al máximo el elemento fabulador y porque, al estar ya escrita, no tengo que pensar en mi próximo libro con el horror vacui habitual. Espero que me la publiquen muy tarde, la verdad.

Esta entrevista ha sido robada, a la revista DERIVA DIGITAL.
ella solo habla de literatura y cine .

Tags: deriva, digital, literatura, cine, cigarrillos, cafes

Publicado por Chemarubiov @ 20:14  | ENTREVISTAS
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