Y Ángel González no lo sabe.
Ángel ha visto tres veces a Dios en su vida,
pero ninguna de las veces se creyó.
Los camareros eran sus cómplices:
-Termine usted su copa, Señor Ángel,
que nosotros le esperamos.
Y el poeta seguía la conversación
en la esquina del bar donde menos molestara.
Una vez, vi los ojos del Maestro
bajando en una delirante tarde
por el deslizante tobogán que formaban
dos pechos de mujer en brasas:
y aun estará buscándolos.
En la Residencia de Estudiantes
su tos omnipotente no dejaba
a la boca expresarse con las palabras del tiempo,
un escalofrío recorrió los cuerpos,
unos vasitos de vino curaron al enfermo
que pudo olvidarse de sus años
y dar voz a su última lectura.
Un hombre al salir de los aseos,
con una boina salvadoreña
se encontró con el Poeta
y su boina negra.
-Hola. Solo quería saludarlo.
Y entregarle este librito.
Que si tiene ocasión de leer,
algún poema le recordará
A La Nava y su amigo J.G.de Biedma.
Entre sus manos quedó
"Amor Entre-Guerras Devuelto"
y yo me llevé aquella voz serena,
sus ojos siempre de este mundo
y el calor de su mano amiga
en la palma de un camarero.
Chema Rubio V.
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