Lunes, 21 de enero de 2008
Los muertos est?n ebrios de lluvia antigua y sucia
all? en el cementerio extra?o de Lofoten.
El reloj del deshielo tabletea lejano
entre los ata?des s?rdidos de Lofoten.

Y gracias a las fosas que el entretiempo ahueca,
con fr?a carne humana los cuervos se han cebado,
y gracias al delgado viento con voz de ni?o,
dulce para los muertos es el sumo en Lofoten.

Ya no ver? jam?s, jam?s sin duda,
ni la mar ni las tumbas de Lofoten,
y sin embargo hay algo en m? que me hace amar
ese rinc?n extremo y toda su congoja.

Suicidas, alejados y desaparecidos
del cementerio extra?o de Lofoten
-?que raro y dulce suena su nombre a mi
o?do!-
decidme si es verdad que all?, que all? dorm?s.

Bien podr?as contarme cosas m?s ocurrentes,
clarete que rebasas en mi copa de plata;
historias m?s amables o menos alocadas
y dejarme tranquilo con tu eterno Lofoten.

Que est? habiendo buen tiempo y suave se desliza
en el hogar la voz del mes m?s melanc?lico.
?Ah, los muertos, los muertos, aun los de
Lofoten;
los muertos, en el fondo, lo est?n menos
que yo...!





DESPERTAR

En un pa?s de infancia recuperada entre lagrimas,
en una ciudad con latidos de corazones muertos
(todo un arrullador zurco de latidos de vuelo,
de latidos de alas de los p?jaros de la muerte;
de chapaleos de alas negras sobre el agua de
muerte),
en un pasado fuera del tiempo, enfermo de
arrobamiento,
los gratos ojos dolidos del amor arden todav?a
con un fuego manso de mineral rojizo, con un
triste encanto,
en un pa?s de infancia recuperada entre
l?grimas...
Sin embargo, el d?a llueve sobre el vac?o
absoluto.

?Por que me has sonre?do en la gastada luz,
y por que y como me has reconocido,
extra?a muchachita de arcang?licos p?rpados,
de reidores, azulados, suspirantes p?rpados,
hiedra de noche estival sobre la luna de las piedras?
?Y por que y como, no habiendo jam?s entrevisto
ni mi rostro ni mi duelo, ni la miseria
de los d?as, me has reconocido tan de pronto,
c?lida, musical, brumosa, p?lida, amada?
?Por quien morir en la noche inmensa de tus
p?rpados?
Sin embargo, el d?a llueve sobre el vac?o
absoluto.

?Que palabras, que m?sicas terriblemente caducas
se estremecen en m? con tu presencia irreal,
sombr?a paloma de los d?as lejanos, tibia, bella?
?Que m?sicas en eso se estremecen durante el
sue?o?
?Bajo cuales frondas de soledumbre antiqu?sima,
en que silencio, en que melod?a o en que
voz de ni?o enfermo volver a encontrarte,
oh bella,
oh casta, oh m?sica escuchada en el sue?o?
Sin embargo, el d?a llueve sobre el vac?o
absoluto.





CUANDO ELLA LLEGUE...

Cuando ella llegue, habr? gris o verde en sus
ojos,
verde o gris en el r?o?
La hora ser? nueva en este porvenir tan viejo,
nueva pero tan poco novedosa...
?Antiguas horas en las que se ha dicho todo, visto
todo, so?ado todo:
no os imagin?is como os compadezco...!

Habr? entonces otro hoy y ruidos de ciudad
tal como los de hoy y siempre - ?duras
experiencias! -,
y olores - seg?n la estaci?n - de septiembre o
de abril.
Y un falso cielo, y nubes sobre el r?o.

Y palabras - seg?n la ocasi?n- alegres o
sollozantes
bajo cielos que se regocijan o que llueven,
porque nosotros habremos vivido y simulado
- ?ay! - ?tanto y tanto
cuando ella llegue con sus ojos de lluvia sobre
el r?o!

Y habr? tambi?n (voz del hast?o, risa de la
impotencia)
el viejo, el est?ril, el seco momento presente,
pulsaci?n de una eternidad hermana del silencio;
el momento presente, tal como este momento.

Ayer, hace diez a?os, hoy, dentro de un mes,
horribles expresiones, pensamientos muertos, pero,
?que importa!
Bebe, duerme, muere, es preciso librarse de s? mismo
de una u otra manera ...








El genio de Milosz y la plegaria de la poes?a
por Oscar Portela

Distinguir con meridiana claridad la diferencia que separa lo que Heidegger denominaba "stimung" - suspensi?n de sentido que afecta lo ontol?gico, (del mero "estado de ?nimo" psicol?gico), por lo que el fil?sofo alem?n denominaba "temple de ?nimo" ,"temple" es la temperatura a trav?s de la cual los metales alcanzan sus estados ideales, resulta, entre much?simos nudos gordianos, absolutamente necesario para enfrentarse a la obra po?tica, y contradictoria o paradojalmente, a la del vidente lituano Oscar Wladislao, conde de Lubicz Milosz.

Qui?n fue o qu? fue en esencia Milosz, es pregunta que puede a?n alzarnos y alcanzarnos como un rayo, cuando de clasificar o buscar genealog?as de obras se trata. El mism?simo Adolfo de Obieta comete el error de enumerar una larga lista de esp?ritus afines por el hecho de compartir, aspectos parciales de cualidades como el esoterismo, la nigromancia, la videncia, el hermetismo, citando desde Pit?goras a Wroski, Novalis, H?lderlin (poetas), hasta Bach, Wagner (entre los m?sicos), Swedemborg, (entre los visionarios) (as? clasifica Obieta la traducci?n de Lisandro Z. D. Galtier), como Blake, entre los pintores (aunque Blake haya sido mucho m?s que un pintor), Cyrano entre los utopistas ?vaya exageraci?n!, hasta Hesse entre los novelistas.

Estas genealog?as son amalgamas, que antes de singularizar y poner entre comillas la obra de un creador y la creaci?n en estado de skepsis (preguntar es la plegaria del pensamiento), escribe Heidegger en "Preguntas Fundamentales", confunden y, bajo la necesidad de presentar presuntas afinidades, amontonan y enturbian.

Comencemos pues admitiendo que Milosz fue un poeta de cabo a rabo en sus primeros poemas, en sus poemas cortos, y que la l?gubre letan?a cercana a la de Poe, distingui? desde el principio, el duelo inacabable que se prolong? tr?gicamente en su b?squeda plotiniana del Uno "de la palabra ?nica", dir?a Derrida que pudiera devolver al ni?o exp?sito, despose?do de las im?genes madres y del ?tero de los arquetipos, la condici?n deyecta- ca?da- del mortal, por no decir abyecta.

Basta decir que Milosz trat? a Fulcanelli para creer que todas las contestaciones est?n al alcance de la mano? La genealog?a de Milosz es tan antigua como moderna: me atrever?a a decir que Milosz ser?a t?picamente un poeta moderno si su lenguaje, si su ropaje est?tico, no lo arroparan de un peculiar expresionismo, que nos lo muestra embarcado en la b?squeda del Uno ?el innombrable> que ?l, sin embargo, se atreve a nombrar, porque dice "ver y describir lo que ve". El poeta p?nico, el poeta dionisiaco, convive con los Dioses, juega con ?stos y es v?ctima de la crueldad de toda trasgresi?n que no permita "ver" aquello que no puede ni debe ser "objeto" del deseo mortal, como le sucede a Acte?n. Pero el todo heracliteano est? lleno de Dioses, y el Uno ?barro primordial hasta el que tenemos que bajar para reencontrarnos con los inm?viles arquetipos parmen?deos, a los cuales el hombre ha abandonado y por lo cual paga con la c?rcel del tiempo, en la traducci?n de Diels de la frase de Anaximandro..

En verdad es el alma un extra?o en la tierra y el hombre un " nonato" a?n interpreta Heidegger a Trakl, y esta feroz nostalgia, igual que la de Rimbaud cuando afirma que a?n no estamos aqu?, que no es ?sta la verdadera vida, claro en ?stos poetas sin apelar a la trascendencia de un mundo inteligible son fen?menos expresamente modernos.

De todos los creadores en los cuales la melancol?a de un para?so perdido hace carne, s?lo Nietzsche mira hacia el futuro. Las naves han partido y no existe ni el arriba ni el abajo, ni puertos donde guarecerse de las tormentas, menos aun la sombra de los arquetipos de soles muertos, mientras los simulacros nos muestran que lo que Blanchot denomina fragmentaci?n, dispara sobre el poeta moderno su salva de letales perdigones.

"Bienvenida seas, soledad, madre m?a", escribe Milosz despu?s de haber llevado a Miguel de Ma?ara (Don Juan Tenorio) al purgatorio del arrepentimiento y a confesar que existe un solo amor que es el amor de "aquel que no puede ni debe ser nombrado". Debemos reconocer que Milosz, si bien no las busca , aunque elementos de ?ndole est?tica le sobran, encuentra en su camino de despojamiento est?tico algunas de las im?genes m?s bellas de la poes?a contempor?nea.

Su sentido de amor a la naturaleza (Y, en la noche fragante, la jaur?a de la melancol?a ladra en sue?os), resulta siempre vencido por el pavor: sin embargo el zumbido de la reina de est?o,- la abeja- revolotea de vez en cuando por sus p?ginas.

La madre Lituania, la madre carnal,- pero solo simb?licamente, porque se trata de la madre que pare sin engendramiento- lo han expulsado de aquellos "?Antiguos d?as, antiqu?simos d?as, tan bellos, tan puros!". Pero el pavor, afirm?bamos, el p?nico, solamente comparable al de Poe, pueden con el poeta que necesita lo que algunos denominan el "camino ascensional" que lo llevar? al encuentro de aquello que Plat?n no encontr?: "el huevo solar". El centro luminoso del Universo en el cual se mece increado a?n, la archiescritura de los arquetipos: el ni?o de los ni?os antes de su fecundaci?n.

Milosz dice en su obra cumbre e inclasificable "El c?ntico del conocimiento": "Yo he visitado los dos mundos. El amor cond?jome hasta lo m?s profundo del ser".

Lo que hasta el momento se ha llamado poes?a, constituye para Milosz un llamado al desierto de los s?mbolos que son meros simulacros. La tierra es la tierra bald?a, en la cual la antigua raza que a?ora, suprim?a las dicotom?as de noche y dic, de movimiento y dinamismo - el devenir-, y lo que denomina el "lugar" - el "Das-Sein" dir?amos hoy-, en una repulsa de lo temporal, en un tiempo anterior al tiempo, y en esa raza anterior a toda raza, que no sean la de los lemueles servidores de Dios, donde se establece el "p?ramo" y la din?mica de la "separaci?n".

Y tambi?n escribe: "Yo escribo lo que veo". Y tambi?n escribe: "Yo he visto. Y quien a visto cesa de pensar y de sentir. Solo sabe describir aquello que ha visto": ?Y que ha visto el poeta vidente?:

"Porque hay un pa?s donde el ser esta solo/ frente a s? mismo./ All? ?l se ama, y se desposa/ y se crea./ All? se glorifica./ Y el sitio es denominado por tus semejantes:/ Lugar/ de la Conjunci?n,/ de la Femineidad Eterna y de la/ Vida". Solo desde ese sitio universal es posible ver sin conturbarse y leer la graf?a de la verdadera escritura ( la archiescritura derridiana ), en la que podemos volver a ponernos en contacto con el absoluto, todo ello antes de la "ca?da, la L?nea Recta, la primera".

Empero, si el absoluto es s?lo el margen m?vil de la temporalidad, ?qu? funci?n cumple ya aqu? el lenguaje que s?lo constata, que ya no puede ni debe salmodiar lo incognoscible?

El hermetismo puede desconstruirse. La m?stica termina en el silencio de la noche oscura del alma. La locura abre puertas impensadas al lenguaje como queda expl?cito en la obra de H?lderlin. Milosz termina en el Ofertorio, en la Misa Sagrada, desde cuyo p?lpito s?lo se puede volver a dictar un nuevo canon moral: el dictare ( la orden) de una palabra que abre el camino hacia una visi?n maniquea del mundo. La feroz lucha entre la luz y las sombras ?m?s ac? del bien y del mal?,*, en la cual siempre puede escribirse -no lo hizo David- un nuevo manual de moral sobre lo cual caminan s?lo los genios, porque de este modo, la humild?sima poes?a, puede perder su calor humano y terrestre, que es lo ?nico que la justifica ante los ojos imp?os de los hombres.

La obra de Milosz permanecer?a despu?s de un siglo desconocida, tal como ?l lo hubiese desado, si Lizandro. Z. D. Galtier, el gran poeta argentino de Lumiere du pampa, fundador del C?rculo Herm?tico "Les amis de Milosz" que llevaba en sus manos el anillo del leg?timo rey de Lituania, junto a Jaluc y otros, no hubiera hecho culto de la belleza a la que supo dedicar su vida el humilde y luminoso poeta europeo.

En sus ?ltimos a?os Galtier se empe?? en llevar a las tablas algo que tal vez tenga que ver con esa tradici?n que va de Calder?n a Hoffmanthal, y que parece tan lejana a nosotros ahora, pero no pudo sino desear algo que tal vez hubiera resultado anacr?nico, cuando Godot, ya no esperaba nada de la palabra soplada ni del absoluto.

Corrientes, 15 de junio de 2003

Tags: biografia, muertosebrios, ataudes, reloj, poeta, poe

Publicado por ChemaRubioV @ 20:46  | BIOGRAFIA
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