Mi?rcoles, 30 de enero de 2008
El asesinato de la memoria en Am?rica Latina Fernando B?ez El 13 de agosto de 1790, los mexicanos asistieron desconcertados al descubrimiento de una estatua de tres mil kilos y casi tres metros, distinguida por garras filosas y colmillos, adornada con una falda de serpientes y un collar de corazones, y se supo entonces que hab?a sido ocultada bajo tierra, en el siglo XVI, al igual que ocurri? con la ciudad de Tenochtitl?n, la gran capital de los aztecas. Se trataba de la representaci?n de la diosa Coatlicue, due?a de la vida y la muerte de los hombres. La obra fue transportada, con reservas, al patio de la Universidad de M?xico, donde una comisi?n de te?logos y eruditos admir? la gran habilidad del artista, elogi? su valor y, d?as m?s tarde, la rechaz? y sugiri? sepultarla otra vez porque su sola presencia despertaba el recuerdo agitado de la religi?n antigua entre los indios esc?pticos a las bondades del cristianismo que los hab?a devastada1. En 1804, el bar?n Alexander von Humboldt pidi? ver esta muestra de arte, cuya belleza hab?a llegado a sus o?dos, y las autoridades desconsoladas permitieron con resignaci?n que el sabio alem?n la examinara y luego procedieron a enterrarla de nuevo hasta 1892, fecha en la que el gobierno acept? que se expusiera al p?blico. Pero esta curiosa historia se repiti? el esperado 17 de diciembre del mismo a?o de 1790. Un grupo indiferente que trabajaba en la construcci?n del costado sur de la Plaza Mayor, descubri? la Piedra de Sol, un gigantesco y misterioso monolito con un calendario azteca solar y ritual. Desanimados, los frailes no encontraron otra forma de impedir una revuelta que adosando la obra a un muro de la Catedral Metropolitana, donde fue tiroteada por diversi?n, y s?lo la presi?n p?blica permiti? que este monumento extraordinario se conservase y fuese separado de las manos de la iglesia y llevado a un museo. La pol?tica de la conquista europea en Am?rica estuvo basada en la destrucci?n, encubrimiento y complicidad impar con la utop?a de la negaci?n y olvido de las culturas ind?genas: la vasta operaci?n de adhesiones estaba destinada a justificar el saqueo econ?mico. Pocos comprendieron que mientras mayor era el robo de materias primas, m?s impulsivo era el pillaje de la memoria colectiva2; cada crimen impune proporcion? excusas para aniquilar con m?s fuerza los s?mbolos de las v?ctimas; cada nuevo atropello demand? un proceso de transculturaci?n m?s acelerado. Fern?n P?rez de Oliva desenmascar? este prop?sito en su Historia de la invenci?n de las Indias, cuyo manuscrito estuvo perdido casi cuatrocientos cincuenta a?os y reapareci? en 1965. En su obra, este cronista insisti? en que el plan era ?dar a aquellas tierras extra?as forma de la nuestra?3, lo que desenfund? la teor?a de las maquetas exportables. El saqueo cultural de Am?rica Latina fue un etnocidio4, una destrucci?n premeditada para cercenar la memoria hist?rica de sus pueblos. Esto se hizo porque quienes asesinaron y robaron comprendieron pronto que ni su religi?n cristiana ni su cultura occidental lograr?a imponerse sin atacar las coordenadas principales de la memoria, que es el eje de la identidad. No hay identidad, ciertamente, sin memoria. Contra Am?rica Latina se perpetr? adem?s un cruel ?memoricidio? (t?rmino formado a partir de ?memoria? y la terminaci?n ?cidios? que significa asesinato). La identidad de Am?rica Latina ha consistido, como lo supo descifrar Rodolfo Kusch al apreciar la cultura quechua5, en ?estar o no estar? m?s que en ?ser o no ser?. Esta atractiva y armoniosa dial?ctiva fue atropellada y neutralizada por la implantaci?n de los nuevos valores. Si se entiende que cultura6 es toda tradici?n colectiva de representaciones adquiridas que otorgan especificidad, integraci?n y orientaci?n social transmisible7, puede asumirse que la conquista cultural supuso que los latinoamericanos perdieran los principales est?mulos de su identidad. Todo aquello que el hombre ha creado lo identifica y le da pleno sentido. En primer lugar, el origen: la migraci?n ha condicionado en casi todos los pueblos la necesidad de reconocimiento. En segundo lugar, el mito y la religi?n: la creencia y la fe le dan valor a la supervivencia. En tercer lugar, la lengua: sin comunicaci?n la cultura est? disminuida. En cuarto lugar, la historia, los valores, costumbres e instituciones. En quinto lugar, tecnolog?as. Todo esto forma el nexo del ?patrimonio cultural?8. A su vez, la identidad proporcionada por la cultura constituye un conjunto de memorias comunes9 que clasifica: pueden ser tribus, etnias, comunidades religiosas, naciones e incluso civilizaciones. La identidad, por tanto, se construye sobre estratos simult?neos y nunca est?ticos de sentido de pertenencia, abstracci?n categorial (espacial-territorial, conductual, temporal) y dinamismo jer?rquico. La integraci?n de estos componentes, que no suele ser r?pida en el acontecer hist?rico, constituye la base estable de comportamientos de reacci?n, reflexi?n o acci?n que producen significados, formatos y pautas de gesti?n social. Pero la identidad depende de la continuidad del entorno y si alteran sus memorias queda mutilada. Un pueblo sin memoria, en cierto sentido, es como un hombre que ha quedado amn?sico porque le han lavado el cerebro o ha sufrido un golpe en la cabeza: no sabe lo que es ni lo que hace y es presa fortuita de quien lo rodee. Puede ser manipulado. El saqueo cultural de Am?rica Latina hizo decir al cronista Sahag?n: ?[?]Esto es lo que, literalmente, ocurri? a los indios con los espa?oles. Fueron hasta tal punto pisoteados y destruidos ellos y toda su sociedad que no les qued? ya ninguna apariencia de lo que eran anta?o?.10 Pero no debe falsificarse la historia atribuyendo exclusivamente a los espa?oles esta mentalidad destructiva: casi todos los europeos sucumbieron a sus propios fantasmas en Am?rica. Y luego lo hicieron los Estados Unidos, que apenas consideraron a la regi?n como su patrio trasero. NOTAS FINALES AL TEXTO 1 Paz, Octavio. In / mediaciones. Seix Barral, Barcelona, 1981, pp. 51-52. 2 La memoria colectiva se entiende aqu? como una base de datos sociales que proporciona un repertorio de s?mbolos y representaciones a los problemas que plantea la supervivencia, entre los que sobresale un esquema de identidad. La memoria ?tnica o etnomemoria, como la denomin? Andr? Leroi-Gourhan (El gesto y la palabra. Venezuela, Universidad Central de Caracas, 1971) fomenta el miedo al olvido. Ante todo, el principal punto de referencia es un conjunto de mitos fundacionales y experiencias. Con miras a dar continuidad a los mitos, se elaboraron rituales que fijaban los c?nones de organizaci?n con miras a la reactualizaci?n permanente de las creencias principales del grupo. 3 Historia de la invenci?n de las Yndias; Historia de la conquista de la Nueva Espa?a / Fern?n P?rez de Oliva; edici?n, introducci?n y notas de Pedro Ruiz P?rez, Universidad de C?rdoba, 1993. 4 El etnocidio o destrucci?n cultural precede o es simult?neo a la transculturaci?n, un proceso m?s creativo y producto de una intenci?n de dirimir el conflicto entre un grupo dominante y otro dominado por medio de la subordinaci?n o integraci?n del ?ltimo a nuevos esquemas de identidad. En el contacto, las dos sociedades se transforman desde una primera fase de conquista, una segunda fase de reconocimiento, apropiaci?n e interacci?n, una tercera fase de ajuste con o sin rebeliones y una cuarta fase en la que se crea la autoestima social. Del etnocidio s?lo quedan ruinas y resentimientos prolongados; de la transculturaci?n puede emerger la transferencia de tecnolog?as, costumbres, valoraciones, concepciones, signos y discursos, lo que se conoce como convergencia, heterogeneidad e hibridizaci?n en todos los ?mbitos culturales. 5 Rodolfo Kusch. America Profunda. Editorial Bonum, 3ra. Edici?n, 1986, pp. 89-98. 6 En la etimolog?a de la palabra ?cultura? hay una pista para rastrear el t?rmino: sabemos que procede directamente de ?culto?, que ser?a el verbo ?colo? en lat?n, con la salvedad de que la ra?z indoeuropea es kwel-, que significar?a ?hacer girar? ?dar la vuelta?, ?estar o establecerse all?. Algunas palabras, y valga el comentario curioso, estar?an relacionadas con cultura: es el caso de ?colonia? o ?ciclo?. El momento que cre? esa met?fora ?cultivo-cultura? puede leerse en las Disputas Tusculanas (II, 13) de Cicer?n: ?no todos los ?nimos cultivados dan frutos. Adem?s, para moverme en el mismo s?mil, as? como un campo, por f?rtil que sea, sin cultivo no puede ser fructuoso, as? el ?nimo sin doctrina?. Hacia 1515, la palabra cultura ya estaba presente en la lengua castellana. 7 La definici?n que doy no est? ajena al debate. Alfred Louis Kroeber y Clyde Kluckhohn publicaron A critical review of concepts and definitions (1952) con ciento sesenta y una definiciones de cultura; en 2005, un equipo liderado por John R. Baldwin elabor? en Redefining Culture: Perspectives Across the Disciplines un cat?logo con trescientas definiciones, insuficientes porque s?lo inclu?an versiones inglesas. Hoy se estima que existen cuatro mil conceptos extendidos a las diversas disciplinas del conocimiento. Esto puede dar una idea de la complejidad del tema. 8 En el sentido etimol?gico, la palabra castellana ?patrimonio?, etimol?gicamente, proceder?a del lat?n y mucho antes del griego antiguo: ?pater? (padre) y ?moneo? (recuerdo), lo que vendr?a a ser, si se acepta, ?recuerdo de los padres?, esto es, memoria de aquello que alude al padre. En el derecho romano, y no debemos olvidar que la palabra derecho (?ius?) derivaba de una ra?z s?nscrita que aludir?a al verbo ?ligar? o ?unir?, el ?patrimonium? abarcaba el conjunto de poderes y deberes heredables por el ?pater familias?, que era la cabeza legal del n?cleo familiar. Hacia el siglo XIV esta palabra quedar?a establecida; hoy sigue predominando su concepci?n como herencia o legado transmisible a nivel personal o colectivo que podr?a ser material o espiritual y que constituir?a una parte ontol?gica inseparable que convoca y a la vez evoca una condici?n insoslayable. Hay una asociaci?n de matriz entre el patrimonio y la noci?n de lo temporal en el sentido de una tradici?n de lo antiguo, lo sagrado y lo colectivo. 9 Entre los factores de memoria colectiva que asimilan o diferencian: Actitudes, alimentos, arte, celebraciones, ceremonias, ciencia, concepciones del mundo, conductas, conocimiento, convicciones, costumbres, emociones, epistemolog?a, estilo, ?tica, expectativas, filosof?a, h?bitos, h?roes, herramientas, ideolog?as, lenguaje, leyes, literatura, met?foras, mitos, or?genes, presunciones, procesos cognitivos, prop?sitos, regulaciones, relaciones, religi?n, rituales, sentimientos, significados, s?mbolos, sistemas de comunicaci?n, valores y ruinas.
10 Historia General de las cosas de la Nueva Espa?a,
I, M?xico, 1956, p. 29


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Tags: OCTAVIOPAZ, estatua, indigena, castellana, padre, review

Publicado por ChemaRubioV @ 21:06  | ENSAYO
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