judith roland
mirando a la distancia
las nubes se deslizaban meticulosamente
como moluscos, gotosas,
preñadas de equimosis
el viento con ínfulas de reivindicador
aleister de alcantarilla
rasgaba a jirones la vestidura esclerótica del cielo
con faunesca impiedad
esparciendo con deleite
las cárdenas contusiones
a todo lo largo y ancho de la lívida
imperturbabilidad del horizonte-párpado inferior
estrellando granitos de tierra seca contra los rostros
infestando de piedras diminutas el cabello
mezclando tierra con nuestro chicle
en espirales robaba láminas y ropa del tendedero
enarbolaba ramas y troncos carcomidos
como un consumado ladrón escatológico
a inmediaciones de una tarde
de noviembre diferido
esa idea de las espirales fue sólo una hipótesis
nuestra experiencia no pudo confirmar su grandeza
lo cierto es que hizo un regadero de espumosa cerveza
en medio de la fiesta
los miserables taparrabos de las covachas
fueron su predilección
los tenía en restallar lascivo
entre los vahos polvorientos del cigarro de Dios
marca PaYaSoS
y en aparente huida -luego advertimos que era
parte de su juego-
sólo se escuchaba su jadeo de escolar pendenciero
corriendo por las rampas de los callejones
después de la riña: hurtándose como una araña
era que tomaba impulso para sorprender con otra
de sus patadas
patojo mocoso, siseando las burlas,
de un golpe descolgó todas las quijadas
arrebatándonos el afán de protagonismo
al menos por unos días...
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