Jueves, 21 de febrero de 2008
Después del huracán el huracán se desató.

El Mitch puso su ojo sobre las estructuras de miseria
hondureña, desparramó comunidades enteras, hizo huir
hacia el norte a los que por miles, de pronto se
quedaron sin tierra ni empleo.

La ley no fue capaz de rehacer el orden, la
precariedad de la ley fue hecha polvo.

Nuestro cataclismo no fue signado por la guerra: lo
fue por la naturaleza, por la invisible y descomunal
fuerza que no tiene moral y que tampoco se puede
confrontar.

Hace diez años, vienen sucediéndose informes sobre el
estado mental del hondureño común: esquizofrenias en
índices alarmantes, profundas depresiones, más de las
que comunmente se imagina. Hace diez años se vienen
persiguiendo, uno tras otro, los informes sobre la
intensidad de nuestra pobreza, esa que se salta la
forma y empieza o formar esencias humanas,
integralidad en el pensamiento, naturalidad en las
acciones.

Matar ya no asquea, hace babear, hace estadísticas en
el morbo.

Incendiados en penales y autos

Acribillados en penales, en buses, en autos en marcha.

Coches bombas, violaciones, vendettas sistemáticas.

Nuestra guerra no tiene bandos, somos manadas de todas
las especies encerrados en un valle, acechándonos,
atacándonos.

La paranoia se ha disparado, nuestra alegría es sucia
porque si celebramos, la adrenalina va en busca de la
sangre, el frenesí de la sangre.

Cada fiesta tiene su muerto, cada muerto tiene su
carnaval en los diarios.

Hace diez años se suceden informes sicológicos sobre
el estado mental del hondureño vapuleado por la
miseria, y la miseria no es una simple casa con piso
de tierra, la miseria es la casa del alma, la
encerrona que el sistema social le ha impuesto al alma
del hondureño encerrado por las montañas, sin
horizontes, sin nada.

Eso de seguir preguntándose del por qué se mata a ocho
personas por una furia desconocida es una falacia.

Las primeras palabras que dijo el asesino de la
Quesada y de Cantarranas a la niña que sobrevivió,
fueron: "En esta casa, ahora yo tengo el
control...esperate, ya veré qué hago con vos" (fuente
policial)

Matando se tiene el control, un especie de ojo de
huracán mental, una paz bizarra, una calma donde silba
el viento como entre las flores de un verde campo.

Antes del huracán, está siempre el huracán.

Lo ves en los ojos de miles, esperando.

Este horror es el mismo que han de sentir en Bagdad,
justo antes de salir de compras a las plazas.

No estamos nada distantes.

Fabricio Estrada
(despúes de la masacre perpetrada por un solo
individuo de 21 años contra 8 personas, 5 de ellas
familiares. Una de las víctimas tenía 5 añitos)
 
 


Tags: honduras, asesino, horror, muerte, familia, huracan

Publicado por ChemaRubioV @ 18:58  | POESIA
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