Lunes, 24 de marzo de 2008

Yo custodio a don Ramón

Roberto Quesada
Difícil es creer, incluso cuesta asimilar, que cuando algo o alguien
en Honduras es bueno, los primeros voluntarios para coger pala son
quienes podría sospecharse deberían de ser los más solidarios con
quien pretenden sepultar, son, por decirlo así, la misma gente que
anda en la misma ruta ideológica, política, cultural o social.
Y el caso de los opositores a la reelección del Dr. Ramón Custodio
López en el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH),
no es la excepción, como puede sospecharse existen algunos
supuestamente cercanos a él, aunque sea ideológicamente, ya que
sanguínea sería demasiado, que estuvieron pujando y empujando porque
no fuese reelecto.
Esa es una verdad catracha, esa verdad que nos atrasa, nos congela,
nos hace regresar diez peldaños de los doce escalados.
Pregunto a mis lectores: ¿Quién conoce a un tal Hernán Antonio
Bermúdez? La respuesta colectiva es: Nadie. Bueno, se trata de un
izquierdista de derecha que ha pasado su vida haciendo nada, dizque
representando a Honduras.
Tenía dientes de leche para ser un buen crítico o académico pero lo
abrumó la burocracia, la pereza, y lo dejó allí, en una retahíla de
recuerdos. Este es un buen ejemplo de esos hondureños que no hacen
pero que tampoco dejan hacer. Y que se dedican a cuestionar, o dicen
ellos en su ensueño, a ignorar a aquellos que sí hacen.
Así como el caso del tal Toni, de gente que se creen realeza en un
país que lo que en realidad tiene es extrema realidad, o, mejor
dicho, extrema necesidad, existen otros tantos a los que nadie se
atreve a quitar la careta por miedo al despido, entierro o destierro…
En verdad que ellos creen que hay cosas que no cambian. Y sí cambian.
Dentro de ese contexto se ubica un artículo del poeta hondureño José
Antonio Funes (firmado en Orléans, Francia, un poco más cerca de
Estocolmo que Nueva York), en donde Funes se refiere a los logros
obtenidos por la ODECO, hecho que me consta y ya escribí lo
impresionante que es visitar el Centro Cultural Satuyé, en La Ceiba.
Apunta Funes: “…nadie puede dudar de que ODECO, bajo el liderazgo de
Céleo Álvarez Casildo, ha sido una organización que se ha fortalecido
no solamente en las luchas sociales, sino también culturales,
logrando coronar importantes proyectos de desarrollo. Uno de sus
grandes logros está a la vista, y es el imponente edificio con que
cuenta, abierto siempre a todos, garífunas y no garífunas…” (Tiempo
13/03/08).
También Alvarez Casildo como Custodio, tienen detractores que
desfallecen por relevarlos bajo cualquier pretexto, a pesar de que
ellos han demostrado con hechos y palabras su destacada labor al
frente de las respectivas organizaciones. En cambio, los aspirantes a
relevo no cuentan sino con la saña que pretenden convertir en
histórica hazaña.
Sustitutos y sustitutas abundan, pero nadie garantiza que tengan
tanta capacidad como a quienes pretenden derrocar. No es malo aspirar
o pretender convertirse en el timonel, pero para ello hay que saber
conducir la nave y tener certeza de que se conoce el camino para
llegar al destino. Existen herederos peligrosos, que desean el final
del padre para saltar con voracidad sobre la fortuna que les dejará
su precursor. Muchas veces la fortuna se convierte en desafortunada,
como en el caso del Codeh, que una vez relevado su creador y
presidente, Dr. Ramón Custodio, se ha convertido en algo casi
inexistente, invisible. No hay duda que el carisma, presencia,
perseverancia y tesón no son cosas que pueden heredarse a otros sólo
por que sí… Allí se acuña bien aquello de que: “Lo que natura no da…”
Conocí al Dr. Ramón Custodio López sin conocerlo. Cuando digo sin
conocerlo me refiero a que no lo había visto nunca físicamente. Lo
conocía por los medios, por lo que hacía y ejercía en la terrible
década de los ochenta. Y por esas cosas increíbles que nos suceden a
los escritores, sin ser médico me encontré de repente en una fiesta
de médicos en Honduras (lo mismo me sucedió en San Antonio, Texas,
sin ser astronauta ni nada parecido un día de repente, casi sin
saberlo yo, estaba allí en una fiesta de la NASA con científicos,
astronautas, técnicos, etc. Eso no es extraño que suceda a un
escritor), pero la fiesta de médicos a la que me refiero tenía un
toque especial: allí se hablaba más que de nadie del Dr. Ramón
Custodio en contra, se decía cosas como que él abandonaría esa causa
una vez tuviese no recuerdo que cifra monetaria, que lo hacía para
sobresalir, etc. De aquellos médicos quizá hoy ya no se sepa nada, el
Dr. Custodio sobrevivió a sus encendidas lenguas viperinas y a muchas
más.
También conocí al Dr. Custodio en las calles, portando al frente
pancartas como escudos a favor de los derechos humanos, de la
dignidad humana, de la vida. Con su vida reclamaba justicia por la
vida de otros y otras. Y así como estaban las cosas uno esperaba de
un momento a otro la terrible noticia de que hubiesen desaparecido o
asesinado al Dr. Ramón Custodio López. Sin duda que jugárselas así
como se las ha jugado el Dr. Custodio no puede ser por vanidad ni por
notoriedad sino solamente por estar convencido y creer en una causa.
Recuerdo que una vez llegué a una casa en donde había desaparecido un
muchacho, hijo de un clase u oficial de las Fuerzas Armadas. Después
de un par de horas de que el muchacho no regresaba, no sé si de la
escuela o del colegio, el padre agarró un fusil y dijo que iba a
buscar y a matar a Ramón Custodio López. Le pregunté por qué, él dijo
que porque su hijo había desparecido y Custodio protegía a los
familiares de los desaparecidos del otro bando, quiso decir, de los
civiles. Estuve con él allí conversando, tratando de persuadirlo de
que no fuese a hacer una locura, pues ya se había puesto el uniforme
camuflaje y estaba con el fusil entré sus piernas allí en el porche
de la casa. De repente apareció el muchacho, que en realidad no había
desaparecido sino que se había quedado a jugar con un compañero a
unas cuantas cuadras de su casa.
Así como esta anécdota que es completamente real, que no le conté al
Dr. Custodio sino hace unos cuantos años, quizá ha habido muchas más
en que la vida del Dr. Custodio estuvo en la mirilla de un fusil,
aunque fuese por un acto casi de locura como el aquí narrado, y quizá
ni él ni nadie más que quienes lo acechaban estaban enterados. Por
supuesto, los detractores o no conocen la historia o tratan de
ignorarla como medio de restar méritos a quien los merece. Y a esto
hay que agregarle la presencia internacional que el Dr. Ramón
Custodio ha dado a la causa de la defensa de los derechos humanos de
Honduras. Lo digo porque me consta, en más de una ocasión he
acompañado al Dr. Custodio a este tipo de reuniones fuera de Honduras
y me he sentido orgulloso del respeto y prestigio internacional del
que goza este gran defensor de los derechos humanos, en donde quiera
que los mismos se vean amenazados. Por todo ello creo que no sólo yo
sino que muchas personas más custodiamos a don Ramón.
Y aquí, para aquellos y aquellas que quieran reflexionar, aprovechar
la Semana Santa para pensar en el bien del prójimo, les dejo esta
cita del gran escritor argentino Julio Cortázar, que no se aplica
solamente en la literatura sino en los derechos humanos, centros
culturales, deportes, etc., de la vida:
“Yo creo en los buenos parricidios. Así como Freud sostiene que el
adolescente tiene que, simbólicamente, matar a su padre para
convertirse en un auténtico adulto (&hellipGui?o Hay un momento en que hay que
matar al padre; es decir, al maestro, al modelo. Pero hay que matarlo
en buena ley y no con golpes bajos. Entonces, ese tipo de parricidio
me parece necesario.

”… ¿Me entiendes Engels o me explico Federico?


Nueva York, NY, 17 marzo 2008.

[email protected]
 


Tags: filosofia, sicologia, america, europa, diplomatico en eeuu, custodio

Publicado por ChemaRubioV @ 20:03
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios