Mi?rcoles, 07 de mayo de 2008


ENTRE PÁJAROS
Y ÁRBOLES


Manuscrito de Javier Heraud, 1960

Los restos de Javier Heraud descansan hoy en La Molina, al pie de la ciudad de Lima, escenario de las consagratorias perfomances del vate que a los 18 años fue ungido como el poeta joven del Perú, al lado de César Calvo, y que a los 21 años fue literalmente cazado en el río Madre de Dios. Una treintena de balas, entre ellas proyectiles utilizados para la cacería de fieras, segaron su vida un 15 de mayo de 1963 cuando sumando el verbo a la acción quería abrir "nuevos soles salvadores" por el amor a los pobres del Perú, a su suelo, a sus paisajes, a los días del otoño, del invierno y a los cariños de su madre...

Así sintió Heraud su pelea vital por la vida y el amor, y así murió, entre pájaros y árboles, con la mochila cargada de ilusiones, "tratando de hacer una incitación", como dijo su padre, para que cesen los males que según Javier debían desterrarse de nuestra Patria. ¿Cuáles eran esos males? Dejemos que hable el poeta: Y recordé mi triste patria/mi pueblo amordazado/, sus tristes niños, sus calles/despobladas de alegría./Recordé, pensé, entreví sus/plazas vacías, su hambre, su miseria en cada puerta/

Había que recuperar la primavera para acabar con la tristeza de la patria y sembrar de nuevos los campos y la alegría. Esta fue su hoja de ruta y tras ella marchó con sus poemas, porque léanlo bien la poesía para este joven creador era un relámpago maravilloso,/una lluvia de palabras silenciosas,/un bosque de latidos y esperanzas,/el canto de los pueblos oprimidos, /el nuevo canto de los pueblos liberados./

En el ocaso del Perú oligárquico de los años 60, Heraud representó el alma matinal de los pueblos y de las juventudes puras y heroícas, dispuestas a vivir y morir con dignidad en procura de hacer realidad sus ideales. En los tiempos que vivimos, pragmáticos y crematísticos, Heraud es un referente obligado para quienes creen todavía en los sueños y en las utopías, porque él fue un verdadero soñador, que sin dejar de pisar tierra, hizo de su poesía un mensaje para el cambio, para la transformación, sin rehuir por ello las convocatorias concretas de su tiempo.
 
No hay por ello mejor homenaje al poeta mártir que soñar, como él quería: El cielo es nuestro/nuestro el pan de cada día,/ hemos sembrado y cosechado/el trigo y la tierra, y el trigo y la tierra son nuestros,/y para siempre nos pertenecen/el mar/las montañas y los pájaros/
 
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Desde Puente Piedra,
alberto mosquera moquillaza
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Tags: peru, molina, madrededios, Javier Heraud, cesarvallejo, peruchemarubio

Publicado por ChemaRubioV @ 21:32  | POESIA
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