S?bado, 10 de mayo de 2008
 
 
 
  
 
 
 

    

Corría el año de 1950. Ya  frisaba yo los veintitres años. Era mi primer viaje a Guanacaste y ya me habían advertido del encanto de la pampa guanacasteca,  especialmente en el mes de marzo, cuando se combinan cielos azules y despejados con un campo pajizo y polvoriento que revisten el paisaje de un romanticismo rústico que el hombre citadino no puede dejar de admirar. Los dorados atardeceres son dignos de recordarse toda una vida. El sol adquiere mayor volumen en las puestas. Cosa que rápidamente nos aclararía Newton al recordarnos que la densidad del aire es mucho mayor precisamente por ser casi el final de la época seca en la región . A lo largo del camino, cada cierto tramo, las angostas florestas en las riberas de los arroyos y pequeños ríos, engarzan de esmeralda la pampa dorada,  y exhilan del trayecto la monotonía. Absorto en el paisaje manejaba, aunque  también me deleitaba al recordar que estrenaba  el "jeep" que recién había adquirido el  MOPT (Ministerio de Obras Públicas y Transportes) en un lote que la Embajada Americana había donado al gobierno en estos últimos días. Obviamente era un lote de el equipo del ejército de los Estados Unidos que ya no sería utilizado en Europa. Todo esto me tenía en un estado de ánimo muy alegre.

Pero ya por las cercanías de Río Lagarto me asaltó el recuerdo de lo que había oído de las mujeres de la "pampa". Se decía que eran mucho más liberales que las "cartagas"-nombre que se le da a las habitantes de la Meseta o Valle Central. Que si un hombre les gustaba no se andaban con remilgos para irse con él directamente "al grano". Además se me dijo que las mujeres acostumbraban lavar la ropa en el río, y que para tal efecto lo hacían con el torso desnudo.

Todo esto me tenía en un verdadero nirvana sensual, si cabe el término al combinar motivos tan disímiles como naturaleza, tecnología y erotismo.

Por ese motivo después de salir de Cañas, uno de los mayores poblados o villas en la ruta a Liberia, me atreví a parar en uno de los ríos que me habían recomendado por tener las mejores "pozas". Dejé el jeep a un lado de la carretera, la cual, dicho sea de paso, estaba en muy buen estado por ser parte de la carretera interamericana que también acababan de terminar no hacía mucho tiempo los americanos. Me adentré por un "trillo" en medio de una floresta con árboles -cuyo nombre no daré porque desconocía en ese momento su nombre. La soledad y natural belleza me embargo de cierta sensación mística, como de quien ingresa a un templo de verdad y le sobrecogen la solemnidad y determinación de aquellos que lo han construido y atienden. A unos dos minutos del lugar donde dejé el vehículo se presentó ante mí un verdadero remanso. Un río que transcurría fresco, limpio y bello. No había nadie en ese lugar en ese momento, por lo que aunque llevaba "bañador" decidí echarme al agua al natural.

 

    ¡Qué sensación!

    ¡Qué agua!

    ¡Qué delicia!

    ¡Rica!

   

 No pude dejar de agradecer al Señor por la Existencia en ese momento.

 

En una piedra que ofrecía un plano adecuado me acosté totalmente desnudo a recibir un poco de sol. Sé que me dormí no más de cinco minutos; pero pudo haber sido un minuto, dos, o ...cinco! Me despertó un leve chapoteo del agua. Cuando abrí los ojos ví en la otra ribera lo que en esos tiempos tal vez todavía habríamos llamado una "chola"-ahora simplemente morena sería la descripción inicial de ella. Era joven y linda. Cabello largo y lacio. Ojos negros y deslumbrantes. Figura esbelta y exquisita. Piel tersa y lozana. Y sí.........estaba, extrañamente, con una "pollera"-en Costa Rica enagua-negra y con el torso desnudo. Los pechos como dos pequeñas y firmes cúpulas declaraban a una mujer de unos quince años a lo sumo. Cuando me vio me sonrió. Esto inmediatamente desalojó cualquier aprehensión que se pudiera estar generando en mí, y por el contrario empecé a tener una leve erección que se fue incrementando hasta adquirir su plenitud volumétrica y máxima fortaleza.

Al princincipio se hizo la desentendida, después me vio de reojo y me preguntó que si estaría dispuesto a ayudarla a retorcer una sábana. Me aclaró que para esto siempre le asistía su hermana, pero que por alguna razón se había retrasado y ahora no sabía cuanto le tomaría esperarla.

Por supuesto que mi aquiescencia fue instantánea...y me dije "estas mujeres de por acá no son sólo más 'lanzadas' que las cartagas, su ingenio es relampagueante! Esto no puede ser sino una invitación a una mayor intimidad?"

Rápidamente crucé el río haciendo gala de mis mejores brazadas- a lo Johnny Weissmuller! Y de hecho se imaginarán lo que pudo acontecer después de ayudarle a retorcer la sábana....pero tal vez sea mejor que les dé algunos detalles...Después de un largo y apasionado beso ella se desató la enagua, quedando deliciosamente desnuda ...no me permitía la excitación  recapacitar por qué andaría sin ropa interior-cosa, que tampoco sería de extrañar en condiciones tan relativamente rústicas o silvestres....con nuestros labios ya turgentes y con la respiración más rápida ella se acuclilló y yo acostado de espaldas me deslizé por debajo de sus muslos ignorando los guijarros que presionaban mi latisimus dorsii y apoyando mis manos en sus exquisitas caderas por fin accedí a su maravillosa cornucopia-que los ticos vulgarmente llamamos la deliciosa pepa- y con mi lengua pude tocar ese benigno y volcánico switch que es el clítoris. Pudiendo, a pesar de la dinámica erótica, percibir levemente la nieve de su himen anidado más adentro... sus suaves gemidos eran la mejor música para mis oídos... después nos levantamos y ya ambos de pie abordándola por detrás la penetré levemente en su virginal recinto...exhaló un gemido de placer.....    al cabo de un tiempo ella bajó y devoró momentáneamente mi falo palpitante, como el corazón de  Nezahualcoyotl en lo alto de Teohtihuacán...Se pierde noción del tiempo en estos “menesteres”, no sabe uno si son segundos que parecen minutos o minutos que parecen segundos, pero la delicia sí es constante...ahora, ella y yo, somos dos coyotes entre los matorrales... y........ por fin cara a cara nos vemos culminar en algo que es nuestro y regalado... cielo y tierra...río y ribera...acción y patria...tú y yo...ave que se eleva...

 

Voy por la carretera y siento en mí el aroma de ella como el de  la rosa más perfecta en el jardín del Señor... todavía resuena su dulce voz en mis oídos y la leve brisa que sopla... y esa mirada tuya  al partir... y la pirámide ¿cómo era?...

 

Llego a Liberia y encuentro una conmoción en la plaza... me entero de que han llevado el cuerpo de una joven que encontraron estrangulada en las cercanías de un río en Cañas...

 

Doy media vuelta en la cama... me acabo de despertar y me doy cuenta que es mi esposa que me ha despertado a propósito y que me dice “Sí, han pasado cincuenta y cinco años, es mucho tiempo! Pero dime por favor... ¿alguna vez hiciste el amor con mi hermana antes de conocernos?... siempre he tenido esa duda...¿Por qué, siempre, te han gustado tanto las guanacastecas?”.... Afuera un aullido rompe la noche...  ¿Un “Nahuatl”?.........

 

                           

 

 

 

 

Esto lo había mandado sin enmendar, ahora después de algunas ligeras correcciones de estilo lo reenvío, pa'que no lo lean. Casi nadie se toma la molestia de leer estos amagos literarios . je je 
 

 

 

 

 

 "Jorge Vargas" <[email protected]>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guanacaste


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Publicado por ChemaRubioV @ 11:23  | RELATO .
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