Lunes, 19 de mayo de 2008
 
Salud, alimento y fortaleza, eso sigue.
En cada hondureña y hondureño debe existir un Ciudadano Estado,
vigilando que nadie nos arrebate lo que nos pertenece. El pueblo
hondureño tiene una gran responsabilidad con el país y con ésta lucha
que hemos iniciado, más ahora, cuando son públicas las pruebas de
corrupción entre los principales "representantes" de los partidos
tradicionales.

Es evidente que la nación exige un cambio. El sentimiento mayoritario
es que NO vivimos en democracia, sino en un espejismo institucional,
discursivo y mediático, mal intencionado desde el extranjero a través
de los grupos de control local creados con procesos ilegítimos a
cañonazos de dinero o PEOR creados en medio de la guerra fría, (esos
que ahora llamamos grupos fácticos, oligárquicos o corruptos), los
gendarmes de la mayor conspiración gestada en la historia
centroamericana: la conspiración de la clase rica organizada, apoyada
por instancias internacionales contra la democracia hondureña,
salvadoreña, guatemalteca, nicaragüense, y, más reciente, contra la
conservadora pero de mayor equidad, democracia costarricense.

Conspiración que le arrebató el alimento, la salud y la educación a
la clase pobre centroamericana; que constriñó y transformó la
mentalidad de la clase media haciendo más evidente la concentración
del poder en una elite que, como un parásito, se enriquece y
fortalece a través del Estado e imponiendo el ideal colonizador de
los países ricos que de manera contradictoria apoyan la transición
democrática en los países cuyas poblaciones empobrecen.

Pueblos escépticos y apartados del aparato público, fue el más grande
logro de los conspiradores. Muchos, por escepticismo, renunciamos a
nuestro derecho político y renegamos de esta democracia panfletaria
que tantos y tontos defienden sólo porque al pueblo se le permite -
cada cuatro años-, manifestar su apoyo o repudio hacia los futuros
jefes de estado, elegidos previamente por los grupos poderosos
(corruptos, organizados y ricos). Si eso es democracia, retornemos a
las ramas de los árboles y estaremos más seguros.

Quizás por decepción, muchos hombres y mujeres hemos renunciado a
nuestra ciudadanía política, otros desconocemos la relación entre
ésta y la ciudadanía social y civil, pero nada de lo anterior impide
que sepamos que tenemos derechos y que podemos exigirlos. Por
naturaleza o como reflejo de la convivencia en sociedad, las personas
intuimos lo injusto, aflora en nosotros el conocimiento en medio de
la contradicción y cuando es obvio que se sacrifica a las mayorías
para sostener a una minoría peligrosa, cuyos intereses atentan contra
el bienestar colectivo. Entonces, este sentimiento y la necesidad de
equidad como verdad social, fortalecen nuestras convicciones y nos
impulsa a proyectarnos en el tiempo.

Un pueblo con convicción no discute, actúa, no se aferra a mecanismos ni estrategias inútiles porque sabe que los argumentos son brindados
por la realidad: la injusticia es uno, la pobreza es otro ¿Qué los
causa?, la exclusión social, la centralización del poder y la
acumulación de la riqueza en unos pocos.

En el estadio de los hombres y las mujeres con convicciones es tan
importante el campesino como el doctor, el obrero como el abogado,
el viejo como el joven. Ahí todos valemos lo mismo y somos "igualmente distintos" (como escribiera la dama asesinada en el 18), todos, necesarios para recuperar el control y la comunidad.

Unidos, los iletrados y los cultos, con las mismas convicciones, no
habrá plan que fracase ni fuereño que nos amenace u obligue a aceptar la violencia, unidos obtendríamos la paz a través de la conciencia - no sólo contra la delincuencia común- sino contra los argumentos de la realidad que impiden la armonía, esto, como producto de en una sociedad poderosa, de personas respetuosas de los derechos ajenos y la justicia.

Sabemos que falta bastante para eso (no tanto como piensan algunos de la hondura) y sabemos que la reconstrucción de Honduras no puede hacerse sobre estructuras carcomidas. Para construir algo grande, se
requiere una base sólida y organizada, comunicada y coordinada sin
egoísmo; una base como la que hoy se consolida a lo largo del
territorio nacional y de la que podríamos extraer nuevos instrumentos
para liberar el poder en beneficio colectivo, partiendo de una sola
idea, la de una Honduras diferente.

Tras esa idea, en apenas treinta días, sectores tradicionalmente
antagónicos nos hemos unido… ateos y creyentes, demócratas y
socialistas, votantes y abstencionistas, jóvenes y adultos, todos nos
asociamos motivados por un sueño. En apenas treinta días, emulando lo que hicimos hace más de medio siglo, hemos soñado una Honduras
diferente, en la que no mueran personas por enfermedades previsibles,
en la que nadie pase hambre, una Honduras sin miedo, una Honduras
donde hombres y mujeres y negros y mestizos e indígenas tengamos
y ejerzamos los mismos derechos, una Honduras donde el pobre y el
adinerado tengan los mismos privilegios, donde el letrado defienda al
que no sabe leer, una Honduras donde los ancianos sean respetados y
cuidados, donde los niños y las niñas se levanten sonriendo, deseando
crecer para aprender, enseñar, trabajar y amar. Una Honduras pobre,
seguro, pero con la sociedad más rica del istmo.

Mas no bastan tres o cinco diputados para lograr todo lo anterior
(por muy valientes que sean). No basta una estructura social de
resistencia, que ha hecho mucho, organizada para reaccionar ante la
ofensiva de los poderosos. Debemos crear un instrumento político
nuevo, progresista, con principios que representen a la mayoría,
aunque ésta aspiración sea señalada con términos entupidos y huecos
como "populista" remedo de concepto generado por la minoría
privilegiada y los conservadores, ahora que el enemigo dejó de ser el
militar o el progresista. Requerimos de un instrumento político que
inspire respeto, legitimo, con intención de contradecir todas las
políticas inhumanas que nos imponen desde el extranjero como
mecanismos de control, para conspirar contra la democracia
centroamericana a cambio de dinero, dinero, y más dinero.

Muchos lo piensan: necesitamos un partido surgido de las bases, uno
que se supedite al partido de occidente, al del sur, al del norte y
al de oriente. Hay miles de personas capases que podrían dirigirnos
con honestidad y que, si en la actualidad no colaboran con sus ideas,
es porque han sido marginados o porque temen ser parte de las
estructuras corruptas de los partidos tradicionales. Muchos, los
ciudadanos promedio que no somos líderes ni figuras conocidas,
(habiendo elección), seríamos número consciente de nuestro valor y
como sujetos sociales responsables ejerceríamos nuestro derecho
político en beneficio del Pueblo y, en consecuencia, en beneficio del
Estado de Honduras.

Manuel Villa 
 

Tags: honduras, articulo, villa, conspiracion, politica, estado

Publicado por ChemaRubioV @ 21:08
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