Isla Negra 4/137
Casa de poesía y literaturas.
2004- mayo- 2008-
suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección:
Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de
Revistas Literarias UNESCO
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Carlos H.”Tata” Herrera
Neuquén, Patagonia Argentina
Junta en la arena
A Aroldo Conti
Mientras yo me estoy tan yo, y tan ajeno,
qué micas alumbrarán esos fluviales maderos
que Haroldo abandonó en remotas arenas.
Cuentan que se han hecho barcos... ¡cuán marineros!
¡Tan él, y tan todos ese desgraciado!
Como los caballos me sacudo el
polvo,
agito y estremezco mi propio cuero,
y él, muy orondo, habitante de mis adentros.
Ah!, ya quisiera tenerlo frente a frente,
transido en las mismas tardes, sentado a la misma
mesa.
Le diría largamente de las nueces
que en mi pago los arroyos navegan;
de la acritud de los locontes, del dulzor de las
sachaperas,
de los ojos de mis serranas, veras corzuelas.
Le enrostraría haber sembrado tanto río,
en los estrechos cauces de mis ríos fugaces,
de los secos ríos del pago catamarqueño.
Esos cauces donde aún los onagros
publican el celo con sus trompetas.
Pasará El Príncipe por la vereda: Pecho tambor,
capa bermeja. Siguiéndolo, Haroldo
se ausentará sin despedirse, fiel a su materia,
adivinando que yo, como un boludo,
iré tras él y sus aguas noveleras.
Llegados a las arenas, convocará a Cafuné
-flauta de hueso-, para que yo desoville danzas
suavemente,
mientras El Cazador Americano a
mis pies levante
polvaredas
con sus coheterías fantásticas, certeras.
Habiendo visto flotar luminosa aquella carpa en
Tapado,
reposaremos en los médanos, dejando vagar los ojos
hasta reunirlos en aquella Roja Estrella.-
Leticia Luna
México
Levitación de los deseos
¡Qué poco sospechábamos
Del aliento y los fluidos misteriosos
Bajo la piel ardiente!
Si me hubieran dicho
Que bao tu apariencia
Guardabas un volcán
Jamás hubiera hipnotizada
Remado hacia tu hoguera
¡Qué maravilla la expiración
De ese volcán!
Y tú y yo sentados en la
barca
Atravesando las aguas rojas
Y el torbellino azul de los deseos
De: El amante y la espiga, Ediciones La Cuadrilla de
la Langosta, México, 2005.
Álvaro Cunqueiro
Mondoñedo, Galicia, España- 1911-1981
Luz mojada le llegaba del mar...
A Ricardo Carballo
Luz mojada le llegaba del mar.
¡Qué claro el tiempo
para verla en la playa
con presencia de cosa!
¡Qué sencilla la tarde
para besarla en el pelo
con caricia animal y pura!
¡Luz mojada de sus ojos
llevaba el mar!
De "Mar ao norde" 1932- Tr. Vicente Araguas
Jorge Dávila
Cuenca, Ecuador
Sinfonía de la ciudad amada
Adagio del tiempo
18
El pasado visita
los lugares
donde creció el amor
y se hizo el verso.
El pasado se viste de
oropeles
en salones que guardan
un piano
que ha perdido la voz
hace ya tiempo.
El policromo esplendor
de los metales refulge aún
en los techos,
en las lámparas,
en el barniz de los muebles
de esterilla
venidos todos de lejanas patrias,
en las que el sueño
se hizo aun sueño
para la Cuenca rica
de otro siglo.
19
Mas,
en la calle
lavada por la lluvia
el pequeño ciclista
es rey del mundo.
Con él empieza la vida
de la urbe
con él se inicia
su tránsito terreno.
Así aparece el futuro
entre nosotros,
tan simple
como un niño que jugara.
20
Inventario de sueños
de los tiempos pasados
y de las ilusiones
que no retornarán.
Pasa como un rosario
de cuentas invisibles
por esas viejas manos
que amasaron la vida
que bautizaron niños
que en la magia del martes
y el viernes
conjuraron
espantos, malos aires, malos ojos,
con hierbas y
oraciones y misterios.
Willian Blake
Inglaterra, 1757-1827
La noche
Desciende el sol por el oeste,
brilla el lucero vespertino;
los pájaros están callados en sus nidos,
y yo debo buscar el mío.
La luna, como una flor
en el alto arco del cielo,
con deleite silencioso,
se instala y sonríe en la noche.
Adiós, campos verdes y arboledas dichosas
donde los rebaños hallaron su deleite.
Donde los corderos pastaron, andan en silencio
los pies de los ángeles luminosos;
sin ser vistos vierten bendiciones
y júbilos incesantes,
sobre cada pimpollo y cada capullo,
y sobre cada corazón dormido.
Miran hasta en nidos impensados
donde las aves se abrigan;
visitan las cuevas de todas las fieras,
para protegerlas de todo mal.
Si ven que alguien llora
en vez de estar durmiendo,
derraman sueño sobre su cabeza
y se sientan junto a su cama.
Cuando lobos y tigres aúllan por su presa,
se detienen
y lloran apenados;
tratan de desviar su sed en otro sentido,
y los alejan de las ovejas.
Pero si embisten enfurecidos,
los ángeles con gran cautela
amparan a cada espíritu manso
para que hereden mundos nuevos.
Y allí, el león de ojos enrojecidos
vertirá lágrimas doradas,
y compadecido por los tiernos llantos,
andará en torno de la manada,
y dirá: "La ira, por su mansedumbre,
y la enfermedad, por su salud,
es expulsada
de nuestro día inmortal.
Y ahora junto a ti, cordero que balas,
puedo recostarme y dormir;
o pensar en quien llevaba tu nombre,
pastar después de ti y llorar.
Pues lavada en el río de la vida
mi reluciente melena
brillará para siempre como el oro,
mientras yo vigilo el redil."
Versión de César Astor
Álvaro Valverde
España, 1959
De un viajero
Quise volver de
donde no se vuelve.
Si el viaje duró lo que dura una vida,
fue el destino culpable.
Nada hice que hoy me recuerde el pasado.
Una bruma extravía los mares que cruzara
y en el puerto se cubren las balizas de sal.
De las ciudades guardo la nostalgia del límite
y ningún barco lleva el nombre de mi reino.
Demoré la llegada sin saber que perdía
esa clave dudosa que dibujan los atlas.
Sólo sé que fue inútil.
Viviré de olvidarme.
De "Una oculta razón" 1991
Luis Eligio Perez Cafria
Cuba
Hunde en mí tu hoja más dura (Abel. 1953)
1
El tipo del hierro
el tipo
el hierro
el ojo
hoja
hombre.
hombre verdugo
tipo sin adjetivo
hoja que utiliza:
cuerpo
frío
conector.
Hay discursos
pero se alejan
de la hoja
dura
hundida
2
Este par de
ojos
vieron
la muerte
vieron
la muerte
la muerte,
y los tiró…
Ángel Cruchaga
Santiago, Chile- 1893- 1964
Tu voz
¿Más allá de qué monte, de qué dormida estepa
lejanísima y sola viene tu voz de llama?
Eres como una herida de miel en mi tristeza.
Llegas como la tarde perfumando mi casa.
Voz que suspira como volviéndose una esencia,
voz que duerme en mis ojos y que muere en mis canas.
Te seguiré hasta donde se concluye la tierra.
Allá donde los Polos hacen girar sus alas,
o más distante aún, donde la luz no llega,
en un turbión oscuro que no encuentra una playa,
en la red melodiosa de la perdida estrella
que en olvidados mundos deja caer el ancla.
Voz que viene en la tarde a través de la hierba
¡oh voz que yo sostengo llorando mis pestañas,
irás toda la vida velando mi tristeza
voz de la amiga que no pudo ser
amada!...
Aurelio Arturo
La Unión, Nariño, Colombia- 1906- 1974
Arrullo
La noche está muy atareada
en mecer una por una,
tantas hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.
Si le ayudan las estrellas,
cómo tiembla y tintinea la infinita
comba eterna.
¿Pero quién dormirá a tantas,
tantas,
si ya va subiendo el día
por el río?
(¿Dónde canta este país
de las hojas
y este arrullo de la noche
honda?).
Por el lado del río
vienen los días
de bozo dorado,
vienen las noches
de fino labio.
(¿Dónde el bello país de los ríos
que abre caminos
al viento claro
y al canto?)
La noche está muy atareada
en mecer una por una,
tantas
hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.
Si le ayudan las estrellas...
Pero hay unas más ocultas,
pero hay unas hojas, unas
que entrarán nunca en la noche,
nunca.
(¿Dónde catan este país
de las hojas,
y este arrullo de la noche
honda?)
Lourdes Jacobo García
Puerto Padre, Las Tunas. Cuba 1965
Instante
En la proximidad de la quietud
está mi casa inexplicable en el diluvio;
cuando a Venecia llamas
retorna el desafío.
Inquieta te sostengo
en la consumación
del sol y los naranjos
que han crecido por mis piernas
con raíces en el vientre.
Húmeda en el bosque
te presiento nazareno
y la cruz anuncia
mi cansancio y otros lirios.
Blanca Varela
Lima, Perú, 1926
Sin fecha
a Kafka
Suficientes razones, suficientes razones para colocar
primero
un pie
y luego otro.
Bajo ellos, no más grande que ellos ni más pequeña, la
inevitable sombra que se adelanta y voltea la
esquina, a
tientas.
Suficientes razones, suficientes razones para
desandar,
descaer, desvolar.
Suficientes razones para mirar por la ventana. Para
observar
la mano que cuenta a oscuras los dedos de otra mano.
Poderosas razones para antes y después. Poderosas
razones
durante.
La hoja de afeitar enmohecida es el límite.
Lasciate ogni speranza voi ch'entrate.
No se retorna de ningún lugar. Y la regla torcida lo
confirma
sobre el aire totalmente recto, como un cadáver.
Y hay otras.
Palidez, sobresalto, algo de náusea.
Misterioso, obsceno chasquido del vientre que canta lo
que
no sabe.
La luz a pleno cuerpo, como un portazo. Adentro y
afuera.
No se sabe dónde.
Y las demás. ¿Existen?
Infinitas para la duda, evidentes para la sospecha.
Dejarse arrastrar contra la corriente, como un perro.
Aprender a caminar sobre la viga podrida.
En la punta de los pies. Sobre la propia sombra.
No más grande que ellos ni más pequeña.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno.
Uno atrás, otro adelante.
Contra la pared, boca abajo, en un rincón.
Temblando, con un lívido resplandor bajo los pies, no
más
grande que ellos ni más pequeño.
Tal vez, tal vez la estancada eternidad que algún alma
inocente confunde con su propio excremento.
Malolientes razones en la boca del túnel.
Y a la salida.
A la postre tantas razones como cuellos existen.
Defenderse del incendio con un hacha. Del demonio con
un hacha, de dios con un hacha.
Del espíritu y la carne con un hacha.
No habrá testigos.
Se nos ha advertido que el cielo es mudo.
A la más
se escribirá, se borrará. Será olvidado.
Y ya no existirán razones suficientes para volver a
colocar
un pie y luego el otro.
No obstante, bajo ellos, no más grande que ellos ni
más
pequeña, la inevitable sombra se adelantará.
Y volteará la misma esquina. A tientas.
Claudia Lars
El Salvador, 1899- 1974
Envío
¿Llena tu blanco fuego mi sentido?
¿Hablo de mi camino transparente,
del nombre que me habita, del viviente
a veces escuchado y comprendido?
Crece una luz... su vuelo, su latido
son el poder de la criatura ardiente:
ángel guardián, amigo de mi frente,
memoria de un país que casi olvido.
Celeste donador: sin ti sería
la tierra negro aliento, masa fría,
isla ciega en las noches de su nada.
Ángel: cantemos el fulgor desnudo,
tus alas encendidas y tu escudo
y en mis ojos la tierra iluminada.
Nizar Qabbani
Siria,
1923-1998
El lenguaje imposible
El escritor en mi país
habla todas las lenguas del mundo
menos la árabe:
tenemos una lengua temerosa
en la que se han taponado todos los agujeros de la
libertad.
Traducción del árabe María Luis
Prieto. Tomado de “poesia arabe”- enviado
por Patricia Damiano
Lope de Vega
Madrid, España, 1562-1635
Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo,
que es la amistad el bien mayor humano;
más ¿qué español, qué griego, qué romano
nos ha de dar este perfecto amigo?
Alabo, reverencio, amo, bendigo
aquel a quien el cielo soberano
dio un amigo perfecto, y no es en vano;
que fue, confieso, liberal conmigo.
Tener un grande amigo y obligarle
es el último bien, y por quererle,
el alma, el bien y el mal comunicarle;
mas yo quiero vivir sin conocerle;
que no quiero la gloria de ganarle
por
no tener el miedo de perderle.
Genoveva Arcaute
La Plata, Argentina
Allí donde el deseo se anzuela
(y que lo saquen)
la furia de vivir puso su casa.
Un enano vehemente
Se instaló
que no afloja
garritas aferradas
a glándulas ingenuas.
Dejalo salirse con la tuya
que no suelte la cadena el eros
y sus lemas:
No después, ¡ahora!
No mañana, ¡hoy!
No “lo
pienso”, ¡ya!
Francisco Álvarez Velasco
España
¿Es esta luz aquélla detenida
en los rojos tejados de la infancia?
No recuerdo ya bien.
Mas de pronto la tarde
tiene un remanso de oro
y es silenciosa,
y padre
ya ha cruzado los ríos de su invierno
y sube con los zancos en el hombro,
y está abuela llamando a las gallinas
de su libro Las aguas
silenciosas,
Gijón,Ediciones Trea- envio portal de poesia
Alfredo Ocampo Zamorano
Colombia
Elegías mínimas desde Gramercy Park
III
El Museo Metropolitano
No nos devora el tiempo en el Museo
Habla Rembrandt
tranquilo nos explica
que envejecer no es cosa
de las diosas
Sino del ser humano
hecho deseo
Todo tiempo pasado
no es finito
De Cimabue a Picasso
se intercala
el templo de Dendur
Nínive
Egipto
los calimas
los griegos
la hermosura
del gesto en la escultura
Es un santuario
Este del Metropolitan
Visión de un paraíso que hace el arte
Del siempre que es estar de no estar siempre
Mañana cuando mueras
todavía
te seguirán mis pasos al poema
visita tras visita ante tu espíritu
Carlos Tellez Espino
Las Tunas, Cuba- 1960
Oración por el ahogado
Intermediaria la madera, el mar
propone otra aventura, marinero.
Tú lo olvidaste.
Ahora, misionero
de la muerte, decides convocar
la vida.
Lo olvidaste al levantar
el ancla, pero el tiempo, bandolero
sin rostro, puede más que el carpintero
y el árbol.
De nada vale nadar
líquido el aire, la madera inclina
el pecho a las columnas de agua.
Todo
cae. Un cuchillo de luz despedaza
un trozo de cielo. Tu cuerpo termina
como anzuelo. Algo nos duele. No hay modo
de salvarte.
Lejos, un barco pasa.
Liliana Chávez
Argentina
Sobre la hora
No demoro mi hora en el cadalso.
Solo digo:
No es fácil masticar la obediencia,
ni firmar con la saliva de los muertos.
Tampoco, tejer la red
sin ser araña; encontrar manchas
bajo la lejía;
ni elevar un monumento
con un ápice de arcilla;
vivir siendo hijuela de una voz perdida
o la mano que devuelve lo
robado
al acto que sigue a la condena.
Sean complacientes.
Necesito del silencio para gritar
verdades últimas. Las mínimas,
las fundamentales.
No pisen al caracol con el zapato.
No sube las paredes mutilado.
Raquel Piñeiro Mongiello
Funes -Santa Fe - Argentina
Pueblos
Sonidos puros
aletean en el espacio
suben por enormidad de ojos;
no desisten de herencias
ni de ninguna constelación,
fiel a sus principios
de pueblos originarios.
no quieren ser
templos de sombras.
Clara Lecuona
Cuba
Palabras al discípulo
I
Recuerda
Guardar la compostura.
Recuerda
La palabra es engañosa.
Recuerda
El riesgo descansa sobre la fragilidad
de lo posible.
II
Amado discípulo si te asalta el enojo
resuelve asunto tan comprometido
a solas
y estarás en paz con el mundo.
III
Cuando la hoja caiga sobre tu
reflejo en el estanque.
No temas
sólo la paciencia permitirá ver
lo que a tus ojos la inmediatez vuelve caos.
IV
Guárdate de brindar afectos precipitados.
La realeza que encuentres en otros
es la tuya
o el mero deseo de que exista.
Alejandra Craules
México
Calle
La calle llora otra vez
Descalzo deshaces cadenas
de líquido amniótico
La calle sangra otra vez
Sientes deslizarse sensaciones
deshiladas y deslavadas
La calle ríe otra vez
Tú imitándola despejas sueños
en proceso de desencanto
La calle despierta otra vez
ya no calzarás nunca mi cuerpo
permanecerás solo
con la nuca en el suelo
los ojos semiabiertos
la cordura en el viento
Julio Antonio Gómez Molinet
Manzanillo, Cuba, 1968
A esta mujer apareció el ángel de Jehová,
y le dijo: (…) Pues he aquí que
concebirás y darás luz a un hijo; y navaja
no
pasará sobre su cabeza, porque el niño
será
nazareo(…)
JUECES 13,3
Descansa el jubileo en tus lágrimas,
Dios hará de ellas una gema extraída de los mares.
Oh, mujer, guarda los votos,
lustra el gesto en las mañanas
y anuncia tu alegría enZora.
Oh, mujer, ya viene el emisario,
su aspecto anuncia una luz.
Oh, mujer, despierta, despierta un hosanna.
Eunice Odio
San José, Costa Rica- 1922 -1974
Y luego resulta que yo nunca creí en serio, eso
de que
tenía que morirme... ¿Sabes quién sí está seguro de
eso? O. Paz. Un día me dijo en el colmo de la
solemnidad y la seriedad: ``Tú, querida, eres de la
línea de poetas que inventan una mitología propia,
como Blake, como Saint-John Perse, como Ezra Pound; y
que están fregados, porque nadie los entiende hasta
que tienen años o aun siglos de muertos.''
De ``Carta 21'', en
Eunice Odio. Obras completas, tomo I.
Lau Siqueira
Brasil
às vezes me desespero
e cometo absurdos
às vezes simplesmente
fico mudo
não sei de onde vim
nem porque assim
me desnudo
Pablo Armando Fernández
Cuba
2
Me gusta imaginar. Imaginando,
imagino
que fue el hacha de mi padre
la que cortó el madero para hacernos la mesa
en que comíamos.
Todos.
Aún
estamos todos ( esta distancia, ¿qué es?)
Estamos todos sin reunirnos;
sin comentar, sin ver las mismas cosas.
El mismo hogar, ha dejado de serlo.
Johana Godoy
Guatemala
Todos somos
Todos somos
claridad y sombra
luna y sol
si y no
Oscilamos
entre el vacio y la tierra
entre ser y ser otra vez
lo que fuimos y no somos
Como vida y muerte
como sol y vaho
vuelo y caida
rodamos como dados
una vez mas
Carlos Miguel Tillet
Uruguay/ 1954/ secuestrado/ desaparecido en Uruguay el
3/10/1976.
Que solos se quedan
Que solos se quedan
los que quedan en la tierra
si no tienen amor
de un padre, mujer o amigo
Nunca odies
aunque seas odiado
siempre ama
aunque seas pisoteado
Que solos se quedan
los que se van sin haber amado
aunque sea, aunque sea
solamente a su hermano.
Conserva siempre el amigo
con el que has crecido
reflejo tuyo
sera
de lo que has querido.
Que solos se quedan
los que quedan en la tierra
si no tienen amor
de un padre, mujer o amigo
Affonso Romano de Sant'Anna
Brasil
Los desaparecidos
De repente, por esos días, comenzaron
a desaparecer personas, extrañamente.
se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.
Uno iba a tomar una flor ofrecida
y se desvanecía.
Se eclipsaba la gente entre un domicilio y otro
o en el taxi que se iba.
Culpable o no, se esfumaba
al regresar de la oficina o de la orgía.
Madres agarrando sus hijos y sus compras,
gestantes con "tricots" y grupos de estudiantes
desaparecían.
Desaparecían amantes en pleno beso
y médicos en medio de una cirugía.
Algunos mecánicos se diluían
-apenas conectaban el torno del día.
Se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.
Se desaparecía, a ojos vistas,
y no era miopía. Se desaparecía
incluso a primera
vista. Bastaba
que alguien viese un desaparecido
y el desaparecido desaparecía.
Desaparecía el más conspicuo
y el más oscuro se diluía.
Incluso diputados y presidentes se desvanecíam.
Sacerdotes, igualmente, levitando
iban, enrarecidos, a constatar en el más allá
cómo los pecadores partían.
Se desaparecía. Se desaparecía mucho
por esos días.
Los actores en el palco
entre un gesto y otro, y los de la platea
mientras reían.
No, no era fácl
ser poeta en esos días.
Porque los poetas, sobre todo,
-desaparecían.
Juana García Abás
Cuba
Reclusión
La naturaleza y su música en esta soledad llena de
encantos,
Música del viento que acaricia a la hierba,
Música del rocío en amaneceres grises,
de gorriones,
del zún-zún besando los azahares,
de árboles perennes,
de lagartos asustadizos,
Música que me siento fruto,
mariposa entre el follaje ,
Música que me acerca a la génesis de quienes
encaramos realidades perdidas,
al pretender dar lucidez artificial y ruidos
espeluznantes,
y no saber escuchar la música que somos,
música naturaleza,
música del todo.
Edel Morales
Cuba
Relativa complacencia de los secretos
Relativa complacencia de los secretos
Estos puentes alzados sobre la madrugada estos
huecos
Los muros de piel de tigre y hojas recuperadas en la
arena
Yo soy el bosque mi grito se sacia
cuando los árboles
Destilan alcohol cuando en cada
caverna hay un ángel
Bebiendo de tus dientes Mira en este cristal
Comprueba que no existes más allá de tus propios
temores
Porque eso que ingieres no es el alimento sino el aire
vacío
De las palabras Mira en este espejo
No te entristezcas al ver al suicida
devorándote.
Manuel Rueda
Rca Dominicana, 1921- 1999.
Revelaciones del libro
Leemos como si buscáramos El Libro.
Pasamos hojas como tiempos
en los que nos esperamos a nosotros mismos.
Nos estamos leyendo con la falsa memoria
de los que no han nacido todavía
y sin embargo conocen el color de sus ojos
las propiedades de ese amanecer
que albergará su inocencias.
Buscamos en cada línea de la vida que nos pertenece
la muerte que sobreviene
Como consecuencia de una sintaxis particular
que nos alude.
Te buscamos Eternidad
como algo ya aprendido y olvidado
en el blancor indecible de los márgenes
en el aire no escrito que confina en sus bordes
prolongación y encuentro del Libro verdadero
Elvio Romero
Paraguay, 1926- 2004
Me ve pasar la misma gente
Poeta
Por calles de caliente arcilla
suelto mi flor, como un
trapecio
que el trapecista suelta al aire,
mi flor, mi flor de jazminero;
por tierra roja y pasto verde
voy caminando a pasos lentos,
en el ojal un clavel morado,
sombrero en mano y sonriendo.
Me ve pasar la misma gente
(la de mis sueños), porque vuelvo
con el resol iridiscente
de los campos sobre mi pecho;
veo las ramas del lapacho
con algo de color eterno,
me interno en la profunda noche
que ha presentido mi regreso.
Conversando con habitantes
que conversan con su silencio,
siento la risa de aquel músico
que dio insolencia hasta a sus besos,
me guiña el mago con sus párpados,
con su paloma y sus pañuelos,
el poeta y su cabellera,
con su cantar y su misterio.
Está todavía mi padre
con su porte de caballero
en el umbral, avizorando
la luz del horizonte abierto;
y están mi madre y sus tejidos
de lana en un telar de ensueños,
mis hermanos que preparaban
su aventura y sus
devaneos.
Tantos hechos aquí pasaron,
tantas cosas, tantos sucesos,
que hasta el alba fue erosionada
por un raro quehacer incierto;
la comarca y sus pobladores
cargan su cruz, su cruz de hierro,
dialogando con su pasado,
con su ceniza y con sus muertos.
Emite el aire un eco extraño
que todo se parece a un cuento;
la vida es irreal, un vano
soplo que pasa en un desierto;
las puertas salen de sus goznes,
la querencia es un hervidero
de ansiedades que no florecen,
de anhelos que no se cumplieron.
No sé, pues, si estoy regresando
o es que regresan mis recuerdos;
si hoy es ahora o es mañana,
si mañana está transcurriendo;
de todos modos, aquel camino
se me acerca como al encuentro,
y yo avanzo con pasos lentos,
sombrero en mano y sonriendo.
Michele Najlis
Nicaragua
Pido la palabra
¿Podremos levantar alguna vez
de veras
la palabra
para que alguien nos dé
—de
veras, digo—
la mano?
Jose Agustin Goytisolo
España/ 1928 – 1999
Más que una palabra
La libertad es más que una palabra
la libertad es una chica alegre
la libertad es una parabellum o una flor
la libertad es tomarse el café donde un quiere
la libertad es una perdiz herida
la libertad es negarse a morir en una cama de hospital
la libertad es real igual que un sueño
la libertad aparece y ya no está
la libertad hay que inventarla siempre
la libertad puede ser del esclavo y fallarle al señor
la libertad es gritar frente a la boca gris de los
fusiles
la libertad es amar a quien te ama
la libertad es comer y repartir el pan
la libertad es no ocupar asiento en el festín de la
ignominia
la libertad a veces es una simple línea fronteriza
la libertad es la vida o es la muerte
la libertad es la ira la libertad se bebe y se respira
la libertad es cantar en tiempos de silencio
la libertad si
quieres será tuya
pero
sólo por un momento
porque cuando la tengas
se escapará riendo entre tus manos
y tendrás que buscarla y perseguirla
por las calles, ciudades, praderas y desiertos
de todo el vasto mundo porque se deja amar
únicamente por amor por ganas
porque ella
es más hermosa que una pluma del viento.
de: Salmos al viento (1956)
Hugo Mayo
Manta, Ecuador-1897-1988
Umbral del náufrago
Puede acalambrarlo el mar
Alimentarlo el anzuelo
La fiebre del deseo apenas devorarlo
La tercera ebriedad, en la insistencia
de Dios, ponerlo de rodillas
El mito de sirenas, dejarlo sin mareas
Y pensar que podría conquistarlo,
el oleaje perdido
Despertarlo, el sollozo de un pez
Lavarle el corazón, la correntada
A deshoras, va retratado en la sombra
de la extraña gaviota
La mano trasnochada del
ahogado,
llevándolo al suicidio
El grito evocado del tiempo,
poniéndolo en esdrújulo
Su regreso fatal, soldando los recuerdos
Y con qué hondura, su risa desdentada
El monólogo de la ola que se atrasa
Los presagios de una temida virazón
Lo inquieta, casi siempre,
la nostalgia del inesperado tiburón
Y hasta el topadillo, la siesta
del picudo en su harem
Cómo le da la bienvenida,
el alfabeto de las pequeñas caracolas,
los delfines nadando boca arriba
los ojos del atún enamorado;
las algas que han pecado
Y lo asustan en su susto,
la histérica tortuga que lo tienta
la farsa de unas velas,
el choque de las olas;
la algazara del viento
Pero el día de su onomástico,
el silencio del mar
Y todavía, nada
De "20 poemas de Hugo Mayo"
Vicente Huidobro
Santiago, Chile -1893 -1948
Monumento al mar
Paz sobre la
constelación cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la lápida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas
tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz también sobre mí.
He aquí el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despegándose de los labios
He aquí el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las
estrellas
He aquí la muerte inagotable desde el principio del
mundo
Porque un día nadie se paseará por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas
difuntos
Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena
O el jardín de los astros que pesan en el
cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte
El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando allá lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.
Este es el mar que se despierta como el llanto de un
niño
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus
pequeñas
/manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos
Levántate y saluda el amor de los hombres
Escucha nuestras risas y también nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta
interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada
día.
También nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
También nosotros te escuchamos
Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre sí
Cuando tu cólera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.
Lloras sin saber por qué lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los niños apedreen tus ventanas
Que te arranquen el
pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como césped de tumba
Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosión de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
Tú eres el más poderoso
Que yo estreche tus manos en las mías
Y sea la paz entre nosotros
Junto a mi corazón te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño
Cuando estás pensativo frente al cielo
Cuando estás dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detrás de mi ventana
Cuando lloramos sin razón como tú lloras
He aquí el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las
ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces
y otras cosas
alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sueños seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras
He aquí el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus días de paz y sus noches de histeria
Y al otro lado qué hay al otro lado
Qué escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo
Y más alta que todos los montes
Qué hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de pétalos tronchados
He ahí el mar
El mar abierto de par en par
He ahí el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ahí el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus
olas a mis ojos hay la distancia de la muerte
De Últimos
Poemas Póstumo, 1948
Eliane Arruda
Brasil
Discordancia
Encaminé mis escombros
Al desierto del pasado,
Hoy me esculpí en sueños,
Perfilando un rostro amado.
Soy una fruta asaz madura,
A punto de ser descascada
Por el poema que seduce
Mi horizonte azulado.
Sueño y desierto no combinan,
Este es exención de nada
En el sueño, los colores se avecinan,
La ilusión parte alada...
Traducción de Raquel Orlovitz Levitas
Floriano Martins
Brasil
Otras formas de extravío
¿Cuál es el soplo quemante de tu eternidad?
Ahora estamos a la medida de la ruptura.
Tomar nota del vuelo para identificar el ave,
los gemidos del fuego que suena feliz en su función.
Ahora es
indagar de la virgen dónde recorrer
la llama de su origen, el incierto buceo
en los párpados reflejados de sus visiones.
Para ella, todo sentido es movimiento. Más breve
aquél que le toque antes que lo perciba.
Se desata la animada criatura en apariciones,
velada por sus ídolos, que no nadan
como las criaturas de Santa Teresa.
Apenas el río, circundado por la sombra
de su fino papiro que se escribe a sí mismo,
mares a hilo. ¿Quién te envía?, si no quieres
ser la medida de tu propio extravío.
Pablo Neruda
Chile, 1904- 1973
Ángela adónica
Hoy me tendido junto a una joven pura
como a la orilla de un océano blanco,
como en el centro de una ardiente estrella de lento
espacio.
De su mirada largamente verde
la luz caía como una agua seca,
en transparentes y profundos círculos de fresca
fuerza.
Su pecho como un fuego de dos llamas
ardía en dos regiones levantado,
y en doble
río llegaba a sus pies, grandes y claros.
Un clima de oro maduraba apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llenándolo de frutas extendidas y oculto fuego.
Julio Cortázar
Argentina, 1914- 1984
El breve amor
Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en le espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-
(¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos ?)
Andre Breton
Tinchebray, Francia-1896- 1966
Los escritos se van
El raso de las páginas que se pasan en los libros
moldea una mujer tan
hermosa
Que mientras no se
lee se contempla a esa mujer con
tristeza
Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que
es tan hermosa
Que lo que se va a saber no tiene precio
Esa mujer pasa imperceptiblemente en un ruido de
flores
A veces se da la vuelta en las estaciones impresas
Y pide la hora o bien aun hace como si mirase unas
joyas de frente
Como las criaturas reales no hacen
Y el mundo se muere una ruptura se produce en los
anillos de aire
Un rasguño en el lugar del corazón
Los diarios de la mañana traen cantantes, mujeres cuya
voz tiene el color de la arena
sobre unas orillas tiernas y peligrosas
Y a veces los de la tarde dejan paso a chicas muy
jóvenes que llevan fieras
encadenadas
Pero lo más hermoso es en el intervalo de ciertas
letras
Donde unas manos más blancas que el cuerno de las
estrellas a mediodía
Demuelen un nido de golondrinas blancas
Para que
llueva siempre
Tan bajo tan bajo que las alas ya no se puedan mezclar
Manos por las cuales se asciende a brazos tan ligeros
que el vapor de las praderas
en sus bonitos entrelazados encima de los estanques
es su imperfecto espejo
Brazos que no se articulan a otra cosa que al peligro
excepcional de un cuerpo hecho
para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desanudados de setos
llenos de velas
Y lo único que tiene de terrestre es la inmensa verdad
helada de los trineos de miradas
sobre la extensión toda blanca
De lo que ya no volveré a ver
Por culpa de una venda maravillosa
Que es mía en la gallina ciega de mis heridas.
De "El revolver de pelo
blanco" Traducción: Claire Deloupy
Esteban Peicovich
Argentina-1930
Mapamundi
Hay un lugar de mi mujer
donde las
hormigas y yo
acordamos la más dulce devastación.
Ocurre cuando ocurre y no sabemos
más que el relámpago que inventa
cuando avanza ruidosa de agua y cielo
su costumbre.
Ese lugar de mi mujer no tiene puntos
cardinales, mapas grises
sino una sola fiesta
ciega tromba
donde caigo a recoger mis velas,
los silencios que pesan.
De
"La bañera azul"
Theodore Roethke
Estados Unidos-1908- 1963
El ciclo
Agua oscura, subterránea,
Debajo de la roca y la arcilla,
Debajo de las raíces de los árboles,
Entró en la luz del día,
Surgió de un musgoso túmulo
En niebla que el sol podía aferrar.
La lluvia sutil envuelta en una nube
Por rodantes vientos fue llevada
Lejos de la más fría fuente
Donde los elementos se unen
Densos en la piedra central.
El aire se soltó e hizo sonoro.
Después, con disminuida fuerza,
Cayó la plena
lluvia,
Se canalizó con sonido de cascada
Hasta debajo del suelo cerrado de la roca,
Bajo el nacimiento de un río,
Bajo la primigenia piedra.
Alcira Cardona Torrico
Bolivia-1926
Cuando abrí mi corazón
Cuando abrí mi corazón, había dentro
un dios llagado;
le vi caer por la mejilla izquierda
hasta romper la luz
y estremecer la tierra.
Cuando abrí mi corazón,
estaba un olivar quemándose entre dos rayos.
Percutía el puño de los huecos
y blandía sus brazos el estrago.
Cuando abrí mi corazón,
las fraguas ya no ardían,
pero el duro golpearse de los hierros
arrastraba
estruendos carcelarios y suspiros.
Cuando abrí mi corazón,
el poema, vio descarnado el rostro de la guerra,
de sus labios cayeron los adioses,
hubo temblor de noches
y silencioso huir de las estrellas.
Cuando abrí mi corazón, quedaban el duelo,
la carcoma, el polvo
y las últimas palabras sin
encuentro;
con ojos en la sombra sumergidos
los insomnes recuerdos
girando en el vacío.
¡Cuando abrí mi corazón,
las lágrimas del mundo habían crecido...!
Nazim Hikmet
Tesalónica 1902- 1963
Nostalgia
Cien años han pasado sin ver tu cara
enlazar tu cintura
detenerme en tus ojos
preguntar a tu clarividencia
acercarme al calor de tu vientre.
Hace cien años que en una ciudad
una mujer me espera.
Estábamos en la misma rama, en la misma rama.
Caímos de la misma rama, nos separamos.
Cien años nos separan
cien años de camino.
Hace cien años que en la penumbra
corro detrás de ella.
6 de julio de 1959
De "Ultimos poemas"
Stephane Mallarme
Paris, Francia-1842- 1898
Hastiado del amargo reposo donde mi pereza ofende
Hastiado del amargo reposo donde mi pereza ofende
Una gloria por la que rehuí antaño de la infancia
Adorable de los bosques de rosas bajo el azul
Natural, y siete veces más hastiado del duro pacto
De cavar por velada una nueva fosa
En avaro y frío terreno de mi cerebro,
Enterrador sin piedad para la esterilidad,
¿-Qué decir a esta Aurora, oh Sueños, visitado
Por las rosas, cuando, miedo de sus lívidas rosas,
El vasto cementerio unirá los agujeros vacíos?...
Quiero abandonar el Arte voraz de un país
Cruel, y, sonriendo a los reproches envejecidos
Que me hacen mis amigos, el pasado, el genio,
Y mi lámpara que sabe sin embargo mi agonía,
Imitar al Chino de límpido y fino corazón
Cuyo puro éxtasis es pintar el fin
Sobre sus tazas de nieve a la
luna arrebatada
De una flor extraña que perfuma su vida
Transparente, la flor que ha olido, de niño,
A la filigrana azul del alma injertándose.
Y, la muerte tal con el solo sueño del sabio,
Sereno, voy a elegir un joven paisaje
Que aún pintaría sobre las tazas, distraído.
Una línea de azul fina y pálida sería
Un lago, entre el cielo de porcelana desnuda,
Un claro creciente perdido de una blanca inmensidad
Cala su cuerno tranquilo en el hielo de las aguas,
No lejos de tres grandes pestañas de esmeraldas,
juncos.
De
"Poesías" Traducción: Claire Deloupy
Norma Segades
Argentina
Los soldados muertos
“...arrojados en la memoria que chilla y patalea
devorado por un olor a muerto
imposible de despegar con nada.”
Carla Vidal/ (Chile)
Siempre estarán yaciendo en su piel carcomida por los
dientes del lobo,
porque los chocolates no llegaron al hueco de su
ultraje
y nada estuvo cerca
cuando la noche, a paso de gangrena,
devoraba muñones con sus fauces de escarcha
y los dioses urgían su cuota de despojo,
el diezmo de homicidios cotidianos
que ordena su estatura,
su identidad de crótalo que repta acorralando sueños
mientras el mundo observa, mientras los templos rezan,
mientras rugen los odios.
Siempre estarán yaciendo en esas soledades de
profundos insomnios,
celosos habitantes de sus rotundas muertes en
trinchera,
cubiertos por la nieve
como si fuera un velo funerario,
como leves sudarios sobre rostros roídos
donde el miedo
demora los rictus del asombro,
donde la historia muerde sus traiciones,
donde la indiferencia
negocia cada llaga contundente, cada coágulo inerme
y el silencio es apenas otra infamia lloviendo sobre
sus promontorios.
Propietarios de tumbas que no engendran corolas porque
hasta el suelo es sórdido,
dueños de las raíces de sus nombres renunciando al
olvido,
suturando las venas
degolladas por filos mercenarios
en el tiempo del frío, en la hora de las súplicas,
cuando el hambre alcanzaba la altura del sollozo,
la guerra era ese vértigo quemante,
la oscura pesadilla,
esa cruel petulancia enredada en marañas de
estrategias
y ellos una centuria de ternura indefensa amartillando
el vómito.
Rubén Vedovaldi
Santa Fe, Argentina
Las cosas por su nombre o la torre de Babel
La caída de la torre de Babel fue peor que la movida
de la bolsa financiera.
Se mezclaron las lenguas y ya nadie
entiende las
palabras de nadie.
Para nombrar a una misma persona, por ejemplo, en
Portugal le dicen Zeco, en España José, en Inglaterra
Joseph y en Italia Giuseppe, aunque sea el Pepe de tu
barrio, al que las pendex llaman Jó.
Peor con los pobres animales. A lo que por acá le
llaman yacaré, en otros lugares llaman caimán. A lo
que acá llaman tucán, en Colombia llaman alcatráz.
Al ave de rapiña que unos llaman guaicurú, otros
llaman cernícalo, otros llaman gavilán y otros halcón.
Al ave canora que unos llaman zorzal , otros llaman
chalchalero, aunque si lo escuchás cantar, nadie
confundiría a los pobres Chalchaleros con el gran
zorzal criollo.
A lo que unos llaman chingolo, otros llaman cachilo y
otros llaman cholulo. Yo tengo una prima bastante
cholula, pero en otro sentido.
A lo que aquí llamamos comadreja, en España llaman
raposa.
A lo que ellos llaman ruiseñor nosotros le decimos
bandurria.
A lo
que allá llaman oca, aquí le decimos ganso.
A lo que aquí llamamos iguana, más al norte llaman
lagarto.
A lo que en Chile bautizaron rum rum nosotros llamamos
maynumbí o colibrí o picaflor.
Algunos al sabalito le dicen huevada, para mí huevada
es la programación televisiva, por ejemplo.
Para alguna gente moncholo y bagre es lo mismo, o
confunden merluza con pez palo.
Misto y jilguero es igual, y no faltó un poeta que al
jilguero lo bautizó Botón de oro. ¿Qué tal?
El piche también se llama quirquincho, o mulita o tatú
y también peludo.
Flor de peludo se agarró un vecino, que se tomó una
damajuana de tinto en un día.
En el mar hay un pez al que las malas lenguas apodan
cagavino. Menos mal que yo lo tomo en tierra.
Lo que aquí se llama chaguanco otros llaman mirlo y
otros pecho amarillo.
Las que el poeta romántico llamaba oscuras golondrinas
otros llaman petrel.
Al ciervo en otro lugar lo llaman
reno.
Lo que algunos llaman guacamayo, otros llamaban
flamenco.
El taguá es gallareta, aunque te la quieran hacer
pasar por pato.
Imaginate la confusión que se haría el pobre Noé si tu
viera que llamar hoy a los animales al Arca por si
viene otro diluvio. Toda esta confusión trajo la caída
de la Torre de Babel, pero ya se van a aclarar las
lenguas cuando se aclare la memoria.
Nixte Zapican
Durazno, Uruguay- 1968.
La Luz
esa otra luz que me devora urgida por el siglo
encrespada de soles turbulentos
ebria de pedazos de mar y golondrinas
columpiándose de cascabel a brújula selvática.
Luz retumbando por las paredes
con estertores de plomo y amargura
y resabios de sueño que bajan al futuro
ladrillo por ladrillo.
Luz de caracol sin dientes y preso de la noche
que no puede salir, sino desnudo
que no puede volar sino de rosa en rosa moribunda.
Esa luz, espada, cumbre, calle de
piedra, espejo
triste
¿de quién salió?
¿De quién hasta mí viene subiéndome las costillas
tras
pasándome las manos como un grito?
Omar Ardila
Colombia
Erotismo y muerte
A Yukio
Mishima
Con ímpetu,
el deseo,
recorre las jugosas carnes prohibidas
y en eterno alborozo
se levantan compactas
las imponentes figuras.
Atrás quedó,
el temor de mostrarse desnudos
y la cautiva soledad de los años mozos.
Ahora,
abiertos los brazos,
aferrados a la ternura paternal,
se entregan al deleite
y a la gloria
de la erótica muerte.
Del libro: A la sombra del abismo
Yevgueni Yevtushenko
Siberia-1933
Los abedules enanos
Somos los abedules enanos.
Estamos clavados hondos, como astillas
bajo tus uñas de hielo.
El imperio de la congelación perpetua
es capaz
de diversas villanías
para achatarnos aún más...
¿A ustedes les extraña, castaños de París?
¿Les duele a ustedes, palmas elegantes,
ver cuán bajo, al parecer, hemos caído?
¿Y a ustedes, seguidores de la moda, les entristece
ver hasta qué punto somos Cuasimodos?
En su tibieza a ustedes les agrada, sin embargo,
nuestro coraje ciudadano
y nos envían con pesar pomposo
su apoyo moral.
Ustedes consideran, estimados colegas,
que no somos árboles, sino lisiados,
pero el verde aunque no sea hermoso
entre los hielos les parece progresista.
Muchas gracias. Nosotros solos
resistiremos bajo estos cielos,
cuando ferozmente nos retuerzan,
sin su apoyo moral, lloroso y precavido.
Ustedes, claro, son más libres que nosotros
pero nuestras raíces son más fuertes.
Sí, claro, no sobrevivimos en los Champs Elysées,
pero en la tundra nos estiman más, nos quieren.
Somos los abedules enanos.
Con astucia
inventamos nuestras poses,
pero todo eso no es más que simulación.
El constreñimiento implica una forma de rebeldía.
Creemos, achatándonos como lisiados,
que la congelación eterna no es posible.
Su horror cederá.
Alcanzaremos el derecho a la gallardía.
Pero si cambia el clima,
¿tomarán de repente nuestras ramas nuevos contornos
más libres?
Es demasiado larga la costumbre de ser jorobados.
Y esto nos tortura, nos tortura,
y el frío nos retuerce y nos retuerce,
pero estamos clavados hondo, como astillas,
nosotros, los abedules enanos.
De "¡La mitad no quiero
de nada!"
Stella Maris Taboro
Argentina
Patria mía:
Mi patria agitándose
en un mar tumultuoso
entre gente con pájaros sin trinos.
Cuánto veces he preguntado
si puede prenderse
el blanco de mi bandera
en las mejillas felices
que
quiero ver en los niños,
y el celeste inmaculado,
en la gente que camina
con sus rostros grises de tristeza.
Cuántas veces quise ver
el sol de la bandera
destruyendo al corrupto.
Ay ,mi Argentina
de honda frescura tu nombre
consumida en los inviernos de martirios
Se que sobreviven las ansias
elevando altares a la gloria
en tiempos sin sombras en el camino
y en un sendero de brisas sin tormentas.
Frank Otero Luque
Perú
Domitila runawarmi
(Domitila, mujer
andina)
Wawa-imilla /
Niñita.
Phujllana-jugar
maki muqu,
muñeca bonita.
Llumppa-doncella
Warmi-mujer,
chura-coqueta,
kantuta tan bella.
Mama después.
Bondad consabida.
¿Qué más, pues?
Wawayux-Mama:
Santidad conocida.
Pachamama.
Muju-semilla / saphi-raíz,
tronco / sara-maíz;
fuente de vida.
Mamakocha también.
Pukio caudal,
amor manantial,
jarsuri de
bien.
Es lecho / y es pecho.
No hiera a su crío
ni el hambre ni el frío.
La bruma no abruma.
De alguna manera,
rebusca el sustento
al revés y al derecho.
Puscana, Phitana /
Hilar, tejer.
Away, awakuy.
P'itay.
K'anti / rueca-phusca.
Y yapuy-arar
con taclla certera
son su elemento.
Wawita /
en lliclla-uijgsa cargado,
pasajero de primera,
nunca polizón /
asoma carita.
Leche materna, chucho-pezón.
Uyas tostadas,
Ojitos-ñawis rasgados.
Assina-ríe feliz,
Mama /
Wawayux-Mama /
Pachamama /
Mamacocha.
Siempre Domi,
siempre nana.
Siempe Alba,
tuta-tuta.
Siempre mama.
Carlos Saglul
Buenos Aires, Argentina
La luna
Una sirena pasa a lo lejos llevándome.
Pero ya lo ves.: aquí estamos todavía los dos.
Eternos en el espejo como una foto.
Con la mirada asombrada de nada…
He dejado mi cuerpo tirado por ahí,
Es una manera de
que estos idiotas se den cuenta que
ya no estoy
aquí.
Soy un vieja foto de vos y de mí…
Mi corazón al fin se cansó. Como un gato viejo se
durmió mirando la
luna.
Estos tejados jamás volverán a verlo hacer equilibrio
en las cornisas.
Suena una sirena, por un instante te sobresalta y
luego te vuelves a
dormir.
Una sirena pasa llevándome…
Son esas viejas historias de silencios que no dejan de
gritar.
Vilma Vargas
Costa Rica
Exilio
Recuerda el sol quebrado y desierto
su marcha por los techos de herrumbre
recuerda tu grito tu intento de gritar
esta tierra y sus casas deshabitadas
esta tierra sin recompensa
recuerda el corazón en las calles
cuando no había nadie:
cómo saltaba,
recuerda las calles de alambre,
no te culpes no olvides
que los que aquí se quedan
se quedan y recuerdan
Alfredo José Delgado Bravo
Monsefú, Perú, 1924
Florilegio
Este que
ahora soy, estrictamente,
luego de haber crecido desde el suelo
hasta la blanca altura del pañuelo
cuando borda un adiós cumplidamente.
Este magro corazón luciente
con su edad sin memoria bajo el cielo
con su dolor esquivo, su desvelo
y una sombra de heridas en la frente.
Este que ha caminado sin descanso
por el mar tempestuoso o el remanso
conduciendo su propia travesía.
Este que de vivir va muriendo
a pesar de todo ello sigue siendo
nada más que un hombre todavía”.
de " Las Horas Naturales."
Julio César Aguilar
México (reside en Texas, EEUU)
VII
Venir a saber que el tiempo
no más que una ilusión
es.
Llegar sabiendo
que la tierra llora
si nos desangramos
y los hombres todos
células somos de un mismo cuerpo
de cuyas raíces
un jardín surge de corazones nuevos
renovados siempre
y así
resurgiendo.
Irse entonces sabiéndolo todo
sin comprender nada
sin ningún olvido
sin olvidarse yéndose
yéndose
para volver
de:
Barcelona
Gaby Arce Muñoz
Arequipa, Perú
Ocaso
Al final del camino
interfiero el orden de las cosas
tengo ciego el oído
sordo el pensamiento
mis palabras huyen del exilio
perdí la belleza de la luz.
Están las horas suspendidas
en el ocaso de la tarde
el gato adormecido respira
acompasando las horas
la mosca con su brillo azul
atisba en el tejado…acecha
Cierro la boca
reteniendo un sueño
renuncio al realismo incierto
a la noche oscura
que me cierra la puerta.
Estoy herida en mis aristas
quiero penetrar en el poema
ocultarme en sus recodos
empaparme de versos
instalarme en el centro del estío
para no sangrar en serio.
Me deslizo cuesta abajo
desde el horror de
los bostezos
encuentro un poema de Neruda
estrujado de pena
La inconclusa termina esta tarde
al abordar mi última matáfora
perdí rumbo en el camino
sólo siento la sal y el temblor del viento.
Gustavo Marcelo Galliano
Argentina
Reina Gris en Ciudad Crepúsculo
Reina Gris gobierna,
Ciudad Crepúsculo observa,
la miel, la mies, la piel,
todo ofrendado a ella.
Baila Reina Gris,
baila decadencia,
que hoy tu infiel estirpe
al fin ya no procrea.
Ríe Reina Gris,
sin bufones ni Corte,
la suciedad de tu reino
sentenciando te absorbe.
Ríe Reina Gris,
ríe y alecciona,
que en tu reír bastardo,
la urbe no da loas.
Jadea Reina Gris,
revuélcate en tu odio,
que el carrusel del olvido
no gravará tu historia.
Estalla Reina Gris,
propagadora del mal ,
en tu paso pestilente,
de catadora seminal.
Solloza Reina Gris,
nosotros lo imploramos,
esclavos de tu
lujuria,
por debilidad esclavos.
Resígnate Reina Gris,
sin súbditos ni huestes,
nosotros, tus burlados,
reiremos de tu suerte.-
Publicado en Antología“Poetas y
Narradores Contemporáneos 2007”, De Los Cuatro
Vientos Ediciones, Junio de 2007. Buenos Aires.
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