S?bado, 24 de mayo de 2008
Isla Negra 4/137
Casa de poes?a y literaturas.
2004- mayo- 2008-
suscripci?n gratuita. Lanusei,Italia. Direcci?n:
Gabriel Impaglione.
Publicaci?n inscripta en el Directorio Mundial de
Revistas Literarias UNESCO
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Carlos H.?Tata? Herrera




Neuqu?n, Patagonia Argentina
Junta en la arena
A Aroldo Conti












Mientras yo me estoy tan yo, y tan ajeno,
qu? micas alumbrar?n esos fluviales maderos
que Haroldo abandon? en remotas arenas.
Cuentan que se han hecho barcos... ?cu?n marineros!

?Tan ?l, y tan todos ese desgraciado!
Como los caballos me sacudo el
polvo,
agito y estremezco mi propio cuero,
y ?l, muy orondo, habitante de mis adentros.

Ah!, ya quisiera tenerlo frente a frente,
transido en las mismas tardes, sentado a la misma
mesa.
Le dir?a largamente de las nueces
que en mi pago los arroyos navegan;
de la acritud de los locontes, del dulzor de las
sachaperas,
de los ojos de mis serranas, veras corzuelas.

Le enrostrar?a haber sembrado tanto r?o,
en los estrechos cauces de mis r?os fugaces,
de los secos r?os del pago catamarque?o.
Esos cauces donde a?n los onagros
publican el celo con sus trompetas.

Pasar? El Pr?ncipe por la vereda: Pecho tambor,
capa bermeja. Sigui?ndolo, Haroldo
se ausentar? sin despedirse, fiel a su materia,
adivinando que yo, como un boludo,
ir? tras ?l y sus aguas noveleras.

Llegados a las arenas, convocar? a Cafun?
-flauta de hueso-, para que yo desoville danzas
suavemente,
mientras El Cazador Americano a
mis pies levante
polvaredas
con sus coheter?as fant?sticas, certeras.

Habiendo visto flotar luminosa aquella carpa en
Tapado,
reposaremos en los m?danos, dejando vagar los ojos
hasta reunirlos en aquella Roja Estrella.-


Leticia Luna
M?xico
Levitaci?n de los deseos

?Qu? poco sospech?bamos
Del aliento y los fluidos misteriosos
????????????????? Bajo la piel ardiente!

Si me hubieran dicho
Que bao tu apariencia
Guardabas un volc?n
Jam?s hubiera hipnotizada
??????????????? Remado hacia tu hoguera

?Qu? maravilla la expiraci?n
?????????????????????????? De ese volc?n!

Y t? y yo sentados en la
barca
Atravesando las aguas rojas
Y el torbellino azul de los deseos

De: El amante y la espiga, Ediciones La Cuadrilla de
la Langosta, M?xico, 2005.
?

?lvaro Cunqueiro
Mondo?edo, Galicia, Espa?a- 1911-1981
Luz mojada le llegaba del mar...

A Ricardo Carballo
Luz mojada le llegaba del mar.
?Qu? claro el tiempo
para verla en la playa
con presencia de cosa!
?Qu? sencilla la tarde
para besarla en el pelo
con caricia animal y pura!
?Luz mojada de sus ojos
llevaba el mar!

De "Mar ao norde" 1932- Tr. Vicente Araguas


Jorge D?vila
Cuenca, Ecuador
Sinfon?a de la ciudad amada
Adagio del tiempo
18
El pasado visita
los lugares
donde creci? el amor
y se hizo el verso.

El pasado se viste de
oropeles
en salones que guardan
un piano
que ha perdido la voz
hace ya tiempo.

El policromo esplendor
de los metales refulge a?n
en los techos,
en las l?mparas,
en el barniz de los muebles
de esterilla
venidos todos de lejanas patrias,
en las que el sue?o
se hizo aun sue?o
para la Cuenca rica
de otro siglo.

19
Mas,
en la calle
lavada por la lluvia
el peque?o ciclista
es rey del mundo.

Con ?l empieza la vida
de la urbe
con ?l se inicia
su tr?nsito terreno.

As? aparece el futuro
entre nosotros,
tan simple
como un ni?o que jugara.

20
Inventario de sue?os
de los tiempos pasados
y de las ilusiones
que no retornar?n.

Pasa como un rosario
de cuentas invisibles
por esas viejas manos
que amasaron la vida
que bautizaron ni?os
que en la magia del martes
y el viernes
conjuraron
espantos, malos aires, malos ojos,
con hierbas y
oraciones y misterios.


Willian Blake
Inglaterra, 1757-1827
La noche

Desciende el sol por el oeste,
brilla el lucero vespertino;
los p?jaros est?n callados en sus nidos,
y yo debo buscar el m?o.
La luna, como una flor
en el alto arco del cielo,
con deleite silencioso,
se instala y sonr?e en la noche.
Adi?s, campos verdes y arboledas dichosas
donde los reba?os hallaron su deleite.
Donde los corderos pastaron, andan en silencio
los pies de los ?ngeles luminosos;
sin ser vistos vierten bendiciones
y j?bilos incesantes,
sobre cada pimpollo y cada capullo,
y sobre cada coraz?n dormido.
Miran hasta en nidos impensados
donde las aves se abrigan;
visitan las cuevas de todas las fieras,
para protegerlas de todo mal.
Si ven que alguien llora
en vez de estar durmiendo,
derraman sue?o sobre su cabeza
y se sientan junto a su cama.

Cuando lobos y tigres a?llan por su presa,
se detienen
y lloran apenados;
tratan de desviar su sed en otro sentido,
y los alejan de las ovejas.
Pero si embisten enfurecidos,
los ?ngeles con gran cautela
amparan a cada esp?ritu manso
para que hereden mundos nuevos.
Y all?, el le?n de ojos enrojecidos
vertir? l?grimas doradas,
y compadecido por los tiernos llantos,
andar? en torno de la manada,
y dir?: "La ira, por su mansedumbre,
y la enfermedad, por su salud,
es expulsada
de nuestro d?a inmortal.
Y ahora junto a ti, cordero que balas,
puedo recostarme y dormir;
o pensar en quien llevaba tu nombre,
pastar despu?s de ti y llorar.
Pues lavada en el r?o de la vida
mi reluciente melena
brillar? para siempre como el oro,
mientras yo vigilo el redil." ? ?? ? ? ?

Versi?n de C?sar Astor


?lvaro Valverde
Espa?a, 1959
De un viajero

Quise volver de
donde no se vuelve.

Si el viaje dur? lo que dura una vida,
fue el destino culpable.
Nada hice que hoy me recuerde el pasado.

Una bruma extrav?a los mares que cruzara
y en el puerto se cubren las balizas de sal.
De las ciudades guardo la nostalgia del l?mite
y ning?n barco lleva el nombre de mi reino.

Demor? la llegada sin saber que perd?a
esa clave dudosa que dibujan los atlas.
S?lo s? que fue in?til. ? ? ? ?? ? ? ?
Vivir? de olvidarme.

De "Una oculta raz?n" 1991


Luis Eligio Perez Cafria
Cuba
Hunde en m? tu hoja m?s dura (Abel. 1953)
1
El tipo del hierro
el tipo
el hierro
el ojo
hoja
hombre.
hombre verdugo
tipo sin adjetivo
hoja que utiliza:
cuerpo
fr?o
conector.
Hay discursos
pero se alejan
de la hoja
dura
hundida

2
Este par de
ojos
vieron
la muerte
vieron
la muerte
la muerte,
y los tir?


?ngel Cruchaga
Santiago, Chile- 1893- 1964
Tu voz

?M?s all? de qu? monte,? ? ? de qu? dormida estepa
lejan?sima y sola viene tu voz de llama?
Eres como una herida de miel en mi tristeza.
Llegas como la tarde perfumando mi casa.

Voz que suspira como? ? ? volvi?ndose una esencia,
voz que duerme en mis ojos y que muere en mis canas.
Te seguir? hasta donde se concluye la tierra.
All? donde los Polos hacen girar sus alas,

o m?s distante a?n, donde la luz no llega,
en un turbi?n oscuro que no encuentra una playa,
en la red melodiosa de la perdida estrella
que en olvidados mundos deja caer el ancla.

Voz que viene en la tarde a? ? ? trav?s de la hierba
?oh voz que yo sostengo llorando mis pesta?as,
ir?s toda la vida velando mi tristeza
voz de la amiga que no pudo ser
amada!...


Aurelio Arturo
La Uni?n, Nari?o, Colombia- 1906- 1974
Arrullo

La noche est? muy atareada
en mecer una por una, ? ? ? ?
tantas hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.

Si le ayudan las estrellas, ? ? ? ?
c?mo tiembla y tintinea la infinita
comba eterna.

?Pero qui?n dormir? a tantas, ? ? ? ?
tantas,
si ya va subiendo el d?a
por el r?o?

(?D?nde canta este pa?s ? ? ? ?
de las hojas
y este arrullo de la noche
honda?).

Por el lado del r?o ? ? ? ?
vienen los d?as
de bozo dorado,
vienen las noches
de fino labio. ? ? ? ?

(?D?nde el bello pa?s de los r?os
que abre caminos
al viento claro ? ? ? ?
y al canto?)

La noche est? muy atareada
en mecer una por una, ? ? ? ?
tantas
hojas.
Y las hojas no se duermen
todas.

Si le ayudan las estrellas...
Pero hay unas m?s ocultas, ? ? ? ?
pero hay unas hojas, unas
que entrar?n nunca en la noche,
nunca. ? ? ? ?

(?D?nde catan este pa?s
de las hojas,
y este arrullo de la noche ? ? ? ?
honda?)


Lourdes Jacobo Garc?a
Puerto Padre, Las Tunas. Cuba 1965
Instante

En la proximidad de la quietud
est? mi casa inexplicable en el diluvio;
cuando a Venecia llamas
retorna el desaf?o.
Inquieta te sostengo
en la consumaci?n
del sol y los naranjos
que han crecido por mis piernas
con ra?ces en el vientre.
H?meda en el bosque
te presiento nazareno
y la cruz anuncia
mi cansancio y otros lirios.


Blanca Varela
Lima, Per?, 1926
Sin fecha
a Kafka

Suficientes razones, suficientes razones para colocar
primero
un pie
y luego otro.
Bajo ellos, no m?s grande que ellos ni m?s peque?a, la
inevitable sombra que se adelanta y? ? ? voltea la
esquina, a
tientas.
Suficientes razones, suficientes razones para
desandar,
descaer, desvolar.
Suficientes razones para mirar por la ventana. Para
observar
la mano que cuenta a oscuras los dedos de otra mano.

Poderosas razones para antes y despu?s. Poderosas
razones
durante.
La hoja de afeitar enmohecida es el l?mite.
Lasciate ogni speranza voi ch'entrate.
No se retorna de ning?n lugar. Y la regla torcida lo
confirma
sobre el aire totalmente recto,? ? ? como un cad?ver.
Y hay otras.
Palidez, sobresalto, algo de n?usea.
Misterioso, obsceno chasquido del vientre que canta lo
que
no sabe.
La luz a pleno cuerpo, como un portazo. Adentro y
afuera.
No se sabe d?nde.
Y las dem?s. ?Existen? ? ? ? ?? ? ?
?

Infinitas para la duda, evidentes para la sospecha.
Dejarse arrastrar contra la corriente, como un perro.
Aprender a caminar sobre la viga podrida.
En la punta de los pies. Sobre la propia sombra.
No m?s grande que ellos ni m?s peque?a.

Uno, dos, uno, dos, uno, dos, uno.
Uno atr?s, otro adelante.
Contra la pared, boca abajo, en un rinc?n.
Temblando, con un l?vido resplandor bajo los pies, no
m?s
grande que ellos ni m?s? ? ? peque?o.
Tal vez, tal vez la estancada eternidad que alg?n alma
inocente confunde con su? ? ? propio excremento.

Malolientes razones en la boca del t?nel.
Y a la salida.
A la postre tantas razones como cuellos existen.

Defenderse del incendio con un hacha. Del demonio con
un hacha, de dios con? ? ? un hacha.
Del esp?ritu y la carne con un hacha.

No habr? testigos.
Se nos ha advertido que el cielo es mudo.

A la m?s
se escribir?, se borrar?. Ser? olvidado.
Y ya no existir?n razones suficientes para volver a
colocar
un pie y luego el? ? ? otro.
No obstante, bajo ellos, no m?s grande que ellos ni
m?s
peque?a, la? ? ? inevitable sombra se adelantar?.
Y voltear? la misma esquina. A tientas.


Claudia Lars
El Salvador, 1899- 1974
Env?o

?Llena tu blanco fuego mi sentido?
?Hablo de mi camino transparente,
del nombre que me habita, del viviente
a veces escuchado y comprendido?

Crece una luz... su vuelo, su latido
son el poder de la criatura ardiente:
?ngel guardi?n, amigo de mi frente,
memoria de un pa?s que casi olvido.

Celeste donador: sin ti ser?a
la tierra negro aliento, masa fr?a,
isla ciega en las noches de su nada.

?ngel: cantemos el fulgor desnudo,
tus alas encendidas y tu escudo
y en mis ojos la tierra iluminada.


Nizar Qabbani
Siria,
1923-1998
El lenguaje imposible

El escritor en mi pa?s
habla todas las lenguas del mundo
menos la ?rabe:
tenemos una lengua temerosa
en la que se han taponado todos los agujeros de la
libertad.

Traducci?n del ?rabe Mar?a Luis
Prieto. Tomado de ?poesia arabe?- enviado
por Patricia Damiano


Lope de Vega
Madrid, Espa?a, 1562-1635

Yo dije siempre, y lo dir?, y lo digo,
que es la amistad el bien mayor humano;
m?s ?qu? espa?ol, qu? griego, qu? romano
nos ha de dar este perfecto amigo?

Alabo, reverencio, amo, bendigo
aquel a quien el cielo soberano
dio un amigo perfecto, y no es en vano;
que fue, confieso, liberal conmigo.

Tener un grande amigo y obligarle
es el ?ltimo bien, y por quererle,
el alma, el bien y el mal comunicarle;

mas yo quiero vivir sin conocerle;
que no quiero la gloria de ganarle
por
no tener el miedo de perderle.
?
?
Genoveva Arcaute
La Plata, Argentina

All? donde el deseo se anzuela
(y que lo saquen)
la furia de vivir puso su casa.
Un enano vehemente
Se instal?
que no afloja
garritas aferradas
a gl?ndulas ingenuas.

Dejalo salirse con la tuya
que no suelte la cadena el eros
y sus lemas:

No despu?s, ?ahora!
No ma?ana, ?hoy!
No ?lo
pienso?, ?ya!


Francisco ?lvarez Velasco
Espa?a

?Es esta luz aqu?lla detenida
en los rojos tejados de la infancia?
No recuerdo ya bien.
?
Mas de pronto la tarde
tiene un remanso de oro
y es silenciosa,
y padre
ya ha cruzado los r?os de su invierno
y sube con los zancos en el hombro,
y est? abuela llamando a las gallinas

de su libro Las aguas
silenciosas,
Gij?n,Ediciones Trea- envio portal de poesia
?

Alfredo Ocampo Zamorano
Colombia
Eleg?as m?nimas desde Gramercy Park
III
El Museo Metropolitano

No nos devora el tiempo en el Museo
Habla Rembrandt
tranquilo nos explica
que envejecer no es cosa
de las diosas
Sino del ser humano
hecho deseo

Todo tiempo pasado
no es finito
De Cimabue a Picasso
se intercala
el templo de Dendur
N?nive
Egipto
los calimas
los griegos
la hermosura
del gesto en la escultura
Es un santuario

Este del Metropolitan
Visi?n de un para?so que hace el arte
Del siempre que es estar de no estar siempre

Ma?ana cuando mueras
todav?a
te seguir?n mis pasos al poema
visita tras visita ante tu esp?ritu


Carlos Tellez Espino
Las Tunas, Cuba- 1960
Oraci?n por el ahogado

Intermediaria la madera, el mar
propone otra aventura, marinero.
T? lo olvidaste.
Ahora, misionero
de la muerte, decides convocar
la vida.
Lo olvidaste al levantar
el ancla, pero el tiempo, bandolero
sin rostro, puede m?s que el carpintero
y el ?rbol.
De nada vale nadar
l?quido el aire, la madera inclina
el pecho a las columnas de agua.

Todo
cae. Un cuchillo de luz despedaza
un trozo de cielo. Tu cuerpo termina
como anzuelo. Algo nos duele. No hay modo
de salvarte.
Lejos, un barco pasa.


Liliana Ch?vez
Argentina
Sobre la hora

No demoro mi hora en el cadalso.

Solo digo:
No es f?cil masticar la obediencia,
ni firmar con la saliva de los muertos.
Tampoco, tejer la red
sin ser ara?a; encontrar manchas
bajo la lej?a;
ni elevar un monumento
con un ?pice de arcilla;
vivir siendo hijuela de una voz perdida
o la mano que devuelve lo
robado
al acto que sigue a la condena.

Sean complacientes.
Necesito del silencio para gritar
verdades ?ltimas. Las m?nimas,
las fundamentales.

No pisen al caracol con el zapato.
No sube las paredes mutilado.


Raquel Pi?eiro Mongiello
Funes -Santa Fe - Argentina????
Pueblos

Sonidos puros
aletean en el espacio
suben por enormidad de ojos;
no desisten de herencias
ni de ninguna constelaci?n,
fiel a sus principios
de pueblos originarios.
no quieren ser
templos de sombras.
?

Clara Lecuona
Cuba
Palabras al disc?pulo
I
Recuerda
Guardar la compostura.

Recuerda
La palabra es enga?osa.

Recuerda
El riesgo descansa sobre la fragilidad
de lo posible.

II
Amado disc?pulo si te asalta el enojo
resuelve asunto tan comprometido
a solas
y estar?s en paz con el mundo.

III
Cuando la hoja caiga sobre tu
reflejo en el estanque.
No temas
s?lo la paciencia permitir? ver
lo que a tus ojos la inmediatez vuelve caos.

IV
Gu?rdate de brindar afectos precipitados.

La realeza que encuentres en otros
es la tuya
o el mero deseo de que exista.
?


Alejandra Craules
M?xico
Calle

La calle llora otra vez

Descalzo deshaces cadenas
de l?quido amni?tico

La calle sangra otra vez
Sientes deslizarse sensaciones
deshiladas y deslavadas

La calle r?e otra vez

T? imit?ndola despejas sue?os
en proceso de desencanto

La calle despierta otra vez
ya no calzar?s nunca mi cuerpo
permanecer?s solo
con la nuca en el suelo
los ojos semiabiertos
la cordura en el viento


Julio Antonio G?mez Molinet
Manzanillo, Cuba, 1968
A esta mujer apareci? el ?ngel de Jehov?,



y le dijo: (?) Pues he aqu? que

concebir?s y dar?s luz a un hijo; y navaja
no
pasar? sobre su cabeza, porque el ni?o

ser?
nazareo(?)

JUECES 13,3
Descansa el jubileo en tus l?grimas,
Dios har? de ellas una gema extra?da de los mares.
Oh, mujer, guarda los votos,
lustra el gesto en las ma?anas
y anuncia tu alegr?a enZora.
Oh, mujer, ya viene el emisario,
su aspecto anuncia una luz.
Oh, mujer, despierta, despierta un hosanna.


Eunice Odio
San Jos?, Costa Rica- 1922 -1974

Y luego resulta que yo nunca cre? en serio, eso
de que
ten?a que morirme... ?Sabes qui?n s? est? seguro de
eso? O. Paz. Un d?a me dijo en el colmo de la
solemnidad y la seriedad: ``T?, querida, eres de la
l?nea de poetas que inventan una mitolog?a propia,
como Blake, como Saint-John Perse, como Ezra Pound; y
que est?n fregados, porque nadie los entiende hasta
que tienen a?os o aun siglos de muertos.''


De ``Carta 21'', en
Eunice Odio. Obras completas, tomo I.


Lau Siqueira
Brasil
?s vezes me desespero
e cometo absurdos

?s vezes simplesmente
fico mudo

n?o sei de onde vim
nem porque assim
me desnudo


Pablo Armando Fern?ndez
Cuba
2
Me gusta imaginar. Imaginando,
imagino
que fue el hacha de mi padre
la que cort? el madero para hacernos la mesa
en que com?amos.
Todos.
A?n
estamos todos ( esta distancia, ?qu? es?)
Estamos todos sin reunirnos;
sin comentar, sin ver las mismas cosas.
El mismo hogar, ha dejado de serlo.


Johana Godoy
Guatemala
Todos somos

Todos somos
claridad y sombra
luna y sol
si y no

Oscilamos
entre el vacio y la tierra
entre ser y ser otra vez
lo que fuimos y no somos

Como vida y muerte
como sol y vaho
vuelo y caida
rodamos como dados
una vez mas



Carlos Miguel Tillet
Uruguay/ 1954/ secuestrado/ desaparecido en Uruguay el
3/10/1976.
Que solos se quedan

Que solos se quedan
los que quedan en la tierra
si no tienen amor
de un padre, mujer o amigo

Nunca odies
aunque seas odiado
siempre ama
aunque seas pisoteado

Que solos se quedan
los que se van sin haber amado
aunque sea, aunque sea
solamente a su hermano.

Conserva siempre el amigo
con el que has crecido
reflejo tuyo
sera
de lo que has querido.

Que solos se quedan
los que quedan en la tierra
si no tienen amor
de un padre, mujer o amigo



Affonso Romano de Sant'Anna
Brasil
Los desaparecidos

De repente, por esos d?as, comenzaron
a desaparecer personas, extra?amente.
se desaparec?a. Se desaparec?a mucho
por esos d?as.

Uno iba a tomar una flor ofrecida
y se desvanec?a.
Se eclipsaba la gente entre un domicilio y otro
o en el taxi que se iba.
Culpable o no, se esfumaba
al regresar de la oficina o de la org?a.
Madres agarrando sus hijos y sus compras,
gestantes con "tricots" y grupos de estudiantes
desaparec?an.
Desaparec?an amantes en pleno beso
y m?dicos en medio de una cirug?a.
Algunos mec?nicos se dilu?an
-apenas conectaban el torno del d?a.
Se desaparec?a. Se desaparec?a mucho
por esos d?as.

Se desaparec?a, a ojos vistas,
y no era miop?a. Se desaparec?a
incluso a primera
vista. Bastaba
que alguien viese un desaparecido
y el desaparecido desaparec?a.
Desaparec?a el m?s conspicuo
y el m?s oscuro se dilu?a.
Incluso diputados y presidentes se desvanec?am.
Sacerdotes, igualmente, levitando
iban, enrarecidos, a constatar en el m?s all?
c?mo los pecadores part?an.
Se desaparec?a. Se desaparec?a mucho
por esos d?as.
Los actores en el palco
entre un gesto y otro, y los de la platea
mientras re?an.
No, no era f?cl
ser poeta en esos d?as.
Porque los poetas, sobre todo,
-desaparec?an.


Juana Garc?a Ab?s
Cuba
Reclusi?n

La naturaleza y su m?sica en esta soledad llena de
encantos,
M?sica del viento que acaricia a la hierba,
M?sica del roc?o en amaneceres grises,
de gorriones,
del z?n-z?n besando los azahares,
de ?rboles perennes,
de lagartos asustadizos,
M?sica que me siento fruto,

mariposa entre el follaje ,
M?sica que me acerca a la g?nesis de quienes
encaramos realidades perdidas,
al pretender dar lucidez artificial y ruidos
espeluznantes,
y no saber escuchar la m?sica que somos,
m?sica naturaleza,
m?sica del todo.


Edel Morales
Cuba
Relativa complacencia de los secretos

Relativa complacencia de los secretos
Estos puentes alzados sobre la madrugada estos
huecos
Los muros de piel de tigre y hojas recuperadas en la
arena
Yo soy el bosque mi grito se sacia
cuando los ?rboles
Destilan alcohol cuando en cada
caverna hay un ?ngel
Bebiendo de tus dientes Mira en este cristal
Comprueba que no existes m?s all? de tus propios
temores
Porque eso que ingieres no es el alimento sino el aire
vac?o
De las palabras Mira en este espejo
No te entristezcas al ver al suicida
devor?ndote.



Manuel Rueda
Rca Dominicana, 1921- 1999.
Revelaciones del libro

Leemos como si busc?ramos El Libro.
Pasamos hojas como tiempos
en los que nos esperamos a nosotros mismos.
Nos estamos leyendo con la falsa memoria
de los que no han nacido todav?a
y sin embargo conocen el color de sus ojos
las propiedades de ese amanecer
que albergar? su inocencias.
Buscamos en cada l?nea de la vida que nos pertenece
la muerte que sobreviene
Como consecuencia de una sintaxis particular
que nos alude.
Te buscamos Eternidad
como algo ya aprendido y olvidado
en el blancor indecible de los m?rgenes
en el aire no escrito que confina en sus bordes
prolongaci?n y encuentro del Libro verdadero


Elvio Romero
Paraguay, 1926- 2004
Me ve pasar la misma gente

Poeta
Por calles de caliente arcilla
suelto mi flor, como un
trapecio
que el trapecista suelta al aire,
mi flor, mi flor de jazminero;
por tierra roja y pasto verde
voy caminando a pasos lentos,
en el ojal un clavel morado,
sombrero en mano y sonriendo.

Me ve pasar la misma gente
(la de mis sue?os), porque vuelvo
con el resol iridiscente
de los campos sobre mi pecho;
veo las ramas del lapacho
con algo de color eterno,
me interno en la profunda noche
que ha presentido mi regreso.

Conversando con habitantes
que conversan con su silencio,
siento la risa de aquel m?sico
que dio insolencia hasta a sus besos,
me gui?a el mago con sus p?rpados,
con su paloma y sus pa?uelos,
el poeta y su cabellera,
con su cantar y su misterio.

Est? todav?a mi padre
con su porte de caballero
en el umbral, avizorando
la luz del horizonte abierto;
y est?n mi madre y sus tejidos
de lana en un telar de ensue?os,
mis hermanos que preparaban
su aventura y sus
devaneos.

Tantos hechos aqu? pasaron,
tantas cosas, tantos sucesos,
que hasta el alba fue erosionada
por un raro quehacer incierto;
la comarca y sus pobladores
cargan su cruz, su cruz de hierro,
dialogando con su pasado,
con su ceniza y con sus muertos.

Emite el aire un eco extra?o
que todo se parece a un cuento;
la vida es irreal, un vano
soplo que pasa en un desierto;
las puertas salen de sus goznes,
la querencia es un hervidero
de ansiedades que no florecen,
de anhelos que no se cumplieron.

No s?, pues, si estoy regresando
o es que regresan mis recuerdos;
si hoy es ahora o es ma?ana,
si ma?ana est? transcurriendo;
de todos modos, aquel camino
se me acerca como al encuentro,
y yo avanzo con pasos lentos,
sombrero en mano y sonriendo.


Michele Najlis
Nicaragua
Pido la palabra

?Podremos levantar alguna vez
de veras
la palabra
para que alguien nos d?
?de
veras, digo?
la mano?


Jose Agustin Goytisolo
Espa?a/ 1928 ? 1999
M?s que una palabra

La libertad es m?s que una palabra
la libertad es una chica alegre
la libertad es una parabellum o una flor
la libertad es tomarse el caf? donde un quiere
la libertad es una perdiz herida
la libertad es negarse a morir en una cama de hospital
la libertad es real igual que un sue?o
la libertad aparece y ya no est?
la libertad hay que inventarla siempre
la libertad puede ser del esclavo y fallarle al se?or
la libertad es gritar frente a la boca gris de los
fusiles
la libertad es amar a quien te ama
la libertad es comer y repartir el pan
la libertad es no ocupar asiento en el fest?n de la
ignominia
la libertad a veces es una simple l?nea fronteriza
la libertad es la vida o es la muerte
la libertad es la ira la libertad se bebe y se respira

la libertad es cantar en tiempos de silencio
la libertad si
quieres ser? tuya
pero
s?lo por un momento
porque cuando la tengas
se escapar? riendo entre tus manos
y tendr?s que buscarla y perseguirla
por las calles, ciudades, praderas y desiertos
de todo el vasto mundo porque se deja amar
?nicamente por amor por ganas
porque ella
es m?s hermosa que una pluma del viento.

de: Salmos al viento (1956)


Hugo Mayo
Manta, Ecuador-1897-1988
Umbral del n?ufrago

Puede acalambrarlo el mar
Alimentarlo el anzuelo
La fiebre del deseo apenas devorarlo
La tercera ebriedad, en la insistencia
de Dios, ponerlo de rodillas
El mito de sirenas, dejarlo sin mareas

Y pensar que podr?a conquistarlo,
el oleaje perdido
Despertarlo, el sollozo de un pez
Lavarle el coraz?n, la correntada

A deshoras, va retratado en la sombra
de la extra?a gaviota
La mano trasnochada del
ahogado,
llev?ndolo al suicidio

El grito evocado del tiempo,
poni?ndolo en esdr?julo
Su regreso fatal, soldando los recuerdos

Y con qu? hondura, su risa desdentada
El mon?logo de la ola que se atrasa
Los presagios de una temida viraz?n

Lo inquieta, casi siempre,
la nostalgia del inesperado tibur?n
Y hasta el topadillo, la siesta
del picudo en su harem

C?mo le da la bienvenida,
el alfabeto de las peque?as caracolas,
los delfines nadando boca arriba
los ojos del at?n enamorado;
las algas que han pecado

Y lo asustan en su susto,
la hist?rica tortuga que lo tienta
la farsa de unas velas,
el choque de las olas;
la algazara del viento
Pero el d?a de su onom?stico,
el silencio del mar
Y todav?a, nada

De "20 poemas de Hugo Mayo"

Vicente Huidobro
Santiago, Chile -1893 -1948
Monumento al mar

Paz sobre la
constelaci?n cantante de las aguas
Entrechocadas como los hombros de la multitud
Paz en el mar a las olas de buena voluntad
Paz sobre la l?pida de los naufragios
Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas
tenebrosas
Y si yo soy el traductor de las olas
Paz tambi?n sobre m?.

He aqu? el molde lleno de trizaduras del destino
El molde de la venganza
Con sus frases iracundas despeg?ndose de los labios
He aqu? el molde lleno de gracia
Cuando eres dulce y est?s all? hipnotizado por las
estrellas

He aqu? la muerte inagotable desde el principio del
mundo
Porque un d?a nadie se pasear? por el tiempo
Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas
difuntos

Este es el mar
El mar con sus olas propias
Con sus propios sentidos
El mar tratando de romper sus cadenas
Queriendo imitar la eternidad
Queriendo ser pulm?n o neblina de p?jaros en pena
O el jard?n de los astros que pesan en el
cielo
Sobre las tinieblas que arrastramos
O que acaso nos arrastran
Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna
Y se hace m?s oscuro que las encrucijadas de la muerte

El mar entra en la carroza de la noche
Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos
Se oye apenas el ruido de las ruedas
Y el ala de los astros que penan en el cielo
Este es el mar
Saludando all? lejos la eternidad
Saludando a los astros olvidados
Y a las estrellas conocidas.

Este es el mar que se despierta como el llanto de un
ni?o
El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus
peque?as

/manos temblorosas
El mar empujando las olas
Sus olas que barajan los destinos

Lev?ntate y saluda el amor de los hombres

Escucha nuestras risas y tambi?n nuestro llanto
Escucha los pasos de millones de esclavos
Escucha la protesta
interminable
De esa angustia que se llama hombre
Escucha el dolor milenario de los pechos de carne
Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada
d?a.

Tambi?n nosotros te escuchamos
Rumiando tantos astros atrapados en tus redes
Rumiando eternamente los siglos naufragados
Tambi?n nosotros te escuchamos

Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor
Cuando tus gladiadores se baten entre s?

Cuando tu c?lera hace estallar los meridianos
O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta
O bien cuando maldices a los hombres
O te haces el dormido
Tembloroso en tu gran telara?a esperando la presa.

Lloras sin saber por qu? lloras
Y nosotros lloramos creyendo saber por qu? lloramos
Sufres sufres como sufren los hombres
Que oiga rechinar tus dientes en la noche
Y te revuelques en tu lecho
Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos
Que los ni?os apedreen tus ventanas
Que te arranquen el
pelo
Tose tose revienta en sangre tus pulmones
Que tus resortes enmohezcan
Y te veas pisoteado como c?sped de tumba

Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas
Tengo miedo de tus venganzas
Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche
Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar
Olvida los presagios funestos
Olvida la explosi?n de mis praderas
Yo te tiendo las manos como flores
Hagamos las paces te digo
T? eres el m?s poderoso
Que yo estreche tus manos en las m?as
Y sea la paz entre nosotros

Junto a mi coraz?n te siento
Cuando oigo el gemir de tus violines
Cuando est?s ah? tendido como el llanto de un ni?o
Cuando est?s pensativo frente al cielo
Cuando est?s dolorido en tus almohadas
Cuando te siento llorar detr?s de mi ventana
Cuando lloramos sin raz?n como t? lloras

He aqu? el mar
El mar donde viene a estrellarse el olor de las
ciudades
Con su regazo lleno de barcas y peces
y otras cosas
alegres
Esas barcas que pescan a la orilla del cielo
Esos peces que escuchan cada rayo de luz
Esas algas con sue?os seculares
Y esa ola que canta mejor que las otras

He aqu? el mar
El mar que se estira y se aferra a sus orillas
El mar que envuelve las estrellas en sus olas
El mar con su piel martirizada
Y los sobresaltos de sus venas
Con sus d?as de paz y sus noches de histeria

Y al otro lado qu? hay al otro lado
Qu? escondes mar al otro lado
El comienzo de la vida largo como una serpiente
O el comienzo de la muerte m?s honda que t? mismo
Y m?s alta que todos los montes
Qu? hay al otro lado
La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo
O el torbellino eterno de p?talos tronchados

He ah? el mar
El mar abierto de par en par
He ah? el mar quebrado de repente
Para que el ojo vea el comienzo del mundo
He ah? el mar
De una ola a la otra hay el tiempo de la vida
De sus
olas a mis ojos hay la distancia de la muerte

De ?ltimos
Poemas P?stumo, 1948


Eliane Arruda
Brasil
Discordancia

Encamin? mis escombros
Al desierto del pasado,
Hoy me esculp? en sue?os,
Perfilando un rostro amado.

Soy una fruta asaz madura,
A punto de ser descascada
Por el poema que seduce
Mi horizonte azulado.

Sue?o y desierto no combinan,
Este es exenci?n de nada
En el sue?o, los colores se avecinan,
La ilusi?n parte alada...


Traducci?n de Raquel Orlovitz Levitas

Floriano Martins
Brasil
Otras formas de extrav?o

?Cu?l es el soplo quemante de tu eternidad?
Ahora estamos a la medida de la ruptura.
Tomar nota del vuelo para identificar el ave,
los gemidos del fuego que suena feliz en su funci?n.
Ahora es
indagar de la virgen d?nde recorrer
la llama de su origen, el incierto buceo
en los p?rpados reflejados de sus visiones.
Para ella, todo sentido es movimiento. M?s breve
aqu?l que le toque antes que lo perciba.
Se desata la animada criatura en apariciones,
velada por sus ?dolos, que no nadan
como las criaturas de Santa Teresa.
Apenas el r?o, circundado por la sombra
de su fino papiro que se escribe a s? mismo,
mares a hilo. ?Qui?n te env?a?, si no quieres
ser la medida de tu propio extrav?o.


Pablo Neruda
Chile, 1904- 1973
?ngela ad?nica

Hoy me tendido junto a una joven pura
como a la orilla de un oc?ano blanco,
como en el centro de una ardiente estrella de lento
espacio.

De su mirada largamente verde
la luz ca?a como una agua seca,
en transparentes y profundos c?rculos de fresca
fuerza.

Su pecho como un fuego de dos llamas
ard?a en dos regiones levantado,
y en doble
r?o llegaba a sus pies, grandes y claros.

Un clima de oro maduraba apenas
las diurnas longitudes de su cuerpo
llen?ndolo de frutas extendidas y oculto fuego.


Julio Cort?zar
Argentina, 1914- 1984
El breve amor

Con qu? tersa dulzura
me levanta del lecho en que so?aba
profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en le espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
teji?ndose en r?fagas, en h?lices,
ir y venir de un hurac?n de humo-
(?Por qu?, despu?s,
lo que queda de m?
es s?lo un anegarse entre las cenizas
sin un adi?s, sin nada m?s que el gesto
de liberar las manos ?)
?

Andre Breton
Tinchebray, Francia-1896- 1966
Los escritos se van

El raso de las p?ginas que se pasan en los libros
moldea una mujer tan
??? hermosa
Que mientras no se
lee se contempla a esa mujer con
tristeza
Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que
es tan hermosa
Que lo que se va a saber no tiene precio
Esa mujer pasa imperceptiblemente en un ruido de
flores
A veces se da la vuelta en las estaciones impresas
Y pide la hora? o bien aun hace como si mirase unas
joyas de frente
Como las criaturas reales no? hacen
Y el mundo se muere una ruptura se produce en los
anillos de aire
Un rasgu?o en el lugar del coraz?n
Los diarios de la ma?ana traen cantantes, mujeres cuya
voz tiene el color de la arena
??? sobre unas orillas tiernas y peligrosas
Y a veces los de la tarde dejan? paso a chicas muy
j?venes que llevan fieras
??? encadenadas
Pero lo m?s hermoso es en el intervalo de ciertas
letras
Donde unas manos m?s blancas que el cuerno de las
estrellas a mediod?a
Demuelen un nido de golondrinas blancas
Para que
llueva siempre
Tan bajo tan bajo que las alas ya no se puedan mezclar
Manos por las cuales se asciende a brazos tan ligeros
que el vapor de las praderas
?? en sus bonitos entrelazados encima de los estanques
es su imperfecto espejo
Brazos que no se articulan a otra cosa que al peligro
excepcional de un cuerpo hecho
??? para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desanudados de setos
llenos de velas
Y lo ?nico que tiene de terrestre es la inmensa verdad
helada de los trineos de miradas
??? sobre la extensi?n toda blanca
De lo que ya no volver? a ver
Por culpa de una venda maravillosa
Que es m?a en la gallina ciega de mis heridas.

De "El revolver de pelo
blanco" Traducci?n: Claire Deloupy

Esteban Peicovich
Argentina-1930
Mapamundi

Hay un lugar de mi mujer
donde las
hormigas y yo
acordamos la m?s dulce devastaci?n.

Ocurre cuando ocurre y no sabemos
m?s que el rel?mpago que inventa
cuando avanza ruidosa de agua y cielo
su costumbre.

Ese lugar de mi mujer no tiene puntos
cardinales, mapas grises
sino una sola fiesta
ciega tromba
donde caigo a recoger mis velas,
los silencios que pesan.
De
"La ba?era azul"

Theodore Roethke
Estados Unidos-1908- 1963
El ciclo

Agua oscura, subterr?nea,
Debajo de la roca y la arcilla,
Debajo de las ra?ces de los ?rboles,
Entr? en la luz del d?a,
Surgi? de un musgoso t?mulo
En niebla que el sol pod?a aferrar.

La lluvia sutil envuelta en una nube
Por rodantes vientos fue llevada
Lejos de la m?s fr?a fuente
Donde los elementos se unen
Densos en la piedra central.
El aire se solt? e hizo sonoro.

Despu?s, con disminuida fuerza,
Cay? la plena
lluvia,
Se canaliz? con sonido de cascada
Hasta debajo del suelo cerrado de la roca,
Bajo el nacimiento de un r?o,
Bajo la primigenia piedra.


Alcira Cardona Torrico
Bolivia-1926
Cuando abr? mi coraz?n

Cuando abr? mi coraz?n, hab?a dentro
un dios llagado;
le vi caer por la mejilla izquierda
hasta romper la luz
y estremecer la tierra.

Cuando abr? mi coraz?n,
estaba un olivar quem?ndose entre dos rayos.
Percut?a el pu?o de los huecos
y bland?a sus brazos el estrago.

Cuando abr? mi coraz?n,
las fraguas ya no ard?an,
pero el duro golpearse de los hierros
arrastraba
estruendos carcelarios y suspiros.

Cuando abr? mi coraz?n,
el poema, vio descarnado el rostro de la guerra,
de sus labios cayeron los adioses,
hubo temblor de noches
y silencioso huir de las estrellas.

Cuando abr? mi coraz?n, quedaban el duelo,
la carcoma, el polvo
y las ?ltimas palabras sin
encuentro;
con ojos en la sombra sumergidos
los insomnes recuerdos
girando en el vac?o.

?Cuando abr? mi coraz?n,
las l?grimas del mundo hab?an crecido...!
Nazim Hikmet
Tesal?nica 1902- 1963
Nostalgia

Cien a?os han pasado sin ver tu cara
enlazar tu cintura
detenerme en tus ojos
preguntar a tu clarividencia
acercarme al calor de tu vientre.

Hace cien a?os que en una ciudad
??????????????????? una mujer me espera.

Est?bamos en la misma rama, en la misma rama.
Ca?mos de la misma rama, nos separamos.
Cien a?os nos separan
??????????????????? cien a?os de camino.

Hace cien a?os que en la penumbra
???????????????????
corro detr?s de ella.
6 de julio de 1959
De "Ultimos poemas"


Stephane Mallarme
Paris, Francia-1842- 1898
Hastiado del amargo reposo donde mi pereza ofende

Hastiado del amargo reposo donde mi pereza ofende
Una gloria por la que rehu? anta?o de la infancia
Adorable de los bosques de rosas bajo el azul
Natural, y siete veces m?s hastiado del duro pacto
De cavar por velada una nueva fosa
En avaro y fr?o terreno de mi cerebro,
Enterrador sin piedad para la esterilidad,
?-Qu? decir a esta Aurora, oh Sue?os, visitado
Por las rosas, cuando, miedo de sus l?vidas rosas,
El vasto cementerio unir? los agujeros vac?os?...

Quiero abandonar el Arte voraz de un pa?s
Cruel, y, sonriendo a los reproches envejecidos
Que me hacen mis amigos, el pasado, el genio,
Y mi l?mpara que sabe sin embargo mi agon?a,
Imitar al Chino de l?mpido y fino coraz?n
Cuyo puro ?xtasis es pintar el fin
Sobre sus tazas de nieve a la
luna arrebatada
De una flor extra?a que perfuma su vida
Transparente, la flor que ha olido, de ni?o,
A la filigrana azul del alma injert?ndose.
Y, la muerte tal con el solo sue?o del sabio,
Sereno, voy a elegir un joven paisaje
Que a?n pintar?a sobre las tazas, distra?do.
Una l?nea de azul fina y p?lida ser?a
Un lago, entre el cielo de porcelana desnuda,
Un claro creciente perdido de una blanca inmensidad
Cala? su cuerno tranquilo en el hielo de las aguas,
No lejos de tres grandes pesta?as de esmeraldas,
juncos.

De
"Poes?as" Traducci?n: Claire Deloupy


Norma Segades
Argentina
Los soldados muertos

?...arrojados en la memoria que chilla y patalea

devorado por un olor a muerto


imposible de despegar con nada.?

Carla Vidal/ (Chile)

Siempre estar?n yaciendo en su piel carcomida por los
dientes del lobo,
porque los chocolates no llegaron al hueco de su
ultraje
y nada estuvo cerca
cuando la noche, a paso de gangrena,
devoraba mu?ones con sus fauces de escarcha
y los dioses urg?an su cuota de despojo,
el diezmo de homicidios cotidianos
que ordena su estatura,
su identidad de cr?talo que repta acorralando sue?os
mientras el mundo observa, mientras los templos rezan,
mientras rugen los odios.

Siempre estar?n yaciendo en esas soledades de
profundos insomnios,
celosos habitantes de sus rotundas muertes en
trinchera,
cubiertos por la nieve
como si fuera un velo funerario,
como leves sudarios sobre rostros ro?dos
donde el miedo
demora los rictus del asombro,
donde la historia muerde sus traiciones,
donde la indiferencia
negocia cada llaga contundente, cada co?gulo inerme
y el silencio es apenas otra infamia lloviendo sobre
sus promontorios.

Propietarios de tumbas que no engendran corolas porque
hasta el suelo es s?rdido,
due?os de las ra?ces de sus nombres renunciando al
olvido,
suturando las venas
degolladas por filos mercenarios
en el tiempo del fr?o, en la hora de las s?plicas,
cuando el hambre alcanzaba la altura del sollozo,
la guerra era ese v?rtigo quemante,
la oscura pesadilla,
esa cruel petulancia enredada en mara?as de
estrategias
y ellos una centuria de ternura indefensa amartillando
el v?mito.



Rub?n Vedovaldi
Santa Fe, Argentina
Las cosas por su nombre o la torre de Babel?

La ca?da de la torre de Babel fue peor que la movida
de la bolsa financiera.
Se mezclaron las lenguas y ya nadie
entiende las
palabras de nadie.
Para nombrar a una misma persona, por ejemplo, en
Portugal le dicen Zeco, en Espa?a Jos?, en Inglaterra
Joseph y en Italia Giuseppe, aunque sea el Pepe de tu
barrio, al que las pendex llaman J?.
Peor con los pobres animales. A lo que por ac? le
llaman yacar?, en otros lugares llaman caim?n. A lo
que ac? llaman tuc?n, en Colombia llaman alcatr?z.
Al ave de rapi?a que unos llaman guaicur?, otros
llaman cern?calo, otros llaman gavil?n y otros halc?n.
Al ave canora que unos llaman zorzal , otros llaman
chalchalero, aunque si lo escuch?s cantar,? nadie
confundir?a a los pobres Chalchaleros con el gran
zorzal criollo.
A lo que unos llaman chingolo, otros llaman cachilo y
otros llaman cholulo. Yo tengo una prima bastante
cholula, pero en otro sentido.
A lo que aqu? llamamos comadreja, en Espa?a llaman
raposa.
A lo que ellos llaman ruise?or nosotros le decimos
bandurria.
A lo
que all? llaman oca, aqu? le decimos ganso.
A lo que aqu? llamamos iguana, m?s al norte llaman
lagarto.
A lo que en Chile bautizaron rum rum nosotros llamamos
maynumb? o colibr? o picaflor.
Algunos al sabalito le dicen huevada, para m? huevada
es la programaci?n televisiva, por ejemplo.
Para alguna gente moncholo y bagre es lo mismo, o
confunden merluza con pez palo.
Misto y jilguero es igual, y no falt? un poeta que al
jilguero lo bautiz? Bot?n de oro. ?Qu? tal??
El piche tambi?n se llama quirquincho, o mulita o tat?
y tambi?n peludo.
Flor de peludo se agarr? un vecino, que se tom? una
damajuana de tinto en un d?a.
En el mar hay un pez al que las malas lenguas apodan
cagavino. Menos mal que yo lo tomo en tierra.
Lo que aqu? se llama chaguanco otros llaman mirlo y
otros pecho amarillo.
Las que el poeta rom?ntico llamaba oscuras golondrinas
otros llaman petrel.
Al ciervo en otro lugar lo llaman
reno.
Lo que algunos llaman guacamayo, otros llamaban
flamenco.
El tagu? es gallareta, aunque te la quieran hacer
pasar por pato.
Imaginate la confusi?n que se har?a el pobre No? si tu
viera que llamar hoy a los animales al Arca por si
viene otro diluvio. Toda esta confusi?n trajo la ca?da
de la Torre de Babel, pero ya se van a aclarar las
lenguas cuando se aclare la memoria.???


Nixte Zapican
Durazno, Uruguay- 1968.
La Luz

esa otra luz que me devora urgida por el siglo
encrespada de soles turbulentos
ebria de pedazos de mar y golondrinas
columpi?ndose de cascabel a br?jula selv?tica.
Luz retumbando por las paredes
con estertores de plomo y amargura
y resabios de sue?o que bajan al futuro
ladrillo por ladrillo.
Luz de caracol sin dientes y preso de la noche
que no puede salir, sino desnudo
que no puede volar sino de rosa en rosa moribunda.
Esa luz, espada, cumbre, calle de
piedra, espejo
triste
?de qui?n sali??
?De qui?n hasta m? viene subi?ndome las costillas
tras
pas?ndome las manos como un grito?


Omar Ardila
Colombia
Erotismo y muerte
A Yukio
Mishima

Con ?mpetu,
el deseo,
recorre las jugosas carnes prohibidas
y en eterno alborozo
se levantan compactas
las imponentes figuras.

Atr?s qued?,
el temor de mostrarse desnudos
y la cautiva soledad de los a?os mozos.

Ahora,
abiertos los brazos,
aferrados a la ternura paternal,
se entregan al deleite
y a la gloria
de la er?tica muerte.

Del libro: A la sombra del abismo


Yevgueni Yevtushenko
Siberia-1933
Los abedules enanos

Somos los abedules enanos.
Estamos clavados hondos, como astillas
bajo tus u?as de hielo.

El imperio de la congelaci?n perpetua
es capaz
de diversas villan?as
para achatarnos a?n m?s...
?A ustedes les extra?a, casta?os de Par?s?

?Les duele a ustedes, palmas elegantes,
ver cu?n bajo, al parecer, hemos ca?do?
?Y a ustedes, seguidores de la moda, les entristece
ver hasta qu? punto somos Cuasimodos?

En su tibieza a ustedes les agrada, sin embargo,
nuestro coraje ciudadano
y nos env?an con pesar pomposo
su apoyo moral.

Ustedes consideran, estimados colegas,
que no somos ?rboles, sino lisiados,
pero el verde aunque no sea hermoso
entre los hielos les parece progresista.

Muchas gracias. Nosotros solos
resistiremos bajo estos cielos,
cuando ferozmente nos retuerzan,
sin su apoyo moral, lloroso y precavido.

Ustedes, claro, son m?s libres que nosotros
pero nuestras ra?ces son m?s fuertes.
S?, claro, no sobrevivimos en los Champs Elys?es,
pero en la tundra nos estiman m?s, nos quieren.
Somos los abedules enanos.
Con astucia
inventamos nuestras poses,
pero todo eso no es m?s que simulaci?n.
El constre?imiento implica una forma de rebeld?a.

Creemos, achat?ndonos como lisiados,
que la congelaci?n eterna no es posible.
Su horror ceder?.
Alcanzaremos el derecho a la gallard?a.

Pero si cambia el clima,
?tomar?n de repente nuestras ramas nuevos contornos
m?s libres?
Es demasiado larga la costumbre de ser jorobados.

Y esto nos tortura, nos tortura,
y el fr?o nos retuerce y nos retuerce,
pero estamos clavados hondo, como astillas,
nosotros, los abedules enanos.

De "?La mitad no quiero
de nada!"


Stella Maris Taboro
Argentina
Patria m?a:

Mi patria agit?ndose
en un mar tumultuoso
entre gente con p?jaros sin trinos.
Cu?nto veces he preguntado
si puede prenderse
el blanco de mi bandera
en las mejillas felices
que
quiero ver en los ni?os,
y el celeste inmaculado,
en la gente que camina
con sus rostros grises de tristeza.
Cu?ntas veces quise ver
el sol de la bandera
destruyendo al corrupto.
Ay ,mi Argentina
de honda frescura tu nombre
consumida en los inviernos de martirios
Se que sobreviven las ansias
elevando altares a la gloria
en tiempos sin sombras en el camino
y en un sendero de brisas sin tormentas.

Frank Otero Luque
Per?
Domitila runawarmi
(Domitila, mujer
andina)
Wawa-imilla /
Ni?ita.
Phujllana-jugar
maki muqu,
mu?eca bonita.

Llumppa-doncella
Warmi-mujer,
chura-coqueta,
kantuta tan bella.

Mama despu?s.
Bondad consabida.
?Qu? m?s, pues?
Wawayux-Mama:
Santidad conocida.

Pachamama.
Muju-semilla / saphi-ra?z,
tronco / sara-ma?z;
fuente de vida.

Mamakocha tambi?n.
Pukio caudal,
amor manantial,
jarsuri de
bien.

Es lecho / y es pecho.
No hiera a su cr?o
ni el hambre ni el fr?o.

La bruma no abruma.
De alguna manera,
rebusca el sustento
al rev?s y al derecho.

Puscana, Phitana /
Hilar, tejer.
Away, awakuy.
P'itay.
K'anti / rueca-phusca.
Y yapuy-arar
con taclla certera
son su elemento.

Wawita /
en lliclla-uijgsa cargado,
pasajero de primera,
nunca poliz?n /
asoma carita.

Leche materna, chucho-pez?n.
Uyas tostadas,
Ojitos-?awis rasgados.
Assina-r?e feliz,

Mama /
Wawayux-Mama /
Pachamama /
Mamacocha.

Siempre Domi,
siempre nana.
Siempe Alba,
tuta-tuta.
Siempre mama.


Carlos Saglul
Buenos Aires, Argentina
La luna

Una sirena pasa a lo lejos llev?ndome.
Pero ya lo ves.: aqu? estamos todav?a los dos.
Eternos en el espejo como una foto.
Con la mirada asombrada de nada?
He dejado mi cuerpo tirado por ah?,
Es una manera de
que estos idiotas se den cuenta que
ya no estoy
aqu?.

Soy un vieja foto de vos y de m?
Mi coraz?n al fin se cans?. Como un gato viejo se
durmi? mirando la
luna.
Estos tejados jam?s volver?n a verlo hacer equilibrio
en las cornisas.

Suena una sirena, por un instante te sobresalta y
luego te vuelves a
dormir.
Una sirena pasa llev?ndome?
Son esas viejas historias de silencios que no dejan de
gritar.


Vilma Vargas
Costa Rica
Exilio

Recuerda el sol quebrado y desierto
su marcha por los techos de herrumbre
recuerda tu grito tu intento de gritar
esta tierra y sus casas deshabitadas
esta tierra sin recompensa
recuerda el coraz?n en las calles
cuando no hab?a nadie:
c?mo saltaba,
recuerda las calles de alambre,
no te culpes no olvides
que los que aqu? se quedan
se quedan y recuerdan


Alfredo Jos? Delgado Bravo
Monsef?, Per?, 1924
Florilegio

Este que
ahora soy, estrictamente,
luego de haber crecido desde el suelo
hasta la blanca altura del pa?uelo
cuando borda un adi?s cumplidamente.
Este magro coraz?n luciente
con su edad sin memoria bajo el cielo
con su dolor esquivo, su desvelo
y una sombra de heridas en la frente.
Este que ha caminado sin descanso
por el mar tempestuoso o el remanso
conduciendo su propia traves?a.
Este que de vivir va muriendo
a pesar de todo ello sigue siendo
nada m?s que un hombre todav?a?.

de " Las Horas Naturales."

Julio C?sar Aguilar
M?xico (reside en Texas, EEUU)
VII

Venir a saber que el tiempo
no m?s que una ilusi?n
es.

Llegar sabiendo
que la tierra llora
si nos desangramos
y los hombres todos
c?lulas somos de un mismo cuerpo
de cuyas ra?ces
un jard?n surge de corazones nuevos
renovados siempre
y as?
resurgiendo.

Irse entonces sabi?ndolo todo
sin comprender nada
sin ning?n olvido
sin olvidarse y?ndose

y?ndose
para volver
de:
Barcelona


Gaby Arce Mu?oz
Arequipa, Per?
Ocaso

Al final del camino
interfiero el orden de las cosas
tengo ciego el o?do
sordo el pensamiento
mis palabras huyen del exilio
perd? la belleza de la luz.
Est?n las horas suspendidas
en el ocaso de la tarde
el gato adormecido respira
acompasando las horas
la mosca con su brillo azul
atisba en el tejado?acecha
Cierro la boca
reteniendo un sue?o
renuncio al realismo incierto
a la noche oscura
que me cierra la puerta.
Estoy herida en mis aristas
quiero penetrar en el poema
ocultarme en sus recodos
empaparme de versos
instalarme en el centro del est?o
para no sangrar en serio.
Me deslizo cuesta abajo
desde el horror de
los bostezos
encuentro un poema de Neruda
estrujado de pena
La inconclusa termina esta tarde
al abordar mi ?ltima mat?fora
perd? rumbo en el camino
s?lo siento la sal y el temblor del viento.


Gustavo Marcelo Galliano
Argentina
Reina Gris en Ciudad Crep?sculo

Reina Gris gobierna,
Ciudad Crep?sculo observa,
la miel, la mies, la piel,
todo ofrendado a ella.
Baila Reina Gris,
baila decadencia,
que hoy tu infiel estirpe
al fin ya no procrea.
R?e Reina Gris,
sin bufones ni Corte,
la suciedad de tu reino
sentenciando te absorbe.
R?e Reina Gris,
r?e y alecciona,
que en tu re?r bastardo,
la urbe no da loas.
Jadea Reina Gris,
revu?lcate en tu odio,
que el carrusel del olvido
no gravar? tu historia.
Estalla Reina Gris,
propagadora del mal ,
en tu paso pestilente,
de catadora seminal.
Solloza Reina Gris,
nosotros lo imploramos,
esclavos de tu
lujuria,
por debilidad esclavos.
Res?gnate Reina Gris,
sin s?bditos ni huestes,
nosotros, tus burlados,
reiremos de tu suerte.-
Publicado en Antolog?a?Poetas y
Narradores Contempor?neos 2007?, De Los Cuatro
Vientos Ediciones, Junio de 2007. Buenos Aires.



Gracias a Todos y Cada Uno de Ustedes por estos 4 a?os
en Poes?a!

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Publicado por ChemaRubioV @ 11:55  | LIBRERIA CAMINANTE
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