Él: ¿Señora Macías?
Ella: Sí. Debe ser el señor Pérez.
Él: No, García.
Ella: Ah sí. Llega tarde
Él: Disculpe, ha sido el tráfico.
Ella: No creo que se sienta culpable. Tome asiento.
Camarero: ¿Desean algún aperitivo?
Ella: Tráigame otro martini.
Él: Una botella de agua.
Ella: Pídase algo de beber, no hago tratos con gente que bebe agua.
Él: Hum... Entonces un martini también.
Ella: Tráigalos con la carta por favor.
Él: ¿Aquí solo hay mariscos?
Ella: Sí, ¿no le gustan?
Él: Bueno, lo que sucede es...(Suena su móvil) Un momento. ¿Hola?... Ahora estoy en la reunión.
El camarero deja los aperitivos y las cartas sobre la mesa.
Él: No te preocupes... Está bien, te llamo, adiós... ¿En qué estábamos?
Ella: En si le gustan los mariscos.
Él: Ah... sí.... ¿Le muestro el folleto con las piezas que disponemos?
Ella: Ahora no, al final, con el postre, ¿tiene prisa?
Él: No, creí que le gustaría verlas.
Ella: No podría saber lo que me gustaría. Estoy cansada de estas cenas de negocios, mejor dígame a qué otras cosas se dedica.
Él: Suelo ir al campo los fines de semana, juego al fútbol y me gusta el cine, ¿y usted?
Ella: Yo no hago nada fuera de lo que ve aquí. Viene el camarero, mejor pida y después me sigue sorprendiendo.
Él: ¿Sorprendiendo?
Ella: Sí, no creí que todavía existiera alguien tan sencillo.
Él: ¿A qué se refiere?
Ella: Pida, pida, después seguimos conversando.
Él: Yo quiero un filete de pescado a la plancha.
Ella: ¡Estamos en el mejor restaurante de mariscos y pide eso!
Él: Es que...
Ella: Voy a pedir yo. De primero dos cócteles de camarones, y de segundo una ensalada caliente de la casa.
Camarero: ¿De beber?
Ella: Una botella de Albarinho cosecha 2001, es todo, gracias –dice y se enciende otro cigarrillo.
Él: ¿Hace mucho que colecciona piezas de coches antiguos?
Ella: ¿Qué quiere? ¿Que le diga mi edad?
Él: No señora, por favor...
Ella: ¿Cuánto lleva usted en esto?
Él: En realidad solo le hago un favor a un pariente, él es el que se dedica a esto y ha salido de vacaciones, yo trabajo de acomodador.
Ella: ¿O sea que no tiene mucha idea de lo que me está vendiendo?
Él: No mucha, mi primo dijo que con mostrarle el folleto y elija las que quisiera es suficiente.
Ella: Me parece que su primo tampoco tiene mucha idea. Esas piezas son muy importantes. No sé si debería seguir sentado.
Él: Por favor, no quiero quedar mal.
Ella: ¿Mal? ¿Qué va suceder? ¿Le van a dejar de hablar?
Él: No, solo no quiero quedar mal.
Ella: Seguro que va a la iglesia los fines de semana.
Él: No, voy al campo. ¿Se está quedando conmigo?
Ella: Ni hablar, con usted no me quedo, comemos y podré seguir viviendo sin volver a verlo.
Él: Me sucede lo mismo.
El camarero deja la comida sobre la mesa y ella apaga el cigarro.
Ella: Relájese. Coma antes de que se enfríe. Brindemos.
El camarero trae otra botella de vino y llena las copas y se lleva una botella vacía. El señor García tira al piso su cubierto y se pone de pie para recogerlo.
Él: Uy, lo siento, soy muy torpe.
Ella: Déjelo, déjelo... ¡¿PERO QUÉ LLEVA AHÍ?!
Él: Por eso no quería comer mariscos, soy alérgico y me producen erecciones.
Ella: Termine de comer, coja sus cosas y lárguese.
Él: No me trate así... A lo mejor prefiere esta pieza.
Ella: ¡Qué dice! ¡Insolente! Podría ser su madre.
Él: Pero no lo es, vamos, esto –cogiéndose la polla entre las piernas- puede hacer que se ría más.
Ella: ¡SIÉNTESE!.
Él: Viene incluida en la compra, es la oferta del día, 3 por 2... Ha sonreído... Además, si le parece mucho le puedo ofrecer la mitad, a diferencia de las piezas que compra esta –la mueve un poco- tiene pocos años y funciona de maravilla.
Él se sienta, acerca la cara y dice más bajo:
Él: No echa de menos una buena sacudida. Voy a terminar el vino y la espero en el baño de mujeres.
Él bebe el vino y se va.
Ambos están encerrados en el baño.

Ella: Au... No me pegue... Au.
Él: Te estoy acariciando.
Ella: Despacio... Ay... Ay dios mío... Despacio... Ay.
Él: ¿Sabes que hago en el campo los fines de semana?
Ella: ¿Qué? –pregunta gimiendo.
Él: Me follo unos cerdos.
Ella: ¿Por qué me dice eso? –pregunta entre gemidos.
Él: Porque huelen mejor que tú... ¿Qué pasa?... ¿No te ha hecho gracia?... ¡TOMA!
Ella: Au... Despacio
Tocan la puerta
Ella: Por favor, no haga ruido –dice susurrando.
Él: ¿Le da vergüenza?
Ella: Sí... Por favor... –susurra nuevamente.
Tocan la puerta nuevamente.
Él: Un momento. La señora está jugando con la langosta.
Ella: Ay... Despacio... ay.
Él: Cállate si no quieres recibir el combo especial... Joder, pero si me estás mojando hasta los pantalones.
Ella: Ay... Termina ya...- gimiendo y molesta.
Él: ¿Terminar?, para eso tengo a los cerdos.
Ella: Cada cuál con su especie –gimiendo más molesta.
Él: ¿Te gusta provocarme?... Toma... Toma por lista... Toma este porque me apetece... Toma este por antipática... Por las piezas... Para que compres una... Y luego dos... Ya... Ya... No tienes que besarme... Vamos a la mesa, firmas el pedido y me doy por besado.
Están sentados frente a frente en la mesa. Acomodándose un poco la ropa.
Él: Tengo que irme. ¿Firmas el pedido?
Ella: ¿No va a pedir postre?
Él: No. Toma firma.
Ella: Prefiero usar mi bolígrafo. Un momento. –Saca una pistola de su bolso y dispara al aire y lo apunta-. Va quedarse un poco más.

Ella: Que nadie se mueva o mato a este cerdo.
Algunos clientes se van.
Ella: ¿Se da cuenta de lo poco que les importa su vida?
Él: No te alteres, guarda eso.
Ella: ¿Qué le pasa? Apúnteme con su pieza y vemos quién hace más daño.
Él: Era solo un juego, cálmate, nadie tiene que...
Ella: ¡¿Un juego?! Basura del 3 por 2.
Él: Por favor guárdala.
Ella: Ya no es muy valiente ¿eh? ¡¿Cree que invito una cena para comprar piezas inútiles y jueguen conmigo?!
Él: No... Ni siquiera debería estar aquí... Por favor...
Ella: No le voy a hacer nada... Nada... Cuando suceda no sabrá lo que ha sucedido. Le apunto para que no se vaya y vea cómo me voy.
Él: Entonces guárdela, no me voy a ir.
Ella: ¿Tiene miedo?... No se preocupe, conseguirán un suplente en su equipo de fútbol.
Él: Por favor...
Ella: ¿No me diga que ya es suplente?. No tenga miedo, es solo una bala... Bueno... A lo mejor le disparo varias veces...
Él: ¿Qué quiere de mí?- pregunta asustado.
Ella: Me siento creativa. Quiero que llore, si logra llorar le dejo irse.
Él: Por favor, deje que me vaya...
Ella: ¿Eso es una lágrima? Le estoy diciendo que si llora se puede ir. Haga un esfuerzo. ¿Dónde prefiere que le dispare? ¿En el pecho o en la cara?
Él: ¿Qué quiere?
Ella: Que responda.
Él: En ningún sitio.
Ella: ¿Lo deja a mi elección?
Él: Está bien –casi llorando-, en el pecho... Pero no me dispare.
Ella: Si hace lo que le digo no le disparo. No se ponga a llorar, me da asco que lo hago por interés. Tome, lea esto en voz alta.
Él: Quiero morir, que me maten en un restaurante.
Ella: Puedo concederle su deseo.
Él: Es lo que dice el papel.
Ella: No hablaba con usted. Hablaba conmigo. Espere, coja su bolígrafo y cambie una palabra.
Él: ¿Cuál?
Ella: Donde dice "maten" ponga "revienten".
La señora Macías le dispara en el brazo
Ella: Vuelva a comenzar.
Él: Quiero morir –dice adolorido y muy asustado-, que me revienten en un restaurante.
Ella: Déjelo, ya sé cómo termina.
Se ven los ojos de la señora Macías llorando.
Ella: Mire cómo se pierde.
Él: ¡NO!
