Mi?rcoles, 25 de junio de 2008
 
 
 

Roberto Quesada

El valiente de palabras es muy ligero de pies: Anónimo.

Juancho es Juan Ramón Martínez y Chando, por supuesto, Lisandro
Quesada. Después hablaremos de estos personajes, ahora solamente
estoy dando los créditos como es habitual en las películas, es
probable que incluso por aquí aparezca algo así como: Olanchito
Century Fox. Además, se aconseja leer el presente teniendo de fondo
música del viejo oeste, como el tema principal de El bueno, el malo y
el feo. (Y cerrar puertas y ventanas, no vaya a ser que se les cuele
un balazo).

Trataré, no sé si con éxito porque hoy no estoy en esa vena, de
escribir el presente con sentido del humor. No porque yo quiera sino
porque los lectores lo exigen y, además, el tema de estos vaqueros da
para ello. Pero, sobre todo, lo haré por un barbero de La Ceiba,
Norberto Arturo Padilla, quien, cuando entré en su negocio “Barbería
Norberts” , en la Avenida 14 de Julio, me recibió con tanta emoción
que hasta me sentí como vaquero consagrado.

Norberto mientras me quitaba el cabello me hablaba de mis artículos,
de la verdad dicha con sentido del humor, de que siempre recomendaba
a sus clientes leerme los lunes y buscar mis libros. Al terminar con
la cabeza, tomó una de esas navajas antiguas, propias de los “barbers
shop” en donde se rasuraban los vaqueros, y me dijo que me
emparejaría la barba y, presumiendo, me enseñó esa brillante navaja
que más parecía para destazar que para pulir una barba.

Jamás he estado frente a este tipo de navajas ni de otras, es de
sospechar que me invadió un escalofrío, agudizado cuando — como en un
viejo cuento de García Márquez— el barbero rasura al alcalde,
Norberto detuvo la navaja en mi corto cuello (así es Dios, quita en
unas partes para compensar en otras) y dijo con lentitud
atemorizante: “Nunca deje de escribir con sentido del humor”. A
través del espejo parpadeé hábilmente afirmando, como amontonando los
síes. Al finalizar Norberto me pidió tomarme fotos con él, con sus
hijos y solitario en la barbería ¡Salí ileso!

No, no es que tema a las barberías, por el contrario, me gustan
porque allí uno se entera de todo (como por ejemplo en un programa
radial de tremendo éxito que había en Honduras: Platicando con mi
barbero) y puede llevarse sorpresas como cuando nos conocimos en una
barbería, en Madrid, con el director técnico holandés Guus Hiddink,
quien me pidió que le firmara un libro, yo preferí que
intercambiáramos autógrafos, teniendo como testigo a un sorprendido
periodista José Adán Castelar. Tengo razones para que me agraden las
barberías, sucede que la petición de Norberto a navaja en cuello de
que no pierda mi sentido del humor deja sin humor a cualquiera.

Aquí vamos llegando a donde queremos, que es cierto, las palabras así
como pueden ser enternecedoras pueden ser nocivas como cuchilladas o
balazos, a veces peores. Lisandro Quesada, alias Chando, a veces ha
sido bueno con las palabras y otras las ha abusado, a tal grado que
las palabras se le fueron en contra. Ese fue el caso que cuando
inspirado por Marcial Lafuente, retó al presidente Ricardo Maduro a
un duelo a balazos en un camino real.

Parece ficción, pero fue cierto. Uno se imagina a Chando al mejor
estilo de C. Eastwood (la C no es de Clint sino de Chando Eastwood),
con una equis de balas adornándole el pecho, cigarrillo oscuro a
orilla de boca, pasos lentos con el “clap” “clap” de las espuelas
imponiéndose al silencio que precede a la muerte. Chando allí,
esperando por el contendiente Maduro. Chando, presencia aterradora,
el más hombre entre los hombres que nunca se interesó por saber si
sus hijos comían, iban a la escuela o simplemente les faltaba una
caricia paterna. ¡Qué miedo!

Creí que este proceder era propio, único, de Chando, nunca de una
generación. Pero la letra impresa me rescató del error porque el
martes 17 de junio del 2008, Juan Ramón Martínez escribe en La
Tribuna: “Zelaya, nos convoca a la pelea”. Y todo parece que se debe
a la decisión del presidente Zelaya de pasarle los santos óleos al
aeropuerto Toncontín y habilitar el aeropuerto de Palmerola.

Es probable que la del Presidente haya sido una decisión precipitada,
eso sí, para nadie, sobre todo para quienes tanto hemos viajado (no
es privilegio solamente de Juan Ramón de haber andado el mundo no
sólo por andar), sabemos que lo del “prestigio” del aeropuerto
Toncontín de ser uno de los más peligrosos sino del mundo por lo
menos de nuestro continente, no es un cuento de camino real. De
hecho, en lo personal siempre he buscado una excusa para aterrizar en
San pedro Sula, no vaya a ser que ya casi llegando a casa ocurra una
tragedia.

Pueda que la culpa, y es lo que ha salido a luz por los propios
entrevistados que viajaban en el vuelo, haya sido de un error humano:
“El piloto se comió la pista”, es la respuesta generalizada. No
obstante, no estaría demás aprovechar el incidente para que ya
Toncontín deje de ser una trampa: buscar soluciones como ampliar la
pista, derribar un cerro para darle mejores posibilidades a los
pilotos, tener la opción de dos aeropuertos una vez habilitado el de
Palmerola o qué sé yo. Todo esto puede decirse, discutirse,
analizarse, sugerirle al gobierno, sin necesidad de caer en la
chandidez tal como lo ha hecho Juan Ramón Martínez, convertido en
extremista con su lenguaje “intimidador” tal como lo hiciera contra
mi persona nuestro embajador en Galápagos.

En su artículo: “Zelaya, nos convoca a la pelea”, Juan Ramón dice
sobre el Presidente: “En vez de lucir valiente, se ha acobardado
refugiándose en la obstinación y la terquedad” (qué irrespeto, ya le
llamó cobarde al Presidente); “Prefirió la terquedad de Carías
Andino” (ha de estar revolcándose en la tumba Carías pues él se creía
mano dura); “Lo derrotó la tradición rural” (Juan Ramón nació en
París, con aguacero); el estadista le dio paso al pendenciero que nos
invita a la pelea (aquí ya se comienza a personalizar el asunto); “Es
un macaneador empedernido” (¿lo dirá por experiencia?); “Aquí pueden
pasar muchas cosas. El pueblo puede producir nuevos líderes que
sustituyan a los ‘dueños’ de la protesta. E incluso, el ‘Chávez’
catracho que muchos están esperando, puede estar arremangándose la
camisa…” (¿el parisino de Juan Ramón no estará enterado de que el
presidente Hugo Chávez ha declarado obsoletas las luchas armadas y
llamó a la FARC a liberar a los secuestrados?).

Por otro lado, Juan Ramón se autoproclama vocero del pueblo
hondureño, no sé en dónde extienden estas licencias, pero no creo que
el pueblo quisiese tener un vocero circunstancial, ya que en otras
administraciones Juan Ramón se ha llamado al silencio, y, como dice
el poeta: “Guardar silencio es compartir el crimen”. Sin duda, estos
artículos recientes de Juan Ramón llenos de improperios y de
amenazas, se asemejan más a un frustrado asunto personal que a una
colectividad, la del pueblo hondureño, que busca por mejor destino.

No pretendo ser defensor del Presidente ni verdugo del analista,
solamente deseo dejar claro que puede haber discrepancia, discusión,
sin necesidad de llegar a niveles en donde hasta se rifa, dicho
literalmente, la cabeza del contendiente. Este fue el caso de
Chandito cuando conminó al presidente Maduro a darse de balazos en un
camino real. De hecho, yo mismo fui víctima de la chanza de las
amistades quienes sabían de mi parentesco, cada vez más frágil, con
el pistolero. Tal como lo hiciera el periodista Armando Villanueva
preguntándome si Chandito ya había aceitado el revólver.

Qué cosas: Juancho y Chando son contemporáneos, los dos son de
Olanchito, los dos son altos, los dos son columnistas, los dos
llegaron con todo el ruralismo a cuestas de Olanchito a Tegucigalpa,
los dos son musuquitos (nada más que uno pretende alisárselo más que
el otro, pero ambos son una especie de vaqueros atípicos, vaqueros de
fantasía, según las películas), pero eso sí, esta es la coincidencia
que nos lleva a lo inexplicable: Los dos han retado a presidentes a
batirse a balazos. Chando lo hizo cuando invitó al presidente Maduro
a duelo en un camino real, y Juan Ramón, que no salga a argumentar
que lo están mal interpretando, finaliza su artículo diciéndole al
presidente Zelaya: “Ahora, puede perder la cabeza. Los dados están en
el aire. Y las pistolas en la cintura”.

¡Qué nivel!

Nueva York, NY 22 Junio, 2008.
[email protected]

Tags: pistolas, balazos, peliculas, fox, marcial lafuente, g gracia marquez

Publicado por ChemaRubioV @ 17:50  | RELATO .
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Comentarios
Publicado por Commandervon
S?bado, 07 de marzo de 2009 | 6:28
jajajaja, excelente comparacion la que hace nuestro paisano el escritor Roberto Quezada, sobre estos dos personajes populares de la ciudad de Olanchito,esta para el gui?n de una pelicula vaquera al estilo Hollywood.Muchas risasMuchas risas