Viernes, 04 de julio de 2008
A quien pueda interesar...
 
Artículo de Stiglitz, Premio Nobel de
Economía, sobre los costes de la guerra de Irak, publicado en el diario El País.
 
  La guerra de los tres billones de dólares
 JOSEPH E. STIGLITZ 13/03/2008
 El 20 de marzo se cumple el quinto aniversario de la invasión de Irak por
 parte de tropas dirigidas por Estados Unidos, y es un buen momento para
 revisar lo que ha ocurrido hasta ahora. En nuestro libro The three trillion
 dollar war, la profesora de Harvard Linda Bilmes y yo sugerimos que el
 coste de la guerra para EE UU asciende, según cálculos conservadores, a
 tres billones de dólares (1,95 billones de euros), más otros tres billones
 a cargo del resto del mundo; una cantidad muy superior a los cálculos que
 hizo el Gobierno antes de iniciar el conflicto. El equipo de Bush no sólo
 engañó al mundo sobre los posibles costes de la guerra, sino que además ha
 tratado de seguir ocultándolos a medida que la guerra se desarrollaba.
 No debe sorprender a nadie. Al fin y al cabo, el Gobierno de Bush mintió
 sobre todo lo demás, desde las armas de destrucción masiva de Sadam Husein
 hasta sus supuestos vínculos con Al Qaeda. La verdad es que Irak no fue
 ningún semillero de terroristas hasta después de la invasión.
 El Gobierno de Bush dijo que la guerra iba a costar 50.000 millones de
 dólares; Estados Unidos gasta hoy en Irak esa cantidad cada tres meses.
 Para situar esa cifra en su contexto: con la sexta parte del coste de la
 guerra, EE UU podría asegurar la base de su sistema de pensiones durante
 más de medio siglo, sin necesidad de recortar prestaciones ni elevar
 cotizaciones.
 Además, el Gobierno de Bush recortó los impuestos a los ricos al mismo
 tiempo que iba a la guerra, a pesar de que tenía un déficit presupuestario.
 Como consecuencia, ha tenido que utilizar ese déficit -en gran parte,
 financiado por países extranjeros- para pagar el conflicto. Ésta es la
 primera guerra en la historia de Estados Unidos que no ha pedido algún
 sacrificio a los ciudadanos mediante la subida de impuestos; se está
 haciendo recaer todo el coste sobre futuras generaciones. Si las cosas no
 cambian, la deuda nacional estadounidense -que era de 5,7 billones de
 dólares cuando Bush llegó a la presidencia- será 2 billones mayor debido a
 la guerra (además del aumento de 800.000 millones con Bush antes de la
 guerra).
 ¿Ha sido incompetencia o falta de honradez? Casi con seguridad, las dos
 cosas. La contabilidad en efectivo ha permitido que el Gobierno de Bush se
 centrara en los costes actuales, no en los futuros, entre ellos los gastos
 de discapacidad y atención sanitaria para los veteranos que regresan. El
 Gobierno tardó varios años en encargar los vehículos acorazados especiales
 que habrían podido salvar la vida de muchos muertos por bombas en las
 cunetas. Como no se ha querido volver a implantar el reclutamiento
 obligatorio, y es difícil encontrar a gente dispuesta a ir auna guerra
 impopular, los soldados han tenido que llevar a cabo dos, tres y hasta
 cuatro turnos llenos de tensión destinados en Irak.
 El Gobierno de Bush ha intentado ocultar los costes de la guerra a la
 opinión pública estadounidense. Los grupos de veteranos han alegado la ley
 de Libertad de Acceso a la Información para averiguar el número total de
 heridos, 15 veces el de fallecidos. Ya hay 52.000 veteranos a quienes se ha
 diagnosticado síndrome de estrés postraumático. Se calcula que el Estado
 tendrá que pagar pensión de discapacidad al 40% de los 1.650.000 soldados
 desplegados. Y, por supuesto, la sangría persistirá mientras dure la
 guerra, con unas facturas de sanidad y discapacidad que ascenderán a más de
 600.000 millones de dólares, en cifras de hoy en día.
 La ideología y la codicia también han contribuido a aumentar los costes de
 la guerra. Estados Unidos ha recurrido a contratistas privados, que no han
 sido baratos. Un guardia de Blackwater Security puede costar más de 1.000
 dólares diarios, sin incluir los seguros de vida y discapacidad, y el que
 paga es el Gobierno. Cuando los índices de paro en Irak llegaron hasta el
 60%, habría tenido sentido contratar a iraquíes; pero los contratistas
 prefirieron importar mano de obra barata de Nepal, Filipinas y otros
 países.
 La guerra no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y
 los contratistas de defensa. El precio de las acciones de Halliburton, la
 compañía petrolífera del vicepresidente Dick Cheney, se ha disparado. Sin
 embargo, el Gobierno, al mismo tiempo que ha ido utilizando cada vez más
 contratistas, les ha supervisado cada vez menos.
 El mayor precio de esta guerra tan mal gestionada lo ha pagado Irak. La
 mitad de los médicos iraquíes han muerto o se han ido del país, el paro es
 del 25% y, cinco años después del comienzo de la guerra, Bagdad sigue
 teniendo menos de ocho horas de electricidad al día. De la población total
 de Irak, unos 28 millones, cuatro millones viven desplazados y dos millones
 han huido del país.
 Las miles de muertes violentas han acostumbrado a la mayoría de los
 occidentales a la situación: ya casi no es noticia la explosión de una
 bomba que mata a 25 personas. Pero los estudios estadísticos sobre el
 número de muertes antes y después de la invasión dejan clara, en parte, la
 triste realidad. Las muertes en Irak han aumentado, desde unas 450.000 en
 los primeros 40 meses de la guerra (150.000 de ellas, muertes violentas),
 hasta un total de 600.000 en la actualidad.
 Con tanto sufrimiento de tanta gente en Irak, puede parecer cruel hablar
 del coste económico. Y puede parecer egocéntrico hablar del coste económico
 para Estados Unidos, que emprendió esta guerra violando las leyes
 internacionales. Pero esos costes económicos son inmensos, y van mucho más
 allá de los desembolsos presupuestarios. Pronto intentaré explicar de qué
 forma ha contribuido la guerra a las actuales penalidades económicas de EEUU.
 A los estadounidenses nos gusta decir que no existe la comida gratis.
 Tampoco existe una guerra gratis. Estados Unidos y el mundo seguirán
 pagando el precio de Irak durante muchos años.
 
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Tags: guerra, dolares, nobel, economia, el pais, tribuna

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