Martes, 15 de julio de 2008


¡Oh, dulce concupiscencia de la carne! Refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, alivio de los enfermos mentales, diversión de los pobres, esparcimiento de los intelectuales, lujo de los ancianos. (Jorge Ibargüengoitia)


Debo hablar en voz baja, antes de que la humedad desaparezca, antes de que el coqueteo se evapore y el ruido rasgue los vestigios de esa joven jubilada del arte. Si por ella fuera hubiera esculpido un tritón para la fuente de Trevi, pintado lo ovárico de Frida, fotografiado el instante, escrito estas líneas; sin embargo, Lulu, frágil y tímida, sólo pasa la mano por debajo de su falda suponiendo que nadie la ve y se acaricia tiernamente. Su imaginación le juega sucio y le acerca posibles amoríos.

Lulu llega con Selene, entrecierra la puerta y toma un balde con agua fría. Empapar a Selene con agua sin templar es de un gusto inicuo, pues da igual la temperatura que el líquido tenga. Selene siempre tiene lo pezones despiertos, victoriosos y enardeciendo los pequeños montículos por ellos conquistados, como el resto del cuerpo humillado. Igual sucede con Ares, la alucinación de Lulu, pero esta vez, a diferencia de Selene, la flacidez es grácil y ayuda a que las curvas de los robustos músculos se ensalcen y le preste menos atención al lugar donde eternamente deposita su mano mientras pierde la mirada al mismo sitio donde atisba Ares.

Qué difícil es ser fiel cuando no hay amor de por medio y tener la mente llena de nombres… llena de objetos. Lulu pasa delicadamente su mano por la espalda de Selene que parece disfrutarlo pero no hace ni un guiño. Lulu, vehemente, recorre ese cuerpo que es iluminado cenitalmente y, que con ello, el ambiente toma un breve dramatismo cada vez que abre los ojos.

¡Lulu, Lulu! Quien te ve en ello intenta no respirar, no romper con tu sencillez. Sólo un pervertido le pondría veneno al alimento de los colibríes cuando éstos, después de acostumbrarse, llegan exclusivamente por el néctar a su jardín. ¡Hay Lulu, si esto se supiera! Cualquiera daría todo por ser Selene o Ares. De todas formas, el breve departamento de Lulu la delataría sin mayor problema. Entrando, a la derecha, está el baño, tapizado de imágenes de Selene muy sugerentes y acompañadas, invariablemente, por un pequeño violetero blanco con una rosa. En la sala, que también hace de comedor y recibidor, tiene una foto junto a Ares, pero la verdad es que el techo de su recámara está tapizado con imágenes de Ares.

Lulu mira pacientemente como la espuma del jabón se desliza hasta el suelo, cuenta las burbujas de cada zona y disfruta más cuando llegan a las piernas sin saber por donde seguir. Un leve soplo les indica el camino y es entonces cuando sus labios se atreven. Su mano izquierda sale de la guarida y, junto con la derecha, se abalanza en el juego sin que Selene se resista.

Le susurra al oído izquierdo que va directo a la victoria y lo hace sin dejar de mirar a su objetivo. Despacio y con breves paradas llega con su lengua, como si fuera su extremidad motora. Pausadamente desliza su mejilla en todo el cuerpo mientras sus ojos se invaden de la palidez de Selene y entonces recita fragmentos de un poema:

…quiero verte y verte y verte de nuevo,
pero tu imagen grabada no basta,
porque quiero respirarte, tocarte, vivirte,
escucharte es un alivio, pero no la cura, pero no el destino:
sólo un instante, eso quiero, un instante eterno.

…Todo un instante, pero todo de él, todo de ti,
si no es posible el día, la hora, el minuto, el segundo…
que ese instante sea todo,
que me basta sólo un roce, una palabra, una mirada,
cosas de un instante que duran todo el tiempo,
toda una vida, un instante de ti...

Sumerge nuevamente un trapo en el agua enjabonada para llegar a la popa del navío donde pilota y detener su mirada en el lento recorrido del líquido espumoso. Ahora sumerge el trapo en agua limpia para apurar el camino. Lulu respira todo el aire de la habitación y toma prestado un poco de la fronteriza. Lo expulsa. Sin ella, el recinto es una imagen perenne.

Ya pasan de las ocho de la noche y a lo lejos ve a Ares. A Lulu le remuerde la conciencia estar tanto tiempo con Selene. Empieza a vestirse y le da un beso en el seno derecho para después susurrarle cuando será su próximo encuentro. Vuelve a mirar hacia donde Ares se encuentra y le hace un guiño mientras gira para darle la espalda y terminarse de vestir. Toma el balde y sumerge el trapeador para dar una última pasada alrededor de Selene. Tímida, frágil y fantasiosa se dirige a Ares.

arSa
la vida, como el arte, se hizo para disfrutarse al máximo y cuestionarse de vez en cuando
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Tags: lulu, amorios, pezones, caricia, gozo, senos

Publicado por ChemaRubioV @ 19:06  | RELATO .
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