Viernes, 18 de julio de 2008
borde Sumario. Entrevistas.

Montero Glez

Montero Glez

«En esta vida nada vale la pena. En todo caso vale la alegría de ser reconocido de una puta vez, qué coño. A la pena ya nos tienen acostumbrados»

entrevista: Miguel Baquero

reseña: Pedro de Paz

Montero Glez. es, posiblemente, el escritor más original de cuantos en la actualidad pululan por esos sufridos campos, barbechos y barranqueras de la Literatura española. Desde su primera novela, Al sur de tu cintura, publicada hace ya una década, Montero ha ido levantando un universo característico y forjándose un estilo genuino, bien lejos de la inercia y la comodidad en la que han encallado tantos otros. Sin hacer más concesiones que las inevitables, y éstas a regañadientes, y sin más atajo que su propio talento, Montero acaba de ganar el premio Azorín con una novela sobre Mateo Morral, aquel anarquista que a principios del siglo pasado arrojó una bomba al paso de la carroza nupcial de Alfonso XIII y a punto estuvo de cambiar el triste curso de nuestra historia. Escrita, como es norma en él y como se dice de los boxeadores valientes, con los puños prietos y sangre en el ojo, Pólvora negra, como se llama la nueva novela de Montero Glez., es mucho más que una novela histórica al uso; es también, o sobre todo, el reflejo de un tiempo y de un país.

 

Miguel Baquero
En primer lugar, nobleza obliga, muchas felicidades por el premio. ¿Es el primero al que te presentas?

Montero Glez
Gracias, nobleza obliga a agradecer pues no es la primera vez que me presento a un premio. Te cuento. Con Sed de champán, al ser rechazada por Alfaguara, lo que hice fue presentarla al Nadal. Ese año ganó Martín Garzo. Luego me volví a presentar al Nadal con Cuando la noche obliga y ese año lo ganó Trapiello. Como soy obstinado, cual picapedrero, una vez terminada Manteca colorá, la presenté al Primavera de Novela y no sé quién gano en esa edición. En fin que felicidades a los premiados, de todo corazón.

 

Miguel Baquero
Los premios literarios, y en especial los españoles, que no son precisamente (hablo en general) un dechado de riesgo y afán de innovación, suponen en muchas ocasiones la puerta de entrada al establishment literario. Supongo que es un trance inevitable y que, en todo caso, vale la pena por cuanto a partir de ahora ganará la difusión de tu obra.

Montero Glez
En esta vida nada vale la pena. En todo caso vale la alegría de ser reconocido de una puta vez, qué coño. A la pena ya nos tienen acostumbrados.

 

Miguel Baquero
Vamos con tu novela. Mateo Morral. ¿Qué tiene de interesante este personaje histórico?

Montero Glez
Era un flaco que, con premeditación, alevosía, y unos gramos de dinamita, quiso cambiar la Historia de España. ¿Te parece poco?

 

Miguel Baquero
No te has ceñido mucho, sin embargo, a los hechos, y tampoco pretendes hacer un relato fiel de lo sucedido. Muchas circunstancias están deformadas, llevadas hacia lo grotesco y son evidentes las exageraciones…

Montero Glez
Me he ceñido a los hechos, lo que pasa es que he invertido los términos. Según la versión oficial, Mateo Morral es un loco enamorado. Se le aplica la teoría lombrosiana de que el ridículo mata. Y, por eso, se le deja en ridículo ante la Historia. Yo he presentado al Mateo como lo que era, un fulano de calibre. Y el ridículo se lo ha llevado la parte monárquica. Un ridículo muy literario, vaya, pues he aplicado la técnica goyesca del esperpento. El esperpento lo inventó Goya y lo bautizó Valle Inclán.

 

Miguel Baquero
¿Podría decirse que las vicisitudes de Morral durante la preparación del atentado y su posterior huida son la excusa para tratar, con mayor profundidad, aquellos tumultuosos primeros años del siglo XX?

Montero Glez
Podría decirse. Pero, ya que estamos diciendo, vamos a seguir con Valle Inclán.

 

Miguel Baquero
Estamos en los años justamente posteriores a 1898. Era una de aquellas épocas en que borboteaba con mayor fuerza lo mejor y lo peor del carácter español. Destacaría la aparición, no en balde, en la novela de Vallé Inclán, uno de los escritores, con sus esperpentos, más profunda y poderosamente hispánicos.

Montero Glez
A la entrada de mi casa, en lo que llaman recibidor y que es donde hay puesto un armario lleno de zapatos, en la misma pared, también tengo un retrato de Valle Inclán todo él barbudo y desmangado, A las visitas les digo que es mi abuelo. Y se lo creen. Algunos me sacan parecido en las mejillas. Otros en la nariz. Y los más atrevidos me dicen que como siga haciéndome pajas con la mano zurda, el brazo se me va a quedar igualito.

 

Miguel Baquero
¿Hay también en la novela un intento de acercamiento al movimiento anarquista, en auge en aquella época?

Montero Glez
Quería hablarte de pajas pero, en fin, sigamos con el Mateo y su periplo por nuestro solar manchego. En Madrid apenas había grupos de inspiración anarquista. En Madrid los que se llevaban el gato al agua eran los socialeros. Los focos anarquistas más importantes de la época eran Barcelona y Andalucía. Barcelona por ser ciudad industrial y Andalucía por ser tierra campesina. La conciencia de clase en los Madriles se daba entre artesanos. Y su tendencia era socialera. Construir justicia social a partir del Estado. Esa era la diferencia de los madrileños de ideas avanzadas, frente a los libertarios catalanes y andaluces que negaban el principio de toda autoridad. Es una época apasionante donde muchos aprendieron a caminar persiguiendo la utopía. 

 

Miguel Baquero
Mateo Morral, quien se supone es el protagonista, y todos los demás personajes, quedan en cualquier caso eclipsados por la figura del teniente Beltrán, el encargado de sofocar y represaliar a todos aquellos elementos subversivos.

Montero Glez
El protagonista es el Mateo que en el arranque de la novela es ya cadáver; un cadáver que las autoridades exponen en la Cripta del Buen Suceso  para que los testigos le reconozcan. El teniente Beltrán es el encargado de coger a una camarera de la horchatería donde paraba el Mateo y conducirla hasta el cadáver. Tanto el teniente Beltrán como la Chelo, así se llama la camarera, tanto el uno como la otra son personajes secundarios. Lo que pasa es que están más redondeados que el Mateo, al que dejé como personaje plano aunque con una vida interior que le asoma por los ojos. Pero, coños, no te voy a desvelar aquí la carpintería.

 

Miguel Baquero
Lo que más me ha llamado la atención del teniente Beltrán, antes que sus métodos digamos poco pulcros, es su profundidad psicológica. Beltrán respira rencor en cada una de sus acciones; rencor contra sus superiores, contra el sistema que le ha arrinconado a un puesto secundario, y también contra los anarquistas, porque sabe que estos le superan en el plano moral. Es un tipo rodeado por su mediocridad y que sólo sabe salir de ella utilizando la violencia.

Montero Glez
Tú has entendido bien esto. Mira, esta novela es un homenaje al movimiento libertario donde se apunta que la violencia no nos hace más fuertes pero sí más mediocres.

 

Miguel Baquero
¿Seguirás cultivando la novela histórica “a tu modo”? En la historia reciente, lejana e incluso prehistórica de nuestro país hay material sobrado para una novela de Montero Glez.

Montero Glez
Acabo de salir de una buena vomitada. Ahora lo que necesito es un caldito casero que me arregle el cuerpo y que me ponga a punto para el próximo asalto del que no voy a adelantar nada. Me gusta intrigar y será una sorpresa.

 

Pólvora negra
Planeta, 2008

 

Un anarquista, un complot para acabar con una monarquía, un plan hábilmente trazado y una mentira oficial. De tales premisas parte el escritor Montero Glez (Madrid, 1965) para llevar a cabo su novela Pólvora negra (Ed. Planeta, 2008), una excelente recreación del intento de regicidio llevado a cabo por Mateo Morral el día de la boda de Alfonso XIII, galardonada con el premio Azorín 2008.

En esta fascinante novela, Montero Glez nos relata las circunstancias que rodearon el incidente sumergiéndonos en el retrato veraz de un Madrid por el que el autor hace desfilar, a modo de personajes, a una serie de figuras que marcaron una época de la historia de España y que tuvieron una destacada implicación en los hechos. Desde la propia familia real al conde de Romanones pasando por Primo de Rivera, José Nakens o Alejandro Lerroux, todos ellos integran una sólida trama vestida de crónica novelada con la que el autor trata de recuperar la figura histórica de Mateo Morral, romper con la historia oficial que siempre lo presentó como «un loco enamorado que cometió tan execrable acto movido por el despecho» y mostrarlo como un hombre inteligente, ilustrado y plenamente concienciado al que fallaron los apoyos de un plan minuciosamente trazado. El hilo argumental orquestado por Montero Glez nos conduce, minuto a minuto, por un camino de luces y sombras que atraviesa los recovecos existentes en los momentos previos y posteriores al luctuoso suceso y lo hace principalmente a través de la mirada de tres de sus protagonistas: Mateo Morral, el anarquista autor del atentado; el teniente Beltrán, un policía encargado, primero, de la seguridad del evento y después, de la investigación posterior al atentado —el personaje revelación de la novela— y La Chelo, camarera de la Horchatería de Candela, lugar frecuentado por Mateo Morral durante su estancia en Madrid, y que, a la postre, tendrá un papel esencial en la resolución del entramado que Montero Glez nos desgrana y desvela con maestría a lo largo del relato. Al margen de la riqueza de sus personajes, la novela cuenta con otro punto fuerte: la certera y evocadora ambientación de un Madrid de principios de siglo pasado cuyo pulso vital el autor ha transmitido de forma exquisitamente metódica y con una cruda exactitud no exenta de singular belleza. Un Madrid que no se lee ni se ojea: se bebe, se recorre, se disfruta y se sufre hasta terminar por convertirse en algo tan cercano como podría serlo un personaje más de la historia. Un Madrid cuya atmósfera sirve de excelente sustrato para transmitir la asfixiante sensación con la que se nos narra, de forma minuciosa y precisa, los momentos del atentado.

Aunque es cierto que el registro de esta obra difiere y se aleja en cierta medida de los textos a los que Montero Glez nos tiene acostumbrados, no es menos cierto que, por fortuna, el texto se mantiene completamente fiel a ese estilo tan peculiar que domina con destreza. Escrita en clave de novela negra, continúa albergando ese poso oscuro, desgarrado y profundo que caracteriza sus textos, sin embargo, la obra denota una evidente madurez narrativa en el recorrido literario de su autor. La novela, que en un principio podría parecernos un artificio histórico tan en boga en los últimos tiempos, se transmuta en un arduo trabajo de documentación con el fin de mostrar, a través de una narración ágil y dinámica, los hechos puros y desnudos de lo sucedido durante esa fatídica jornada de mayo de 1906. Por ello, Pólvora negra termina siendo algo más que una novela histórica de matices policíacos. Pólvora negra es una autentica vuelta de tuerca. La ordenada y metódica presentación de una serie de hechos y conjeturas que, tras su reflexión y evaluación, nos conducen a concluir que la historia pudo no ser como nos la habían contado. Ni mucho menos.

 

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Publicado por ChemaRubioV @ 12:07  | ENTREVISTAS
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