Sólo nos queda entregarnos ahora
aun en el amor sin hallar.
Porque somos sangre del ánimo y el desánimo:
Sólo nos queda ser fieles a las horas
y honrar la construcción del tiempo
que nos sostiene, antes del derrumbe
de la voluntad y lo por venir.
Porque ahora somos carne como siempre de la luz
y su contraste, no podemos caer en el abandono,
ni morir en los desiertos que la fe deja al huir.
Porque somos médula del odio y su contrario,
de la desgana y también del amor
descendemos y ya sólo nos queda
entregarnos ahora, una vez más otra,
en el deseo que nos espera a contramano
quizás al lado del ojo que viene en silencio
a rozar la piel sin latido casi
y nos devuelve a la palabra, a la boca, a la lengua,
a la gloria toda de recorrido sin fin.
Porque somos hijos del amor en amor perdido
en jardines de sombras y graníticas piedras,
nuestros cuerpos saben
de las arenas iguales y los soles repetidos;
no debemos olvidar jamás
el principio de la vida:
Que prohíbe a los hijos del amor
el darse nunca por vencidos
ni entregar sus cuerpos de luz
al enemigo brazo de la nada.
Porque caminamos el amor hasta su música perdida
no deseamos quedar
como un poema detenido
en la página secreta del libro
que muere antes de ser escrito.
Porque somos vida del amor en amor perdido
no queremos ser como brazo sin nadie, ni mano sobre nada.
Sólo nos queda volver a entregarnos ahora
en la frontera del amor
siempre a punto de nacer.
Porque somos hijos del amor en amor perdido:
Nos encontramos siempre amados
en la voz de la lengua que nos puso nombre,
sin miedo alguno a encontrarnos solos;
porque no existe soledad que pueda
acabar con la independencia del ser,
sino corazón que se resigna a morir
sin comprender, ni aviso a la vida
que legar, ni esperanza que satisfacer.
Porque solo somos tiempo en tiempo conjugado
nuestro interés no vive en la materia
de bancario papel.
Cuando nuestros ojos se mueren por el amor perdido,
la nostalgia les sobrevive
en la agonía que solo acaba
al conjugar el verbo del tiempo.
O al recibir la verdad de la belleza
donde el poeta desaparece satisfecho
adentro del poema de la vida.
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