Lunes, 21 de julio de 2008

 

Al poeta Carlos Garrido Chalén

La casa de mi infancia no tenía ventanas. Pero todo respiraba a través de sus ojos:

El aire del día con todos sus colores y el anhelo vivo de sus interiores.

Cuando trabajo las abro para que todos los sueños me visiten —el panal de las

Nubes de invierno, las sombras de las piedras, el aire enredado en los textiles

Del alfabeto. De vez en cuando los relámpagos y sus dientes de fuego,

O la dulzura de una mujer caminando con paraguas.

Yo hice las de mi casa con brazos grandes para mantener mis ojos abiertos

—y ver a través de sus ojos el eterno fugaz de los adioses, y el campo

Alumbrado por trenes de pájaros.

Hoy no alumbran las estrellas, pero a menudo lo hacen sobre los aleros

Del crepúsculo, sobre los fuegos interiores de la casa y sus ingenuas palabras.

Hoy son de madera como el alma del bosque. Uno las huele y sale la risa del cedro.

En las mañanas los relinchos del cierzo o del sol las despiertan o las lamen

Aquí cantan los pinos y la niebla húmeda —la lengua late cuando el viento

Toca las mochetas.

Otras veces camino silencioso frente a ellas tratando de tocar las palabras:

Pienso en los fantasmas de la noche, en los grillos con su música redonda

Y mi ropa tirada sobre el piso convertida

En espectro —externa frazada del alma, a lo mejor continuado espejo de la pena

De estar en este mundo sólo con los sueños,

Ardiendo de cabeza a pies y sin zapatos.

Cada cierto tiempo las limpio con luciérnagas, su esencia crece con mi asombro:

De pie el invierno las escala vestido de suculenta transparencia —en cada hilo

Eléctrico los sueños saludan a coro, borran la ceniza de las rendijas o el polvo

Incierto de la saliva para que las pupilas se vean así mismas volando por el confín

Rojo de la luz y las invocaciones sumergidas en la memoria.

La casa de mi infancia no tenía ventanas. Pero desde la puerta el río era espejo.

Sólo mis párpados fugitivos, el pabilo del candil y el cuaderno deshaciéndose

Junto al humo:

El hollín cansado sobre el papel hasta nuestros días, —hollín con tinta de los ojos.

A cambio de ellas, en mi infancia, en mis ojos caía toda la espuma de la luna

Y las dudas, la lluvia oscura del planeta, el agua esparcida en mis arterias.

Ahora todo eso sigue siendo cierto, con la diferencia que mi casa tiene en cada

Pared esas lámparas para respirar, gota a gota, toda la cintura espesa del horizonte.

Así me lo propuse cuando sólo mis oídos veían en la noche

La palabra sobre el barro,

Y la lágrima resbalando como un cometa sobre la cara.

Ahora tengo ventanas por todas partes. Pájaros de azúcar y mariposas

Sobre la madera barnizada.

En cada una de ellas el fósforo de las gotas —y las hojas dispersas del escalofrío.

Como viendo crecer el fuego derretido de las veraneras. La luz del día

Se extiende hasta las tejas;

Y su sal, en las palabras, sabe más a mantel y a transparente árbol.

Ahora mis ventanas son profundas. En ellas estalla el alba y despierta el cielo.

Barataria, 20.VII.2008


Para saber más de André Cruchaga :   

www.poetacarlosgarridochalen.3a2.com

www.artepoetica.net

Editorial Alebrijes Confesiones de un árbol.

http://albumnocturno.blogspot.com 
ttp://laberintodeltorogoz.blogspot.com/2008/06/itinerio-del-amor-en-vallejocarlos.html 

http://haroldalva.blogspot.com/

http://www.elorodelostigres.com.ar/audio-de-programas.html

http://www.poetasdelmundo.com


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Publicado por ChemaRubioV @ 19:54  | POESIA
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