Aldabas férreas y pesadas las llaves.
Manos nacidas al escuchar música
Orquestada en labios de luna hilada.
Recuerdo de azucar disuelto con el primer café de la mañana.
Escrito en la Ciudad de Emérita , pensando y a dos bocas las palabras abriendose, frente al alto espacio
de tierra donde los cuerpos ahora callados y quietos no miran ni sienten el gusaneo de los Soñagundos.
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