Aunque no lo quieras
con la sonrisa desnuda
como una farola nueva
alumbras
las calles del hombre triste.
Aunque no te lo propongas
con la alegría en la boca
te acercas al hambriento labio,
que te despide desde su esquina
como sólo lo hace el hombre triste,
agradecido con la luz entre los dientes.
Aunque no lo sepas
ninfa venida de un mar
sin nombre, serenas las olas
y la espuma seguirán los hombres,
de vuelta al puerto del que nunca
debieron partir.
Porque las calles del hombre triste
fueron limpiadas con sus lágrimas,
hoy a sus ojos nunca llegan
crepúsculos que olvidar,
sino tardes que ruedan horizontes
y RUEDAN.
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