Donde se afirmó el dolor de no querer comprender:
ni la belleza ni el verdadero valor de los pinares hasta
que el pino se convirtió en deleite, en vez de obligación.
Lo que queda del Hijo del Resinero Sin Humos
Joven mano que a cuchillo se templa.
Los sueños en la sangre enaltecen sinsabores
y en odios su pulso tiembla,
pero no sucumbe a la desesperanza.
Ni con la piel exudada, la joven mano del niño
que escupe sudores en el ardor del medio día agosteño,
se rinde a la tragedia heredada por sus humildes ancestros.
El cuerpo que se pierde en el alma
recupera la luz de la estirpe
que viene a través de los siglos.
Reunido pensar que vuelve a la joven mano que penetra
con la verdad del acero en curva:“en la madera que se hace clarín”.
Sufrido pulso inocente
que a fuerza de sentir el tiempo de la escarcha y la crudeza del despertar amargo,
el joven cuerpo de luz se levanta
con el olor de la resina nueva y la piel toda fecundada
por el delirio del ser congruente que lanza su oficio hacia las entrañas del pino.
Azuela en mano des-viruta la madera del tronco desnudo de roña:
desecando una –cara- por año.
Décadas de mano esclava en el cuchillo que penetra en la resina
y la dureza de la savia desnuda ante las heladas.
En el viejo pinar de la infancia
se halla el fértil poema que canto.