El misterio amarillo de tu palabra
engendrado entre azucenas,
rompe el dique de silencio
y estalla bravío entre mis manos.
Azules se suceden las imágenes,
desnudas y urgentes
buscando en la inocencia de otros ojos
asombro sangrante a su hermosura.
Es otro este cielo,
otro el rumor inesperado de la lluvia,
otra mi voz en el látigo de tu boca.
En la misma esquina de amor y de locura
que hoy te encuentro
estaré esperándote, para morir soñando.