Lunes, 28 de julio de 2008

 

LA INTRODUCCIÒN  DEL ACADÈMICO
QUE  PREPARA AL PÙBLICO PARA EL FRACASO 
no ha resultado posible:
se halla enfermo, en cama.
 Pero ha sido tan amable  que nos ha enviado un texto :  procedo a leer.

 

Lo  siento mucho. Pero esta tarde ustedes se quedan  sin obra, como yo me quedé  sin drama. Mi nombre es Juan Ruiz el Arcipreste de Hita, y soy el Director.

Voy a relatar, paso a paso, cuanto aconteció el 14 de Abril, ¡ de este año claro!  .

Recibí la llamada del actor principal. Hablaba en su propio nombre, en el de su amante

¡en la vida real! y en nombre de su primo. Este tipo era el productor ¡bueno el que ponía los euros! Fue una cosa así más o menos.

- Juan, oye  mira,  que no podemos cumplir lo prometido.- ¡Cómo! ¡Pero hombre no me podéis hacer esto! -No tenemos tiempo. Vamos a rodar un largometraje. Yo... ¡lo siento, otra vez será! -Pero... -No de  verdad, te repito que lo siento... yo... -Adiós figura  y muchas gracias, adiós majo que te vaya bien. Así le dije, con gran elegancia, con fino respeto y una ¡ malaaaa hostiaaaaaa! Porque  claro, ellos, además metieron cizaña y me quedé sólo. Todos se fueron al olor con la nariz que respira eurosbasura.

¡ Y ahora que hago yo ! ¿¡ Y donde encuentro un grupo de actores a falta de cuatro días para el estreno! ? Vamos  a ver ( mirando la agenda)

 Alberto Olmos. Retirado de los escenarios, gana más como director del  periódico

 El Progreso que como escritor en Anagrama. Nacho Pacho. Desde que volvió de Guatemala sólo piensa en lo bien que viven los   niños monclovitas, y no necesita de la panoplia del artista. David Readman: Dejó de ser actor cuando él mismo día que olvidó el tutú en las calles de París. Ahora ha montado una empresa de comunicación: “Doctor Press”.Abraham  Guerrero. Otro que perdió la magia en el castillo de San Jorge en Lisboa. Hace dos años ingreso en la O.N.G.Globo-Y-Media, del cursi listo ese, Emilio Aragón. Ahhh si levantara la sonrisa su tío el Gran  Fofó. Eso es lo que necesito  yo.

Un Fofó en paro o un aficionado sin complejos, un profesional  del gesto como era Él.

Fofo y una pluma como la de Valle Inclán: “El  Marqués del Esperpento”.  Juan Espantaleón. El poeta que se cansó de enamorar a las mujeres y busca solo un papel de yonqui con Alejandro Amenábar. Txema .Nada. No hay  nada anotado, solo una interrogación. ¿De qué me suena este nombre?

(Saltando de golpe) ¡Ya lo tengo!

el loco que desafiando las leyes  y la tormenta de nieve, se introdujo en el Palacio de la Zarzuela y dejó un poema en el dormitorio de los reyes sin molestar el sueño de ninguno de los Dos. Decía así:

 Ayer estuve en George Town / no vi al príncipe/

 pero sí estuve con quien vosotros sabéis. Me entregó este mensaje urgente.

                   Igual que la luna se olvidó de mí/ Yo me olvido de acercarme /

                   a la corona del próximo rey. Firmado: Uno que aun  le quiere.

Ese tío es lo  que necesito. Un quijote, que importa que sea el de Cervantes, o el León Felipe de los sermones a destiempo. Txema ,el mismo que se reencarnó en Miguel Hernández veinte años después. Y desde entonces, una vez por año, no deja de caminar desde Orihuela hasta el cementerio de Alicante.

 

  

MIGUEL HERNANDEZ  NUNCA ESTUVO EN  GEORGE TOWN. Txema sí.

 

 

Lo primero que hizo Miguel Hernández al llegar a Madrid después de golpear todas las puertas de la ciudad,  fue irse con el orgullo por los suelos y muy cansado de intentar amar, volver para reponerse a Orihuela. Antes había obtenido una merienda con agrado. La dadivosa se llamaba Conchita de Albornoz. Anfitriona que siempre le recibía  pero con  el adiós siempre preparado en sus labios.

En Madrid cautivaron sus alpargatas, a unos, porque nunca las habían visto calzar con  sencilla -altivez,  a  otros porque nunca conocieron el campo y menos a ningún pastor que no fuese parte del belén ibérico.

Su acento de hombre hecho a los  20 años,  erosionó más de una médula cursi. Desde el vientre más terrenal, se empolvaban sus poemas. Unos los cantaba y otros los daba a silbar, pero no para vulnerar perros, sino para llamar la atención de los pájaros  por comunicarse con el vuelo del hombre -cabra.

La segunda vez que Miguel alunizó en Madrid, fue mejor considerado. Tanto le costó  volver a su pueblo, que en el tren, la guardia civil le hizo apearse pero con la amabilidad propia de la época, y conducido al  único hotel donde nunca se paga.

 

Como no hay dos sin tres según dice el evangelio, sin Dios que seria del Espíritu Santo  y La  Santísima Trinidad que sería sin el Padre. Porque como no dice el evangelio  ni tampoco las matemáticas:

Dos + Dos no son cuatro; solo son la parte de Dios o el Padre, pero no jodan con los nombres que ambos don hijos de una  misma madre.

Entonces como  les quería decir, a ustedes mis amigos, M. H. la tercera vez que  volvió a Madrid  lo hizo para festejar  el éxito ( aunque efímero por la guerra)del famoso libro “El Rayo que no Cesa” y enamorar  a María  Zambrano a la luz de  los versos , y a las otras enamorarlas (con la sombra lejana de Josefina) cuando creía haber llegado al Olimpo y vivía con el corazón entre nieblas encanallado .Más tarde llegó la guerra y conoció otro  Madrid que nunca quiso querer mirar , pero lo hizo como hombre incorruptible y vehemente poeta.

 

 

 

 Miguel Hernández nunca visitó George Town pero Txema en el 2000 si vivió en Washington, y convivió repetidas veces  el espacio donde estuvo el Príncipe de todas las Asturias. Txema llegó allí por lo que había leído en la prensa y demás medios de probada desinformación. En todos se repetía la misma cantata, El Infante Felipe logra plaza en la más importante universidad  americana. No por su ascendencia ni por la supuesta Sangre Azul, (decía la prensa rosa e indicaban los informativos amarillos) no, no que va, era por su sólida formación y por su preclara tesis en el descorrer del cortinaje a la hora de los inaugura-cines.  

 

La primera vez que Txema se encontró de repente con las piedras de aquella universidad, hizo una fotografía al ojo del viejo cañón, en cuyo tubo brillaban los botes de coca-cola y restos de sándwich que sobresalían por la boca. Luego se fue derecho al departamento de literatura. No encontró nada más que a una alumna que escribía una carta a su novio, hay que decir que no era del primer mundo, sino de Guatemala. La indígena y Txema hicieron buenas migas y de vez en cuando se encontraban en los aledaños de la Gloriosa Universidad donde el Borboncito hizo furor entre las juvenillas, pero se vino a casa sin casar como siempre. 

 

La segunda vez subió raudo las escaleras de dos en dos hasta el cuarto piso, no porque tuviese fobia a los ascensores, Txema comenzó a correr hasta la cumbre porque tenía prisa y los ascensoristas estaban de vacaciones.

Tampoco halló esta vez nada de importancia, ni siquiera a su amiga guatemalteca.

Se encontró más solo que la una, y sintió que no valía la pena haber salido huyendo de la Navidad Ibérica para alunizar en la terrible verdad del consumo: christmas por aquí, laureles rojos ¡de plástico! por allá, y la alegría solo encontrada y no por casualidad, en casa de  su querida amiga Bárbara Cristy y de Rei Berroa, su confesor literario y mental. George Town quedaba cada vez más lejos y Txema pensaba en el cochinillo segoviano y en su familia toda.

E.E.U.U. se estaba convirtiendo en el gusto invisible, en un poder mucho más centralizado del que era capaz de instaurar el aznarin de las españas.

 

 Txema se iba diluyendo cada vez más en el Don del quijote cervantino. Omitiremos las andanzas previas  pero la tercera vez  que vistió la universidad, le comunicaron en un inglés de puro-Búfalo norteño, que los profes aun tardarían en ser vistos, pues solo tenían una clase semanal durante todo el mes de Enero.

¿Ustedes habrían vuelto después recibir dos soberbias bofetadas como si sus rostros fueran ajenos a todo dolor?

 

(Silencio 10 segundos)

La cuarta y última vez, encontró un despacho abierto. Como si hubiese entrado mil veces antes, abrió la puerta sin llamar, un señor ni joven ni viejo ni mudo ni ciego, levantó la cabeza  como si se hubiese colado un fantasma  de otro tiempo

-¿Quiere algo? -sí,  usted me comprenderá, como español que es no tendremos problemas con el idioma. -¡No creo! ¿De dónde vienes?

 -De Segovia. Me llamo Txema. Y solo quiero poder ganarme la vida dignamente.

-¿A qué te dedicas? -Escribo versos. Aunque estoy abierto a todo. Soy hijo de resinero, huí del pueblo el mismo día en que unos veraneantes me contaron la maravilla de viajar. -¡Y aquí estoy! Esperando poder echarme un mendrugo de pan con que poder sustentar mi maltrecho estómago.

 

  

Alejandro de Soria, que así se llamaba el profesor, ordenó traer unos canapés y un par de cafés pero no americanos, apenas contenían el agua justa, dos auténticos cafés al  puro estilo italiano. Perdió 40 minutos de su apreciado tiempo, le buscó la dirección del Instituto Cervantes en NY. ciudad a la que Txema fue, pero al no encontrar las torres gemelas tampoco le apeteció visitar el instituto cervantino. Alejandro de Soria, también le hizo entrega del teléfono del más gay que poeta, Francisco Moran el que ganó dos premios y publicó sendos libros. Dos concursos con llamativos nombres de los consagrados. Luisito Cernuda y Federico Loca. Perdón, Lorca. A veces me traiciona el subconsciente, y se me ve la envidia. Este poeta que había vivido en Cuba  para más señas, había dejado dicho que de ninguna manera se mostrara a nadie su teléfono. Pero Alejandro pensó por sí mismo: los poetas son todos iguales, se abrazaran en cuanto se conozcan. 

El  quijote español llama al profesor estirado, y este pletórico le responde: -mañana en el despacho 14.

Luego de dar más de mil doscientas vueltas sobre 160 metros cuadrados, exhausto preguntó a un señor de uniforme que estaba sentado en una silla de niño se podría decir y leyendo el periódico sobre sus rodillas.  -¿Podría decirme señor, si es tan amable,  donde queda el despacho 14? (todo en un imperfecto inglés)

Antes de responder el señor de la silla de niño, responde Otro que parecía un clown del primero,  pero sin uniforme.

-¿Es usted Txema Velasco? Por aquí hágame el favor.

 El despacho consistía en una mampara de medio metro de alto por medio de altura. A  la mampara se le había colocado una tabla clavada en el mismo centro. Y dos sillas, no vamos a decir que de niños, pero si para cuerpos que  adolecen de estatura media-baja.

-Claro, como demonios iba  a encontrar el despacho 14, si además de no poner ni despacho  ni nombre  tampoco es un despacho... - No me hable de España, que allí todavía están en la edad de bronce.- Vale, perdóneme, este es mi último libro.- yo le he traído una antología que he publicado de la mejor poesía cubana desde José Martí hasta nuestros días. Además he incluido un poema mío.-Pero hombre como se le ocurre editar 725 páginas de la mejor historia poética y además de ser juez ser también parte. No, ¡hombre de dios! No busque el protagonismo de esa manera, usted siga presentándose a los premios, concurse hombre que lo tiene todo ganado. Adiós nos vemos cuando sepa algo de la presentación de mi libro. Ah y no se olvide, en George Town nada es gratis. Y mi trabajo más apreciado por el sensible pueblo inteligente que por los becarios que aspiran a docentes.

 

Querido público, aunque todavía no comprendo como son capaces de resistir esta historia  petarda, prosigo y espero que después de aplaudir, se cansen de bailar con los quijotes de George Town, pero eso vendrá después de que se cansen de comprar las PoeRisas del Amor. Ese libro que los amigos de Miguel Hernández. les venderán.

 

Pues si señores y caballeros, perdón no quisiera olvidarme de los hombres y tampoco de las damas de distintas edades, pues a todas miro por igual y con el mismo interés me dirijo a Ellas solo. Como les decía ahora les dejamos con un bello canto.


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Publicado por ChemaRubioV @ 21:39  | TEATRO
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