SALTO- Hola.
- Hola. ¿Qué tal?
- Bien ¿Y tú?
- En casa.
- ¿Me invitas a comer?
- Tengo que ir a clase en breve.
- Y si me paso luego.
- No sé a qué hora vuelvo.
- ¿Lo dejamos para mañana?
- He quedado para hacer un trabajo.
- ¿De qué?
- Ya te llamo y quedamos otro día.
- No me dejes.
- ¿Qué?
- No me cortes, por favor.
- ¿Qué te pasa?
- Necesito escuchar una voz.
- No tengo tiempo para tonterías.
- Mientras te hablo estoy sentado en el bordillo de una novena planta. Por un lado esta tu voz y por el otro el salto. No me dejes saltar, por favor.
- Espero que estés bromeando. ¿Qué coño te pasa?
- Estaba en una fiesta, de repente todos se han ido o se han quedado dormidos.
- ¿Quieres que vaya para allá?
- No. Tendrías que cortar la llamada. ¿Escuchas el tráfico a lo lejos?
- No hagas ninguna tontería.
- No es ninguna tontería, lo he meditado mucho y suicidarse es algo sublime, un acto desinteresado y absoluto.
- Es una cobardía.
- ¿Crees que es valiente seguir con la inercia de la rutina?
- Sí, seguir es más valiente.
- Pues para mí no, para mí es más valiente comprender que sólo la muerte puede darme lo que quiero.
- La muerte no te pueda dar nada. ¿Entiendes? Además, si quisieras morirte no me llamarías.
- ¿Estás segura de eso? A lo mejor quiero que escuches mis últimas palabras.
- ¿Sí? ¿Y cuáles serían?
- Tengo miedo.
- Dime que esto es una broma.
- No entiendo porque te inquieta, hace mucho que no soy nada en tu vida.
- Vivimos muchas cosas juntos.
- Eso ya pasó. Ya no está.
- Sí está, lo recordamos los dos.
- No, yo lo estoy olvidando. Después de que salte, te quedaras con una parte de nuestra historia, lo que vivimos sufrirá una mutilación.
- ¿Dónde estás?
- Eso no importa.
- A mí sí.
- No, a ti tampoco te importa, si hubiera saltado sin llamarte estarías sentada escuchando clases.
- Que no te vea no significa que no me importe.
- Lo que te importa es que se pierda parte de tu recuerdo, tienes miedo de que un fantasma pueble tus pensamientos; ese es mi miedo, que los recuerdos que tengo se llenen de fantasmas, así que prefiero ser el primero.
- Te lo ruego, no cometas ninguna tontería, no me jodas así.
- Después de que se corte la llamada, ve a clases y sigue siendo tan valiente.
- No, no puedes hacerme esto, por favor, déjame verte.
- ¿Me invitas a comer?
- Sí, joder, claro que sí.
- Ya no tengo hambre, adiós.
Dedicado al anónimo salto
de un hombre en la Barceloneta,
su última palabra fue "Hola".
Descansa,
por los siglos de los siglos.
