Martes, 29 de julio de 2008
SALTO




- Hola.

- Hola. ¿Qué tal?

- Bien ¿Y tú?

- En casa.

- ¿Me invitas a comer?

- Tengo que ir a clase en breve.

- Y si me paso luego.

- No sé a qué hora vuelvo.

- ¿Lo dejamos para mañana?

- He quedado para hacer un trabajo.

- ¿De qué?

- Ya te llamo y quedamos otro día.

- No me dejes.

- ¿Qué?

- No me cortes, por favor.

- ¿Qué te pasa?

- Necesito escuchar una voz.

- No tengo tiempo para tonterías.

- Mientras te hablo estoy sentado en el bordillo de una novena planta. Por un lado esta tu voz y por el otro el salto. No me dejes saltar, por favor.

- Espero que estés bromeando. ¿Qué coño te pasa?

- Estaba en una fiesta, de repente todos se han ido o se han quedado dormidos.

- ¿Quieres que vaya para allá?

- No. Tendrías que cortar la llamada. ¿Escuchas el tráfico a lo lejos?

- No hagas ninguna tontería.

- No es ninguna tontería, lo he meditado mucho y suicidarse es algo sublime, un acto desinteresado y absoluto.

- Es una cobardía.

- ¿Crees que es valiente seguir con la inercia de la rutina?

- Sí, seguir es más valiente.

- Pues para mí no, para mí es más valiente comprender que sólo la muerte puede darme lo que quiero.

- La muerte no te pueda dar nada. ¿Entiendes? Además, si quisieras morirte no me llamarías.

- ¿Estás segura de eso? A lo mejor quiero que escuches mis últimas palabras.

- ¿Sí? ¿Y cuáles serían?

- Tengo miedo.

- Dime que esto es una broma.

- No entiendo porque te inquieta, hace mucho que no soy nada en tu vida.

- Vivimos muchas cosas juntos.

- Eso ya pasó. Ya no está.

- Sí está, lo recordamos los dos.

- No, yo lo estoy olvidando. Después de que salte, te quedaras con una parte de nuestra historia, lo que vivimos sufrirá una mutilación.

- ¿Dónde estás?

- Eso no importa.

- A mí sí.

- No, a ti tampoco te importa, si hubiera saltado sin llamarte estarías sentada escuchando clases.

- Que no te vea no significa que no me importe.

- Lo que te importa es que se pierda parte de tu recuerdo, tienes miedo de que un fantasma pueble tus pensamientos; ese es mi miedo, que los recuerdos que tengo se llenen de fantasmas, así que prefiero ser el primero.

- Te lo ruego, no cometas ninguna tontería, no me jodas así.

- Después de que se corte la llamada, ve a clases y sigue siendo tan valiente.

- No, no puedes hacerme esto, por favor, déjame verte.

- ¿Me invitas a comer?

- Sí, joder, claro que sí.

- Ya no tengo hambre, adiós.



Dedicado al anónimo salto
de un hombre en la Barceloneta,
su última palabra fue "Hola".

Descansa,
por los siglos de los siglos.


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Publicado por ChemaRubioV @ 18:37  | RELATO .
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