Mi?rcoles, 30 de julio de 2008
Orquídeas en la Nieve, Salamandras en la Pared.

Vertió orquídeas en la nieve. Brillaba el coral muerto débiles
astillas de perlas, frías y relampagueantes, toda una paloma
asesinada, envenenada con cianuro para que el rojo de la sangre no
delatara el pescuezo cortado de los gallos níveos. Brillaba el coral
muerto, mis ojos se cegaban ante una armonía de centellitas
microscópicas, asesinas de puñal y filo, ácidas de mandarina o
pomelo, pero amarillas, doradas, cristalinas, como el agua. Vertió
orquídeas en la nieve, lentos pétalos de gula y lengua, de molusca
carne, húmeda e inerte, rosa y fucsia o naranja o carmín, brasas
enfurecidas en medio de lo helado, toques esmerilados de trompetas
de oro, y las orquídeas se pusieron negras, como cuervos deformes,
sin pico, sin patitas, reventados, como manchas de tinta, como
pustulas negras, obscuras repugnancias vegetales, negras orquídeas
de espanto y hulla, como tocino de alquitrán, como bubas en la
purísima nieve, como corrupciones y asesinatos en el coral muerto.
Ungüentos y carne negra en la rotundidad de la nieve pura.
Nudibranquios de antracita rabiosa en la frialdad de la pared de
agua, yo me hubiese tirado en la nieve desnudo como un San Francisco
pero la nieve estaba manchada de orquídeas negras, como coágulos de
lepra, era una brea de carne y grasa, un músculo cortado de la boca,
varios músculos cortados de las bocas, lentos gusanos negros y
palpitantes, helechos de cuerno de alce negros y corruptos en la
inmaculada y marmórea superficie. Sonaban diapasones de plata en la
nieve pero el óxido formaba úlceras en sus resonantes brazos,
úlceras negras, demoníacas, salvajes, leviatánicas, deformes
babosas, deformes corolas negras en el albino tigre de la nieve, que
reverberaba un brillo de amatistas transparentísimas, perfectas.
Las orquídeas eran salamandras en la Pared. Gekos enormes en la
pared encalada, eran, jaspeados como los tigres, repugnantes y
bellísimos, tocarlos daba asco, odiarlos era odioso. Una belleza
sobrecogedora que no podía tocarse sin riesgo al cáncer. Una belleza
repugnante en la nieve caliente del muro. Estremecía el diapasón la
resonancia negra y un cascabeleo de tic tacs horrible desollaba mis
oídos acostumbrados al silencio.
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Orquídeas en la Nieve, Salamandras en la Pared, Segunda Versión.

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Francisco Antonio Ruiz Caballero.
 


Tags: asesinas, brazos, transparentes, belleza, bellisimos, odioso

Publicado por ChemaRubioV @ 17:43  | RELATO .
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