Jueves, 31 de julio de 2008

EL PERU EN UN POEMA DE CARLOS GARRIDO CHALÉN

 

“BUSCO EN MI PATRIA EL CIELO”

 

El poeta, como el arcoiris, canta en distintos colores espirituales de acuerdo al estímulo existencial que recibe en determinado momento; uno de ellos es el sentimiento de patria, otro, la contemplación del paisaje. Ciertamente ambos temas están relacionados, pero la patria es, sobre todo, la vibración espiritual que el hombre tiene al sentirse cobijado y alimentado por la cultura, que es el resultado de la fusión del paisaje con el ser humano, elaborador de respuesta espiritual al estimulo, tanto del medio como del hálito misterioso del tiempo. Por eso, la cultura es un sitio sin espacio en donde se transmiten, de una generación a la siguiente la tea viva del alma de un pueblo para alumbrar el camino de la historia. El paisaje, en cambio, es lo objetivo, aquello que nos  invita a contemplarlo para brindarnos gozo, y también, cuando lo meditamos, para entregarnos una idea de mundo.

 

La patria, siempre, está dentro del corazón humano; es el latido espiritual que nos hace vivir con sentido de solidaridad y de identificación con el hermano de la misma cultura. El paisaje, es la parte superficial donde moramos, y de  donde sacamos jugo espiritual  para vivir.

 

Carlos Garrido Chalén hace poesía con ambos elementos, con la patria y con el paisaje. En su poema “Busco en mi patria el  cielo”, parte de una cultura milenariamente elaborada, y se introduce en esa atmósfera para vivir un momento especial de  profunda emoción que lo trasporta al cielo. “Cada vez que quiero visitar el cielo/ y en su bosque hermoso conversar con Dios/ no le pido a la bruma que me lleve al silencio/ lo busco en los paisajes del Perú, mi Nación”. Ahí  Carlos Garrido, de un golpe une cielo y tierra, hombre y mundo, ser humano y Dios. Cuando su alma tiene hambre de totalidad quiere visitar el cielo, el cual es la visión del paraíso terrenal. Ahí hay un bosque por donde Dios se pasea. En  esos versos Carlos Garrido ha juntado lo de arriba con lo de abajo  y lo ha enlazado con la emoción del hombre que quiere conversar con Dios. En el mapa vivo de  ese universo, en ese mundo interior, se sitúa el poeta y,  nuevamente invoca  a los elementos naturales: “no le pido a la bruna que me lleve al silencio, dice, y en esa afirmación esta, ya un perfil de su patria. Bruma de  la alta montaña andina y silencio que se pasea, tanto por los arenales desiertos de la costa como el silencio que medita en el altiplano. Ahora que el paisaje ya no es únicamente forma y color, sino que ese universo está ahí para recibir al ser humano, el poeta busca el centro del paraíso y lo encuentra “ en los paisajes del Perú mi nación” .

 

A continuación. Carlos Garrido Chalén hombre de la costa caliente del Tumbes nortino mira la puna bravía del sur; contempla las alturas heladas, cuyo paisaje retó a los incas a construir una civilización a golpes de coraje y levantó al quechua a las alturas de la gloria del Cusco y de Machu Picchu. Ahí,  ya inmerso en la cultura incaica afirma que: “es mi  Patria es un  pinkuyo”; es un a melodía espiritual donde hombre y paisaje desolado  inventan un instrumento musical, el pinkuyo, es decir forman una cultura material y espiritual para cantar en la historia un nuevo latido., una nueva cultura con fisonomía propia. Pero Garrido da un paso más, junta pinkuyo con Dios; une cultura ancestral con cultura occidental. El empleo de la palabra quechua pinkuyo, unido al vocablo español, Dios muestra el mestizaje producido en el Perú; mezcla de seres humanos y de culturas que se unen  para producir un nuevo hecho humano: la cultura de América, renovadora de occidente.

 

 

Por otra parte, Carlos Garrido Chalén  en esos versos suelda el producto visible, salido de la mano creadora del hombre, el pinkuyo, productor de melodías, con el Señor por antonomasia, con Dios. Como se ve ahí   artesanía y religión forman un todo unitario  en la nueva cultura peruana, la de hoy en día. Actitud que se refuerza con los versos finales del poema: “y cuando Pachacutec cabalga sus montañas/un  ato de palomas homenajea a Dios.”  Nueva fusión cultural; el  dios indio; la fueraza telúrica del cosmos, se une a Dios, ser trascendente y distinto a la naturaleza creada, quién recibe el homenaje de las palomas, es decir Dios recibe el tributo de la naturaleza y del hombre que a El llega con su amor.

 

Este poema de Carlos Garrido  Chalén siente y vive al Perú, y,  al mismo tiempo traza un cuadro espiritual del ser profundo del hombre peruano de hoy en día.

 

Jaime Martínez Salguero

Miembro de Número

De la Academia Boliviana de la Lengua

correspondiente de la Real Española.


Tags: premio cervantes, peru, chalen, patria, cielo, espirituales

Publicado por ChemaRubioV @ 18:46  | ENSAYO
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