Martes, 05 de agosto de 2008
 


Roberto Quesada

Racismo es como juzgar el valor de un libro por su portada -Anónimo.

Nos hemos reunido con Céleo Alvarez Casildo, presidente de ODECO
(Organización de Desarrollo Étnico Comunitario) el pasado 30 de julio
en las instalaciones de las Naciones Unidas en Nueva York. Cuando
digo "nos" me refiero a un encuentro de trabajo encabezado por
nuestro embajador ante las Naciones Unidas Jorge Arturo Reina, y el
embajador alterno Iván Romero Nasser.

A partir de allí ya hemos fijado otras reuniones e intercambio de
ideas para realizar de la mejor manera posible la XIV Asamblea
General de la Organización Negra Centroamericana ONECA, que se
realizará en el 777 The Methodist Church Center UN, ciudad de Nueva
York, del 3 al 6 de diciembre de 2008.

Esta Asamblea General de la ONECA promete superar las anteriores si
se toma en cuenta que en esta oportunidad se tiene el respaldo de la
Misión de Honduras ante las Naciones Unidas, así como líderes de la
comunidad hondureña en Nueva York que, sin distinción de colores
partidistas ni de raza, están entusiasmados para que esta Asamblea
General Centroamericana y del Caribe, liderada por Honduras, sea una
excelente plataforma para mostrar y demostrar que en Honduras se va
por buen camino en cuanto a la inclusión de todos los sectores de la
sociedad, de todas las etnias. Y será lugar propicio para compartir
el legado cultural de la gran etnia Garífuna.

Después de la reunión de las Naciones Unidas, Céleo me invitó a otra
de trabajo y fue impresionante sentir la buena vibra y el ánimo de
gran cantidad de destacados garífunas que viven en la ciudad de Nueva
York. Es notoria la capacidad de convocatoria de Alvarez Casildo y
allí estaba doña Tala, la máxima exponente del arte culinario
garífuna, como siempre evitando que los allí reunidos padecieran de
hambre. Allí estaban completamente afanados, entre otros muchos más,
Mirtha Colón y Celso Castro, José Francisco Avila y Murphie
Valentine, también los panameños Esmeralda Brown y y el Dr. Waldaba
Stewar.

A ellos se han unido Myrna Guerra, Marco Rosales, Mario Ramos, Lucy
Pagoada, y seguramente en el camino se irán agregando otros
hondureños para trabajar voluntariamente por esta hermosa causa, que
en realidad se convierta en causa hondureña, centroamericana, humana.

La guerra de Céleo Alvarez Casildo y de otros líderes garífunas, sin
duda, ha sido cuesta arriba. Ha sido de batallas ganadas y perdidas,
o por lo menos frustradas, pues no ha sido fácil dar a conocer y
reclamar los derechos del pueblo Garífuna. Ya en mi niñez había visto
yo a alguien que sin ser Garífuna libró varias batallas en pro de
esta etnia. El es el poeta José Adán Castelar, quien, cuando vivimos
en Monte-Cristo, y él era el jefe del Centro Médico de la Standard
Fruit Company, atendía a los garífunas, pescadores muchos de ellos,
completamente gratis. Era una especie de Robin Hood sustrayéndole
medicamentos a la Compañía frutera para brindarlos a los garífunas, a
quienes no amparaban los beneficios de la empresa.

Recuerdo que cuando los garífunas se recuperaban, o volvía a sentirse
bien un hijo enfermo, en agradecimiento iban al centro médico y le
llevaban a "Don Adán": pescado, pan de maduro, pan de coco, machuca,
casabe, etc., que nosotros felizmente degustábamos.

Al poeta Castelar le enviaron un ayudante de nombre Marcelino Güity
(QEPD), garífuna. A Marcelino le gustaba hacernos bromas a los
cipotes y nosotros le llamábamos Marcelino pan y vino. Castelar
orientó a Marcelino para que no se conformara en su empleo de
conserje y le enseñó mucho de enfermería, después lo envió a La Ceiba
a recibir cursos y así Marcelino se convirtió en un enfermero más del
centro médico.

Cuando con mi madre y mis hermanos nos mudamos a La Ceiba, don Adán,
sabiendo que Marcelino vivía en situación difícil, le brindó
completamente gratis la casa a Marcelino y familia. Allí se
desarrollaron los Güity, teniendo un mejor nivel de vida. Testimonio
de todo esto existe en los poemas del poeta Castelar, en donde
menciona a Marcelino y le dedica más de un poema. Asimismo Castelar
es uno de los pocos escritores que desde siempre ha rescatado y
luchado por la cultura garífuna, hecho demostrado sin lugar a
discusión con su poema que aparece en su primer libro Entretando,
sobre el líder sindical garífuna Moisés Moreira.

Así, en ese ambiente de solidaridad, nos criamos mis hermanos y yo.
Pero, sin duda, como se lo comentaba a Céleo, en ese tramo de luchas
y reivindicaciones, siempre surge la gente oportunista, aprovechada.
Hay quienes actúan con negligencia y no quieren que se les reclame
porque inmediatamente se amparan en su condición étnica. No, así las
virtudes como los defectos, no tienen idioma, ni raza, ni sexo. En
caso contrario no habría en el mundo cárceles de mujeres o estarían
vacías, cosa que no es así.

No hace mucho una subalterna de mi hermano, el juez Carlos Eduardo
Castelar, lo primero que hizo, según ella después de año y medio
(¿por qué no lo hizo antes?), fue acusarlo pues se siente víctima de
él: "Esto parece una guerra de sexos, me acosa por ser mujer, además
por el hecho de ser negra".

No pudo haber salida más predecible de la abogada Denia Fabiola
Vargas y buscar la forma de escandalizar para convertirse en víctima
y adquirir fama. Afortunadamente la gente sabe cada vez mejor que
existen quienes aprovechan su condición de sexo o color para causar
lástima y por tanto se les dé la razón aún cuando no la tengan.
Aunque es mejor que ella lo haya hecho público porque en nuestro país
últimamente los abogados están expuestos a que por el mínimo litigio
sus vidas corran riesgo, de esta manera al menos ya se sabe que si
algo sucediera, quiénes pudieran ser los implicados.

El color de piel no debe convertir a nadie en santo, tampoco en
víctima. Lo mejor es investigar los hechos antes de pronunciarse,
pues como seres humanos nos acompaña fielmente la imperfección.

No obstante los obstáculos que se presentan en el camino, debe
continuarse en la lucha por los marginados, independientemente del
color o etnia a que pertenezcan. Debe tomarse ejemplo de la lucha
continua por un mejor futuro para los nuestros como la guerra
emprendida por el líder garífuna Céleo Alvarez Casildo y el poeta
José Adán Castelar. Y allí ya les conté un ejemplo de que la
superación es posible, tal como lo hiciera, por la solidaridad de
Castelar, Marcelino¦ pan y vino.

Nueva York, NY 4 agosto 2008.
[email protected]


Tags: guerra, racismo, oneca, nueva york, etnico, anonimo, relato

Publicado por ChemaRubioV @ 11:56
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