La mundanidad en que he vivido no fue hecha para mí. Yo soy consciencia viva y el mundo tiene facha de cadáver y no tiene verdad que respete la vida. El tiempo es corredor y atleta de flaco espacio y sus huesos y músculos pasan de largo a prisa y, si me meto en el medio, me empujan, me derriban. Les estorbo.
El espacio se ha llenado de dueños, propietarios ajenos, que no me dan una tumba con mi nombre, que no me edifican un cimiento. Yo sé lo que soy, una consciencia que habla sobre universo con amor y una energía que busca conexiones que otros rompen y obstruyen y niegan sobre el mundo. Para mí, en cuanto es lo que sucede, la fisicidad me despoja. La engañifa de lo vivo me persigue; en la asocialidad me internaron.
Escribiré en azul, hasta que me canse, por terco. Escribiré mis principios superiores (porque por ellos sostengo mi esqueleto). Sufro lo que me toque. Hay más cosas que lo que ven mis pupilas; posiblemente, diga algunas de ellas para incrédulos.
2.
Yo puse mi yo, quizás por un capricho, en el ahí de un allá donde no hay algo que muera, en ese Todo-Unitario que es el universo y no la ilusión del ahora que irrita y agobia y juega al escondite con mis cinco sentidos refinados y mi arcilla blanda y mi alambrada de óseo calcio, mis huesos.
Yo puse mi visión en una dialéctica infinita y elegí ser poeta para decirlo al mundo por consuelo. Otros sienten como yo. Otros hacen lo mismo.
3.
Allá lo puse todo. Como guardándolo del daño que conspira el que cree que las culpas nunca se terminan, no se curan, sino con castigo y venganza, némesis cotidiana y pesimismo.
Esto sé: Que la vida es energía y ninguno la destruye, consciencia viva que es sincrónica al vincular los azares, cuanto parece disperso, caduco. Otros sienten como yo. Otros comunican lo mismo.