Mi?rcoles, 06 de agosto de 2008

Perez Celis nació en enero de 1939 en San Telmo y como a los cinco toda la familia se mudó a Liniers.
Fue bautizado con el nombre de Celis que es un nombre romano y significa "Cielo". Cursaba la primaria de tarde porque de mañana trabajaba de canillita o de alguna otra ocupación requerida en el momento, como repartidor en el mercado o aprendiz de carpintero.
La maestra cuando pasaba lista decía "Perez, Celis" y así quedó su nombre transformado en su segundo apellido. De joven estudió Bellas Artes en la Escuela Manuel Belgrano, a los 18 se casó y realizó su primer exposición, fue a vivir a Uruguay.
Al regreso instaló su atelier en el Barrio de La Boca a pocas cuadras de la Bombonera.
En un accidente automovilístico falleció su esposa. Años más tarde conoce a su segunda mujer, con ella fue a vivir a Caracas. Los caminos de la vida lo llevaron a instalarse en Washington, New York y hacia el fin de siglo cuando cumplía los 60 se radicó en Miami.
Allí realizó 10 pinturas sobre el milenio, la primera de ellas se refirió al Feudalismo y la denominó siglo XI, y cuya temática cuenta de cómo el hombre busca la liberación de la servidumbre.
Llegado a Buenos Aires se instaló con un estudio en Barracas.
Siempre fue el artista de los grandes murales, le encantaba llenar inmensos planos con color y técnicas mixtas que mezclaban formas, texturas e imágenes en relieve.
Quienes tuvimos la suerte de conocerlo, de compartir charlas de café, descubrimos un pedagogo como pocos, sabía de todo, no mezquinaba sus conocimientos para nada, era verdaderamente un tipo con mucha calle que la tenía muy clara.
Sus esfuerzos por incorporar el arte a la arquitectura lo han ubicado en Pionero de nuestro país. Tres de sus trabajos emblemáticos están en Las Universidades de Morón, Belgrano, y su tan querida Bombonera, donde plasmó todo su arte en gigantescos murales hoy transformados en reliquias que todos debemos preservar.
Celis propiciaba el arte de manera masiva, decía que todos tenían derecho a poseer una en casa, y que los edificios constituían una obra maestra de manera completa si era establecida la interrelación entre el Arquitecto, el Artista Plástico y el Escultor.
Sus contactos de la prensa guardaron silencio dando un perfil bajo a noticias no tan buenas. Una larga y destructiva enfermedad lo aquejaba, la peregrinación de amigos, por los laboratorios donando sangre y plaquetas fue incesante, nadie podía creer lo que le estaba pasando.
Hoy está vivo en su legado y en todos los que lo quisimos bien.
Quién sabe en que lugar se encuentra, pero apostaría que está sentado a la mesa junto a su Maestro Berni, con un mazo de naipes en la mano, a punto de jugarles un Truquito a Picasso y a Dalí.

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ANGEL GONZALEZ MONTEVERDE


Tags: vida, biogrfico, relato, rberni, argentino, picasso, dali

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