Y tan poco por tanto, compadre,
estas inmundicias brillantes,
estos resortes viejos quemados por el sol,
antenas, pistas, aparatos,
estas babas ocultas en las ingles
y no más allá, compadre.
Porque así no es el mundo, así no fue
nunca la mañana del labriego,
ni el paladar blando
en el enfermo derretido en el hastío.
Inventos, compadre, voltios
y voltajes del dinero: saliva perfumada
en los sobacos.
Éstas no son lamidas de dioses,
me digo, éste
no es el paso del atleta
desnudo cayendo muerto
bajo soplidos y laureles.
Esto es otra cosa, compadre:
pétalos de plástico en el florero.
Caminan, otra vez caminan
entre algodones,
ya sin el primer latido del parto.
Los veo irse del silencio
como de un útero huye
el nervio friolento.
El aullido más alto es el éxito.
Aquí, con ciencia y cielo siempre a mano,
todo está arreglado.
Cambian los necios
números por vientres,
miel por roncos megáfonos de feria,
bíblicas maldiciones por alfombras voladoras.
Las dulces mujeres virginales
abren sus piernas
como ruedas cansadas.
Y tanto por tan poco, compadre:
la herida en el borde de la cicatriz,
ciega para no ver la lengua
del perro que le lamió los labios.
Jorge CarrascoTags: lavidamoderna, ingles, dinero, saliva, perfumada, lamidas, virginales