Jueves, 07 de agosto de 2008


Y tan poco por tanto, compadre,

estas inmundicias brillantes,

estos resortes viejos quemados por el sol,

antenas, pistas, aparatos,

estas babas ocultas en las ingles

y no más allá, compadre.

Porque así no es el mundo, así no fue

nunca la mañana del labriego,

ni el paladar blando

en el enfermo derretido en el hastío.

Inventos, compadre, voltios

y voltajes del dinero: saliva perfumada

en los sobacos.

Éstas no son lamidas de dioses,

me digo, éste

no es el paso del atleta

desnudo cayendo muerto

bajo soplidos y laureles.

Esto es otra cosa, compadre:

pétalos de plástico en el florero.

Caminan, otra vez caminan

entre algodones,

ya sin el primer latido del parto.

Los veo irse del silencio

como de un útero huye

el nervio friolento.

El aullido más alto es el éxito.

Aquí, con ciencia y cielo siempre a mano,

todo está arreglado.

Cambian los necios

números por vientres,

miel por roncos megáfonos de feria,

bíblicas maldiciones por alfombras voladoras.

Las dulces mujeres virginales

abren sus piernas

como ruedas cansadas.

Y tanto por tan poco, compadre:

la herida en el borde de la cicatriz,

ciega para no ver la lengua

del perro que le lamió los labios.

Jorge Carrasco

Tags: lavidamoderna, ingles, dinero, saliva, perfumada, lamidas, virginales

Publicado por ChemaRubioV @ 1:59  | POESIA
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